Sabiduría Hiperbórea Quinta Domínica Volver al principio

 

LO PROMETIDO ES DEUDA...

FUNDAMENTOS DE LA SABIDURIA HIPERBOREA – Parte I

 

Mayo 20 del 2.005 – Rosario Cuna de La Bandera.

Como lo prometido es deuda... cumplo con el compromiso de insertarles en la página, el “Libro Fundamentos...”, el cual forma parte de varios textos, digamos del CURSO que mi hijo no solo les dio a los “entonces chicos”, hoy hombres de fácil 40 años.

O sea, no solo les dio el curso, si no... se explicó en todo su contexto, si no que de cada lección les desgranó un cúmulo de conocimientos, que abarca de la “A” a la “Z”.

Explayándose para su mejor y mayor comprensión...

... Qué a su ves los textos los indujera a terminar, lo que dije en todas las páginas anteriores; “QUE TODO TIENE QUE VER CON TODO”, es la definición que me dan “Los Extraterrestres” para determinar “el para y el por qué” de todo lo expuesto y no para que lo tomen como un término suyo y propio.

Prosigo, los textos, mi hijo los escribió para los “chicos”, para que fuese entendible, audible y comprensible.

Aclaro... ¡explicarles el significado de cada palabra del Libro!, debido a que el Libro es una OBRA ACADEMICA, y para interpretarla debe como mínimo, tener conocimientos secundarios y esotéricos.

Para ello debe compenetrarse interiormente y espiritualmente, con voluntad, deseo y avidez, por poseer LA LLAVE, que le permita acceder al conocimiento.

Aclaro el por qué, una porque el conocimiento, se debe GANAR y estar preparado a recibirlo, de allí que nuestros “antecesores” sean cautos con el CONOCIMIENTO y la prueba es que debemos comenzar a transitar la vía del conocimiento, desde abajo hacia arriba, desde los grados inferiores, para ir ascendiendo paulatinamente hasta llegar a la cumbre, y de allí que sean “muchos los llamados y pocos los elegidos”... y es frecuente el interrogante de “...porqué él sí y yo no...”

Darle el conocimiento a quién no está preparado, es un arma de doble filo... ¡se le evita tal desatino y frustración!

Si está preparado, no es necesario el desesperar, ya que será llamado...

De allí la definición de los ELEGIDOS, y... ¿porqué son elegidos?... porque están PREPARADOS para trasponer el umbral de la sabiduría y el conocimiento.

Perdón por la lata.

 

Con fe y humildad, María 

 

 

 

 

 

NIMROD DE ROSARIO

 

FUNDAMENTOS

DE LA

SABIDURÍA   HIPERBÓREA

 

PARTE  I

 

 

 

 

 

ORDEN DE CABALLEROS TIRODAL

DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

CARTA A LOS ELEGIDOS

I - Salutación a los lectores de los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea.

 

En el nombre de los Caballeros Tirodal y en el suyo propio, el autor ofrece un saludo de camarada, es decir, una señal de honor, a aquéllos que han sido Elegidos en dos mundos para recibir los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea. A quienes tienen este libro en sus manos, y lo han recibido de las nuestras, nada más que darles la bienvenida y desearles suerte en la primera prueba: su lectura y comprensión. Del éxito de tal prueba dependerán los pasos futuros: la Iniciación Hiperbórea, el tránsito no espacial ni temporal sino estratégico hacia el selbst, hacia Hiperbórea terrestre, hacia Thule, hacia Agartha, hacia el Valhala, hacia Venus, hacia el Origen, hacia Hiperbórea original, fuera del demencial Universo material creado por El Uno, hacia la eternidad del Espíritu, cerca del Dios Incognoscible y de Kristos Lucifer, el Gran Jefe de la Raza de los Espíritus Hiperbóreos.

II - Misión de los Caballeros Tirodal.

Los Caballeros Tirodal son Iniciados en la Sabiduría Hiperbórea y son, también, sus depositarios en esta parte del mundo. A los Caballeros Tirodal, la Sabiduría Hiperbórea les fue confiada directamente por los Siddhas Leales de Agartha. Pero los Siddhas Leales no alentaron la constitución de la Orden de Caballeros Tirodal solo para que se practique el estudio de la Sabiduría Hiperbórea; por el contrario, desde un comienzo se encomendó a la Orden una misión específica, para cuya ejecución fue necesario disponer, quizá por primera vez con tanta profundidad, de la Sabiduría Hiperbórea.

El objetivo de la misión es muy sencillo de exponer, aunque su trasfondo metafísico difícilmente será captado de entrada por los Elegidos: LA MISION DE LOS CABALLEROS TIRODAL CONSISTE EN LOCALIZAR A LOS ELEGIDOS Y, SI ESTOS LO ADMITEN, PREPARARLOS INICIATICAMENTE PARA AFRONTAR CON HONOR EL PROXIMO FIN DE LA HISTORIA.

Seguramente este enunciado se hará más claro si definimos qué debe entenderse por “LOCALIZAR A LOS ELEGIDOS” y qué significa “EL PROXIMO FIN DE LA HISTORIA”. Es lo que se explicara a continuación.

III - La misión de los Caballeros Tirodal exige LOCALIZAR A LOS ELEGIDOS y revelarles los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea.

Ante todo, cabe afirmar que los Elegidos a que nos referimos son personas cuya inclinación por la Sabiduría Hiperbórea no, proviene de una decisión racional adoptada en el curso de sus vidas. El Elegido es quien, paradójicamente, eligió luchar contra Jehová Satanás para liberar al Espíritu eterno, que es él mismo, del encadenamiento material. Pero tal elección, el Elegido no la hizo en esta vida ni en esta Tierra, sino en otro plano de existencia, no espacial ni temporal, donde reside el Espíritu Hiperbóreo encadenado. Sin embargo, aunque la decisión de luchar por la libertad del Espíritu está tomada, cada nueva encarnación causa su olvido parcial. El Elegido, al momento de ser localizado por los Caballeros Tirodal, está dormido: el primer acto ha de consistir, entonces, en despertarlos al recuerda de su propia decisión. Se hace necesario, así, sostener un diálogo con el Elegido dormido para procurar que despierte en él su naturaleza espiritual; pero este diálogo, para ser eficaz, debe superar todas las vallas culturales que ha montado el Enemigo en el interior de su estructura psíquica y dirigirse directamente a la manifestación del Espíritu. Naturalmente, un diálogo tal no puede ni intentarse contando solo con una lengua profana: este libro, tal como se explicará más adelante, tiene por: fin enseñar al Elegido un método de pensamiento que permitirá comprender el significado metafísico de los conceptos expresados por los Caballeros Tirodal. Por eso, previamente a la lectura de este libro, no es posible satisfacer ninguna pregunta del Elegido sobre el Misterio de la Iniciación Hiperbórea y la posibilidad de liberación espiritual; y luego de leerlo, ello solo será posible si se lo ha comprendido y aceptado.

El elegido, aunque dormido, exhibe señales inequívocas de quién es. Fundamentalmente se trata de dos herencias: una genética y otra espiritual. La herencia genética consiste en un contenido mnémico de la sangre: el recuerdo del Origen, que es tanto más intenso cuanto más pura es la sangre; por eso la Sabiduría Hiperbórea distingue entre pureza de sangre y pureza racial: la segunda no es una exigencia imprescindible para la Iniciación Hiperbórea, aunque sí lo es la primera pues, sin pureza de sangre, sin recuerdo del Origen, no hay posibilidad alguna de liberación espiritual. En cuanto a la herencia espiritual ella se manifiesta en el carácter volitivo del Yo: como se demostrará en este libro, el Yo es una consecuencia del encadenamiento espiritual; de allí que su aspecto revele inmediatamente el grado de extravío y sumisión del Elegido. Por su dominio de la Sabiduría Hiperbórea, los Caballeros Tirodal disponen de los métodos más perfectos para establecer si una persona es un Elegido y, si es un Elegido, en qué grado de extravío se encuentra y / cuando los Caballeros Tirodal han determinado con precisión que una persona es un Elegido, y que es posible su despertar, es entonces que se realiza la consulta a los Siddhas Leales, Aquéllos Que Nunca Se Equivocan, para que ellos confirmen o rechacen el Juicio de la Orden.

No hay, pues, ningún error si un Elegido es convocado para participar de la Sabiduría Hiperbórea: ello significa que, en dos mundos, su despertar se considera posible.

 

IV - La misión de los Caballeros Tirodal propone a los Elegidos la Iniciación Hiperbórea, para afrontar con honor EL PROXIMO FIN DE LA HISTORIA.

 

Sobre la Iniciación Hiperbórea nada puede adelantarse aquí. Solo quien haya estudiado paso a paso, y comprendido los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea, podrá vislumbrar en qué consiste. La Segunda Parte de este libro, que se ha encuadernado por separado, es ya una introducción a la Iniciación Hiperbórea y allí el tema está desarrollado con mucho detalle. Empero, esa parte de los Fundamentos, solamente será entregada a aquellos Elegidos que hayan manifestado su conformidad con la misión de la Orden y hayan asumido el compromiso de continuar hasta ser iniciados. De todos modos, lo importante ahora es destacar que quienes continúen: por el camino propuesto, y reciban la Iniciación Hiperbórea, ESTARÁN EN CONDICIONES DE AFRONTAR CON HONOR EL PROXIMO FIN DE LA HISTORIA.

Existen múltiples caminos que puede tomar el hombre extraviado de nuestros días; unos son paralelos e inclusive coincidentes con alguna vía táctica de la Estrategia de los Siddhas Leales; otros, los más, son sendas que favorecen a los planes del Enemigo o celadas destinadas a impedir que tales planes se vean perjudicados. Cada uno debe discernir, en la medida de lo posible, cuál es el camino de su conveniencia: EQUIVOCADA O NO, SU ELECCION NO INTERESA EN ABSOLUTO A LA ORDEN DE CABALLEROS TI RODAL. La Orden, en efecto, no está compuesta de Jueces sino de Kshatriyas Hiperbóreos, de Guerreros del Fin de la Historia; su misión no es juzgar la hora actual, y mucho menos condenar a nadie, sino adiestrar a los Elegidos para afrontar con honor el Fin de la Historia, la lucha inevitable que sobrevendrá y que abarcará varios mundos en su teatro de operaciones. Esa es la misión encomendada a la Orden por los Siddhas Leales y a ese fin conduce el camino que custodian los Caballeros Tirodal; quien siga por este particular camino debe comprender y aceptar que, pese a que la Sabiduría Hiperbórea de la cual son depositarios lo haría posible, los Caballeros Tirodal no intentarán torcer el rumbo de la Historia. Y quien no comparta esta condición puede, según se ha dicho, tomar por el camino que mejor le convenga, especialmente si cree que algo de este mundo merece ser salvado: la Sabiduría Hiperbórea no es apta para naturalezas débiles; el Iniciado Hiperbóreo debe exhibir un corazón de hielo y una voluntad de fuego.

En este momento, las principales variables de la Historia están controladas por el Enemigo. La Jerarquía Blanca de Chang Shambalá sostiene en el seno de todas las culturas de la Tierra a los agentes de la Sinarquía Internacional: ellos, miles de hombres y organizaciones de todo tipo y función, trabajan para la concreción del Gobierno Mundial. Detrás de la Jerarquía Blanca están los Siddhas Traidores, los antiguos responsables del encadenamiento espiritual: su pacto con el Demiurgo los obliga a entronizar sobre la humanidad a las “razas sagradas”; la actual “raza sagrada” del Demiurgo es la raza hebrea y a ella se transferirá el poder del Gobierno Mundial. De concretarse el objetivo de esta infame conspiración, la consecuencia segura sería una materialización aún más intensa del hombre y su colectiva degradación moral. Naturalmente, el Enemigo descuenta el éxito de su plan y no considera posible el Fin de la Historia.

Pero los Siddhas Leales, quienes permanecen fieles desde el Origen a Kristos Lucifer, aseguran que el Fin de la Historia es inminente: en un momento de máxima tensión dramática, cuando los planes enemigos parezcan estar cumplidos, Ellos intervendrán para poner Fin a la Historia. Será un conflicto de Dioses en el que participarán, también, los hombres; un conflicto que se iniciará en el cielo y se extenderá a la Tierra, Y NO A LA / INVERSA. Por lo tanto, no tiene caso empeñarse antes de tiempo en la lucha, en una confrontación donde las fuerzas enemigas son abrumadoramente superiores. La sabiduría está, y sabios serán los Elegidos que lo entiendan, en prepararse para afrontar con honor el Fin de la Historia. Y preparar a los Elegidos, despertando en ellos el recuerdo del Origen, la certeza del Espíritu eterno encadenado en la materia, enseñando la Ética Noológica de la Sabiduría Hiperbórea cuya práctica permite acceder a la iniciación, y administrando, al fin, la Iniciación Hiperbórea, es la misión de la Orden de Caballeros Tirodal.

Cuando sobrevenga el Fin de la Historia, los Siddhas Leales se manifestarán a la luz del día; y junto a ellos regresará el Führer, el Enviado del Señor de la Guerra; entonces los Elegidos  CUYO HONOR SE LLAME VALOR, es decir, los Iniciados Hiperbóreos de la Orden de Caballeros Tirodal, se alinearán detrás de sus antiguos Jefes espirituales para partir definitivamente del Universo material.

En síntesis, en esto consiste la misión de la Orden de Caballeros Tirodal: EN LOCALIZAR A LOS ELEGIDOS Y, SI ESTOS LO ADMITEN, PREPARARLOS INICIATICAMENTE PARA AFRONTAR CON HONOR EL PROXIMO FIN DE LA HISTORIA. Los Iniciados Hiperbóreos, al dominar la Sabiduría Hiperbórea, alcanzan el más alto nivel del conocimiento esotérico, la Ciencia de las Runas, y adquieren poderes terribles: sin embargo no emplean sus poderes para alterar el rumbo de la Historia; aguardan, eso sí, el Fin de la Historia, cuando las cuentas con el Enemigo serán definitivamente ajustadas.

Los Elegidos deben comprender y aceptar que esta condición es inevitable para transitar por el camino que señalan y custodian los Caballeros Tirodal.

 

V - Advertencia y saludo final.

 

Los Elegidos tienen que saber de entrada que este material es CONFIDENCIAL. La Orden ha confiado en ellos al proporcionárselo y ellos deben demostrar su lealtad siendo prudentes en su manejo: de ese modo no solo protegen a la Orden sino que se protegen a sí mismos. No hay que insistir, y no es ninguna concesión admitirlo, que el Enemigo de la Sabiduría Hiperbórea es terrible y despiadado y que no consiente ni tolera la misión de la Orden. Respetar la ley del secreto es parte de la prueba y la Orden posee los medios para saber quién comete infidencia o traiciona: NADIE PARA QUIEN EL HONOR NO IMPLIQUE SU LEALTAD PODRA INGRESAR EN UNA ORDEN DE INICIADOS PARA QUIENES SU HONOR ES EL VALOR. Como quedará en claro al leer los “Fundamentos”, el Iniciado Hiperbóreo, el virya despierto, es aquél que ha recordado que existe una guerra metafísica y que su bando es el de Kristos Lucifer: en esa guerra, que ya lleva millones de años ambos bandos se combaten sin tregua ni perdón; los Iniciados Hiperbóreos deben ser implacables porque el Enemigo es implacable. Y en medio de tan feroz contienda, el hombre común, el Elegido acaso, carece de valor para ambos bandos porque desconoce las Estrategias en juego y no cumple ninguna función táctica. Pero la situación cambiará bruscamente para el Elegido desde el mismo momento que reciba este material: desde entonces, la guerra que siempre ignoró se hará patente y poderosas fuerzas psíquicas actuarán para inducirlo a la defección o a cometer un error irreparable. El Elegido debe comprender que si hasta hoy no actuó conscientemente a favor de ninguno de los bandos, el leer el contenido de este libro no lo vuelve simpático a los ojos del Enemigo; Y QUE LA SITUACION NO CAMBIARÁ PORQUE TRAICIONE A LA ORDEN DIVULGANDO IMPRUDENTEMENTE ESTE MATERIAL En cambio lo que puede ocurrir es que se le cierren las puertas de la Orden y que el Enemigo, luego de haberlo engañado para que profane la Sabiduría Hiperbórea, se ensañe con el y lo destruya sin piedad: es lo que siempre sucede en esos casos. Se entiende, pues, que la advertencia va más para proteger al Elegido que a la Orden, la que, por otra parte, sabe cuidarse por sí sola.

Finalmente, haremos otra advertencia, esta vez sobre el modo como debe ser leída la obra. Los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea están desarrollados sistemáticamente, de tal forma que los incisos, artículos y comentarios, se encadenan unos a otros con razonamientos y conclusiones precisas: no es posible saltear nada y, por el contrario, el máximo provecho se obtendrá como resultado de un estudio lineal, desde la primera hasta la última página. Luego de tal lectura lineal, que permitirá una visión de conjunto de la Sabiduría Hiperbórea, será posible profundizar sin orden aquellos temas que requieran mayor comprensión.

Es conveniente que los Elegidos se interioricen cuanto antes de los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea y para ello es necesario que esta carta concluya ahora mismo. Muchos de los interrogantes que aquí se plantearon tendrán su respuesta con el correr de las hojas; sin embargo, el Interrogante de los interrogantes, la pregunta ética fundamental de la Sabiduría Hiperbórea: ¿qué debo hacer para liberar a mi Espíritu de su prisión material?, ha de quedar sin respuesta al menos por el momento. El autor, y los Caballeros Tirodal, desean asegurar a los Elegidos que la Orden ofrece esa respuesta a quienes comprendan y acepten los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea y quieran sumarse a su misión.

En el Día del Espíritu, y en el Nombre de los Siddhas Leales de Agartha, y de la Orden de Caballeros Tirodal de la República Argentina, reciban los Elegidos el saludo de

 

Nimrod de Rosario

Agosto de 1985

PRIMERA PARTE: METAFISICA

 

PRIMERA PARTE: METAFISICA

 

INDICE                                                                                                                                                Pág.  


INTRODUCCION A LA TESIS FUNDAMENTAL DE LA SABIDURIA HIPERBOREA                                                                          8                                                                              

NECESIDAD DE UN MODELO ANALOGICO DEL ESPIRITU HIPERBOREO                                                                                      9                  

EL MODELO DE LA ESFERA                                                                                                                                                                 10

 

LA REVERSION DEL ESPIRITU PRODUCE LA DESORIENTACION ABSOLUTA                                                                          11

 

EL ESPIRITU ESFERA “NORMAL”                                                                                                                                                       11

 

EL ESPIRITU-ESFERA “REVERTIDO”                                                                                                                                                  13

 

DEFINICION ABSOLUTA DE LA ESTRATEGIA HIPERBOREA                                                                                                          16

 

TRAICION Y ENCADENAMIENTO ESPIRITUAL                                                                                                                                  18

 

FRACCION DEL RELATO DE KURT VON SUBERMANN                                                                                                                   20

 

ESQUEMA DEL UNIVERSO DE EL UNO                                                                                                                                              27

 

LA FALSA “INFERIORIDAD” DEL HOMBRE FRENTE AL UNIVERSO                                                                                              29

 

FI NALIDAD Y SUPRA FINALIDAD 29

 

SISTEMÁTICA DE CIRCULOS EXCENTRICOS                                                                                                                                   31

 

ESTRUCTURA PSIQUICA DEL ANIMAL-HOMBRE O PASU                                                                                                             32

 

MEMORIA ARQUETIPICA Y RAZON                                                                                                                                                     33

 

FUNCIONAMIENTO DE LA ESTRUCTURA CULTURAL DEL PASU                                                                                                 36

 

ARTÍCULO               A          -           El modelo estructural                                                                                                                36

ARTÍCULO                                  Nudos y enlaces de la estructura cultural                                                                             37

ARTÍCULO               C          -           La estructura cultural como memoria                                                                                    40

ARTÍCULO               D          -           Principios y Relaciones como SISTEMAS                                                                             40

ARTÍCULO               E          -           El pensamiento racional del pasú                                                                                          43

ARTÍCULO               F          -           Significación y designio demiúrgico                                                                                       46

ARTÍCULO               G          -           Palabra y designio demiúrgico                                                                                                48

ARTÍCULO               H          -           Los lenguajes racionales del pasú                                                                                        49

                                 H1         -           Qué es un lenguaje                                                                                                                   49

                                 H2         -           ¿Cual es el origen estructural de los múltiples lenguajes?                                             50

ARTÍCULO                I           -           Finalidad y suprafinalidad; lenguaje y expresión                                                                 55

                                  I1          -           ¿Cómo se expresa “afuera” el significado del ente?                                                          56

ARTÍCULO               J          -           ¿Qué es un hecho cultural?                                                                                                     61

 

FUNCIONAMIENTO DE LA ESFERA DE CONCIENCIA DEL PASU                                                                                                   62

 

ARTÍCULO               A          -           El objetivo microcósmico de la finalidad                                                                               63

ARTÍCULO               B          -           La “facultad traductiva”, función de la potencia activa                                                         65

ARTÍCULO               C          -           Esquema de sí mismo y energía psíquica                                                                           66

ARTÍCULO               D          -           Expresión energética del pensamiento del pasú                                                                67

ARTÍCULO               E          -           El objetivo microcósmico de la finalidad requiere de la metempsicosis                       70

ARTÍCULO               F          -           Estudio analógico de la “expresión energética del pensamiento del pasú”                 74

ARTÍCULO               G          -           El pasú, sujeto conciente                                                                                                         90

ARTÍCULO               H          -           El mito y el símbolo sagrado                                                                                                   95

ARTÍCULO                I           -           Comentarios complementarios sobre el mito y el símbolo sagrado                           106

                             Primero    -           Comportamiento autónomo del mito                                                                                   106

                            Segundo   -           Estudio energético de la emergencia del símbolo sagrado                                           106

ARTÍCULO               J          -           Símbolo sagrado y Metafísica Hiperbórea                                                                          107

 

LA CONCIENCIA, TIEMPO TRANSVERSAL                                                                                                                                      109

 

ARTÍCULO               A          -           La autonomía óntica del microcosmos actual                                                                   109

ARTÍCULO               B          -           Descripción temporal del ente autónomo                                                                          111

ARTÍCULO               C          -           La doble temporalidad del microcosmos potencial                                                         113

ARTÍCULO               D          -           Estudio anal6gico del tiempo inmanente                                                                           115

ARTÍCULO               E          -           El sujeto consciente en presente extensivo S.P.E.                                                           120

ARTÍCULO               F          -           El sujeto consciente en presente comprensivo S.P.C                                                     121

 

EL VIRYA PERDIDO: UN PASU CON LINAJE HIPERBOREO                                                                                                         122

 

ARTÍCULO               A          -           La herencia del virya                                                                                                                122

ARTÍCULO               B          -           El Yo del virya y el Yo infinito                                                                                                  123

ARTÍCULO               C          -           Objetivo del plan de los Siddhas Traidores                                                                       125

ARTÍCULO               D          -           La función de la sangre en la clave genética                                                                     125

ARTÍCULO               E          -           Los Siddhas Traidores modifican el designio humano                                                  125

ARTÍCULO               F          -           Técnica de la clave genética                                                                                                  126

ARTÍCULO               G          -           Localización del Yo en el virya                                                                                               127

ARTÍCULO               H          -           Estudio analógico del encadenamiento espiritual                                                           128

ARTÍCULO                I           -           El encadenamiento espiritual introduce el infinito en el microcosmos                        129

ARTÍCULO               J          -           El Cordón Dorado                                                                                                                    135

                                   

EL VIRYA DESPIERTO EN BUSCA DEL PRINCIPIO DEL CERCO                                                                                                  139

 

ARTÍCULO               A          -           Teoría analógica del virya despierto                                                                                    139

ARTÍCULO               B          -           Estructura psíquica del virya despierto                                                                                141

ARTÍCULO               C          -           En busca del principio del cerco                                                                                           143

ARTÍCULO               D          -           Necesidad de hacer u alto en la lucha                                                                                143

ARTÍCULO               E          -           El terrible Secreto de Maya                                                                                                     146

ARTÍCULO               F          -           Desventaja Estratégica                                                                                                           148

ARTÍCULO               G          -           Las armas del virya despierto                                                                                               149

ARTÍCULO               H          -           El principio del cerco y la ley del cerco                                                                                150

ARTÍCULO                I           -           Grados de determinación de un fenómeno                                                                       151

ARTÍCULO               J          -           El enmascaramiento causado por las “premisas culturales preeminentes”             152

ARTÍCULO               K          -           La cultura, arma estratégica enemiga                                                                                 153

ARTÍCULO               L          -           La alegoría del Yo prisionero                                                                                                154

ARTÍCULO               M          -           Estudio analógico de la alegoría del Yo prisionero                                                          156

ARTÍCULO               N          -           El riesgo del virya                                                                                                                     161

ARTÍCULO               O          -           El acto de guerra individual del virya despierto                                                                  162

ARTÍCULO               P          -           Explicación alegórica del cerco infinito                                                                                165

ARTÍCULO               Q          -           La Estrategia pasú y la Estrategia Hiperbórea                                                                  167

ARTÍCULO               R          -           Coriclusión sobre la técnica arquemónica                                                                         170

ARTÍCULO               S          -           La “oposición estratégica” desde el arquémona                                                              171

ARTÍCULO               T          -           El último paso del virya despierto                                                                                         174

 

TRASMUTACION DEL VIRYA DESPIERTO EN SIDDHA BERSERKIR                                                                                           174

 

INTRODUCCIÓN A LA TESIS FUNDAMENTAL DE LA SABIDURÍA HIPERBÓREA

 El objeto de esta Metafísica Hiperbórea es PONTIFICAR sobre el tema más misterioso y sagrado que existe: el drama del Espíritu cautivo en la materia. El método que aquí se em­plea es el siguiente: se establece una relación de ANALOGÍA entre cierta verdad metafísica, tradicionalmente esotérica, y un ejemplo particular, exotérico y bien descripto; una vez que la relación ha quedado en claro, se procede a EXTENDER POR INDUCCIÓN LO PARTICU­LAR A LO GENERAL. De esta manera se consigue inducir en el estudiante la intuición me­tafísica de realidades inexplicables: se "pontifica", es decir, se une con un puente las orillas de lo inteligible y lo gnóstico.

La tesis de la Sabiduría Hiperbórea que fundamentamos en esta parte no puede ser más sencilla de exponer y, sin embargo, más complicada de explicar. En otras palabras: es relati­vamente fácil exponer, MÍTICAMENTE, los rasgos originales del drama: la Traición de los Siddhas y la caída del Espíritu; pero no puede ser mas difícil la aproximación inteligible a di­cho Mito. Una vía iniciática, en la cual el Instructor pone en contacto directo al estudiante con el Mito, sin duda salvaría todas las dificultades; pero no es este el caso: aquí debemos mostrar la verdad de la tesis por medio de explicaciones racionales, es decir, con conceptos determina­dos por la lógica del lenguaje. Y lo haremos así pues nos estimula la certeza de que el camino elegido es el correcto, de que cualquiera que lo transite, con un mínimo de atención, no podrá menos que atravesar en algún momento el puente metafísico que conduce al Espíritu, a su propio Espíritu cautivo por los Dioses de la materia.

Comencemos, pues, por el principio de la tesis. La Sabiduría Hiperbórea enseña que antes de la llegada al Universo material de los Espíritus Hiperbóreos, en la tierra habitaba un homínido sumamente primitivo denominado PASÚ. Tal homínido, sin embargo, estaba PO­TENCIALMENTE llamado a cumplir una importante función en la obra del demiurgo: ser "postor de sentido" en el mundo, finalidad que se explicará con detalle más adelante. Aquí in­teresa destacar que el pasú HABÍA FRACASADO COMO ESPECIE EN EL CUMPLI­MIENTO DE SU FINALIDAD y, según ocurre en todos los casos en que la evolución toma por sendas equivocadas, SU DESTINO SEGURO ERA LA EXTINCIÓN.

¿Qué milagro lo salvó de desaparecer como el dinosaurio o el dodo y en cambio aceleró su evolución hasta convertirlo en el amo de la tierra? Respuesta: el aporte genético de una raza extraterrestre llamada, últimamente, "Hiperbórea". Pero no se trata solo de "genética", es decir, de información hereditaria: LA MODIFICACIÓN GENÉTICA DEL PASÚ LO QUE HA HECHO POSIBLE ES EL ENCADENAMIENTO ESPIRITUAL DE LOS SERES EXTRA­TERRESTRES AL DESENVOLVIMIENTO EVOLUTIVO DE LOS ARQUETIPOS MANÚ, O SEA, A LA EVOLUCIÓN DE LA MATERIA. Este hecho primordial, que consti­tuye el núcleo de la tesis, se denomina "Traición Blanca" o "Traición de los Siddhas", en clara alusión a los jefes extraterrestres que dirigieron la caída de los Espíritus, produjeron una mu­tación en los reinos vegetal y animal de la Tierra y, aun hoy, controlan el planeta desde el cen­tro Chang Shambalá.

Como efecto de la traición de los Siddhas Traidores aparecen tres clases de hombres sobre la tierra: el homínido primitivo que a partir de entonces se llama ANIMAL-HOMBRE o PASÚ; el pasú que "posee linaje hiperbóreo", es decir, el pasú que tiene la POSIBILIDAD de que en el se manifieste el Espíritu cautivo, denominado VIRYA; y el SIDDHA HIPERBÓ­REO, que puede ser, tanto un Espíritu "liberado" de la cautividad, como uno de los Antiguos Guías, y que permanece en la Tierra, en un lugar llamado Agartha, para combatir al Enemigo y consumar el rescate final de los Espíritus cautivos.

El hombre de nuestros días es, en mayor o menor medida, un VIRYA PERDIDO. Vale decir: en él existe una doble naturaleza, divina y humana, tal como afirmaban acertadamente los gnósticos de los primeros siglos de la Era actual y que la Iglesia reservó exclusivamente para un exponente de la "raza sagrada" del Demiurgo Jehová-Satanás. En efecto, la doble natu­raleza que la Iglesia afirma poseía Jesús Cristo es, en realidad, la condición natural de todo virya, el cual PARTICIPA de la divinidad absoluta del Espíritu eterno. Para ocultar este hecho, y evitar que el hombre se convierta en Dios, la Iglesia comenzó por destruir la Gnosis con una implacable persecución y continuó por apoderarse de la verdad para aplicarla solamente a Je­sús Cristo. Después de la traición de Constantino a los Dioses del Imperio Romano, y del concilio de Nicea y posteriores, la verdad Gnóstica de la doble naturaleza del virya se trans­formó en el dogma de la divinidad de Jesús Cristo. Y todo posterior intento por revelar este secreto a los hombres, desde los maniqueos y cátaros hasta Nietzsche e Hitler, fue ahogado en sangre por la conspiración sinárquica de la judeomasonería, el judeomarxismo, el judeocris­tianismo, etc.

El pasú primitivo era una fase en el proceso evolutivo del Arquetipo Manú. A ese esta­do había llegado luego de una evolución de millones de años que no comenzó aquí sino en otro planeta, el cual se dividió luego en cuatro partes y formo las lunas de la Tierra. ¿Cómo era la psique del pasú a la venida de los extraterrestres? Respuesta: Poseía un sujeto racional bastan­te desarrollado y una incipiente esfera de preconciencia con la que no alcanzaba a adquirir "conciencia de si", es decir, individualidad psíquica. En esta falta de individualidad radicaba, justamente, la falla evolutiva del pasú. En otros incisos se demostrará que el Demiurgo pro­puso una finalidad para el destino del pasú cuyo objetivo es doble: el "objetivo microcósmico de la finalidad" exige que el pasú desarrolle la "esfera de conciencia" y convierta al microcos­mos en "ente autónomo", capaz de "poner sentido en el macrocosmos"; este objetivo permite que se cumpla, también, el "objetivo macrocósmico de la finalidad": producir cultura. Se en­tiende que el primer objetivo, "desarrollar la esfera de conciencia" es particular y el segundo, "producir cultura", es colectivo.

La "falta de individualidad", la "incipiente esfera de preconciencia", la natural e insupe­rable animalidad, causaron la falla del objetivo microcósmico de la finalidad; y tal estanca­miento particular produjo, en consecuencia, el fracaso del objetivo macrocósmico: las "culturas" pasú no progresaron en miles de años.

Por otra parte, cabe destacar que, en sentido general, el pasú exhibía un instinto grega­rio altamente desarrollado que le permitía superar en organización a cualquier otra sociedad animal PUES ERA EL ÚNICO CAPAZ DE CREAR UNA CULTURA. Sin embargo, por no estar totalmente individualizado, participaba, junto con otros miembros de su comunidad, de una especie de "alma grupal", o "egrégoro", dotada de cierta inteligencia pero cuya motivación principal la constituía EL DESEO.

En síntesis, el encadenamiento espiritual fue perpetrado por los Siddhas Traidores para que el pasú pudiese cumplir con el doble objetivo de su finalidad: desarrollar el sujeto cons­ciente y producir cultura. ¿Porqué hicieron tal cosa? ¿De qué medios se valieron para ello? Las respuestas para éstas, y otras preguntas semejantes, podrán hallarse en los siguientes incisos.

Ésta es, a grandes rasgos, la tesis que aquí desarrollamos. Su aparente sencillez no debe dar lugar a equívocos pues, si se desea trascender el lenguaje mítico y aclarar el misterio, ha­bría que plantear interrogantes complejísimos. Por ejemplo, consideremos el tema del Espíritu encadenado: si tomamos como un hecho real, aunque antiquísimo, la caída y cautividad del Espíritu y procuramos tornarlo en gran medida inteligible, hemos de comenzar por interrogar ¿Cómo se encadena a la materia, a lo efímero de la vida, al devenir de la naturaleza, a los ci­clos de vida y muerte, cómo se encadena, repetimos, un Espíritu eterno a esa ilusión? Res­puesta: ante todo, hay que afirmar que la solución constituye un secreto terrible, conocido en la Sabiduría Hiperbórea como "Misterio de A-mort y de amor”. Sin embargo, sin pretender revelar totalmente semejante secreto, podemos avanzar bastante sobre muchos datos ya conocidos exotéricamente. Respondemos, entonces, que EL ESPÍRITU ETERNO, QUE ES TANTO O MÁS POTENTE QUE EL MISMO DEMIURGO, PERMANECE ENCADENADO "PORQUE NO SABE QUE LO ESTA".

¿Cómo puede ser esto posible? No es difícil de imaginar si consideramos QUE HUBO UNA TRAICIÓN ORIGINAL, vale decir, el quebrantamiento de una confianza o lealtad que se debían entre si los miembros de la Raza Hiperbórea. Si contamos con este elemento dinámi­co exterior, "la traición", podemos entonces suponer que LOS ESPÍRITUS EXHIBÍAN UN PUNTO DÉBIL EN SU COMPLEXIÓN, UNA ESPALDA, UN TALÓN DE AQUILES, ETC., POR EL QUE FUERON DOMINADOS. Pero, aun así, resulta difícil entender como pudo ocurrir un hecho tan trascendental para el Espíritu, la pérdida de la libertad, el encade­namiento a la materia y al tiempo, etc., SIN QUE ESTE LO SUPIERA, ni entonces ni luego, Y PERMANECIESE ASÍ. Y tal dificultad para entenderlo demuestra cuan lejos estamos del Es­píritu, de nuestro Yo Eterno. 

Reiteramos que, a pesar de las dificultades señaladas, es posible explicar en gran medi­da la tesis y aprehender intuitivamente lo inexplicable por medio de la inducción trascendental. A conseguir tal objetivo se dedica la Primera Parte de los "Fundamentos..." Pero, vale la pena aclararlo: no seria posible tornar inteligible el hecho del encadenamiento del Espíritu a la evo­lución del pasú, sin una adecuada descripción previa de la estructura psíquica del pasú. Esto es lo que nos demandará mas esfuerzo aunque, debido a que en cada VIRYA existe aún una parte importante del pasú, su comprensión no ofrecerá problemas al estudiante.

 

 

  NECESIDAD DE UN MODELO ANALÓGICO DEL ESPÍRITU HIPERBÓREO

 

 Nuestro propósito es, pues, demostrar mediante analogías de que manera los Espíritus fueron encadenados a la materia SIN SABERLO y, especialmente, en que consiste ese "punto débil" de la complexión espiritual.

Pero hay que advertir que la hipótesis que presentamos sólo puede corresponder al caso de un Espíritu que ha INGRESADO EN EL UNIVERSO y, por lo tanto, se ha situado a nive­les de cuantificación racional. Nada podemos saber sobre la forma, o el modo de ser de un Es­píritu SITUADO FUERA DEL UNIVERSO MATERIAL y tarea inútil seria intentar represen­tarlo. En cambio el modelo que ofrecemos ayudará a imaginar a un miembro de la raza cósmi­ca, el cual será, naturalmente, muy diferente de cuanto estamos acostumbrados a ver o conce­bir. Tal modelo permitirá intuir como se pudo engañar y derrotar al Espíritu SIN QUE ESTE LO NOTASE y porque, luego, PERMANECIÓ SIN SABER EN QUE ESTADO SE EN­CONTRABA.

Como muchos de los "fundamentos metafísicos" que se exponen en este libro se apoyan en el "modelo de la esfera" conviene aclarar de entrada que cabe esperar de el y hasta donde refleja la realidad del Espíritu. En este sentido debemos decir que en la concepción del Modelo se ha atendido a la correspondencia conceptual antes que a la meramente formal. De este modo es posible lograr que la enunciación de cualidades o propiedades DEL Modelo CONNOTEN cualidades o propiedades DEL Espíritu.

El modelo de la esfera guarda así correspondencia conceptual con el Espíritu Hiperbó­reo lo que ha de permitir a una intuición metafísica, que no es ni sensible ni inteligible sino gnóstica, efectuar el tránsito buscado hacia el Espíritu: esto es lo que cabe esperar de un Mo­delo semejante.

No será necesario, suponemos, insistir demasiado en que el Espíritu NO ES ESFÉRI­CO por el hecho de que el Modelo lo sea; LO QUE PERMANECE INVARIANTE EN LA CORRESPONDENCIA ES LA TOPOLOGÍA Y NO LA FORMA GEOMÉTRICA: DE LOS INVARIANTES TOPOLÓGICOS Y DE SUS CONSECUENCIAS FÍSICAS SE DEDUCEN LOS CONCEPTOS ANALÓGICOS. Por el contrario, quien vaya del Modelo al Espíritu tras­cenderá lo esférico, se situará más allá de su entidad, en el plano del ser absoluto, es decir, en el Vril.

 

 

EL MODELO DE LA ESFERA

 

Consideremos, pues, una ESFERA HUECA, de substancia homogénea. Se trata, topo­lógicamente, de una SUPERFICIE BILATERA: un lado lo constituye la superficie esférica interior y otro la superficie exterior. Supongamos ahora que tal esfera hueca representa a un Espíritu eterno ANTES de la caída. Cada uno de los infinitos puntos de la superficie INTE­RIOR es un núcleo de gnosis absoluta QUE MIRA HACIA EL CENTRO. En el centro, en un punto situado en el espacio hueco interior, convergen todas las MIRADAS de los puntos-gnósticos y se realiza allí una síntesis total de Sabiduría. Se puede decir que en el centro de la esfera espiritual existe un Yo absoluto, que SABE de cada punto de su ser porque, justamente, es la síntesis de todos esos puntos. ¿Cómo ACTÚA un ser así? Contrayendo o expandiendo su volumen y aplicando su Voluntad absoluta en el espacio interior. Si el Yo absoluto quiere, puede contraer la superficie hasta casi confundirse con el punto central; o puede expandirla y crear tanto espacio interior como el de un universo entero; y si lo desea, también, puede OR­GANIZAR DICHO ESPACIO INTERIOR y convertirse en Pantocrátor, como alguna vez hizo Abraxas. Pero el Espíritu no es un Demiurgo, no TIENE INTERÉS EN PERMANECER EN EL MUNDO DE LA MATERIA Y LA ENERGÍA; procede de Lo Incognoscible y allí debe retornar. ¿Cómo llegó hasta ese mundo demencial? Acompañando a la raza; siguiendo a los jefes; por A-mort a Ella, quizás.

Pero sea cual fuere el motivo, lo efectivo es que el Espíritu-esfera se encontraba enton­ces allí. Mas el NO ERA ASÍ, semejante a una burbuja, antes de "ingresar" al universo de El Uno: ésa es la forma HOSTIL con que su naturaleza se adaptó a la locura de aquel caos orga­nizado. La hostilidad esencial del Espíritu hacia el orden material del Demiurgo se manifestó en ese "encierro" con que el Yo absoluto se "cercó" esféricamente. En el centro de la esfera brillaba la llama del Yo absoluto, la cual era contemplada desde todos los puntos de sí-mismo; fuera de la esfera el caos organizado, la locura de Abraxas, reinaba por todas partes. Hacia allí, pues, NO MIRABA el Espíritu eterno y ese NO MIRAR constituía su hostilidad.

Bueno, esto último no es del todo cierto pues POR UN PUNTO al menos el Espíritu observaba hacia el exterior. Si, un punto, un único punto en toda la superficie esférica exterior, POR EL CUAL EL CONTEMPLABA LA ESFERA DE ELLA. Si. Y este único punto ¿a qué dudarlo? resulto el "punto débil", el origen de la caída.

Atención ahora: no diremos "por que" ocurrió ni "como" ocurrió: seria inútil pretender explicar el Misterio de A-mort con una alegoría tan simple. Daremos, en cambio, una descrip­ción de "que" le ocurrió al Espíritu-esfera. En tal "que" estará simbolizada la idea de la caída del Espíritu eterno que nos permitirá comprender, finalmente, el encadenamiento a la materia o, mejor aún, la doble naturaleza del virya.

En la figura 1 se ha dibujado una burbuja de un material muy elástico, por ejemplo cau­cho. Al punto K, SITUADO EN EL INTERIOR, esta firmemente soldada una cuerda, la cual recorre un diámetro (KH) y sale al exterior por la antípoda, es decir, por la perforación puntual H. La cuerda tiene en su extremo exterior un ojo E por el que es posible enganchar y tirar.

 

 

FIGURA 1

 

Suponiendo que la burbuja de mantenga en todo momento en su sitio ¿qué creemos que sucederá cuando se tire hacia afuera desde el ojo E? Sin dudas, EN UN PRINCIPIO, se pro­ducirá una deformación: momentáneamente se perderá la forma esférica; el punto K se "acercara" a la perforación H y la burbuja de caucho se "arrugará por detrás". Pero, SI SE HALA LO SUFICIENTE, pronto se verá QUE LA PARTE INTERIOR COMIENZA A SA­LIR AL EXTERIOR.

Teóricamente, si continuamos tirando, conseguiremos que TODA LA SUPERFICIE IN­TERIOR PASE A OCUPAR EL LUGAR DE LA SUPERFICIE EXTERIOR y, por consi­guiente, QUE LA SUPERFICIE EXTERIOR SE TRASLADE AL INTERIOR DE LA BUR­BUJA. Al final obtendremos nuevamente la forma esférica PERO INVERTIDA: la superficie que antes estaba adentro ahora esta afuera.

Es necesario hacer un esfuerzo e imaginar completamente este proceso. Para ello lo mejor es fijar condiciones cromáticas iniciales como, por ejemplo, QUE LA BURBUJA SEA ROJA POR FUERA Y VERDE POR DENTRO. De ese modo será posible imaginar como va surgiendo la piel interior VERDE por el orificio H y como, al final, la totalidad del color rojo habrá pasado al interior mientras que la superficie exterior se habrá tornado totalmente verdad.

LA REVERSIÓN DEL ESPÍRITU PRODUCE LA DESORIENTACIÓN ABSOLUTA

Si hemos sido capaces de imaginar la reversión de la burbuja podremos dar un paso más y suponer que algo semejante le ocurrió al Espíritu-esfera. Naturalmente que en el Espíritu no existía una cuerda de la cual fuese posible halar. Pero SI EXISTÍA UN PUNTO INTE­RIOR QUE "MIRABA" AL EXTERIOR, es decir, UN PUNTO QUE REUNÍA LAS CON­DICIONES DE "K" Y "H" SIMULTÁNEAMENTE. Este punto permitió a los Siddhas Trai­dores efectuar una reversión, en los Espíritus-esferas, semejante a la que hemos imaginado en la burbuja de caucho.

Saquemos ahora algunas conclusiones. Consideremos al Espíritu-esfera antes de la re­versión; debemos convenir en que cuando TODOS (MENOS UNO) los infinitos puntos de la superficie interior "miran" hacia el centro, tal estado constituye la NORMALIDAD del Espíri­tu-esfera. Hemos dicho que se trataba de "puntos gnósticos": esto no quiere decir que la Sabi­duría de los Espíritus Hiperbóreos este fragmentada o pulverizada en unidades puntuales; el concepto "puntos gnósticos" es alegórico, propio de los Espíritus-esfera, e inseparable del con­cepto geométrico de "superficie" que estamos empleando.

La "normalidad" consiste, entonces, en que todos los puntos gnósticos, menos uno, mi­ren hacia el centro de la esfera, adonde brilla el Yo absoluto, la síntesis del Espíritu-esfera; el centro es, en rigor, EL "PUNTO CARDINAL" DE LA SUPERFICIE INTERIOR. Pero hablar de "punto cardinal" es aludir a una ORIENTACIÓN: es decir: EL PUNTO CARDINAL CONSTITUYE EL "ORIENTE" DE LA GNOSIS INTERIOR, EL SITIO AL CUAL SE REFIEREN TODAS LAS DIRECCIONES, TODOS LOS RUMBOS, TODOS LOS SENTI­DOS. Sólo un punto está desorientado, y lo está por A-mort, por esa necesidad de Ella que es anterior al Origen y por eso es incomprensible.

Por otra parte, el Espíritu, al ingresar POR EL ORIGEN al Universo de El Uno, lo hace en calidad de "enemigo"; por eso se adapta en forma de Espíritu-esfera y demuestra así su HOSTILIDAD ESENCIAL.

Reconocemos, pues, DOS NORMALIDADES en el Espíritu-esfera: LA NORMALI­DAD INTERIOR U ORIENTACIÓN y LA NORMALIDAD EXTERIOR U HOSTILIDAD.

La "traición" de los Siddhas Traidores fue una operación efectuada sobre el punto exte­rior del Espíritu-esfera. Podemos suponer, SOLO SUPONER, que el efecto de tal operación produjo en el Espíritu-esfera la creencia de que la esfera de Ella se encontraba justo frente al punto exterior. Pero sea cual fuese el engaño o la creencia del Espíritu-esfera, lo cierto es que INSTANTÁNEAMENTE su ser se revertió, de manera semejante a como ocurrió con la bur­buja de la figura 1. ¿Porqué reaccionó de tal modo el Espíritu-esfera? ¿Qué impulso a su con­ciencia a desorientarse del Yo absoluto, a PASAR por el punto exterior y quedar expuesta a las determinaciones del orden cósmico? Sólo podemos aventurar otra suposición: el Espíritu-esfe­ra actuó correctamente PERO FUERA DE LUGAR. Es decir su reacción sin duda era apro­piada ALLÍ, EN EL MUNDO INCOGNOSCIBLE DEL ORIGEN; efectuada imprudentemen­te aquí, en el Universo de la materia y la energía, de la Conciencia-Tiempo del Demiurgo, de la potencia arquetípica, condujo al Espíritu-esfera a un triste fin. La derrota se consumó, pues, EN UN INSTANTE, SIN LUCHA Y SIN DEFENSA (las luchas y la defensa vendrían des­pués).

El Espíritu-esfera pasó así, INSTANTÁNEAMENTE, DE "SER" A "NO SABER", DE LA ORIENTACIÓN ABSOLUTA A LA DESORIENTACIÓN ABSOLUTA O CONFU­SIÓN. 

 

EL ESPÍRITU-ESFERA "NORMAL"

 

Para comprender mejor el estado del Espíritu-esfera después de la caída vamos a esta­blecer algunas precisiones sobre su constitución NORMAL. En principio tomemos como refe­rencia el PLANO MATERIAL y convengamos en que éste se encuentra POR DEBAJO DEL ESPÍRITU-ESFERA. De este modo la "hostilidad esencial" se manifiesta como OPOSICIÓN a dicho plano. (Ver figura 2).

 

 

FIGURA 2

Dispuesto así el enfrentamiento -Espíritu absolutamente libre contra plano material absolutamente determinado u ordenado- pasemos a describir la NORMALIDAD del Espíritu-esfera.

Como se observa en la figura hemos dibujado una SECCIÓN del Espíritu-esfera en la cual se ha señalado con color verde la superficie interior GNÓSTICA y con rojo la superficie exterior HOSTIL. Si ésta es la situación inicial del drama del Espíritu, entonces valen los si­guientes principios:

Primero: el "cuerpo" del Espíritu, es decir, la esfera, puede considerarse como com­puesto por dos capas o estratos, por dos películas superpuestas, que son en realidad dos CA­RAS O ROSTROS:

La superficie exterior, roja, es la expresión del TERGUM HOSTIS o ESPALDA HOSTIL; la superficie interior, verde, es la expresión del VULTUS SPIRITUS o ROSTRO ESPIRITUAL.

Segundo: Según la disposición de la figura 2 la oposición u hostilidad es hacia el plano material "inferior", caso que, analógicamente se ha representado con la esfera "arriba" y el plano material "abajo". Resulta evidente, entonces, que la oposición efectiva la realiza la me­dia esfera inferior. A los efectos de alcanzar una profunda comprensión vamos a prescindir por un momento de la media esfera superior y a considerar sólo aquella parte que ejerce efectiva oposición a la materia. (Ver figura 3).

 

 

FIGURA 3

 

Podemos distinguir en la figura 3 dos direcciones opuestas: el Rostro espiritual se orienta hacia el punto cardinal del Yo absoluto; La Espalda hostil se opone a la materia infe­rior.

Situándonos alternativamente en cada uno de tales puntos de referencia notamos que: VISTO DESDE EL PLANO MATERIAL, LA HOSTILIDAD DEL ESPÍRITU ESTA SIG­NADA POR "LO CONVEXO"; VISTO DESDE EL YO ABSOLUTO, LA ORIENTACIÓN DE LA GNOSIS ESPIRITUAL ESTA SIGNADA POR "LO CÓNCAVO".

Tercero: El rostro espiritual es gnosis pura y su síntesis consiste en un Yo Absoluto situado en el centro de la esfera.

La espalda hostil, por consiguiente, NO ES SABIDURÍA EN MODO ALGUNO. Por el con­trario, ella es SOLO HOSTILIDAD JUSTAMENTE PORQUE NO CONSTITUYE UN CO­NOCIMIENTO DEL ENGAÑO EXTERIOR. El Espíritu-esfera se ha presentado en el Uni­verso material CERRADO SOBRE SI MISMO, VUELTO EN TORNO DEL YO ABSOLU­TO, Y MOSTRANDO AL DEMIURGO "POR TODAS PARTES UNA ESPALDA HOS­TIL". Pero el Tergum, la Espalda, se opone al Demiurgo no como contrario sino como AD­VERSARIO porque, hay que afirmarlo, EL ESPÍRITU-ESFERA ES UN DIOS MAS PO­TENTE QUE EL DEMIURGO.

: El Espíritu-esfera opuesto al plano material, tal como se ve en la figura 2, ES TAN INMUTABLE COMO EL "SER" DE PARMENIDES. Incluso el concepto del filosofo de Elea se podría aplicar al Espíritu-esfera y decir así: el Espíritu ES y lo que el Espíritu NO ES, NO ES. Con otras palabras, en la figura 2 vemos: por un lado al Espíritu-esfera, absolu­tamente libre, eterno e inmutable: ESTO ES LO QUE EL ESPÍRITU ES; por otra parte vemos un mundo absolutamente determinado, temporal y fenoménico: ESTO ES LO QUE EL ESPÍ­RITU NO ES. Y en consecuencia, PARA EL ESPÍRITU, esto que el NO ES, NO EXISTE, ES UNA ILUSIÓN, o sea, NO ES. La única realidad es el Espíritu; sólo él ES. Pero el De­miurgo TAMBIÉN ES ESPÍRITU; por eso él es el ADVERSARIO. De allí que sea necesario distinguir entre el Pantocrátor y el mundo, es decir, entre el Dios plasmador y el mundo por él plasmado; entre el Demiurgo y el Universo ordenado. Los segundos forman el plano material hacia el que apunta la negación del Espíritu-esfera: el mundo material es pura apariencia, pura ilusión, puro fenómeno, puro proceso evolutivo, pura contingencia y accidente; para el Espíritu el mundo NO EXISTE, NO ES. Pero el Demiurgo SI ES y contra él se librará el combate por el retorno al origen, por la recuperación del "estado primordial" que aquí representamos ale­góricamente con la forma esférica.

Resumiendo estos principios podemos decir que el Espíritu-esfera, inicialmente, posee un Rostro espiritual, verde e interior, que mira hacia el Yo Absoluto, quien es su síntesis gnóstica, y que tal "mirar" constituye la "orientación normal" del Espíritu. También sabemos que exhibe una Espalda hostil, roja y exterior, que se opone al plano material y que tal oposi­ción es la "hostilidad normal" del Espíritud.

EL ESPÍRITU-ESFERA "REVERTIDO"

Lo que jamás hubiese podido conseguir el Demiurgo o cualquier otro Demonio seme­jante, esto es, la alteración del Espíritu-esfera, vino a ser logrado por la Vía de la traición. En efecto, fueron otros miembros de la Raza Hiperbórea, conocedores de todos los secretos del Espíritu-esfera, quienes quebrantaron el principio de lealtad y precipitaron a millones de Es­píritus al abismo. Ellos, los Siddhas Traidores, revelaron el secreto del "punto exterior" e hi­cieron posible el engaño y la reversión del Espíritu-esfera. En la figura 4 se ha representado tal situación.

Vemos allí que el Tergum o Espalda hostil ha pasado al interior de la esfera, mientras que el Rostro espiritual se ha exteriorizado por completo, quedando enfrentado por un lado directamente al plano material.

 

 

FIGURA 4

Lo primero que se advierte al observar la figura 4 es la desaparición del Yo Absoluto de su posición central. El Espíritu Hiperbóreo, vale la pena aclararlo, NO ES UN SER SIMPLE. Hay que recordar que estamos hablando del miembro de una raza cósmica y no de un mero fantasma incorpóreo. Además, si fuese simple, seria inútil intentar su descripción: basta­ría sólo con designar un nombre. Ello no es posible y por eso lo hemos representado como Espíri­tu-esfera, el cual, desde luego, no es simple: ya conocemos su cuerpo esférico, el "tergum hos­tis" y el "vultus spiritus". Este último, el Rostro espiritual, es la SABIDURÍA propiamente di­cha y de Ella depende el Yo Absoluto que, luego de la reversión ha desaparecido del centro.

El Rostro espiritual tampoco es simple, desde que lo hemos supuesto extenso, es decir, como una "superficie esférica interior", pero en cambio es homogéneo, TODO SABIDURÍA. Tal homogeneidad espiritual se concreta en el Yo Absoluto, el cual es expresión de la síntesis absoluta con que el Espíritu esférico se unifica y reúne en un solo punto central. Para expresar la unidad del Espíritu esférico y su síntesis central, en sentido figurado, suponemos que la su­perficie representativa esta compuesta por puntos que "miran" hacia el centro y allí se sintetizan, en un único punto cardinal: el Yo Absoluto.

Ahora bien: luego de la reversión los "puntos gnósticos" ya no "miran" hacia el cen­tro de la esfera, interiormente, sino en sentido completamente opuesto y exterior. ¿Qué ha ocu­rrido con el Yo Absoluto ahora? ¿Su "desaparición" significa su extinción; el quebrantamiento de la unidad sintética de la Sabiduría? En rigor éstas y otras preguntas que podrían proponerse se reducen a una sola: ¿EXISTE ALGÚN PUNTO EXTERIOR AL ESPÍRITU-ESFERA QUE PUEDA SER "VISTO" SIMULTÁNEAMENTE POR TODOS LOS PUNTOS GNÓSTICOS DEL ROSTRO ESPIRITUAL? Se comprende que esta pregunta, así como cualquiera otra semejante, incluidas las dos propuestas en primer termino, DEBEN SER RES­PONDIDAS AFIRMATIVAMENTE pues en caso contrario el "Yo Absoluto" NO SERIA ABSOLUTO. El carácter de "Absoluto" le viene por ser síntesis absoluta de la gnosis espiri­tual; su suerte, hablando en sentido figurado, va ligada a la unidad de la Sabiduría y si aquél se extingue ésta ha de extinguirse también, es decir, ha de morir. Pero el Espíritu-esfera es inmor­tal y su Yo un Yo Absoluto.

Mas, si la respuesta DEBE SER AFIRMATIVA, si efectivamente existe un punto exte­rior adonde luego de la reversión se ha trasladado el Yo Absoluto, cabe preguntar a su vez ¿adonde esta? o mejor ¿adónde PUEDE estar un punto cardinal exterior que reciba simultá­neamente todas las miradas de los puntos gnósticos?

FIGURA 5 (a y b)

Para aproximarnos a la respuesta tengamos en cuenta lo siguiente: en el Espíritu-esfera NORMAL( Fig. 2) las "miradas" de los puntos gnósticos hacia el Yo Absoluto equivalían a PROYECCIONES de los puntos de la superficie esférica interior sobre el punto central; inver­samente, se podría también decir que DESDE EL YO ABSOLUTO es posible ver TODOS LOS PUNTOS del Rostro espiritual o sea: DESDE EL PUNTO CENTRAL de la esfera es posible PROYECTAR un radio[1] hacia cada uno de los puntos de la superficie esférica interior. Consideremos ahora, con este mismo criterio, al Espíritu-esfera luego de la reversión (Fig. 4). El punto buscado debe ser tal que converjan sobre él la proyección de TODOS los puntos de la superficie exterior de la esfera. Sin embargo es evidente a primera vista que la proyección normal de todos los puntos exteriores no converge sino que diverge en todas direcciones, es decir, isotrópicamente. Pero podemos verificar con más rigor esa presunción si examinamos dos puntos gnósticos, A y B, tan cerca como se quiera uno de otro, y medimos la distancia en­tre cada VECTOR proyectivo o "mirada" hacia el Yo Absoluto. En la figura 5-a se demuestra que en el Espíritu-esfera "normal" las "miradas" convergen hacia el Yo Absoluto del centro, es decir, los vectores "se juntan cada vez más entre sí" a medida que se acorta la distancia al cen­tro.



[1]  o "vector radian", es decir, un vector cuyo modulo es igual al radio.TODOS los puntos gnósticos, es decir, la superficie

 

 

 

FIGURA 5 (a y b)

 

Por el contrario las "miradas" procedentes de los puntos exteriores, en el Espíritu "revertido", tienden a "separarse cada vez más entre sí" a medida que se alejan de la superficie esférica. ¿Qué nos dice esto? Para empezar: que el punto exterior de convergencia NO PUEDE ESTAR CERCA del Espíritu esfera, puesto que las "miradas", es decir, los vectores proyecti­vos, se separan entre si en todas direcciones. Pero CUAN LEJOS puede estar dicho punto no resulta tan evidente ya que si proyectamos TODAS las miradas, o sea, si consideramos la pro­yección completa de la superficie esférica, ilimitadamente hacia toda dirección, ACABARE­MOS POR ABARCAR LA TOTALIDAD DEL ESPACIO CÓSMICO. ¿Adónde está, enton­ces, el punto exterior de convergencia? Respuesta: EN EL INFINITO. Por ejemplo: si consideramos sólo cuatro puntos gnósticos I, II, III, y IV, tal como se muestra en la figura 6, SITUADOS EN PARTES OPUESTAS de la superficie esférica, y los proyectamos ilimitadamente en dirección de cuatro puntos de referen­cia arbitrarios N, S, E y O, PODEMOS AFIRMAR QUE DICHOS VECTORES PROYEC­TIVOS COINCIDIRÁN AL TÉRMINO DE SU TRAYECTO EN UN ÚNICO PUNTO CO­MÚN SITUADO EN EL INFINITO. Pero hay más: si, de la misma ma­nera, proyectamos TODOS los puntos gnósticos, es decir, la superficie esférica entera, ilimita­damente hacia TODAS las direcciones posibles, éstos acabarán por encontrarse igualmente en un único punto común infinito o "POLO". En la figura 7 se ha representado un punto seme­ja (violeta). A el llegan los infinitos vectores que parten de los infinitos puntos gnósticos del Espíritu esfera; en la figura dibujamos sólo dieciséis de los infinitos vectores: el POLO infinito es, en rigor, el mismo "punto extremo" de cada uno de los vectores.

 

 

FIGURA 6

 

Naturalmente, no es posible construir un esquema del Espíritu-esfera, como en la figura 5-b o 6, en el cual estén dibujados los infinitos vectores EN TODA SU EXTENSIÓN INFI­NITA, hasta llegar a la coincidencia extrema de la figura 7; ni tan sólo seria posible represen­tar algunos de ellos: UN SOLO VECTOR CUYO MÓDULO, O EXTENSIÓN, SEA INFI­NITO SOBREPASA LAS DIMENSIONES DE CUALQUIER ESQUEMA GRÁFICO. Po­demos sin embargo CONVENIR EN UNA REDUCCIÓN de la dimensión del vector para que pueda ser representado dentro del marco del esquema: PARA ELLO SOLO HAY QUE RE­CORDAR QUE EL PUNTO EXTREMO DEL VECTOR ES SIEMPRE EL POLO INFINI­TO.

 

 

FIGURA 7

 

Ahora bien: si dibujamos infinitos vectores de, por ejemplo, un centímetro de módulo, en un esquema como el de la figura 4 (o 5-b, o 6, etc.) y marcamos el extremo de cada uno de ellos con un punto violeta, en representación del polo infinito, COMPROBAREMOS QUE TODOS ESTOS PUNTOS FORMAN UN CIRCULO VIOLETA, exterior al Espíritu-esfera y a un centí­metro de distancia. En la figura 8 se muestra un esquema semejante, aunque por moti­vos de claridad sólo se han dibujado dieciséis vectores. Resulta así que el "polo infinito", re­presen­tado en la finitud del esquema gráfico, es equivalente a un "circulo externo" al Espíritu-esfera revertido: es lo que llamamos POLO INFINITO EXPANDIDO. Pero no hay que olvidar que el esquema SÓLO MUESTRA UNA SECCIÓN o CORTE DEL ESPÍRITU-ESFERA: en el espacio, es decir, considerando las tres dimensiones de la esfera, los infinitos vectores que parten de cada "punto gnóstico", si tienen también un modulo convenido de un centímetro, por ejemplo, FORMARÁN CON SUS PUNTOS EXTREMOS (VIOLETA) UNA ESFERA VIOLETA, exterior al Espíritu-esfera y a un centímetro de distancia.

 

 

FIGURA 8

 

Ha llegado el momento de extraer una conclusión. Sabemos ahora que luego de la re­versión (Fig. 4), las "miradas" de los puntos gnósticos convergen efectivamente en un único punto exterior, de manera semejante a lo que ocurría en el Espíritu normal cuando todas las miradas apuntaban al punto central o Yo Absoluto.

Pero tal punto exterior esta en el infinito, según vimos. ¿Significa esto que allí se realiza igualmente la síntesis del Rostro espiritual y se conforma un Yo Absoluto? Si. Pero a ese Yo exterior vamos a llamarlo, para evitar confusiones "Yo Infinito".

Las preguntas naturales que se desprenden de tal conclusión son ¿cómo, si finalmente el Espíritu-esfera consigue sintetizar un Yo exterior, este mismo yo no "toma conciencia" de su estado revertido? y ¿por qué dijimos que, luego de la reversión, el Espíritu-esfera paso de SER a NO SABER, de la orientación a la desorientación, el extravío y la confusión? No es difícil dar respuesta a tales interrogantes; pero se requiere una reflexión previa. En verdad el motivo por el cual el Yo Infinito es ignorante de su situación guarda estrecha relación con el motivo por el cual no hemos podido representar el "polo infinito" en el esquema de la figura 8: la re­lación de inconmensurabilidad que guarda lo finito con lo infinito cuando lo infinito aparece como extremo o "límite" de una distancia ilimitada. Si el infinito está en el extremo de una distancia esta tiene por fuerza que sobrepasar TODO cuanto sea finito. Es decir que, ENTRE el Espíritu-esfera y el Yo Infinito, ha de estar COMPLETO el mundo de los entes finitos. O, en otras palabras, el Yo Infinito sobrepasa POR EL INFINITO al mundo de los entes finitos; es como si, en la figura 8, TODO LO FINITO estuviese entre el círculo verde (Rostro espiritual) y el círculo violeta (polo infinito); recordemos que en la figura 2 representamos al "plano ma­terial inferior" POR DEBAJO del Espíritu-esfera revertido sólo por motivos de conveniencia expositiva, pero que en realidad dicho plano, o "mundo en los entes finitos", RODEA AL ES­PÍRITU REVERTIDO POR TODAS PARTES: y a ese mundo el Espíritu-esfera se opone esencialmente.

 

 

DEFINICIÓN ABSOLUTA DE LA "ESTRATEGIA HIPERBÓREA"

 

Ahora bien, "el mundo de los entes finitos", que recién identificamos con el "plano ma­terial", es el mundo "plasmado" u "ordenado" por el Demiurgo. Su característica es el ORDEN ARQUETÍPICO que sigue la materia a impulso de la influencia temporal de Su Conciencia: es lo que en el Tíbet denominan Gran Aliento pero que nosotros preferimos llamar Tiempo. Tal ORDEN ARQUETÍPICO condiciona y determina a todo ente en su ser o su llegar a ser, es decir, en su FINITUD. Esto ha de entenderse así: un Arquetipo universal es una "idea" pen­sada por el Demiurgo y sostenida por éste, en una especie de memoria cósmica, en el "plano arquetípico" pero los Arquetipos no son meras imágenes estáticas, modelos, moldes o para­digmas, fijados en la eternidad, sino que, por el contrario, constituyen gérmenes provistos de un poderoso impulso evolutivo; tal impulso procede del Aliento del Demiurgo y, a su ritmo, dichos gérmenes arquetípicos maduran y se despliegan EN LA MATERIA, intentando concre­tar su perfección final. Esa perfección, que ya se encuentra en estado potencial desde el co­mienzo del desarrollo evolutivo, se denomina ENTELEQUIA y es, en rigor, el Arquetipo mismo. La entelequia es lo que esta plegado o potenciado en el Arquetipo y que, como germen, este actualiza tras su despliegue; por eso, si bien la entelequia es la perfección final a la que apunta la evolución, ella está puesta también en principio como potencia del Arquetipo univer­sal, como perfección inicial: hay así coincidencia formal entre el Arquetipo universal y su ente­lequia.

Los Arquetipos son universales. Lo que constituye la individualidad de cualquier ente particular en el plano material es la actualización de las MONADAS, las que provienen de la primera emanación del Demiurgo y a las que se impulsa a evolucionar siguiendo el ORDEN QUE IMPONE, EN LA MATERIA, EL DESPLIEGUE PLANIFICADO DE LOS ARQUE­TIPOS UNIVERSALES. Es decir que la evolución se desarrolla acorde con Planes cósmicos, que en realidad son poderosos Arquetipos llamados "Manú". Las mónadas son impulsadas a evolucionar conforme a dichos Planes siendo totalmente determinadas durante su trayecto de "descenso" y "ascensión" de la materia o "planos inferiores". Así, las mónadas pueden consti­tuir un ente simple, es decir, uno que expresa la evolución de un único Arquetipo, o un ente compuesto, conformado por la acción combinada de múltiples Arquetipos. La mónada humana en particular, la mónada del pasú, sigue en su ultima etapa, propiamente humana, la DIREC­CIÓN arquetípica de un Arquetipo Manú.

Sin embargo, tal como veremos luego, ciertos Arquetipos pueden afectar al hombre con singular violencia y aún tornarse dominantes. Si se trata de Arquetipos del microcosmos, es decir, de la estructura fisiológica del cuerpo humano, se denominan "Arquetipos colectivos personales"; si son Arquetipos del macrocosmos, o Universo de El Uno, se denominan "Arquetipos colectivos universales" o "Arquetipos psicoideos". Pero en cualquier caso, el de­sarrollo que estos Arquetipos efectúan SOBRE EL HOMBRE intentando concretar su entele­quia es llamado "PROCESO": el PROCESO es el acto por el cual el Arquetipo se manifiesta al hombre, emerge, y, nutriéndose de su propia energía, busca alcanzar la entelequia.

La finitud de los entes está, pues, determinada por la entelequia de los Arquetipos uni­versales y, por eso, debe entenderse que toda finitud es una perfección ya que, desde luego, toda perfección es una entelequia.

EL ORDEN ARQUETÍPICO implica entonces la finitud de los entes, su determinación absoluta. Pero, "mas allá del mundo de los entes finitos", está situado el Yo Infinito del Espíri­tu-esfera revertido ¿qué hay mas allá de tal mundo, qué significa aquí lo infinito con respecto a lo finito?: imperfección e indeterminación. En efecto, si PARA EL ORDEN ARQUETÍPICO lo finito constituye una perfección, entonces lo infinito es lo no terminado o imperfecto, o, en todo caso, lo indeterminado. Esto VISTAS LAS COSAS A FAVOR, O "DESDE", EL ORDEN ARQUETÍPICO. Pues, VISTAS LAS COSAS DESDE LO INFINITO, resulta in­versamente que EL ORDEN ARQUETÍPICO ES LO ILUSORIO Y NO EXISTENTE: LO QUE CARECE DE ETERNIDAD. De allí su continua mudanza al ritmo del Gran Aliento, o sea, del Tiempo trascendente. El infinito en cambio ES UN REFLEJO DE LA ETERNIDAD DEL ESPÍRITU: POR ESO SE DERRAMA "MÁS ALLÁ" DEL MUNDO DE LOS ENTES FINITOS; y "mas allá" también de la temporalidad trascendente de los entes.

Vemos así que el hecho de estar el Yo Infinito "mas allá del mundo de los entes finitos" implica una "indeterminación absoluta" con respecto a la determinación arquetípica de los en­tes, una "imperfección absoluta" con respecto a toda entelequia, y un "reflejo de eternidad" con respecto a la fluencia temporal de la evolución arquetípica en que consisten los entes. En con­secuencia resulta que aquello que para el Demiurgo constituye un ABSOLUTO ORDEN es para el Espíritu-esfera revertido un ABSOLUTO DESORDEN.

Pero el Espíritu-esfera revertido SE OPONE ESENCIALMENTE AL PLANO MA­TERIAL y, siendo que dicho plano se interpone entre el y su Yo Infinito, ¿no se opondrá tam­bién a su propio yo, situado "mas allá del plano material"? Si. Y en este momento podemos dar respuesta a la pregunta pendiente: EL ESPÍRITU-ESFERA REVERTIDO IGNORA SU SITUACIÓN PORQUE ENTRE EL Y SU YO INFINITO SE INTERPONE EL ABSOLUTO DESORDEN DEL "ORDEN ARQUETÍPICO" O "PLANO MATERIAL"; EL ESPÍRITU REVERTIDO SE OPONE ESENCIALMENTE A DICHO "ORDEN" Y, TAL OPOSICIÓN, CREA UNA BARRERA DE INCOMUNICACIÓN CON SU PROPIO YO INFINITO QUE SE ENCUENTRA "MAS ALLA DEL PLANO MATERIAL"; POR OTRA PARTE EL YO INFINITO, DESDE EL INFINITO, SOLO "VE" LA SUPREMA ILUSIÓN DEL ORDEN ARQUETÍPICO, AL "MIRAR" HACIA EL ROSTRO ESPIRITUAL. Tal el drama del Es­píri­tu revertido que se denomina: CONFUSIÓN ESTRATÉGICA.

He aquí un concepto fundamental de la Sabiduría Hiperbórea. El estado del Espíritu-es­fera revertido NO ES, en efecto, IRREVERSIBLE: siempre es posible recuperar el estado NORMAL de la figura 2. Con tal objetivo puede afirmarse que: TODA VÍA O MÉTODO QUE PERMITA REVERTIR LA REVERSIÓN DEL ESPÍRITU-ESFERA, ES DECIR, QUE PERMITA A ÉSTE RECUPERAR SU NORMALIDAD, ES UNA "ESTRATEGIA HIPER­BÓREA". Inversamente se dice que, si el Espíritu-esfera revertido permanece en la ignorancia de su situación, padece de "CONFUSIÓN ESTRATÉGICA".

El objetivo de una ESTRATEGIA HIPERBÓREA es, así, la NORMALIDAD DEL ESPÍRITU. Este objetivo supone la búsqueda de dos metas.

UNA: recuperar la HOSTILIDAD ESENCIAL, lograr que la Espalda hostil o Tergum hostis se manifieste CONTRA el plano material. Tal como se explicará en otro inciso, la manifestación de la hostilidad esencial del Espíritu en el microcosmos de un virya se denomina FUROR BERSERKR.

DOS: conseguir la REORIENTACIÓN del Rostro espiritual hacia EL ÚNICO PUNTO CENTRAL DEL YO ABSOLUTO. Con respecto a la segunda meta, la "reorientación estratégica", vale la pena se­ñalar las diferencias entre el Yo Absoluto y el Yo Infinito. El Yo Absoluto, el yo de la ORIENTACIÓN ABSOLUTA, equivale a un ÚNICO PUNTO CARDINAL CENTRAL, es decir, A UNA ÚNICA DIRECCIÓN PARA LAS "MIRADAS" DE LOS PUNTOS GNÓS­TICOS. El Yo Infinito, el Yo de la DESORIENTACIÓN ABSOLUTA, equivale a INFINI­TOS PUNTOS CARDINALES, es decir, A INFINITAS DIRECCIONES PARA LAS "MIRADAS" DE LOS PUNTOS GNÓSTICOS.

 

 

TRAICIÓN Y ENCADENAMIENTO ESPIRITUAL

 

Hemos tenido ocasión, hasta aquí, de estudiar con cierto detalle el estado posterior a la "traición" en que quedo el Espíritu-esfera. Sabemos ahora que, luego de "operar" sobre el único punto de conciencia exterior (`H` - figura 1), se produjo una reversión del cuerpo esférico que exteriorizó el Rostro espiritual y proyectó el Yo sintético al infinito. El Espíritu-esfera pasó entonces a un estado de "DESORIENTACIÓN ABSOLUTA" o "CONFUSIÓN ESTRATÉ­GICA" en el cual le resulta imposible "tomar conciencia" o advertir su extravío.

Pero la "traición" de los Siddhas Traidores se consumó PARA SERVIR A UN FIN ESPECIFICO: EL ENCADENAMIENTO DE LOS ESPÍRITUS-ESFERA AL PLANO MA­TERIAL. Volvemos, pues, a plantear aquella pregunta con la cual presentamos el modelo analógico del Espíritu-esfera: "¿cómo se encadena a la materia, a lo efímero de la vida, a las variaciones de la naturaleza, a los ciclos de vida y muerte, cómo se encadena, repetimos, un Espíritu eterno a esa ilusión?" Ahora que conocemos, analógicamente, que es un Espíritu, va­mos a explicar como pudo ser encadenado a la materia.

Ante todo hay una cuestión que debe ser dilucidada previamente y que puede plantearse así ¿para qué deseaban los Siddhas Traidores encadenar a los Espíritus-esfera, miembros de su misma raza, al Universo de El Uno? Recordemos que en la Introducción ya adelantamos PARA QUE QUERÍA EL DEMIURGO el encadenamiento de los Espíritus: para que el pasú cumpla con el doble objetivo de su finalidad: conseguir la "autonomía microcósmica", es decir, alcanzar la entelequia humana; y ser "postor de sentido", "productor de cultura". Pero los Siddhas Traidores... ¿qué pretendían con ello?

De más esta aclarar que tal cuestión es sumamente espinosa y que lo más que podemos aventurar es la repetición de algunos tradicionales conceptos de la Sabiduría Hiperbórea. En principio, se afirma que los Siddhas Traidores "NO TENÍAN UN INTERÉS PARTICULAR EN PERDER A LOS ESPÍRITUS" sino que estos fueron "EL MEDIO DEL QUE SE VA­LIERON PARA FORJARSE UN LUGAR EN EL UNIVERSO MATERIAL DE EL UNO". ¿Por qué tenían necesidad de instalarse en tan nefasto sitio? Ésta es una pregunta a la que ya es muy difícil responder CON PRECISIÓN debido a que interroga sobre los Espíritus ANTES del origen.

Como hemos repetido muchas veces nada puede afirmarse, a no ser a título de suposi­ción, sobre el mundo originario del Espíritu, al que calificamos de incognoscible; por el mismo motivo los Hiperbóreos jamás hablan de Dios, en sentido pleno, y prefieren referirse a jefes espirituales, grandes guías o avatares. Según la Sabiduría Hiperbórea SÓLO LOS ESPÍRITUS NORMALES, es decir, estratégicamente orientados, TIENEN UN CONCEPTO VERDA­DERO DE DIOS. Para cualquier otro estado espiritual fuera de la normalidad Dios es incog­noscible, esta más allá del origen, un origen que se perdió por la desorientación espiritual, y por eso se le llama simplemente El Incognoscible. Renunciando, pues, de antemano a indagar sobre el origen, la Sabiduría Hiperbórea es más clara con respecto a lo que sucedió EN UN PRINCIPIO: "LA RAZA HIPERBÓREA ( de los Espíritus-esfera) INGRESÓ AL UNIVER­SO DE EL UNO (es decir: se situó frente a el) PROCEDENTE DEL ORIGEN"; "NO SE SABE POR QUE VINIERON"; "YA ALLÍ SE PRODUJO UNA DISPUTA ENTRE LOS JEFES: UNOS PROPONÍAN PERMANECER, AUNQUE PARA ELLO HUBIERA QUE PACTAR UNA ALIANZA CON LOS DEMONIOS; OTROS, EN CAMBIO, INSTABAN A INICIAR LA RETIRADA Y ABANDONAR AQUEL INFIERNO, AUNQUE PARA ELLO HUBIESE QUE LUCHAR". "NO SE LLEGÓ A UN ACUERDO Y FINALMENTE LOS JEFES DECIDIERON DIVIDIRSE EN DOS GRUPOS". "LUCIFER Y MUCHOS JEFES QUE DESEABAN LUCHAR Y PARTIR TOMARON POR EL SENDERO DE LA MANO IZ­QUIERDA; RIGDEN JYEPO Y EL RESTO DE LOS SIDDHAS TRAIDORES TOMARON POR EL SENDERO DE LA MANO DERECHA". "LOS SIDDHAS TRAIDORES SE ALIARON A JEHOVÁ-SATANÁS (SANAT KUMARA) Y SUS DEMONIOS Y FUNDARON LA JERARQUÍA OCULTA DE LA TIERRA; LUEGO CONSTRUYERON CHANG SHAMBALÁ Y TRASTORNARON DEFINITIVAMENTE EL PLAN EVOLUTIVO QUE IMPULSABA EL ALIENTO DEL LOGOS SOLAR; ESTA ÚLTIMA INFAMIA ESTA RE­PRESENTADA EN EL SÍMBOLO OCULTO DE CHANG SHAMBALÁ: LA LLAVE KALACHAKRA". "PARA EL OBJETIVO DE TRANSMUTAR EN CIERTA FORMA EL ORDEN ARQUETÍPICO LOS SIDDHAS TRAIDORES NECESITABAN ENCADENAR A LOS ESPÍRITUS HIPERBÓREOS A LA EVOLUCIÓN DE UN ANIMAL-HOMBRE LLAMADO PASÚ". "ESE ES EL VERDADERO MOTIVO DE LA TRAICIÓN: LA UTI­LIZACIÓN". "FINALMENTE GRAN PARTE DE LA RAZA FUE ENCADENADA AL DOLOR Y AL SUFRIMIENTO DEL KARMA; SOLO QUEDARON LIBRES UNA MUL­TITUD DE ESPÍRITUS FEMENINOS QUE NO PUDIERON SER ENGAÑADOS". "ELLAS FUERON QUIENES LLAMARON A LUCIFER PARA QUE ACUDIERA EN SOCORRO DE LOS ESPÍRITUS CAUTIVOS". "LUCIFER REGRESÓ AL INFIERNO POR LEALTAD A SUS COMPAÑEROS". "Y PARA SALVARLOS ENTREGÓ EL GRAAL A LOS SIDDHAS DE AGARTHA: PARA DIVINIZAR LOS LINAJES HIPERBÓREOS Y GUIAR A LOS VIRYAS HACIA EL ESPÍRITU Y, DESDE EL ESPÍRITU, HACIA EL ORIGEN". "A LOS SIDDHAS DE AGARTHA SE LOS CONOCE, DESDE ENTONCES, COMO: SIDDHAS LEALES".

No es mucho más lo que nos dice la Sabiduría Hiperbórea, pero, de todos modos, ya tenemos declarado el motivo de los Siddhas Traidores: necesitaban encadenar a los Espíritus para utilizarlos en la evolución del pasú. Este motivo, que ya expusimos en varias oportunida­des, iba a poner en juego un colosal despliegue de infernal imaginación e ingenio y, por su­puesto, de increíble sabiduría. Los Siddhas Traidores, en efecto, fueron capaces de comprender el Plan evolutivo de El Uno y MODIFICARLO, rivalizando con este en la búsqueda de los caminos mas eficaces para concretar las absurdas y vanas entelequias. Pero el brillo de tanta inteligencia estaba sin embargo empañado por una incomprensible pasión, a cuya producción no eran ajenas quizá las infernales regiones materiales a las que habían descendido los miem­bros de la Raza Hiperbórea. Si esto ultimo fuese cierto entonces tal vez la traición haya sido el efecto de una especie de locura desconocida anteriormente por los Hiperbóreos.

De cualquier manera, sea cual fuese el origen de la locura, lo cierto es que la pasión estuvo presente desde un comienzo en los actos de los Siddhas Traidores. Ello se comprueba especialmente en el "sistema" inventado en principio para modificar a la raza pasú y ADAP­TARLA A LOS Espíritus a encadenar pero que luego se empleó "toda vez que fue necesario" para "acelerar la evolución de la humanidad": tal sistema consiste en producir, con el concurso de una suerte de INGENIERÍA ARQUETÍPICA avanzadísima, un cuerpo humano entelequial o "prototipo manú"; dichos cuerpos son animados por los mismos Siddhas Traidores quienes, así encarnados, realizan toda clase de hechos confundidos entre los seres humanos comunes. De este modo, en el curso de los milenios, han intervenido sistemáticamente en la diferencia­ción y selección genética de toda raza o subraza humana. Ellos han sido quienes forjaron la estructura híbrida del virya, mezcla genética de pasú y Divino Hiperbóreo, y lo hicieron con el claro propósito de crear un vehículo adecuado a la encarnación de los Espíritus revertidos.

La pregunta obvia, sin dudas, es: siendo los Siddhas Traidores miembros de una Raza Hiperbórea espiritual, y habiendo declarado, como lo hemos hecho, que creaban "cuerpos hu­manos entelequiales" para animarlos y actuar entre los hombres, ¿cuál es el verdadero aporte "hiperbóreo" que ellos han introducido en el pasú? Respuesta: LA MINNE. Por eso decíamos mas atrás que toda la obra de los Siddhas Traidores denota una gran pasión: sin pasión no hubiese habido "memoria de sangre", herencia hiperbórea propiamente dicha. Si en el aparea­miento entre los seres extraterrestres y los terrestres pasúes sólo hubiese intervenido el aporte genético del prototipo Manú EL ENCADENAMIENTO DE LOS ESPÍRITUS-ESFERA HA­BRÍA SIDO IMPOSIBLE. Ésta terrible afirmación significa que en el sistema inventado por los Siddhas Traidores para encadenar a los Espíritus LA PASIÓN ERA UN INGREDIENTE ESENCIAL.

La pasión impregna toda la obra de los Siddhas Traidores pero es, naturalmente, en el contacto sexual que éstos han efectuado asiduamente con la raza humana adonde ella se mani­fiesta con mayor claridad y la prueba está en el hecho de que hoy día prácticamente ha desapa­recido el tipo puro del pasú: esto demuestra la " gran actividad" de los Siddhas Traidores en la esfera de la procreación. Gran parte de la humanidad posee hoy "Linaje Hiperbóreo", es decir, memoria de sangre, y gracias a ello el encadenamiento espiritual es más numeroso que nunca. El éxito del sistema parece ser, así completo.

Vamos a dar ahora la clave del sistema, una clave que nos permitirá comprender más adelante importantes aspectos del método de encadenamiento. Como se trata de una operación de alta magia sexual, su descripción detallada seria excesivamente extensa por lo que nos limi­taremos a resumir todo en un concepto; LA "CLAVE GENÉTICA" DEL SISTEMA KÁRMI­CO DE ENCADENAMIENTO ESPIRITUAL RADICA EN EL SIGUIENTE PRINCIPIO: CUANDO EL MANÚ SE APAREA SEXUALMENTE CON MIEMBROS DE LA ESPECIE HUMANA, CON EL OBJETO DE FUNDAR UNA ESTIRPE DE LA CUAL HAN DE DESCENDER PUEBLOS O RAZAS, ACTÚA SECRETAMENTE DURANTE EL MAITHUNA[1] CONCENTRANDO SU VOLUNTAD EN PLASMAR, EN SU CÓNYUGE, UNA IMAGEN DEL ORIGEN DEL ESPÍRITU HIPERBÓREO; ASÍ SE CONSTITUYE EN LA MEMORIA DE SANGRE EL "RECUERDO DEL ORIGEN", EL CUAL ES UNA AU­TENTICA HERENCIA PERPETUA DEL MANÚ-SIDDHA TRAIDOR; Y SE PLASMA EN LA SANGRE Y NO EN CUALQUIER OTRA SUBSTANCIA PORQUE LA "FUERZA PLASMADORA" EMPLEADA ES LA PASIÓN: PASIÓN EN EL MAITHUNA O, SI SE QUIERE, AMOR.

La clave del sistema consiste, entonces, en plasmar una imagen del Origen en la sangre del pasú con lo cual éste adquiere una herencia divina y pasa a ser virya. Sólo cabe reiterar que tal donación no tiene ningún carácter bondadoso sino que apunta al encadenamiento de los Espíritus revertidos, operación que veremos más adelante como se concreta. Puede conside­rarse, para mayor claridad, que la plasmación del "Símbolo del Origen" es la primera parte de un plan en dos etapas, la segunda de las cuales seria el encadenamiento propiamente dicho. La creación de la Minne tendría así el único objeto de facilitar, ya veremos como, la liga del Es­píritu con la materia; por eso la imagen plasmada del Origen debe ser íntima y secreta, necesa­riamente inconsciente. Fuera del objeto para el que fue creada, a los Siddhas Traidores no les inte­resa que el "recuerdo de sangre" se recuerde realmente y, en la práctica de su sistema Kármico, todo se halla orientado a impedir que nadie acceda nunca a la imagen del Origen. Justamente fue la acción ofensiva de Lucifer, al depositar el

Graal en el plano material, la que hizo posible que el hombre recordase "que no es de aquí" y su linaje quedase en adelante divinizado.

Por ultimo, hay que advertir que la "Traición Blanca" de los Siddhas Traidores produjo consecuencias en OTROS MUNDOS, de los cuales el hombre contemporáneo no tiene ni la menor idea de su existencia. En ESOS MUNDOS también fueron encadenados espíritus eter­nos, dando lugar a FORMAS DE VIDA CUYA EXISTENCIA ES INCONCEBIBLE PARA LA MENTALIDAD CIENTÍFICA ACTUAL. Estos seres, que también son VIRYAS, habitan otros ESPACIOS DE SIGNIFICACIÓN MACROCÓSMICOS, de los cuales se hablará en el articulo "E" del inciso "El Virya Despierto". Es tan grande el desconocimiento sobre tales "mundos" que en el desarrollo del presente libro de "Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea" nos hemos de referir casi exclusivamente al encadenamiento espiritual EN la tierra y EN esta etapa histórica de fin del Kaly Yuga. Pero no hay que olvidar en ningún momento que tal ex­posición requiere ser ulteriormente complementada con una visión completa, polidimensional, del fenómeno del "encadenamiento espiritual", visión que sólo será posible de experimentar si se accede a la "iniciación hiperbórea de la sangre pura".

 

 

FRACCIÓN DEL RELATO DE KURT VON SUBERMANN

 

En nuestra novela de divulgación "La Extraña Aventura del Dr. Arturo Siegnagel" se alude al Misterio del encadenamiento espiritual en un párrafo que conviene recordar aquí. En dicha obra, en efecto, el joven Kurt Von Sübermann concurre con su padre, amigo de la infan­cia de Rudolph Hess, a una fiesta en la Cancillería del Tercer Reich. Allí es presentado al Führer quien procede a efectuar sorprendentes revelaciones. La transcripción completa de di­cho párrafo se da a continuación:

…VIII - La ceremonia de fin de clases se realizaba, conjuntamente con otras escuelas, en un gran festival, con desfiles multitudinarios de la Juventud Hitleriana, que culminaban en el Estadio de Berlín. Allí la plana mayor del Tercer Reich, encabezada por el Führer, establecía un contacto directo con la juventud por medio de discursos y proclamas.

Papá había venido de Egipto especialmente para asistir a la graduación, siendo invitado por Rudolph Hess para concurrir a una fiesta a celebrarse esa noche en la Cancillería. Seria ésta, a mi juicio, la oportunidad esperada para aclarar muchas incógnitas.

A las 10 en punto de la noche subimos las escaleras de mármol de la Wilhemstrasse 77. Papá, elegantemente vestido de jaquet, y yo, con el uniforme de las Hitlerjungen, no desento­nábamos entre la numerosa concurrencia que ya llenaba el gran Salón del Águila, formando corrillos rumorosos de voces y risas. Atravesamos el salón en dirección al gigantesco hogar de mármol tallado, buscando a Rudolph Hess, mientras sobre nuestras cabezas una araña de colo­sales dimensiones derramaba torrentes de luz, suavemente A-mortiguada por miles de piezas de cristal de Baccarat. Nunca había visto tanta gente distinguida e importante junta. Estaban allí todos los líderes de la Nueva Alemania: el Dr. Goebbels, el Mariscal Goering, el Reichführer Himmler, Julius Streicher,… En un rincón apartado distinguimos a un grupo formado por Rosenberg, Rudolph Hess y Adolfo Hitler. Papá, temiendo interrumpir una conversación re­servada, me indico que aguardásemos a unos pasos de distancia, mientras bebíamos una copa de champagne que solícitos camareros nos habían alcanzado.

Al cabo de un momento Rudolph Hess reparó en nosotros y luego de cambiar una pala­bra con el Führer, se acercó sonriente.

- ¿Cómo están Reynaldo, Kurt? - dijo. - Vengan que les presentaré al Führer.

Era la primera vez que veía de cerca a Adolfo Hitler, honor poco frecuente para un es­tudiante extranjero, y aunque venia preparado, sabiendo que el Führer estaría en la fiesta, no se me había ocurrido que seriamos presentados.

- Adolfo: el Barón Reynaldo Von Sübermann - dijo Rudolph.

El Führer saludó a Papá dándole la mano efusivamente pero sin pronunciar palabra.

- Mein patekind Kurt Von Sübermann - continuó Rudolph - flamante egresado del NA­POLA, piloto y soldado poligloto, futuro OSTENFUHRER de la WAFFEN - SS.

No pude evitar ruborizarme por la elogiosa presentación del taufpate Hess.

El Führer estiró la mano mientras me clavaba una mirada helada en los ojos. Sentí que una corriente eléctrica corría por la columna vertebral al tiempo que una especie de vacío es­tomacal casi aullaba a la altura del ombligo. Fue una sensación de un instante pero de un efecto terrible.

Aquella mirada y el contacto de la mano del Führer habían obrado como un agente ácido en un cubo de leche, descomponiendo y disolviendo mi estado de ánimo. Fue un instante, repito, un sólo instante en el cual me sentí explorado por dentro.

Ya recompuesto observé con sorpresa que - algo inusual en él - una sonrisa enigmática se dibujaba en la cara del Führer.

- ¿De Egipto, eh? - dijo Hitler - Adoro Egipto, tierra maravillosa que fascinó a Napo­león y que ha producido un camarada invalorable como Rudolph.      

Rosenberg, que a todo esto ya había sido presentado, observaba la escena con expresión divertida.

- Al verlo a Ud. joven Kurt - continuó Hitler - verifico que no es casualidad lo de Rudolph. Egipto es realmente un "Centro de Fuerza Espiritual"; el enigma de la Esfinge aun tiene vigencia. Ustedes son la prueba - nos tomo, a Rudolph Hess y a mi, de un brazo a cada uno - de que una Orden Superior guía el destino de Alemania. Dos germanos-egipcios, que han respirado los efluvios gnósticos de Alejandría y El Cairo, conducidos por los Superiores Des­conocidos hasta aquí para poner vuestra gran capacidad espiritual al servicio de la causa Na­cionalsocialista.

Al veros - siguió diciendo el Führer - comprendo lo sagrado que es la tarea que hemos tomado sobre nuestros hombros al fundar el Reich de los mil años. Nuestra causa no es sólo el mejor ideal por el que puede vivir y morir un germano, es también la causa de la libertad de la humanidad, de la lucha por salvar al mundo de las fuerzas oscuras, del combate final contra los elementalwesen (seres elementales demoníacos)....

Rosenberg y Papá asentían con la cabeza a cada afirmación del Führer, que continuaba vertiendo conceptos místicos sin permitir que nadie interrumpiera su monólogo. Me distraje pensando en el extraño poder que había experimentado al saludar al Führer. Una poderosa Fuerza emanaba de Hitler, no sabia si voluntaria o espontáneamente, y me preguntaba si este carisma no lo había adquirido por medio de alguna técnica secreta, de algún conocimiento oculto al que unos pocos privilegiados podían acceder.

- ......entonces dígame joven Kurt ¿Quiénes son en definitiva los enemigos de Alema­nia? ¿Contra quién combatimos? - preguntaba Hitler dirigiéndose a mi.

Reaccioné ante la inesperada pregunta con la desesperación de haber desatendido una parte de la conversación. Tres pares de ojos de Rosenberg, Hess y Papá estaban puestos en mi esperando la respuesta. Sin embargo lo que había alcanzado a escuchar era suficiente para mi pues la respuesta brotó sola del fondo del inconsciente.

- El enemigo es uno solo, -dije categóricamente- es JAHVEH-SATANÁS. Contesté in­tuitivamente y de manera tan firme que no cabían rectificaciones. Miré a Papá, que se puso instantáneamente lívido, y a los otros, y vi la sorpresa retratada en todos los rostros.

- Muy bien, joven Kurt, muy bien - decía Hitler con una expresión de intensa alegría - Ha dado Ud. la mejor respuesta. Podría haber identificado como nuestros mas terribles enemi­gos a la judeomasonería, al judeomarxismo, al sionismo, etc., pero esos nombres sólo repre­sen­tan aspectos diferentes de una misma realidad, distintas caras de un mismo y feroz enemigo: YAHVEH-SATANÁS, el Demiurgo de este mundo. Sólo un Iniciado o un iluminado como Ud. o Rudolph podrían dar una respuesta tan precisa. ¿Verdad Alfred?

Rosenberg sonreía complacido.

- Lo felicito, joven Von Sübermann - dijo Alfred Rosenberg- es Ud. una persona de cla­ros conceptos.

Por supuesto que yo estaba completamente aturdido por lo que había ocurrido. De im­proviso en esa reunión con aquellas notables personas, descubría que poseía como una "Voz interior", un órgano misterioso que me permitía "escuchar" las respuestas a preguntas formula­das concretamente. ¡Y estas respuestas eran correctas! Nunca había experimentado algo así y sólo podía achacar esta súbita iluminación a la presencia del Führer. El con su extraño magne­tismo me había "despertado" el "oído interior".

Adolfo Hitler volvió a tomar la palabra:  

 -"La gente no compenetrada en la FILOSOFÍA OCULTA del nacional socialismo, suele cometer gruesos errores de apreciación al juzgar muchas de nuestras afirmaciones, creyendo ver en las mismas una superficialidad estúpida, cuando generalmente se trata de ideas sintéti­cas, SLOGANS, extraídos de profundos sistemas de pensamiento. Por ejemplo, ante la afir­mación del joven Kurt de que "el enemigo es Jehová-Satanás", que es una idea sintética de hondo contenido filosófico, muchas mentes ignorantes se verían tentadas de suponer que tal concepto arranca de un grosero antisemitismo. Alegarían argumentos elementales como estos: - "Jehová" es el Dios de Israel, un Dios de raza, uno entre cientos de dioses étnicos; es pues exagerado tomarlo por el único Dios o Demiurgo (objeción, esta si, antisemita). O este otro: - Jehová es el Dios de Israel pero, por su carácter monoteísta, es el único Dios, entonces ¿por qué se lo identifica con el Demiurgo? ¿Es por una creencia herética del tipo GNÓSTICA? (interrogante de quienes creen que ser "cristianos" implica la adoración de Jehová y que su re­chazo significa una "herejía anticristiana"). Otro argumento banal es el siguiente: - si hemos de rechazar al Demiurgo considerando su obra material como esencialmente "mala", ¿porqué identificarlo sólo con el Jehová judío habiendo cientos de denominaciones alternativas en la mitología etnológica y en los panteones religiosos de todos los pueblos de la tierra? (interrogante que suelen padecer quienes ignoran totalmente que significa Israel en la Historia de Occidente y cual es el secreto de la dinámica racial judía).

"Objeciones como las precedentes, opondrían nuestros críticos al oír hablar de Jehová-Satanás como "el enemigo contra el cual combatimos" y, por supuesto, les sorprendería la pa­labra "Satanás" adherida a Jehová, cuestión que, sin duda, les arrancaría irónicas conclusiones.

"Pues bien: tales argumentos reposan en una circunstancia común: ¡la ignorancia de quienes las formulan! Por supuesto que nosotros SABEMOS que el Demiurgo recibió otros nombres a lo largo de la Historia. Pero si elegimos, entre ellos, el de Jehová es porque se trata del ULTIMO NOMBRE con el cual El se ha autodenominado. Y con dicho nombre lo designa aun su "pueblo elegido", Israel, el cual no es otra cosa que un desdoblamiento psíquico del mismo Jehová-Satanás".

 Estas palabras del Führer me sorprendieron vivamente por sus implicaciones metafísi­cas. ¿Los judíos no constituyen una raza como las demás, compuesta por INDIVIDUOS?....era una teoría turbadora la que acababa de oír. 

"¿Se sorprende Ud., joven Kurt? - preguntó el Führer quien sin duda advirtió de in­mediato mi turbación. Pero no me dio tiempo a responder y continuó su explicación:

 - Pues aún no ha oído nada: Israel es un "chackra" de la Tierra, es decir, es una manifes­tación psíquica COLECTIVA del Demiurgo Jehová y por eso nosotros afirmamos que el judío NO EXISTE como individuo; que no es un hombre como el resto de quienes componen el ge­nero humano.

"Pero la manifestación de Jehová en una raza elegida, es un suceso más o menos recien­te, de pocos miles de años, y la Ordenación de la Materia o “creación” data de millones de años atras. Por eso, por la "novedad" que representa el nombre "Jehová" comparado con otros nombres del Demiurgo, que empleaban pueblos mas antiguos y cultural­mente más importantes en la Historia, y por la antigüedad geológica del Universo, es que pare­ce EXCESIVO designar con el nombre "Jehová" a un Dios cósmico. Pero se trata sólo de una apariencia. Aquí hay que imaginar un Demiurgo Primordial al que podemos cómodamente de­nominar EL UNO, tal como hacían los estoicos. Éste es quien ordena el caos y se difunde panteísticamente en todo el Universo (es Él también el Brahma hindú o el Alá árabe, etc., toma­das estas denominaciones en su acepción religiosa exotérica).

"Pero el Plan Cósmico, de alguna manera hay que llamar a la IDEA DEL UNIVERSO MATERIAL, se asienta en el ENSUEÑO del Demiurgo, un estado de quietud que sin embargo dinamiza el cosmos, como el "Dios motor inmóvil" de Aristóteles en ese Gran Día de Manifes­tación que se denomina también, gran manvantara. Pero para que todo "funcione" sin que re­quiera intervención de El Uno, "quien DUERME mientras todo vive en EL", es necesario dis­poner de un "sistema automático de corrección". Este es el papel que cumplen las llamadas JERARQUÍAS CÓSMICAS, miríadas de "entidades conscientes" EMANADAS por El Uno para que mantengan el impulso dado al Universo y lleven adelante Su Plan. El primer paso de la "emanación" son las MÓNADAS, átomos arquetípicos que fundamentan toda la estructura cósmica y hacen las veces de MATRIZ del Plan del Uno.

"Estas "entidades conscientes", ángeles, devas, logos solares, logos galácticos, espíritus planetarios, etc., NO SON SERES INDIVIDUALES sino que forman parte del mismo Uno y poseen mera APARIENCIA DE EXISTIR debido a los grados de libertad de que están dota­dos durante el manvantara. El recurso utilizado para lograr dicha ilusión es la extrema meca­nicidad de la realidad material fundada en LEYES EVOLUTIVAS, que mantienen el movi­miento progresivo de la materia y la energía en la exacta consecución del Plan del Uno.

"Dichas leyes evolutivas son CONSERVADAS por las "entidades conscientes", ya mencionadas, y DIRIGIDAS EN EL SENTIDO DEL PLAN. Así podemos distinguir, por ejemplo, "logos solares", es decir "entidades conscientes" capaces de "crear" un sistema solar siguiendo el Plan del Uno, pero que en realidad son DESDOBLAMIENTOS TEMPORALES de El Uno. Lo mismo se puede decir de los "logos galácticos" o "espíritus planetarios" y hasta de los simples ángeles o devas: ninguno de ellos existe como tales, aunque "evolucionen" su­jetos a las leyes universales. Lo importante aquí es comprender que todo este espectáculo grandioso que estamos recreando es PURA ILUSIÓN, una concepción metapsíquica de carac­terísticas colosales ideadas por El Uno para su intima contemplación. Porque la verdad es que todo "lo existente" desaparece finalmente, cuando sobreviene el Gran Pralaya, la noche de Brahma, en la que todo se confunde nuevamente en  Él, luego de una monstruosa fagocitación.

"Pero dijimos que el universo se rige por leyes evolutivas. Dichas leyes, que determinan el universo material, de acuerdo a una verdadera "arquitectura celeste", como bien dicen los satánicos masones, ocasionan la existencia de los distintos grados del espacio o "cielos" en que esta constituida la realidad. Así como hay varios "cielos" (¿cinco? ¿Siete? ¿Nueve?) hay "reinos de la naturaleza" (¿tres? ¿Cinco? ¿Siete?) o "planetas" (¿cinco? ¿Siete? ¿Nueve? ¿Doce?) o "razas raíces" (¿tres? ¿Cinco? ¿Siete?) etc. Estos aspectos engañosos forman parte del Plan del Uno y los demonios, encargados de llevar adelante dicho Plan, conforman un ORDEN JERÁR­QUICO PRECISO, basado en la famosa "ley de evolución" que rige los cielos - todos los CIELOS, desde los atómicos, químicos o biológicos hasta los cósmicos - en los que "evoluciona" cada mónada siguiendo los arquetipos de cada cielo. Es la famosa "ley de causa y efecto" que enseña la Sinarquía y que las religiones védicas de la India llaman Karma y Dharma, pero que conviene sintetizar como "ley de evolución". Esta ley DIRIGE el camino "de ida y vuelta" de la mónada, la cual toma varios "cuerpos" en los distintos cielos a los que des­ciende para "evolucionar"; dicho "camino" suele ser representado como la serpiente que se muerde la cola o "uroboro". Por supuesto que jamás se alcanza la famosa INDIVIDUACIÓN MONÁDICA, pues ello significaría una autentica mutilación de la substancia del Uno y antes que tal cosa sobrevenga, ya estará todo el universo fagocitado en Su Santo Buche.

Yo me debatía interiormente frente a sentimientos encontrados. Por una parte me horrorizaba la teoría que estaba oyendo, ya conocida por haberla estudiado en el Napola, pero dotada ahora de un impresionante sentido de realidad al ser expuesto vehementemente con la elocuencia irresistible del Führer. Y por otra parte me sentía halagado por el honor de recibir de labios del Führer de Alemania, una explicación personal, terriblemente extensa y curiosamente fuera de lugar en una fiesta mun­dana de la Cancillería. De cualquier manera mi actitud exterior, era de respetuosa atención a cada una de sus palabras pues no quería volverme a distraer.

- "Supongo que ya conoce esta teoría teosófica que la Sinarquía enseña en sus sectas masónicas o rosacruces, y que se ha de SENTIR ESPANTADO frente a una concepción de­terminista en que no hay un lugar PREVISTO para la existencia individual ETERNA, es decir, mas allá de los pralayas y manvantaras. Y justamente ese espanto, ese grito de rebelión que Ud. DEBE PERCIBIR brotando de su sangre pura, constituye una excepción a todas las reglas de la mecánica determinista de El Uno, porque habla de OTRA REALIDAD ajena a su univer­so material. ¿Cómo puede ser eso si hemos dicho que todo cuanto existe en el cosmos, ha sido pensado y hecho por Él, de acuerdo a su Plan y por intermedio de sus jerarquías cósmicas y planetarias? Pues bien joven Kurt, se lo diré brevemente: porque una parte de la humanidad, a la cual nosotros pertenecemos, posee un elemento que NO PERTENECE AL ORDEN MA­TERIAL y que no puede ser determinado por la Ley de Evolución del Demiurgo. Ese elemen­to, que se llama Espíritu o Vril, se halla presente en ALGUNOS HOMBRES como POSIBI­LIDAD DE ETERNIDAD. Sabemos de el por el RECUERDO DE SANGRE, pero en tanto no seamos capaces de liberarnos de los lazos que nos atan a la ilusoria realidad del Demiurgo y remontemos el sendero del retorno al origen, no EXISTIREMOS realmente como individuos eternos. Me preguntará Ud. cómo es que en un Orden Cerrado como el que hemos descripto, pueden coexistir ELEMENTOS ESPIRITUALES ajenos a él y porque, si no pueden ser de­terminados por las leyes de la materia y la energía, permanecen sujetos al Universo de El Uno. Este es un gran misterio. Pero puede Ud. considerar como hipótesis que, por UNA RAZÓN QUE IGNORAMOS pero podemos suponer sea UNA ORDEN de un Ser infinitamente supe­rior al Demiurgo, o UNA NEGLIGENCIA incomprensible, o UN ENGAÑO colosal, alguna vez han ingresado al Universo material, una miríada de seres pertenecientes a una raza espiri­tual que llamamos HIPERBÓREA.

Supongamos que tales seres hubieran penetrado al sistema solar por una "puerta" abierta en otro planeta, por ejemplo Venus, y que ya aquí, merced a un ardid, una parte de sus Guías Hiperbóreos los hubiesen encadenado a la ley de evolución. Este encade­namiento, ya lo hemos dicho, NO PUEDE SER REAL pero, sin embargo, los Guías Traidores logran CONFUNDIR a los espíritus inmortales anclándolos a la materia. ¿Para qué hacen esto? Otro misterio. Pero lo cierto, lo efectivo es que, a partir de la llegada de tales Guías al sistema solar, se operará una mutación colectiva EN TODA LA GALAXIA que MODIFICA el Plan del Uno. Esta modificación está edificada en la Traición de los Guías y en la caída de los seres inmortales. Para que Ud. lo vea claro, joven Kurt, le diré que aquí, en la Tierra, existía un ser humano primitivo que "evolucionaba" siguiendo las leyes de las "cadenas planetarias" y los "reinos de la naturaleza".

"Esta evolución era lentísima y perseguía la adaptación final a un arquetipo racial abso­lutamente animal, dotado de una mente racional, estructurada lógicamente por las funciones cerebrales y poseedor de un "alma" conformada por energía de los otros planos materiales mas sutiles. Este "hombre" es el que encontraron, en una etapa aún primitiva de su desarrollo, los Guías Traidores al llegar a la Tierra hace millones de años. Entonces, mediante un ingenioso sistema llamado Chang Shambalá que Ud. tendrá oportunidad de estudiar en nuestra Orden, ellos decidieron mutar la raza humana, encadenando los espíritus inmortales a los seres huma­nos ilusorios y materiales de la Tierra.

Desde ese momento existen tres clases de hombres, los animales-hombres primitivos o PASÚ, los semidivinos o VIRYAS a quienes se les adosó un espíritu y los Divinos Hiperbó­reos o Siddhas, que son todos aquellos que logran RETORNAR AL ORIGEN y escapar del Gran Engaño. También son conocidos como Siddhas Leales una parte de los Guías, aquellos que NO TRAICIONARON y que, encabezados por Cristo-Lúcifer, intentan SALVAR a los viryas mediante la redención hiperbórea de la sangre pura, que consiste en despertar el recuer­do pri­migenio de la propia divinidad perdida. Éstos son los señores de Agartha....Pero nos apartamos un poco de nuestro tema principal que versaba sobre Jehová-Satanás, el enemigo contra el cual combatimos para ganar el derecho a regresar al origen dorado. Pronto se le hará clara esta cuestión, joven Kurt, pues si Ud. recuerda que El Uno delegaba en unas "entidades conscien­tes" la ejecución de Su Plan, podemos ahora agregar que el sistema solar ha sido construido por una de tales "conciencias" a la que llamamos Logos Solar, secundada por Devas de menor Jerarquía quienes OCUPAN determinados puestos en la mecánica del sistema. En la Tierra, una "entidad planetaria" infundía vida al planeta e impulsaba la "evolución" de los reinos de la naturaleza de acuerdo al Plan Solar, inserto en el Plan Cósmico de El Uno. Está claro que se trata de emanaciones de El Uno enlazadas jerárquicamente: El Uno -- Logos Galáctico -- Logos Solar -- ángel planetario -- alma colectiva o grupal, etc. ¿Quien es Dios aquí? Según el nivel de conciencia y las pautas culturales y religiosas de los hombres, puede ser cualquiera de tales "entidades conscientes", pero siempre se trata del Uno. Si se dice que Dios es el Sol o se concibe un Dios "creador" de todo el Universo, se esta hablando de El Uno. Igual si se cree que Dios es la "naturaleza" o la "vía láctea" o La Tierra. Las diferentes cosmo­logías gnoseo­lógicas que se presentan a los hombres en sus distintas etapas de la "evolución" para concebir el mundo, no invalidan el hecho de que siempre se aluda directa o indirectamente a El Uno cuando se habla de Dios.

"Pero regresemos a la Tierra. Cuando los Guías Traidores llegan a la Tierra se instalan en un "centro" al que denominan Shambalá, o Dejung, y fundan lo que se ha dado en llamar Gran Fraternidad Blanca o Jerarquía Oculta de la Tierra. No es un lugar localizable física­mente sobre la superficie terrestre, cuestión sobre la que Ud. deberá aprender más adelante, sino que se halla situado en un pliegue topológico del espacio. Pero lo que interesa aquí es destacar que el jefe de los Guías Traidores, se auto titula Rey del Mundo, pasando a ocupar el lugar de uno de los doce Kumaras del sistema solar. ¿Qué es un Kumara? un ángel planetario, una de esas "entidades conscientes" encadenadas por El Uno que conforman la "idea de un pla­neta". Es aquí adonde debe ubicarse la clave del nombre Jehová y de su "raza elegida". Porque el espíritu planetario se llamaba Kumara Sanat, quien luego de la constitución de Shambalá y de la venida del Rey del Mundo, decide actuar como REGENTE de El Uno en la ejecución de Su Plan, ahora modificado. Para ello se encarna, en nombre del Uno, en una "raza elegida" para reinar sobre los espíritus hiperbóreos esclavizados. Esa es la raza hebrea. Es decir que tenemos por un lado a la jerarquía Oculta de Chang Shambalá, con sus demonios: los Guías Traidores y su jefe: el Rey del Mundo, quienes llevan adelante ahora la "evolución" del planeta y son quienes "guían" a las razas por medio de una siniestra organización llamada Sinarquía. Y por otra parte tenemos la raza hebrea que no es sino la manifestación de Sanat Kumara en la Tierra para ocupar el máximo escalón de la Sinarquía, en nombre del Uno. Los mismos he­breos en su Kábala estudian que "Israel es uno de los 10 sefirot", el sephirah Malkut, es decir una de las emanaciones del Uno.

"Finalmente Jehová es el nombre cabalístico del Demiurgo El Uno que Sanat Kumara representa en la Tierra y es, como dije al comienza de esta agradable charla, el ULTIMO NOMBRE HISTÓRICO que conocemos de El. Por eso nosotros LOS ANTIGUOS SERES HIPERBÓREOS que aún permanecemos encadenados en este mundo demoníaco, debemos tener bien presente que el enemigo es Jehová-Satanás, el Demiurgo de este mundo. (Ver un resumen de esta concepción en la siguiente figura fuera de texto).

El Führer continuaba entusiasmado su largo monólogo y aunque ya había  pasado una larga hora y llovían sobre nosotros las miradas curiosas de mucha gente que deseaba sentarse a la mesa, nadie en Alemania hubiera sido capaz de interrumpirle por un motivo tan prosaico como yantar una cena. Yo por mi parte sólo deseaba continuar oyendo las increíbles revelaciones del Führer y por eso, cuando me preguntó si le había comprendido, no vacilé en hacerle presente mis dudas: 

- Hay algo que ahora me preocupa - dije inmediatamente - Todo cuanto Ud. ha dicho, mi Führer, sobre el Demiurgo El Uno lo comprendo perfectamente y lo acepto, pero no puedo dejar de preguntarme ¿Quien es entonces Dios, el VERDADERO DIOS? ¿O....?

- "Esa es una pregunta que no debe Ud. hacerse, joven Kurt, - afirmó categóricamente el Führer - No mientras su mente esté sujeta a la lógica racional, pues sólo logrará entonces arri­bar a paradojas irreductibles. Pero es evidente que la duda ya ha germinado en Ud. y que segui­rá meditando en ello. Le daré entonces una respuesta provisoria: Dios es incognoscible para todo aquel que no ha conquistado el Vril. Tenga siempre presente esta verdad, joven Kurt: desde la miserable condición de esclavo de Jehová-Satanás no es posible CONOCER a Dios, pues el es absolutamente trascendente. Es necesario recorrer un largo camino de purificación sanguínea para saber algo sobre Dios, sobre el "verdadero Dios", como Ud. bien dice. La ma­yoría de las grandes religiones, al hablar de Dios, se refieren al Demiurgo El Uno. Esto ocurre porque las razas que pueblan actualmente el mundo han sido "trabajadas" por los Demonios de Shambalá, implantándoles ideas sinárquicas en la MEMORIA GENÉTICA de sus miembros, para poder dirigirlas hacia el gran arquetipo colectivo que se llama MANÚ. Así, percibiendo la realidad tras un velo de engaño, se llega a esas concepciones de Dios panteísta, monista o trinitario, que sólo son apariencias de El Uno, el Demiurgo ordenador de la materia.

Fíjese lo que ocurre con el concepto de Dios que poseen los distintos pueblos integran­tes de la antigua familia de lenguas indogermanas: casi todos los nombres derivan de las mis­mas palabras y es seguro que éstas designan en un pasado remoto a un Dios "creador de todo lo existente", es decir al Demiurgo El Uno. En sánscrito tenemos las palabras "Dyans pitar" que en los Vedas se utilizan para nombrar al "Padre que está en los cielos". Dyans es la raíz que en griego produce Zeus y Theo, con sentido similar al sánscrito y que pasa a ser en latín Ju-piter, Deus pater o jovis. Los antiguos germanos se referían igualmente a Zin - Tyr o a Tiwas como al Dios "creador" de lo existente, palabras que también provienen del sánscrito Dyans pitar.

Igual etimología poseen palabras que designan a Dios en las familias de lenguas tura­nias y semitas. En esta última familia, de importante relación con el hebreo, encontramos "Él" como una antigua denominación del Demiurgo en su representante planetario "El fuerte".

En Babilonia, Fenicia y Palestina se adoró a Él, IL, Enlil, nombres que los árabes transformaron en IL ah o Alah, etc. No debe extrañarle, joven Kurt, esta unidad etimológica pues lo alarmante es la "unidad de concepto" que se descubre tras las palabras mencionadas, ya que en todas las re­ligiones y filosofías siempre se llega a dos o tres ideas de Dios aparentemente irreductibles, pero que en realidad se refieren a distintos aspectos del Demiurgo: tal la preferencia por un "Dios panteísta e inmanente": El Uno; o "trascendente" pero "creador de la tierra y los cielos": Jehová-Satanás, Júpiter, Zeus, Brahma, etc."

El Führer me miraba ahora con los ojos brillantes y yo adiviné que sus próximas pala­bras tendrían un contenido realmente importante:

- "Hubo una guerra, joven Kurt, Una guerra espantosa, de la cual el Mahabarata guar­da quizás un recuerdo distorsionado. Dicha guerra involucro VARIOS CIELOS en su teatro de operaciones y produjo como su expresión más externa, lo que se ha dado en llamar "el hundi­miento de la Atlántida". Pero nadie conoce a fondo a que se hace referencia cuando se habla de la "Atlántida", ya que no se trata solo de "un continente hundido". Dicha guerra lleva ya más de un millón de años en este plano físico, durante los cuales han sido varias las Atlántidas físicas, continentales, que se han hundido, y ahora, en nuestro siglo XX, podemos decir que nueva­mente se apresta a "hundirse la Atlántida". Pero dejemos este misterio por ahora pues tendrá que volver sobre el mismo durante sus estudios. Para concluir esta conversación le diré una ultima cosa joven Kurt. Sepa Ud. que en esa guerra cósmica, en la que se combate por la libera­ción de los espíritus cautivos, por la mutación colectiva de la raza, contra la Sinarquía y contra Jehová-Satanás, el tercer Reich ha comprometido todo su potencial espiritual, biológico y ma­terial".

Con estas terribles palabras el Führer pareció dar por terminada su explicación. Miré a mi alrededor y comprobé que Papá, Rosenberg y Rudolph Hess aún continuaban a mi lado.

Un elegante mozo indicó al Führer que cuando lo dispusieran podrían pasar al patio in­terior para tomar una cena fría. Eran las once de la noche. El Führer y Rosenberg se despidie­ron de nosotros y fueron a reunirse con Goering y el Dr. Goebbels en la cabecera de la mesa. Rudolph Hess invitó a Papá y a mi a ubicarnos para cenar, pero no había quedado bien luego de la conversación con el Führer y a riesgo de ser ofensivo, decidí hablar francamente con am­bos…



[1]  MAITHUNA: Palabra sánscrita que significa “acto sexual”

 

 

 

ESQUEMA DEL UNIVERSO DE EL UNO

En esta Primera Parte nos proponemos explicar por qué la "clave genética", específica­mente, permite el encadenamiento del Espíritu en el pasú. Mas, como para entender esto, es necesario indagar previamente sobre la naturaleza psíquica del pasú, llegamos así a uno de los objetivos que nos habíamos fijado al comienzo. Estudiaremos ahora la primitiva constitución psíquica del pasú, pero lo haremos en relación al orden arquetípico del cual éste es tributario. Se hace necesario pues determinar el marco de referencia de dicho "orden arquetípico" y ello no puede hacerse de mejor manera que describiendo, CON EL MISMO SISTEMA ANALÓGICO EMPLEADO HASTA AQUÍ, la estructura básica del Universo de El Uno, es decir, del "mundo" que los Espíritus hallaron al atravesar el origen. En la figura 9 puede verse el es­quema analógico de tal estructura.

El área central "plano material" representa la parte concreta del Plan Cósmico; puede decirse que "hacia allí" se dirige el sentido de la evolución. La "materia" de este plano es aquélla capaz de llenar "toda forma posible" de manera tal que en el conjunto de entes ha de figurar en un extremo la materia más grosera de los sólidos y en el otro las formas más sutiles de energía psíquica pasando por todas las densidades intermedias, incluidos los planos etéricos o dévicos de la vida elemental.

Ha de entenderse así que el centro, o la región central de dicha área, es la zona de mayor densi­dad de la materia, la cual se va haciendo cada vez más ligera hacia la circunferencia limi­tante. Esta circunferencia, señalada en el esquema como "plano arquetípico", corresponde a lo que hemos denominado algunas veces INCONSCIENTE COLECTIVO UNIVERSAL pero que en la India y Tíbet, en la Ciencia del Gran Aliento, suelen llamar AKAZA PARABRAHMICO y al que atribuyen ser depósito de las ideas o Arquetipos de la Mente Di­vina. En efecto, A TRAVÉS del plano arquetípico se manifiesta la Voluntad del Demiurgo, es decir, fluye el Tiempo trascendente que es Su Conciencia; o como dirían en la India, "el Aliento de Parabrahman impulsa la manifestación de las formas potenciales del Akaza". La fluencia del tiempo, DESDE el plano arquetípico, HACIA la materia, es el acto plasmador y ordenador por el cual existe todo ente y por el cual todo ente tiende hacia alguna perfección entelequial. El "plano material" es así un mundo de dinamismo bullente en el que no hay lugar para la quietud como no sea a título referencial; "detenido" CON RESPECTO a algo móvil. Un mundo tal es puramente Fenoménico, sujeto a procesos temporales, ya continuos ya discre­tos, que sobrepasan en todo caso la capacidad de aprehensión humana basada en una triple partición del tiempo: pasado, presente y futuro. La aprehensión de un fenómeno en el momento "presente" del conocer implica haber sorprendido a éste en una fase de su proceso, captado sólo una apariencia fugaz, percibido una imagen de una serie posible, conocido, en fin, sólo un aspecto de su verdad. Un mundo tal, entonces, frente a la impotencia sensorial humana para aprehender el fenómeno en su proceso, PARECE HABER SIDO ESPECIALMENTE PRO­YECTADO PARA PRODUCIR ILUSIONES Y APARIENCIAS INSUPERABLES.

 

 

FIGURA 9

 

El plano arquetípico es, como muestra el esquema analógico: aquella parte del Demiur­go que linda con el plano material por todos lados, contiene a éste y determina sus fenómenos. Si se considera, como es clásico, una triple composición del Demiurgo, Poder, Belleza y Sabi­duría[1], puede afirmarse: que el aspecto "Sabiduría" corresponde directamente al "plano arque­típico", donde existen los "Planes Divinos", es decir, los Arquetipos universales y Manúes; que el "Poder" lo ejerce el "Aliento", o trascendente fluir de Su Conciencia-Tiempo, sobre el plano material; y que el aspecto "Belleza" consiste en la integridad potencial de todas las entelequias arquetípicas.

Pero, lo dijimos, el Demiurgo "también es Espíritu". Y un Espíritu "infinito", cualidad que se aprecia, en la figura 9, en la circunferencia exterior "infinito negativo o potencial". El carácter potencial o negativo del infinito demiúrgico le viene por estar totalmente ajeno al plano material: el infinito, en efecto, no puede penetrar en una estructura arquetípicamente determinada y evolutivamente orientada hacia finalidades entelequiales. Sin embargo el infinito está siempre presente en la naturaleza del Demiurgo y este se reserva, por así decirlo, la posi­bilidad de emplear su potencialidad si fuese necesario o lo creyese conveniente. Pero lo impor­tante es que, fuera de este infinito potencial exterior al plano material, NO EXISTE ARQUE­TIPO DEL INFINITO EN EL PLANO ARQUETÍPICO; es obvio: si lo hubiera entonces el infinito intervendría efectivamente interfiriendo el desarrollo de todos los procesos, es decir, NO PODRÍA OCURRIR LA "CONTINUIDAD" pues el infinito descompondría todo movi­miento real en infinitas partes. Siendo así ¿cómo, entonces, el hombre ha llegado a poseer no­ción y concepto de infinito, siendo claro que éste era un saber NEGADO, a la vez que prohi­bido, a toda razón fundada sobre el orden arquetípico y fenoménico del plano material? Es evi­dente que tal concepto ha de tener un origen no racional y, por supuesto, no matemático. Más adelante veremos respondida esta pregunta capital. Ahora vamos a contestar a otra pregunta anterior, sobre la estructura psíquica del pasú, pues ya hemos descripto el marco de refe­rencia del "orden arquetípico" o "plano material" en que aquel se desenvuelve.

Se ha afirmado hasta el cansancio que "el hombre es la síntesis de la creación": una analogía suprema de la totalidad cósmica; un microcosmos que reproduce al macrocosmos, etc. También se ha dicho que tal síntesis nunca está completa debido a la simultánea evolución en que se desarrollan tanto hombre como universo, tanto microcosmos como macrocosmos. Pero no obstante esta falta de terminación que caracteriza al hombre, se coincide en señalar que su presencia sobre la Tierra demuestra la culminación de un proceso evolutivo filogenético que arranca en las formas más primitivas y antiguas de vida. Sin embargo la Sabiduría Hiperbórea, confirmando en esto a diversas tradiciones esotéricas, va más lejos al asegurar que el proceso evolutivo que conduce al hombre no se ha desarrollado solamente en el reino animal sino que incluye los "reinos" vegetal y mineral e, inclusive, que ha tenido lugar en otras regiones fuera de la Tierra. En el plano arquetípico existen mónadas humanas que, impulsadas a manifestarse en la materia por el Aliento del Demiurgo, proyectan su esencia en los planos inferiores o "cielos" de que esta compuesto el plano material; esta actualización de la potencia monádica, que "desciende" a las regiones de diferente densidad material, produce la "animación" de infi­nidad de otras formas arquetípicas, a las que va asimilando y sintetizando hasta culminar en el reino animal y en el hombre.

El "hombre" que estamos considerando es el animal-hombre o pasú. Es evidente, por las razones expuestas, que existe una relación muy estrecha, una ligazón causal, ENTRE LA FINALIDAD DEL MUNDO Y LA FINALIDAD DEL PASÚ, es decir, entre el destino del mundo y el destino del animal-hombre: la síntesis arquetípica en que el hombre se constituye no es una mera réplica del macrocosmos, una copia sin sentido; por el contrario: TODO EL SENTIDO DEL COSMOS REPOSA EN EL HOMBRE; todo lo que hay en el mundo, por el hombre ES.

En los siguientes incisos nos referiremos al "objetivo macrocósmico de la finalidad": "poner sentido en los entes" y con ello "producir cultura", sin aclaración alguna. En el inciso "Función de la esfera de conciencia”, se estudiará con detalle el "objetivo microcósmico": "construir la esfera de conciencia".

La "finalidad" del mundo es servir de marco al desarrollo del hombre, su síntesis; la "finalidad" del hombre es "PONER sentido" en el mundo, su matriz. Tal el motivo del De­miurgo. Ante ello es común preguntar ¿qué fin persigue esta motivación, que oculto propósito subyace en la decisión de crear el Universo y, dentro de él, al hombre? La respuesta, aunque cause extrañeza, es ni más ni menos que la finalidad antes declarada: "poner sentido" en el mundo. Naturalmente, si SÓLO ése es el objeto de la motivación, habrá que aclarar, echar más luz sobre el asunto. Es lo que haremos, luego de la siguiente advertencia.

 

LA FALSA "INFERIORIDAD" DEL HOMBRE FRENTE AL UNIVERSO

 

Vamos a advertir aquí sobre un prejuicio cultural sólidamente establecido en nuestra época, cuya formulación tiene toda la apariencia de estar fundamentada en "la ciencia", pero que en verdad se asienta en el realismo ingenuo, en el racionalismo y en el temor. Nos referi­mos a la objeción que suele hacerse, contra cualquier intento de vincular teleológicamente al hombre y al Universo, de que "el universo es demasiado grande" frente a la "pequeñez del hombre"; un hombre reducido al ámbito terrestre, es decir, a un planeta entre varios del sistema solar; un sistema solar entre millones que conforman la galaxia "vía láctea"; una galaxia entre billones que pueblan el Universo; un Universo inconmensurable, que se expande y que se equilibra, tal vez, frente a otros Universos de antimateria. Frente a semejante macrovisión teó­rica el hombre sencillo se detiene desconcertado y, posteriormente, adopta las actitudes clásicas de quien se encuentra bajo la presión de un mito: humillación, sumisión, devoción, resigna­ción, etc. La forma mas corriente de este mito es la oposición "Universo enorme frente a la insignificancia humana"; mito que ha ayudado a actualizar el anteojo de Galileo, los radiote­lescopios, los cohetes a propergol; los satélites artificiales, los modelos estelares fisicomate­máticos computarizados, etc., pero que no deja de ser un mito puesto que el hombre -el 99,9% de la humanidad- no está hoy día con respecto al Universo en situación muy diferente a la del habitante de Roma, Grecia, Egipto o Babilonia antigua. La realidad del hombre está, hoy más que nunca, circunscripta a la estructura del sistema solar y, fundamentalmente, de la Tierra, de la cual, bueno es recordarlo: NADIE ENTRA NI SALE COMO NO SEA AL NACER O MORIR (con la excepción, claro está, de algunos astronautas zombies). Ésta es la realidad concreta de miles de millones de hombres y todo lo demás es teoría cientificista elaborada por elites urbanas, por seres desarraigados de la naturaleza que flotan en el mar del nominalismo, en un mundo de jergas y signos vanos. El habitual daltonismo gnoseológico del "científico" occidental es en el caso de la evaluación cósmica simple miopía, a pesar de la extensión del espectro sensorial que supone la "instrumentación", porque NADA PUEDE CONOCERSE AFUERA, NADA QUE NO HAYA SIDO PREVIAMENTE CONOCIDO ADENTRO. Ya la información sensorial NATURAL del hombre era insuficiente y equívoca para aprehender un fenómeno: pero INTERCALAR entre el fenómeno desconocido y los sentidos un fenómeno conocido, que eso es un "instrumento", y pretender que de esa triple implicación puede obte­nerse verdadero conocimiento es pura necedad. Lo que se obtiene son "teorías científicas", es decir, una especie de veneno cuya toxicidad aumenta en proporción directa a la complejidad estructural del objeto fáctico que intenta explicar. Por supuesto, cuando el objeto de la teoría es "el universo", el "tamaño" de la teoría, y su toxicidad, es tremendamente "Grande", "como un Dios". Que no se diga que exageramos: vaya cualquiera a un tranquilo valle, o a una aldea de campaña, o inclusive a los suburbios de alguna urbe moderna, es decir, a los lugares adonde habita la mayoría de la gente del mundo, quienes jamás han visto, ni verán, en el cielo otra cosa que puntos brillantes, y escuche a esas personas hablar de los anillos de saturno o de los black hole, siéntalas decir que "el universo esta en expansión", AFIRMAR QUE TODO ESTO ES CIERTO, QUE ELLOS LO CONOCEN PORQUE ES "CIENTÍFICO" Y PORQUE "TODO EL MUNDO LO SABE"; oiga estas cosas con paciencia y luego dedíquese a observar la MUGRE, la MISERIA, el HAMBRE, el VICIO, o cualquier otra lacra de las que rodea y cubre a esas personas pero que ellas NO VEN, AUNQUE CREEN SABER QUE ES UN BLACK HOLE, y reflexione luego si esas buenas gentes no han sido intoxicadas con veneno cultural, si no se les ha inoculado en la mente elementos nocivos y paralizantes.

Solamente en un marco histórico tenebroso como el Kaly Yuga, y bajo el impulso co­rruptor de la Sinarquía, podría haberse dado semejante tipo humano nihilista, que halla certi­dumbre en conceptos tan improbables como absurdos y cuyos contenidos aluden a realidades insólitamente alejadas de su vida cotidiana, a la que niega con su actitud y de la que, induda­blemente, pretende huir.

Por eso quien suponga que el Universo es una construcción demasiado "grande", en la cual el hombre no puede tener ninguna importancia, está obligado a desintoxicarse previa­mente pues de lo contrario no podrá comprender lo que aquí explicamos. La Sabiduría Hiper­bórea asegura, contra toda afirmación cultural opuesta, que el Demiurgo creó el Universo con criterio antropocéntrico y que el hombre -no sólo el terrestre sino cualquier clase de animal-hombre- es fundamental porque otorga "sentido" a la creación. Hecha la advertencia, vamos a explicar esta finalidad que debe cumplir el animal-hombre o pasú dentro del Universo.

 

FINALIDAD Y SUPRAFINALIDAD

 

Hemos mencionado tres aspectos del Demiurgo: Poder, Sabiduría y Belleza. Vamos a interpretar ahora más profundamente el hecho de la plasmación arquetípica. En principio el Demiurgo "piensa" los Arquetípos universales con el aspecto Sabiduría y los piensa, enton­ces, con vista a la integridad de un Plan evolutivo: los Arquetipos nacen así con una finalidad preestablecida, aparte de sus propias finalidades entelequiales particulares, que los comprende a todos en la estructura del Plan. Tal SUPRAFINALIDAD es la del Universo mismo, es decir, es el único motivo de la creación. Pero, en el plano material, esfera de acción de los Arqueti­pos, los fenómenos tienen carácter entrópico, es decir, concluyen inevitablemente en el sentido del Tiempo: al final de un "Gran Tiempo" todo habrá vuelto a la nada inicial, se habrá disuelto el "orden material" y el final será igual al principio. Este FINAL entrópico del Universo mate­rial NO PUEDE SER LA SUPRAFINALIDAD que motivo su creación. Por eso muchos han intuido con acierto que "el Demiurgo creó el Universo para Su contemplación", que la manifes­tación de las formas arquetípicas al ritmo de la fluencia del tiempo trascendente constituye un espectáculo grandioso con el cual ÉL se regala. Sin embargo, aunque acertado en parte, este concepto peca de ingenuidad aristotélica pues supone al Demiurgo "motor inmóvil", es decir, que "mueve sin moverse", y que, desde su inmovilidad o eterna quietud, obtiene placer de la contemplación de Su Obra: eso es como atribuir al Demiurgo la práctica de un vicio soli­tario, una especie de onanismo cósmico. Si aceptamos el principio hermético de que en el hombre se reflejan los aspectos del Demiurgo podremos entender a éste observando las pautas de comportamiento análogas de aquél. Como se trata de entender la motivación "creadora" del Demiurgo habrá que observar al tipo de hombre "creativo". Y en ese examen comprobamos que no existe una motivación semejante a la contemplación extática que se supone ha asumido un aspecto del Demiurgo. En realidad nadie, y mucho menos el Demiurgo, se detiene dema­siado en la contemplación de su propia obra: el pintor, al pintar nuevos cuadros, olvida los an­tiguos, el poeta regala sus poemas, el escritor vende sus libros (y a veces su alma), etc.; quere­mos mostrar con estos ejemplos cuan fuera de lo natural, cuan insólito, seria que el pintor per­maneciese siempre contemplando un único cuadro pintado por él, o que el escritor leyese siem­pre y solamente su propio libro. En verdad, si resulta inconcebible semejante actitud en un hombre creativo, piénsese cuanto más ha de serlo proyectada a un creador cósmico como el Demiurgo.

Lo que ocurre es que NADIE, NI AÚN EL DEMIURGO, SOPORTA MUCHO TIEM­PO LA CONTEMPLACIÓN DE SU PROPIA OBRA. Toda creación proporciona sólo placer inicial y no es objeción suponer que una "creación continua" ha de proporcionar placer perpe­tuo: el inventor, aún cuando sabe que continúa perfeccionándose, pronto se desentiende de su invento y ocupa la atención en otras cosas que le brindan NUEVAS satisfacciones; el conoci­miento anticipado de la finalidad es lo que, a la larga, quita atractivo a un proyecto ex­trema­damente prolongado: el placer no aumenta sino que, por el contrario, disminuye a medida que el proyecto se concreta. EL MÁXIMO PLACER SE OBTIENE EN EL MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN DEL PROYECTO; LOS DISTINTOS PASOS DE LA OBRA Y SU CON­CRECIÓN SÓLO CONFIRMAN AQUEL PLACER INICIAL PERO NO PUEDEN AU­MENTARLO. Y el Demiurgo, tal "máximo placer", ya lo experimentó cuando concibió el Plan evolutivo y pensó los Arquetipos universales, desde sus aspectos Sabiduría y Belleza.

Cuando, posteriormente, el Demiurgo emana las mónadas que dan realidad a los Ar­quetipos e impulsa a éstas a desplegarse en la materia, con el aliento que procede del aspecto Poder-Voluntad, la suprafinalidad que motiva tal acción ha de ser otra que la experimentación de placer extático o contemplativo. El Demiurgo no "ha echado a rodar" el mecanismo de la creación y luego se ha desentendido de él puesto que todo ente del plano material es temporal, es decir, existe en Su Conciencia; está sostenido, en tanto fenómeno, por la fluencia trascen­dente del Aliento. Pero esta participación no significa una finalidad en sí mismo: es sólo la ejecución de la suprafinalidad.

Para averiguar, o al menos intuir, en que consiste esta suprafinalidad observemos nue­vamente a los hombres creativos. Una vez concebida y ejecutada la obra, es decir, una vez ob­tenido el placer de la creación ¿de qué manera la obra puede proporcionar NUEVO placer? Respuesta: POR EL DESCUBRIMIENTO POSTERIOR. Para comprobarlo basta con pensar en el cuadro que aquel pintor ejecutara hace años: la FINALIDAD de su concepción se concre­tó al terminar de pintarlo y con ello culminó el placer creativo; PERO NO ASÍ LA SUPRAFI­NALIDAD DE RECIBIR NUEVO PLACER POR EL DESCUBRIMIENTO POSTERIOR QUE DE ÉL HAGA PERMANENTEMENTE EL PUBLICO. En efecto, nada hay que deleite más a un autor, fuera del placer que le proporcionó el ejecutar la obra, que ser halagado por el público: en cada admirador hay un nuevo descubrimiento de su trabajo y en cada descubri­mien­to UN NUEVO SENTIDO. Eso es: el público es en realidad quien OTORGA SENTIDO a la obra, quien valora y valoriza. El descubrimiento, bajo una particular óptica, significa un especial sentido, una interpretación diferente que, por eso, no admite indiferencia: se podrá admirar o despreciar, amar u odiar, pero jamás permanecer indiferente una vez que se ha des­cubierto la obra. Y este descubrimiento implica tarde o temprano el descubrimiento del autor: LA TRANSFERENCIA DE LA IMPRESIÓN CAUSADA POR LA OBRA AL AU­TOR.

Podemos entender ahora la suprafinalidad de la creación: la obra del Demiurgo requiere de un DESCUBRIMIENTO POSTERIOR. Y ésa es la finalidad del animal-hombre o pasú: ser descubridor de entes, "postor de sentido". Pero ¿qué es lo que está cubierto en los entes, aquello que el pasú debe descubrir para cumplir su destino? Respuesta: LOS NOMBRES; las "palabras" que menciona la Kábala acústica o los "bijas" de la tradición indoaria.

Mas esta respuesta requiere de una mayor aclaración. En primer lugar, para comprender a que nos referimos con "nombre" de los entes, hay que recordar que el impulso evolutivo de las mónadas ha sido afirmado con el aspecto "Logos" del Demiurgo. Ello significa que cada ente está designado desde el principio por el Verbo del Demiurgo; que a cada ente se le ha asignado una palabra que lo identifica metafísicamente, lo sostiene en tanto que ente y consti­tuye la verdadera esencia del ente PARA EL PASÚ.

En segundo lugar debemos distinguir nuevamente, al considerar el "orden arquetípico", entre la finalidad y la suprafinalidad. Con "finalidad" aludimos a la concreción entelequial ha­cia la que apunta la evolución de los entes: en todo ente hay UN TERMINO UNIVERSAL que es expresión de los Arquetipos que lo sostienen y a cuyo proceso se subordina. Con "suprafinalidad" nos referimos, en cambio, al DESIGNIO PARTICULAR que cada ente posee en tanto está compuesto por mónadas. No es que en el ente "estén las mónadas" sino que el orden arquetípico del que participa toda la materia se estructura en base a la actualización de las mónadas: a cada mónada corresponde en el plano material un "quantum arquetípico de energía" o "átomo arquetípico" del cual el átomo de Borh es sólo un esquema superficial. En realidad los mismos Arquetipos universales están compuestos por mónadas, que por eso se llaman también "arquetípicas", pues ellas provienen de la primera emanación del Demiurgo en tanto que los Arquetipos son "ideas" pensadas SOBRE las mónadas, en la segunda emanación. Los Arquetipos universales son así FORMAS que van de lo simple a lo complejo compuestas a partir de agrupaciones de la UNIDAD FORMATIVA ABSOLUTA que es la mónada arque­típica. No es cierto, pues, que los Arquetipos universales sean todos perfectas y simples ideas, sino que, por el contrario, han sido conformados estructuralmente por imitación sucesiva y ordenada de la mónada arquetípica: puede decirse que TODO EL UNIVERSO HA SIDO CONSTRUÍDO A PARTIR DE UNA PRIMERA MÓNADA IMITADA INCANSABLE­MENTE POR EL DEMIURGO. Por eso la CARACTERÍSTICA ESENCIAL DEL DE­MIURGO ES LA IMITACIÓN.

Resumiendo, tenemos: las mónadas arquetípicas y, conformados por ellas, los Arqueti­pos universales; estos seres, desde luego, pertenecen al "plano arquetípico", el cual constituye el único objeto de conocimiento, la única verdadera fuente, de toda metafísica. Este plano ar­quetípico o cielo metafísico actúa sobre la materia inferior imprimiéndole un orden dinámico al ritmo de la fluencia del Aliento (o Tiempo): el "plano material" es la expresión de tal orden arquetípico. En el plano material las mónadas arquetípicas se manifiestan como átomos arque­típicos o quantum arquetípicos de energía, es decir, como la esencia existente de toda substan­cia (materia o energía). Los Arquetipos universales, por su parte, se manifiestan en el plano material como el soporte formal en los entes, quienes son la expresión concreta de "un mo­mento" del proceso evolutivo en que aquéllos se desarrollan. Hay así una doble determinación arquetípica de los entes: la "universal" de los arquetipos y la "particular" de las mónadas.

La "proyección" de los Grandes Planes arquetípicos o Arquetipos Manú sobre la mate­ria original, informe, produce el ente universal y los entes particulares FUNDAMENTAL­MENTE ESTRUCTURADOS CON ÁTOMOS ARQUETÍPICOS. El ente evoluciona, enton­ces, siguiendo dos procesos formativos; uno: el UNIVERSAL, que apunta hacia la entelequia de los Arquetipos; dos: al PARTICULAR, que determina al ente de acuerdo a un Plan. De allí la necesidad de distinguir correctamente qué ha sido puesto en los entes, DESDE UN PRIN­CIPIO, PARA CONOCIMIENTO DEL PASÚ y qué corresponde al ente mismo como funda­mento de su existencia universal, HASTA EL FINAL, ESTÉ O NO EL PASÚ EN EL MUNDO.

Podemos afirmar, como respuesta a la cuestión, que al pasú le fue dado desde el prin­cipio la posibilidad de conocer los Planes a partir del descubrimiento de los entes, del DE­SIGNIO que éstos expresan para él. El destino del pasú, como descubridor y admirador de la obra del Demiurgo, es: CONOCER LOS ENTES; desde los entes: CONOCER LA ESTRUC­TURA DEL ENTE UNIVERSAL, DEL "UNIVERSO"; desde el ente universal: CONOCER A DIOS (EL UNO). Por el contrario, en este siniestro Plan NO SE PREVEÉ NINGÚN MODO DE CONOCIMIENTO DE LA ESENCIA ARQUETÍPICA DE LOS ENTES. Más adelante quedará en claro por qué.

 

SISTEMÁTICA DE CÍRCULOS EXCÉNTRICOS

 

Nuestro propósito es mostrar la estructura psíquica del pasú en el momento previo al encadenamiento de los Espíritus esfera revertidos. Para facilitar tal exposición nada parece más útil que representar la estructura psíquica, descompuesta en sus distintas "esferas de objetivi­dad", mediante un esquema gráfico equivalente tal como hemos hecho hasta ahora. Sin embar­go una representación tal, y posteriormente otra para la estructura psíquica del "virya perdido", requerirá de mayor precisión simbólica. En rigor, los esquemas presentados hasta aquí estaban fundados en la noción de "círculo unidad": la circunferencia como límite o forma continente de un contenido simbólico; lo mismo para el caso de las circunferencias concéntricas de la figura 9. "El mundo de los objetos, tal como aparece a nuestra visión, se ofrece a una formalización circular "simple"; pero las relaciones formales de un mundo de "substancias" y "cualidades" requieren una estructura más compleja que la de un "círculo unidad".

El autor de este párrafo, el epistemólogo Luciano Allende Lezama, ha demostrado en su libro "Los Elementos" que "una sistematización de CÍRCULOS EXCÉNTRICOS es apro­piada y correcta para relacionar, en forma ordinal y cardinal, conceptos; es decir, abstracciones cualitativas y cuantitativas" (Fig. 10)

 



[1] Alice Bailey y otros Teosofistas suelen equiparar la división judeocristiana del Demiurgo Jehová – Satanás: “Padre, Hijo y Espíritu Santo”, con: Voluntad-Poder, Amor- Sabiduría e Inteligencia Activa. Cabe agregar que el tal “Espíritu Santo” no corresponde al PARACLITO Carismático que se define en la Parte II.

 

FIGURA 10

"Si los círculos excéntricos son sostén de conceptos simples", una combinatoria de cír­culos formara RECINTOS "conteniendo conceptos complejos" o sea específicos. En una sis­temática de tal índole es posible jerarquizar conceptos que estarán en relación de implicación, de analogía, de contradictorio y de contrario". Aplicando un criterio sistemático semejante vamos a desarrollar un esquema conceptual de la estructura psíquica del pasú desde el cual sea posible avanzar, posteriormente, hacia la comprensión del "virya perdido".

ESTRUCTURA PSÍQUICA DEL ANIMAL-HOMBRE O PASÚ

En el momento en que los Espíritus-esfera iban a ser encadenados al pasú, hace millo­nes de años, éste había llegado a un determinado punto en la evolución filogenética. Este punto es el que vamos a representar, dejando de lado la historia de dicha evolución.

 

 

FIGURA 11

 

EN ESE MOMENTO de su historia la estructura psíquica del pasú se componía de dos esferas bien desarrolladas (afectiva y racional) y de una tercera (preconciencia) en lento pro­ceso de formación. En el esquema de la figura 11 se han representado las esferas "afectiva" (4) y "racional" (3) excéntricamente con respecto a la esfera más débil, "preconciencia" (2), pero más importante desde el punto de vista potencial. En efecto, la esfera (2) es, si se quiere, la clave del drama pues el fracaso evolutivo del pasú radicaba en el casi nulo desarrollo de esta esfera tras millones de años de "actividad del Manú". La entelequia del pasú, la perfección de igualarse al Arquetipo Manú, se apoyaba fundamentalmente en la evo­lución de la "esfera de conciencia" (entonces de "preconciencia") pues ella era NECESARIA PARA COMPLETAR EL DESCUBRIMIENTO POSTERIOR DE LA OBRA Y, desde la obra, DEL AUTOR, es decir, "de los entes, del ente y de Dios (El Uno)". Por tal motivo hemos centrado en la figura 11 a la esfera (2) aunque será a las esferas (3) y (4), más desarrolladas, a las que habrá que prestar mayor atención.

La estructura psíquica del pasú se sustentaba, naturalmente, en el cuerpo biológico, en ciertos "sistemas" altamente diferenciados: por ejemplo, la esfera afectiva estaba ligada al sis­tema endocrino y la esfera racional al sistema nervioso central, especialmente al cerebro "antiguo" o ARQUIENCEFALO; la esfera de "preconciencia" surgía de un rudimentario NEOCORTEX o cerebro "nuevo" y, en aquel entonces, sólo era un epifenómeno, una débil fosforescencia que apenas sugería lo que después llegó a ser: "esfera de conciencia", es decir, asiento del sujeto consciente o "alma" del pasú.

Las esferas (2), (3) y (4) constituyen la estructura psíquica propiamente dicha. El nexo entre ella y el mundo se realiza a través de la "esfera sensorial" que, por tal motivo, aparece en la figura 11 "rodeando" o incluyendo en su interior a la estructura psíquica. Mas la "esfera sen­sorial" se compone también de los sentidos internos -de las vísceras o INTEROCEPTORES; de los movimientos del cuerpo o PROPIOCEPTORES; del dolor o NOCICEPTORES; etc. aparte de los EXTEROCEPTORES o receptores de estímulos exteriores: oído, vista, tacto, etc. Siendo el pasú UN ENTE DESCUBRIDOR DE ENTES su actividad cognoscitiva se hallaba concentrada en la esfera sensorial, por la cual recibía noticias del mundo que le permitían adaptarse y conducirse con inteligencia en el.

En el hombre de nuestros días, virya perdido, el comportamiento se compone, grosso modo, de conducta y conciencia: la conducta es el comportamiento exterior y la conciencia, o vida mental, el comportamiento interior; la conciencia puede dirigir libremente la conducta por medio de una energía puesta a su disposición llamada VOLUNTAD. Pero en el pasú las cosas no ocurrían así: el comportamiento estaba casi exclusivamente centrado en la conducta y esta regida por una interminable multiplicidad de patrones fijos; por eso se considera que la con­ducta del pasú estaba determinada por una VOLUNTAD INSTINTIVA. Sin embargo el com­portamiento no era absolutamente mecánico puesto que los "patrones de conducta" tenían, en su mayoría, un origen racional, aunque, luego de producidos y experimentados, eran reprodu­cidos como caracteres adquiridos. En el esquema de la figura 11 podemos apreciar el área de generación de la "voluntad instintiva" en el recinto "instintos", el cual se forma por la inter­sección de las esferas afectiva y racional.

La voluntad instintiva estaba dirigida a cumplir distintas necesidades, conservación, apetito, reproducción, etc., y TAMBIÉN a la asociación gregaria: en este "instinto gregario" más que en otra actividad era adonde se apreciaba mejor la naturaleza "humana" del pasú. Toda sociedad se basa en la comunicación entre sus miembros: el objetivo superior de la so­ciedad pasú era la comunicación comunitaria del descubrimiento de los entes o, con otros tér­minos, transformar el descubrimiento individual en conocimiento colectivo. Esto quiere decir que el Plan del Demiurgo para el pasú era eminentemente CULTURAL. Y puede así compren­derse que el fracaso evolutivo del pasú se manifestara exteriormente en la pobreza cultural alcanzada por sus sociedades. De aquí que la Sabiduría Hiperbórea afirme que los Espíritus fueron cautivados, encadenados al pasú, "PORQUE ERAN NECESARIOS PARA PRODU­CIR CULTURA". Pero la "cultura", entendida de esta manera, es algo muy diferente a "la suma de la actividad humana". Más adelante tendremos ocasión de profundizar en este concep­to.

MEMORIA ARQUETÍPICA Y RAZÓN

Se ha hecho una descripción general de la estructura psíquica del pasú. Para compren­der su funcionamiento, especialmente para saber cómo cumple el pasú con su finalidad de ser "descubridor de entes", "dador de sentido" al orden material del Universo, debemos comenzar por un concepto fundamental: la memoria.

Refiriéndonos al esquema de la figura 11 podemos distinguir tres clases de memoria, cada una de ellas vinculada a una esfera: a la esfera afectiva (4) corresponde una memoria PSICOFISIOLÓGICA o "memoria de hábitos"; a la esfera racional (3) esta ligada la impor­tante memoria ARQUETÍPICA; y a la esfera de preconciencia (2): la memoria REPRESEN­TATIVA. Vamos a comentar cada una de tales memorias[1].

La primera memoria, "psicofisiológica", es básicamente sensible, especializada en retener recuerdos referidos al mundo; es por eso la sede de los patrones del hábito: EN ELLA SE CONSERVA TODO LO NECESARIO PARA ASEGURAR LA SUPERVIVENCIA INDIVIDUAL y, además, lo que contribuya a MEJORAR tal supervivencia, es decir, lo gregario o social. Esta "memoria de hábitos" era quien principalmente determinaba la "voluntad instintiva" del pasú.

La tercera memoria, "representativa", era incipiente en el pasú y sólo después del enca­denamiento del Espíritu, cuando el pasú se transformó en "virya perdido", se desarrolló lo su­ficiente. Quizá cause extrañeza advertir que se considera a la "esfera de conciencia" como una forma de memoria pero a poco que se medite en ello se comprenderá que el recordar, y el re­presentarse lo recordado, es una característica esencial de la conciencia. Esta característica está relacionada estrechamente con el problema de la temporalidad, con la facultad que posee la conciencia de dotar a las representaciones de un "tiempo inmanente", psíquico, en sustitución del tiempo real que pudiere haber correspondido al hecho original que se recuerda y representa. En el inciso "Funcionamiento de la Esfera de Conciencia" se demostrará que la "conciencia" es un "sujeto histórico" y que la "esfera de conciencia" es la "historia del microcosmos", vale de­cir, una especie de memoria.

La segunda memoria, "arquetípica", a la que dejamos deliberadamente para el final, es la que más nos interesa por ahora. Es tan importante el concepto de "memoria arquetípica" que puede afirmarse sin más que su ignorancia, o su ausencia en cualquier sistema filosófico, es suficiente para situar la posición asumida al margen de la Sabiduría Hiperbórea. Recomenda­mos, entonces, no avanzar sin haber comprendido en profundidad el concepto que se expone a continuación.

En la figura 9 se ve un esquema analógico del Universo de El Uno, al que suele lla­marse también: macrocosmos. Esta denominación se adopta cuando se entiende que el hombre es un "minor mundus", un microcosmos que refleja al "maior mundus" o macrocosmos. Tal concepción es sostenida desde muy antiguo y, en lo que hace al pensamiento occidental, se la encuentra en Grecia, en tiempos de los presocráticos con Anaxímedes, Pitágoras, etc.; en Platón y Aristóteles; en los neoplatónicos; gnósticos; místicos cristianos; cabalistas; alquimistas; en la filosofía moderna con Leibniz, etc. Y, desde luego, forma parte de las tradiciones religiosas de China, Japón, Tíbet y la India, especialmente en el budismo esotérico. Sin embargo, a pesar de tan enorme expansión, las principales consecuencias, incluso lógicas, que se desprenden del concepto han permanecido hasta hoy en el terreno esotérico. Nosotros, al afirmar como Prin­cipio de la Sabiduría Hiperbórea la antigua idea del macrocosmos, nos veremos en la necesi­dad de destacar relaciones a veces pueriles pero que, por el carácter esotérico apuntado, no suelen ser para nada evidentes. Pero lo haremos; aún a riesgo de que, como en la conocida anécdota del "huevo de Colon", produzca irritación el que se nos haga notar algo que, LUEGO, creeremos deberíamos haber notado nosotros mismos.

Es lo que ocurre con el tema del "reflejo": de tanto afirmar, sin reflexionar, que "el mi­crocosmos refleja al macrocosmos" ya nadie advierte que TODO REFLEJO ES UNA COPIA "INVERTIDA" DEL ORIGINAL. Esta cualidad, que parece una puerilidad destacar, es cues­tión de la mayor importancia pues su consideración permite comprender fácilmente la función de la RAZÓN y el funcionamiento de la esfera racional. Veamos pues, como debe interpretarse el antiguo concepto.

Ya poseemos una descripción del macrocosmos según el esquema de la figura 9. El microcosmos o cuerpo material del pasú, como reflejo del macrocosmos, debe contener una réplica de todas sus partes. Ello significa: que en el cuerpo material HA DE EXISTIR UN SECTOR QUE REPRODUZCA EL PLANO ARQUETÍPICO; y que en dicho sector HA DE ESTAR LA COPIA DE TODOS LOS ARQUETIPOS UNIVERSALES; y que dichas copias HAN DE SER INVERTIDAS CON RESPECTO AL ORIGINAL.

Tales propiedades del cuerpo material o microcosmos nos permiten elaborar la siguiente definición: EL CONJUNTO DE TODOS LOS ARQUETIPOS UNIVERSALES DEL MI­CROCOSMOS, COPIAS INVERTIDAS DE LOS ARQUETIPOS UNIVERSALES DEL MACROCOSMOS, SE DENOMINA: "MEMORIA ARQUETÍPICA".

La sede de la memoria arquetípica, es decir, de la réplica biológica del "plano arquetí­pico", es la estructura neurofisiológica del cerebro. Groseramente puede afirmarse que "el ce­rebro entero es la memoria arquetípica". Sin embargo, aunque el bisturí penetre hasta las pro­fundidades de la masa encefálica, la biología molecular invente fórmulas de las macromolécu­las celulares, la genética logre descifrar el código de los enlaces azúcar-fosfato de los ácidos nucleicos o los ingenieros en sistemas cibernéticos construyan "modelos" que simulen el fun­cionamiento cerebral, sin embargo decimos, a pesar de estos y otros prodigios científicos, NADIE LOGRÓ NI LOGRARÁ JAMÁS DESCUBRIR EMPÍRICAMENTE A LOS "ARQUETIPOS", que, según hemos dicho, constituyen TODO EL CEREBRO. Y ello no por falta de habilidad científica, o por un error de metodología, sino por la IMPOSIBILIDAD esencial del ser humano, pasú o virya, de percibir los Arquetipos universales "a través de la esfera sensorial". Por cierto que no sólo los Arquetipos de un cerebro sino los que sostienen a cualquier ente, EN TANTO SEAN UNIVERSALES, NO PODRÁN CONOCERSE A TRAVÉS DE LA ESFERA SENSORIAL: DEL ENTE. SÓLO PUEDE SER CONOCIDO SU DESIGNIO, SU TERMINO PARTICULAR.

Esta imposibilidad se comprenderá mejor si previamente definimos que se entiende en la Sabiduría Hiperbórea por RAZÓN. Pero, como aquí estamos estudiando la estructura psí­quica del pasú, la definición que daremos se refiere fundamentalmente a dicho tipo primitivo de hombre. En el virya, debido a la evolución del neocortex, el cerebro permitió luego mayor especialización racional, sin embargo, la imposibilidad apuntada, subsiste aún y su origen continúa siendo el que ahora vamos a exponer.

Para las ciencias biológicas el cerebro es una organización celular especializada. Para la Sabiduría Hiperbórea el cerebro es: memoria arquetípica. El cerebro, o memoria arquetípica, funciona por la voluntad de un "SUJETO" RACIONAL" o "RAZÓN" cuya actividad se puede reducir siempre a dos operaciones básicas, una TRASCENDENTE y otra INMANENTE. La primera operación de la razón es la de COMPARACIÓN TRASCENDENTE y la segunda es la INTERPRETACIÓN INMANENTE. La primera operación tiene por misión DESCUBRIR el designio de los entes y la segunda INTERPRETAR, tal designio, en términos sémicos. Es lo que se explicará paso a paso a continuación.

Primera operación: COMPARACIÓN:

El esquema de la figura 11 nos muestra a la estructura psíquica del pasú rodeada de la "esfera sensorial". En el animal-hombre la esfera sensorial cumple la función de recibir estímu­los del mundo y convertirlos en impulsos nerviosos con destino al cerebro, es decir, es inter­mediaria entre lo interno y lo externo. Pero la esfera sensorial no responde de la misma manera a los distintos estímulos y ella misma varia apreciablemente de un pasú a otro. Es necesario, entonces, referirse a la SENSIBILIDAD; aclaremos el sentido del término: la capacidad que presenta una esfera sensorial determinada para responder con mayor o menor intensidad a un estímulo dado se denomina "sensibilidad". En la figura 11, la circunferencia que limita a la es­fera sensorial es análoga a la sensibilidad.

Ahora bien, si observamos la figura 11 comprobamos que lo sensible afecta a las tres esferas de la estructura psíquica; hay así una "sensibilidad afectiva", una "sensibilidad racio­nal" y una "sensibilidad consciente". Y cualquiera de los tres tipos de sensación pueden ser objeto de la INTUICIÓN SENSIBLE. Debe quedar claro que la operación racional que esta­mos describiendo emplea SOLAMENTE aquello que llega a la esfera racional, es decir, el producto de la sensibilidad racional.

El objeto de la sensibilidad es la realidad y, dentro de ésta, los entes externos que la constituyen. EN ESTE, Y EN TODOS LOS COMENTARIOS QUE SIGAN, VAMOS A CONSIDERAR A LA ESFERA SENSORIAL IMPRESIONADA POR UN ENTE EX­TERNO, SALVO EN AQUELLOS CASOS EN LOS QUE SE ACLARE EXPRESAMENTE LO CONTRARIO.

Se puede describir, ya, la primera operación de la razón, que llamamos TRASCEN­DENTE porque se ocupa de COMPARAR los estímulos que ATRAVIESAN la esfera senso­rial y que fueron causados por un ente externo. Esto es: LA OPERACIÓN TRASCENDENTE DE LA RAZÓN CONSISTE EN "COMPARAR", AUTOMÁTICAMENTE, AQUELLA IMPRESIÓN QUE LA SENSIBILIDAD RACIONAL RECOGE DE UN ENTE EXTERNO.

Sabemos ahora, con precisión, que la primera operación de la razón es una COMPARACIÓN. Pero ¿comparación con que? Porque comparar consiste en establecer relaciones entre DOS objetos, que permitan descubrir sus diferencias o semejanzas. Respuesta: el ente se coteja con los Arquetipos de la memoria arquetípica.

Por supuesto, hay que profundizar en esta respuesta hasta tornar comprensible el EFECTO DESCUBRIDOR que la primera operación ejerce sobre el ente.

Según dijimos mas atrás en el ente coexisten dos términos, uno universal y otro particu­lar. El término universal es el Arquetipo -o el conjunto de Arquetipos, si es "compuesto"- que lo sostiene en tanto que ente y hacia el que apunta su evolución como finalidad; el término particular es el designio que el Demiurgo ha fijado en todo ente como suprafinalidad. El primer término hace del ente un ser-en-si; el segundo término dice que el ente es un ser-para-el-hom­bre.

Cuando un ente impresiona la sensibilidad racional la primera operación de la razón consiste en someter la impresión recibida a comparación con la memoria arquetípica. En esta memoria siempre habrá al menos un Arquetipo que sea copia invertida del Arquetipo universal que sostiene al ente y con el se opera la comparación. Es decir que LA RAZÓN COMPARA SÓLO UN TÉRMINO UNIVERSAL DEL ENTE (EL ARQUETIPO UNIVERSAL) CON SU COPIA INVERTIDA: UN ARQUETIPO PARTICULAR DE LA MEMORIA ARQUETÍPICA. Se comprende fácilmente que ello SÓLO puede ocurrir así puesto que en la memoria arquetípica SÓLO existen copias invertidas de los Arquetipos universales, finalidad entele­quial de los entes, y no existe copia o referencia alguna de los designios particulares de cada ente, suprafinalidad del ser-para-el-hombre.

¿Qué surge de la confrontación entre el Arquetipo universal del ente y su copia invertida de la memoria arquetípica? Respuesta: la nada. Es como sumar más (+) con menos (-), una unidad positiva con una unidad negativa: su resultado es cero (0). Esto significa que la razón elimina automáticamente el término universal del ente Y DEJA AL DESCUBIERTO EL TÉRMINO PARTICULAR O DESIGNIO. Recién entonces el ente puede ser CONOCIDO Y NOMBRADO. Pero este nombrar no es posible, como creen algunos, "porque el hombre es logos": el verdadero logos es el Demiurgo que ha designado a los entes; el pasú, después de su descubrimiento, sólo puede repetir aquello que estaba previamente asignado al ente.

Dejando para más adelante el problema del conocimiento, se puede entender ahora, luego de descifrar la primera operación de la razón, porque afirmábamos que "existe imposibi­lidad para el ser humano, pasú o virya, de percibir los Arquetipos universales a través de la es­fera sensorial": la imposibilidad existe siempre que la aprehensión sea racional y el ente aprehendido sea un ente exterior. Pero también hay que entender, y de una vez para siempre, que LA RAZÓN ES UNA FUNCIÓN DE LA MEMORIA ARQUETÍPICA; ES DECIR, DEL CEREBRO, Y QUE LA OPERACIÓN RACIONAL PRIMERA CONSISTE INVARIA­BLEMENTE EN LA ELIMINACIÓN DEL ARQUETIPO UNIVERSAL, TÉRMINO UNI­VERSAL DEL ENTE, POR COMPARACIÓN CON SU COPIA INVERTIDA. Esto ocurre así y no puede alterarse porque la memoria arquetípica es una ESTRUCTURA, es decir, un todo cuyas partes están sólidamente enlazadas mientras que la razón es una función que con­siste en vincular entre si ciertos elementos de esa estructura PERO SIN MODIFICAR a la es­tructura misma. En el cerebro, según la ciencia oficial, las "operaciones racionales" consisten en ciertas interconexiones bioeléctricas o "sinapsis" que se efectúan entre racimos de células especializadas; sin embargo, por mucho que uno piense, y por múltiples que sean las redes de interconexión neuronales que produzca tal pensar, jamás resulta modificada permanentemente la propia estructura celular del cerebro. Así como no es posible que la actividad neuronal mo­difique la estructura del cerebro tampoco la función racional modifica la estructura arquetípica; y esta equivalencia es exacta porque el cerebro y la memoria arquetípica son una y la misma cosa, sólo que la explicación neurofisiológica pertenece a la ciencia oficial de Occidente y la explicación estructural a la Sabiduría Hiperbórea.

La imposibilidad de percibir los Arquetipos universales que sostienen a los entes exter­nos se denomina también IRREPRESENTABILIDAD. Con esta palabra se quiere significar que no es posible la "representación", es decir, la visión mental, de los Arquetipos universales, lo que de ningún modo implica que no puedan ser CONOCIDOS. Pero el conocimiento ha de provenir de un enfrentamiento efectuado en un nivel suprarracional, en otra esfera: el pasú en la esfera (2) de preconciencia; el virya en la esfera (2) de conciencia.

Segunda operación: RELACIONAR.

La segunda operación de la razón se denomina INMANENTE porque consiste en esta­blecer relaciones entre objetos exclusivamente interiores de la estructura psíquica: cuando el ente ha sido descubierto, por la primera operación, establece relaciones entre su "designio par­ticular" INTERIORIZADO y los Arquetipos de la memoria arquetípica, y con los Arquetipos entre si. Pero, para explicar esta operación, es necesario describir previamente la ESTRUC­TURA CULTURAL, cosa que se hará en el próximo inciso.

Como conclusión de esta breve exposición de la memoria arquetípica cabe destacar que la razón, su función, en la primera operación TOMA AL ENTE EXTERNO Y, LUEGO DE ELIMINAR EL TERMINO UNIVERSAL, DESCUBRE LO PARTICULAR QUE HAY EN ÉL; ESTE IR DE LO UNIVERSAL A LO PARTICULAR ES LA ESPECIE MAS GENE­RAL DE "DEDUCCIÓN". LA ESENCIA DE LO DEDUCTIVO: TODA DEDUCCIÓN ES SIEMPRE A POSTERIORI DE ESTA PRIMERA OPERACIÓN, PERO, EN SU FORMA, DERIVABLE DE ELLA.

La primera operación es a priori de cualquier otro razonamiento sobre el ente porque es imprescindible para descubrir al ente y ponerlo bajo observación. Mas, al tomar al ente ex­terno, perdido en lo universal, y situarlo en lo interno como particular designio, se esta efec­tuando una DEDUCCIÓN TRASCENDENTAL.

Contrariamente, la segunda operación tomará al ente descubierto en su designio particu­lar y lo RELACIONARÁ con los Arquetipos de la memoria arquetípica, es decir, con LO UNIVERSAL DEL MICROCOSMOS; ESTE IR DE LO PARTICULAR A LO UNIVER­SAL ES LA ESPECIE MAS GENERAL DE INDUCCIÓN, LA ESENCIA DE LO INDUC­TIVO: TODA INDUCCIÓN SE DERIVA DE LA SEGUNDA OPERACIÓN. Mas, al tomar al ente internamente descubierto, y relacionarlo con Arquetipos del microcosmos, se está efec­tuando una INDUCCIÓN INMANENTE, es decir, circunscripta en el interior del ser-animal-hombre o pasú.

FUNCIONAMIENTO DE LA ESTRUCTURA CULTURAL DEL PASÚ

Con las mismas reservas y consideraciones que hicimos al proponer el Modelo de la esfera vamos a utilizar el "modelo estructural" para completar la descripción CONCEPTUAL de la estructura psíquica del pasú. ¿Por qué debemos emplear un nuevo modelo? Porque aquí vamos a desarrollar el siguiente concepto: la "memoria arquetípica (cerebro) es LO DADO, aquello que el animal-hombre hereda COMPLETO y que no puede modificar; sin embargo, fundado sobre la memoria arquetípica, hay ALGO QUE SE VA CONSTRUYENDO a lo largo de la vida: LA ESTRUCTURA CULTURAL. La respuesta es, entonces: para comprender a la estructura cultural, cuyo crecimiento es producto de las operaciones de la razón, utilizaremos el modelo estructural pues El mismo guarda las correspondencias necesarias y suficientes.

A - El modelo estructural

Lo primero que debemos hacer, antes de ocuparnos de la estructura cultural, es adquirir una noción clara sobre lo que es una "estructura". Para ello vamos a proceder inductivamente, partiendo de la intuición de una estructura geométrica simple y extendiendo dicha intuición a estructuras de mayor complejidad. En la figura 12 se ha representado una estructura geométrica elemental muy utilizada como modelo en física, conocida como "red cúbica centrada de un cristal". Es posible imaginar estructuras de este tipo en las cuales el polígono de la cara sea otro que el cuadrado, con lo cual se obtendrían no cubos sino poliedros tales como el "octaedro", "dodecaedro", "icosaedro", etc. Una red se compone del enlace de un conjunto de poliedros semejantes.

Sin embargo la red que necesitamos como modelo no se integra con poliedros semejan­tes sino que debe poder incluir en la estructura a todos los POLIEDROS POSIBLES y debe asegurar la POSIBLE CONEXIÓN de unos con otros.

Estudiaremos ahora la estructura geométrica de la figura 12. De la simple observación deducimos que se compone de cuatro elementos: ciertas protuberancias en los vértices y centro del cubo llamadas NUDOS; el ENLACE entre nudos; el ESPACIO que ocupa su extensión; y el TIEMPO que le permite durar o cambiar.

Pero lo primero que llama la atención es la interrelación que liga a todos los MIEM­BROS, dado que es posible llegar a cualquiera de los nudos partiendo de cualquier otro con sólo avanzar sobre los enlaces. Esta cualidad topológica nos permite enunciar que "en una es­tructura el todo condiciona a la parte". Mas, tal condicionamiento no proviene SOLAMENTE de los enlaces que impiden la independencia de los nudos: ADEMÁS, los miembros se articu­lan en la forma total de tal manera que, por ejemplo, en la figura 12 no podríamos quitar un nudo sin destruir la forma cúbica; y, TAMBIÉN, existe INTERACCIÓN entre los miembros puesto que, si en la misma figura atribuimos por ejemplo "MASA" a la estructura cúbica, re­sulta que al eliminar un nudo se altera el equilibrio estático que pudiese haber alcanzado.

Por otra parte, sometiendo a la estructura cúbica de la figura 12 a condiciones dinámi­cas, por ejemplo un desplazamiento o una rotación, puede concluirse que los miembros son SOLIDARIOS y que se hallan todos FUNCIONALMENTE COMPENETRADOS.

Resumiendo, podemos caracterizar a la estructura como UNA ORGANIZACIÓN O ENLACE DE MIEMBROS ARTICULADOS EN UN TODO, INTERDEPENDIENTES, SOLIDARIOS, IN­TERACTIVOS Y FUNCIONALMENTE COMPENETRADOS.



[1] Más adelante se estudiará una cuarta memoria “La Memoria de Sangre”, que está ligada a la “esfera de Voluntad Egoica”, una esfera propia del Virya Perdido y, por lo tanto, aún no definida. Sin embargo, tal como se pondrá de manifiesto en “C” del próximo inciso, existe otra importante memoria, denominada “conceptual”, situada “entre” la memoria arquetípica y la memoria representativa.

 

 

 

FIGURA 12

 

B - Nudos y enlaces de la estructura cultural.

La memoria arquetípica o cerebro es lo heredado, inmodificable; pero su función, la razón, es capaz de efectuar una construcción estructural permanente, al menos durante toda la vida del pasú. Mas esta construcción no procede de un acto de elección, de la voluntad del su­jeto, sino del modo de ser de la razón. En efecto, la razón por el solo hecho de actuar produce elementos de la estructura cultural, miembros que se enlazan con el todo y permanecen defini­tivamente articulados.

La función de la razón como productora de la estructura cultural obedece a la finalidad que el Demiurgo ha fijado para destino del pasú.: ser descubridor de entes y, desde los entes, ser productor de cultura. La cultura, aplicación gregaria, social o colectiva, del conocimiento de los entes es el hecho que verdaderamente "da sentido al mundo", por su carácter externo al microcosmos, por estar asentado en el macrocosmos. Más adelante tendremos ocasión de es­tudiar el hecho cultural en el marco histórico del Kaly Yuga.

Aplicaremos el modelo estructural recientemente expuesto para explicar el efecto estruc­turador de la razón. Recordando la cuádruple constitución de una estructura hemos de comen­zar preguntando ¿cuál es el ESPACIO en el cual se construye la estructura cultural? Respuesta: la estructura cultural es un substrato de las esferas afectiva y racional (ver figura 11).

Esta respuesta nos lleva al problema de la naturaleza de las esferas: ¿de qué son las es­feras? Aquí afirmamos la naturaleza ENERGÉTICA de la estructura psíquica del pasú y tal definición puede generar el prejuicio de que "se esta aplicando el concepto de "energía" a la psique". Contra esta objeción replicamos que, contrariamente, "porque la psique es energética existe concepto de energía".

Entonces, la substancia psíquica es la "energía", una forma superior de la materia en la cual esta se reduce a pura fuerza. El "espacio" en una esfera energética es siempre reductible a espacio vectorial, lo que justifica la elección del método estructural por sus correspondencias topológicas.

La estructura cultural, que se forma por la acción de la razón, tiene lugar en las esferas afectiva y racional como SUBSTRATO de éstas, es decir, que su sitio está en el fondo, en lo profundo, en la base: CERCA DE LA MEMORIA ARQUETÍPICA, DEL CEREBRO, que es quien soporta a las esferas afectiva y racional. Veamos ahora como se forma dicha estructura.

Recordemos la primera operación de la razón. La razón compara EN la memoria arque­típica al Arquetipo universal del ente con el Arquetipo invertido; de esta comparación resulta eliminado el Arquetipo universal del ente quedando solo el término particular o designio. Pero, para efectuar la comparación, la razón ha tenido que localizar al Arquetipo invertido y, una vez ubicado, confrontarlo con el ente, es decir, con la impresión que el ente externo ha producido en la sensibilidad racional, según definimos mas atrás. He aquí el origen de la estructura cultu­ral: COMO PRODUCTO DE LA LOCALIZACIÓN, QUE LA PRIMERA OPERACIÓN DE LA RAZÓN EFECTÚA EN EL ARQUETIPO INVERTIDO, OCURRE UN SEGUNDO EFECTO; EL PRIMER EFECTO ES LA ELIMINACIÓN DEL TÉRMINO UNIVERSAL; EL SEGUNDO LA ACTUALIZACIÓN, EN EL MICROCOSMOS, DEL ARQUETIPO IN­VERTIDO. El primer efecto es, pues, causa del segundo.

La primera operación de la razón produce así, además de la DEDUCCIÓN TRAS­CENDENTAL, en la cual elimina el término universal, una ACTUALIZACIÓN ARQUETÍPICA, en el microcosmos de la copia invertida del término universal eliminado. Dejemos de lado, por el momento, el primer efecto, la eliminación del término universal, y prestemos aten­ción a la actualización del Arquetipo invertido.

Si recordamos que la "memoria arquetípica" es análoga en el microcosmos al "plano arquetípico" del macrocosmos podremos comprobar que la actualización de un Arquetipo in­vertido es análoga a la de cualquier Arquetipo universal.

En el plano arquetípico los Arquetipos SON SERES PERFECTOS pero potenciales: LA ACTUALIZACIÓN DE UN ARQUETIPO CONSISTE EN SU MANIFESTACIÓN EN UN "PLANO DE REALIZACIÓN". Cuando este plano es, por ejemplo, LA MATERIA, la manifestación produce entes materiales que PARTICIPAN en mayor o menor grado de la per­fección arquetípica. En Oriente se dice que la manifestación de los Arquetipos en el plano ma­terial se efectúa por impulso del Aliento del Demiurgo, es decir, por un Soplo Cósmico, un pneuma universal. Pero este Soplo no es una mera expulsión rítmica puesto que posee DIRECCIÓN, puesto que esta "dirigida" al plano de realización: la DIRECCIÓN que determina al impulso plasmador de los Arquetipos universales a dirigirse al plano material, y no a cual­quier otro mundo, es la INTENCIÓN del Demiurgo. Esa intención es la que impulsa a los en­tes a evolucionar hacia la entelequia de los Arquetipos; y, como "Aliento" es sinónimo de "voluntad", se dice que la INTENCIÓN es la dirección de la voluntad del Demiurgo.

La entelequia es la finalidad a la que tienden los procesos fenoménicos que constituyen la realidad de los entes. Pero en todo ente hay, según hemos visto, dos finalidades: una univer­sal y otra particular. Ello se debe a la existencia, en todo ente, de una doble intención demiúr­gica: una primera intención plasma e impulsa el ente hacia la entelequia del Arquetipo del cual participa: es la "finalidad"; una segunda intención DESIGNA al ente un ser-para-el-hombre: es la "suprafinalidad". Por lo tanto EL ENTE ES EL ACTO DEL ARQUETIPO UNIVERSAL PERO UN ACTO ESENCIALMENTE INTENCIONADO, PRODUCIDO POR UN DI­RECCIONAMIENTO DE LA VOLUNTAD DEL DEMIURGO.

Consideremos ahora a la memoria arquetípica o cerebro del pasú, la cual es reflejo, copia invertida, del plano arquetípico. La razón es una función de la memoria arquetípica; pero la razón es algo que se mueve, que establece relaciones ¿cuál es la fuerza que impulsa a la ra­zón del pasú? Respuesta: la voluntad instintiva. La razón se DIRIGE hacia el Arquetipo in­vertido, de un ente dado a los sentidos, movida por la voluntad instintiva. Esto significa que la referencia establecida entre el Arquetipo invertido y el ente, a los efectos de la comparación, NO ES PASIVA SINO ACTIVA, no es estática sino dinámica, es decir, es INTENCIONAL. Naturalmente que una referencia semejante nada tiene que ver con la conciencia puesto que ésta es un sujeto histórico que aún no existía en el pasú. En todo caso tal referencia intencional era, y es, subconsciente.

El carácter intencional con que la razón se refiere al Arquetipo localizado es lo que pro­duce su actualización y, con ello, el crecimiento de la estructura cultural. Pero la actualización de un Arquetipo debe efectuarse en un "plano de realización" ¿cuál es, en el microcosmos, este plano en el cual los Arquetipos invertidos se manifiestan? Respuesta: la psique o "alma" del pasú; concretamente: en la profundidad de las esferas afectiva y racional. Esta respuesta coin­cide con la que habíamos dado anteriormente a la pregunta ""por el ESPACIO en el cual se construye la estructura cultural" pues dijimos entonces que esta era "un substrato de las esferas afectiva y racional". Ahora podemos completar el concepto diciendo que el espacio que ocupa una estructura cultural es el plano de realización de los Arquetipos de la memoria arquetípica; esto es: las esferas energéticas de la psique.

Aún no explicamos CÓMO se construye la estructura cultural sino DÓNDE ésta tiene lugar. Podremos comenzar esa explicación luego de exponer un concepto fundamental que, por su importancia, no debe ser olvidado en ninguno de los análisis posteriores.

Se trata de lo siguiente: TODO FENÓMENO PSÍQUICO ES DE CARÁCTER SÉ­MI­CO. Sin entrar en el problema de la CONTINUIDAD que la psique del pasú ha de mante­ner, en tanto que esfera energética, es indudable que toda psique es depósito de un contenido multifenoménico: el enunciado anterior afirma que LA DIVERSIDAD INMANENTE DE LO PSÍQUICO ES SÉMICA. Conforme a esto los contenidos psíquicos son simbólicos; pero no hay que confundirse: el símbolo no es un mero agregado al contenido psíquico, una propiedad de éste, sino el contenido mismo, SU ESENCIA. De este modo LO SÉMICO ES LA ESEN­CIA DE LO PSÍQUICO y, por eso, todo hecho que posea una terminación psíquica se mani­fiesta sémica o polisémicamente.

Estudiaremos ahora como se construye la estructura cultural. Ya adelantamos que el origen de la misma radicaba en la "actualización" que la referencia racional producía en el Ar­quetipo invertido como segundo efecto de la comparación. La actualización de un Arquetipo invertido, análogamente a la de un Arquetipo universal del macrocosmos, se manifiesta en un "plano de realización": la psique. Mas, por lo visto recientemente, tal manifestación HA DE SER SÉMICA.

El Arquetipo invertido actualizado, efectivamente, se manifiesta como SÍMBOLO en la esfera psíquica, el cual constituye un miembro de la estructura cultural ¿cuál miembro? : El que corresponde al "nudo" y al que vamos a denominar "PRINCIPIO" o "SÍMBOLO SIMPLE". En otros términos: cuando la razón localiza a un Arquetipo, EN la memoria arquetípica, la in­tencionalidad referencial lo impulsa a manifestarse en la psique adonde se estructura como PRINCIPIO o SÍMBOLO SIMPLE.

Consideremos ahora la primera operación de la razón, completa en sus dos efectos. Al comparar al ente con la memoria arquetípica se produce la confrontación del Arquetipo univer­sal del ente con su copia invertida, es decir, se oponen dos contrarios; de esta operación resulta como primer efecto la eliminación, o negación, del Arquetipo universal del ente y, con ello, el descubrimiento del designio o suprafinalidad; y como segundo efecto: la manifestación, o afir­mación, del Arquetipo invertido en la estructura cultural como Principio, es decir, ocupando el lugar de un "nudo". El primer efecto, según vemos, ha descubierto al ente en su designio; vea­mos que ocurre luego.

En primer lugar hay que calificar al descubrimiento del designio como una TRAS­CENDENCIA del ente externo quien, de ese modo, se sitúa MAS ACÁ de la esfera sensorial. En efecto, mientras el Arquetipo universal jamás puede ser visto fuera del ente, ni en el ente mismo, pues es absolutamente inmanente, el designio del ente esta pronto a ser-para-el-hom­bre, a trascender todas las barreras y revelarse en plenitud. En otras palabras: el designio pasa a ser un OBJETO INTERIOR.

Según dijimos anteriormente "no existe equivalencia en la memoria arquetípica para el designio de los entes" pues, justamente, la finalidad del animal-hombre es descubrir ese de­signio y dar sentido al mundo. Por eso el designio, como objeto interior, es sujeto de la segun­da operación de la razón: RELACIONAR. ¿Qué hace la razón con el designio del ente? Res­puesta: LO INTERPRETA.

Para interpretar el designio la razón BUSCA LOS ARQUETIPOS, de la memoria ar­quetípica, MAS ADECUADOS O CONGRUENTES Y CON ELLOS CONFORMA UN "ESQUEMA" DEL ENTE. Aquí no hay, como en la primera operación, ninguna eliminación de Arquetipos; por el contrario se produce la afirmación de uno o varios de ellos, necesarios para interpretar el designio. Es decir: como efecto de la segunda operación de la razón, que establece relaciones entre el designio del ente y la memoria arquetípica, se produce la actuali­zación de uno o varios Arquetipos. Pero "actualización" es manifestación en la esfera psíquica, en el ámbito de la estructura cultural. He aquí lo que ocurre: EL CONJUNTO DE ARQUETI­POS ACTUALIZADOS, QUE INTERVIENEN EN LA INTERPRETACIÓN DE UN DE­SIGNIO, SE MANIFIESTA EN LA PSIQUE COMO UN "SÍMBOLO COMPLEJO" QUE REPRESENTA AL ESQUEMA DEL ENTE Y SE ESTRUCTURA EN EL LUGAR DE LOS "ENLACES"; TALES ENLACES SE DENOMINAN: "RELACIONES".

Una estructura se construye con enlaces entre nudos; la estructura cultural es construida por la razón con RELACIONES ENTRE PRINCIPIOS. La estructura cultural es, así, una or­ganización psíquica, de substancia energética y de esencia sémica, cuyos miembros son símbo­los complejos que relacionan o enlazan a símbolos simples o Principios (arquetípicos).

Pero hasta ahora sólo hemos visto como se construye UN nudo y Un enlace. Nos falta saber como CRECE la estructura cultural y que relación guarda con la estructura psíquica total del pasú para, a partir de allí, comprender su funcionamiento. Este será el objeto del próximo articulo, luego que digamos dos palabras sobre la segunda operación de la razón.

La segunda operación, que anteriormente calificamos de INDUCCIÓN INMANENTE, consiste, según vimos ahora, en INTERPRETAR el designio del ente mediante relaciones entre Arquetipos de la memoria arquetípica. Esta operación, "INTERPRETAR", supone, bien que se mire, la existencia de un CRITERIO. Pero tal "criterio" no es producto de la "decisión" del pasú sino que, por el contrario, toda decisión es a posteriori del mismo y esta condicionada por el. Es así porque se trata de un CRITERIO PATRÓN. La razón opera impulsada por la volun­tad instintiva, es decir, sujeta a patrones de conducta, y la segunda operación se ajusta a un patrón que es una forma pura de criterio. Pero este "criterio racional", que interviene a priori del entendimiento, es manifiestamente hereditario pues constituye una forma o modo de la razón, es decir, de una función de la memoria arquetípica o cerebro, el cual es "dado" porque es heredado. Con esto queremos destacar que la interpretación del designio ha de variar de un pasú a otro según el grado de precisión que el criterio racional hereditario le permita alcanzar a cada uno.

 

C - La estructura cultural como memoria.

Un "nudo" de la estructura cultural o Principio es la correspondencia sémica de un Ar­quetipo de la memoria arquetípica; un "enlace" o Relación es la correspondencia sémica del "designio" de un ente, su esquema, según la interpretación efectuada por la razón. Desde que se inicia la vida del pasú, desde que se halla expuesta a la impresión de los entes del mundo su esfera sensorial, múltiples nudos y enlaces semejantes van siendo agregados a la estructura cultural por la actualización arquetípica que produce la razón.

La estructura cultural CRECE, pues, constantemente, tanto en el número de miembros como en la complejidad de la trama, en tanto que lo ya estructurado PERMANECE como substrato de las esferas afectiva y racional. Esta permanencia plantea inevitablemente el pro­blema del tiempo, es decir, el de la relación entre el tiempo trascendente o tiempo de los entes y el tiempo inmanente o tiempo psíquico, cuya solución se dará mas adelante. Pero, aun cuan­do no hayamos entrado en dicho problema, ha de entenderse que la "permanencia" de la estruc­tura cultural la convierte en una especie de memoria, pero no "arquetípica", como el ce­rebro, sino "experimental", es decir, producto de la experiencia de los entes. La memoria ar­quetípica es pasiva y estática; hereditaria. La estructura cultural, en tanto que memoria, es ac­tiva y di­námica: experimental. Por motivos que veremos luego la estructura cultural es deno­minada por la Sabiduría Hiperbórea, también: MEMORIA CONCEPTUAL.

Desde luego, los objetos de esta memoria, lo verdaderamente memorizado, son las RE­LACIONES entre Principios, ya que los "principios" son meras actualizaciones sémicas de los Arquetipos de la memoria arquetípica. Las Relaciones, o enlaces, de la estructura cultural constituyen para el pasú la "verdad" de los entes, puesto que representan la interpretación ra­cional del designio, y, por lo tanto, una explicación del funcionamiento de la estructura psíqui­ca ha de apuntar principalmente a exponer la naturaleza de tales enlaces o Relaciones. No debe extrañar, entonces, que dediquemos a éstos la mayor parte de los próximos artículos.

 

D - Principios y Relaciones como SISTEMAS.

Si recordamos nuestra convención anterior sobre que, salvo aclaración en contrario, todas las explicaciones se ejemplificarían con entes externos, podemos ahondar en la definición de Relación.

Para el pasú una relación es, ante todo, la VERDAD del ente. Mas, aquí hay que obser­var que no decimos LA ESENCIA sino LA VERDAD del ente: esta distinción indica que la esencia del ente es el DESIGNIO, en tanto que la Relación es un correlato racional, la interpre­tación del designio o ESQUEMA, lo verdaderamente conocido, y, por lo tanto, la VERDAD del ente.

La verdad del ente es "memorizada" por la estructura cultural como símbolo complejo o Relación, vale decir, como enlace sémico entre Principios o símbolos simples. Ahora bien ¿de qué se compone un símbolo complejo?: de un conjunto de símbolos simples ESTRUCTURA­DOS para constituir el ESQUEMA del ente. Un símbolo complejo, Relación o enlace de la estructura cultural, es, a su vez, una estructura sémica de grado menor denominada "SUBESTRUCTURA". Esta propiedad del símbolo complejo o Relación, de ser una subes­tructura de símbolos simples plantea un problema que exige aclaración antes de continuar con su estudio.

En efecto, si un símbolo complejo o Relación es un enlace entre símbolos simples o "Principios", ¿pueden estar estos Principios TAMBIÉN incluidos en el conjunto de símbolos simples en que consiste el símbolo complejo? es decir ¿pueden estar REPETIDOS los Princi­pios en la estructura cultural? Respuesta: Los símbolos simples tanto pueden existir como Principios en el lugar de los nudos o como elementos constituyentes de los símbolos complejos en el lugar de los enlaces; LA DIFERENCIA RADICA EN LA POTENCIA: LOS "PRINCIPIOS" SON "POTENCIAS PASIVAS" EN TANTO QUE LAS "RELACIONES" SON "POTENCIAS ACTIVAS". Pero como el concepto de "potencia" requiere la considera­ción del TIEMPO TRASCENDENTE no entraremos ahora en su definición pues ello se hará mas adelante. Suspendiendo hasta entonces, pues, tal definición recordemos que los Principios provienen de la primera operación de la razón, cuando se compara el Arquetipo universal del ente con el Arquetipo invertido de la memoria arquetípica: es esta referencia intencional la que actualiza el Arquetipo en la estructura cultural como Principio o POTENCIA PASIVA; pero la eliminación del Arquetipo universal ha causado el descubrimiento del designio, del ser-para-el-hombre del ente, y a esa revelación la razón la interpreta mediante la segunda operación, que consiste en referir el designio a los Arquetipos necesarios para obtener un esquema; los Ar­quetipos de referencia, entre los que puede figurar el mismo que se empleo para eliminar el universal, se actualizan en la estructura cultural formando un símbolo complejo, Relación o POTENCIA ACTIVA.

La representación, en la estructura cultural, de un Arquetipo invertido como "nudo" se denomina: Principio; si además el mismo Arquetipo esta representado en una Relación como elemento sémico de su subestructura, tal elemento se denomina SÍMBOLO ARQUETÍPICO. Si un símbolo arquetípico y un Principio representan al mismo Arquetipo, solo difieren en la potencia: el Principio posee "potencia pasiva" y el símbolo arquetípico, como toda la Relación, tiene "potencia activa".

El mismo Arquetipo invertido puede, así, tener una correspondencia simbólica con un Principio o un elemento sémico de la Relación. Sin embargo es fundamental entender esto: si bien un mismo símbolo simple tanto puede representar a un Principio como a un elemento sémico de una Relación, JAMÁS SE ESTRUCTURARÁ MÁS DE UNA VEZ COMO "PRINCIPIO" O "NUDO" Y, EN CAMBIO, SE SUBESTRUCTURARÁ INCONTABLES VECES COMO ELEMENTO SÉMICO DE "RELACIONES" O "ENLACES".

Esto quiere decir que, una vez que la razón ha COMPARADO a un ente con un Arque­tipo y éste se ha manifestado y estructurado como Principio o potencia pasiva, no importa el número de veces que tal operación se vuelva a efectuar, con ese o con otros entes: EL AR­QUETIPO JAMÁS SE MANIFIESTA MAS DE UNA VEZ COMO PRINCIPIO. EN TODO CASO LO QUE OCURRE ES QUE LAS REITERADAS REFERENCIAS RACIONALES A UN ARQUETIPO, PARA SU COMPARACIÓN, INCREMENTAN LA POTENCIA PA­SI­VA DEL PRINCIPIO O NUDO CORRESPONDIENTE. La mayor potencia es necesaria por­que, siendo los Principios algo único en la estructura cultural, DEBEN SOPORTAR A TO­DAS LAS RELACIONES QUE SE REFIERAN A ELLOS. Estamos en el caso, por ejemplo, en que un determinado nudo de la figura 12 tuviese que soportar incontables enlaces; habría, para ello, que preveer alguna manera de reforzar el nudo a cada nuevo enlace, evitando así que se debilite la estructura; este "refuerzo" lo efectúa, en los Principios, el incremento de potencia pasiva.

Esta condición de nudo único, irrepetible, que tiene cada Principio ha de dar una idea de la complejidad de la estructura cultural. Piénsese en cualquier Principio, por ejemplo el número uno, y se podrá imaginar la impresionante cantidad de Relaciones con las cuales ha de estar enlazado en nuestra propia estructura cultural.

Hasta aquí ha quedado aclarado el hecho de que un Arquetipo este representado por un único Principio y TAMBIÉN por muchísimos símbolos simples subestructurados en las distin­tas Relaciones. A continuación pasaremos a estudiar, con mayor detalle, la complexión de las Relaciones.

En el modelo estructural que estamos empleando una Relación entre Principios es aná­loga a un enlace entre nudos de la figura 12, vale decir, a UN BARROTE CILÍNDRICO tal como el representado en la figura 13. Las DIMENSIONES REALES del enlace son allí el es­pacio, el tiempo y la substancia. Naturalmente, el espacio ocupado por el cilindro puede carac­terizarse a su vez por dimensiones cualitativas tales como la longitud, el ancho o espesor, la superficie, el volumen, etc.

La analogía entre Relación y enlace cilíndrico nos va a permitir definir ciertas dimen­siones características. En una Relación el tiempo y la substancia se reducen en el concepto de POTENCIA, que será definido en el próximo inciso; en cuanto al "espacio", la analogía se es­tablece con respecto a la longitud y al volumen de un enlace cilíndrico. Resumiendo, toda Re­lación se define en base a TRES dimensiones: su EXTENSIÓN, análoga a la LONGITUD; su COMPRENSIÓN, equivalente al VOLUMEN; y su POTENCIA.

Menos la potencia, vamos a definir "extensión" y "comprensión", haciendo la aclaración de que, en general, deberán considerarse válidos, no sólo para esquemas de entes externos, sino para todas las Relaciones, cualquiera sea el ente representado.

La extensión de una Relación, análoga a la longitud de un enlace, denota la clase de to­dos los símbolos simples que intervienen en la subestructura del símbolo complejo o Relación. Cuanto más extensa es una Relación tanto mayor es la cantidad de elementos sémicos que abarca.

La comprensión de una Relación, análoga al volumen del enlace, indica cuan cerca está la verdad esquemática de coincidir con la esencia del ente o designio. La comprensión es así la subestructura misma, el esquema sémico del ente cuya verdad representa la Relación. Por eso su exactitud para COMPRENDER la esencia del ente depende de la interpretación efectuada por la segunda operación de la razón, es decir, depende del criterio hereditario. Un mayor vo­lumen del enlace equivale a una mayor comprensión de la Relación., vale decir, la Relación es más comprensiva en propiedades correspondientes al designio estructuradas como símbolos simples.

Hemos hablado de los Principios y de las Relaciones y ahora sabemos algo más de am­bos; pero si lo consideramos en conjunto y prestamos atención a algunas propiedades comu­nes, pronto estaremos en condiciones de estudiar en su totalidad el funcionamiento de la estruc­tura cultural del pasú, tal como prometía el titulo de este inciso.

Ante todo notemos que los Principios no proceden DE una intuición sensible sino que han sido estructurados POR efecto de ella. Los Principios, en tanto representación sémica de Arquetipos innatos, son a priori de todo razonamiento o reflexión y determinantes del enten­dimiento. El pasú los "ENCONTRARA" o intuirá y los identificara con "símbolos puros", "ideas innatas", "números", "categorías mentales", etc., o los llamará impropiamente "arquetipos".

Por el contrario, las Relaciones tienen su origen en la intuición sensible O SON PU­RAS CREACIONES DE LA RAZÓN. Ellas constituyen, para el pasú, la substancia de todo pensamiento racional.

Es evidente que la estructura cultural se compone de un pequeño número de Principios y un incontable número de Relaciones. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la estructura cúbica de la figura 12, las condiciones impuestas a la estructura cultural, "debe poder incluir a todos los poliedros posibles y debe asegurar la posible conexión de unos con otros", causa que una Relación. PUEDA CONECTARSE CON MÚLTIPLES PRINCIPIOS. No estaríamos enton­ces en la analogía del barrote cilíndrico y ello puede suponer una invalidación de nuestras conclusiones. Por eso, para disipar toda duda y facilitar la exposición, vamos a emplear la no­ción de SISTEMA.

En la estructura no existen partes sino miembros, que son solidarios, interactivos, inter­dependientes, etc., con el todo. De aquí que un SISTEMA, que puede ser un sector o toda la estructura, deba ser considerado como una abstracción arbitraria antes que como una "parte". La morfología estructural divide a los sistemas en simples y complejos.

Conforme a esto vamos a definir, en general, a un "sistema" como: LA CLASE DE TODAS LAS RELACIONES QUE SE ENLAZAN CON PRINCIPIOS COMUNES.

Asimismo, un "sistema simple" es: LA CLASE DE TODAS LAS RELACIONES QUE SE ENLAZAN CON UN PAR DE PRINCIPIOS OPUESTOS. Es conveniente definir una operación denominada REDUCCIÓN en los siguientes tér­minos: EN TODO SISTEMA SIMPLE EXISTE UNA FUNCIÓN ENTRE LOS PRINCI­PIOS Y LAS RELACIONES TAL QUE SIEMPRE ES POSIBLE ASIMILAR LOS SÍMBOLOS SEMEJANTES DE CADA RELACIÓN Y "REDUCIR" EL NÚMERO DE ENLACES. Por reducción sistemática siempre será posible simplificar topológicamente la red poliédrica hasta su mínima expresión: UN ENLACE Y DOS NUDOS, o sea, una Relación entre dos Principios. Se llega así a un sistema mínimo, representado en la figura 13, en el cual la Rela­ción se enlaza en el principio y fin de su "extensión" con dos Principios opuestos: se dice en­tonces que se trata de una RELACIÓN DIALÉCTICA. La reducción sistemática, considerada como función mental, es llamada también SÍNTESIS RACIONAL.

 

FIGURA 13

 

Es claro que el sistema mínimo de la figura 13 es una "subestructura", de acuerdo a la definición que dimos anteriormente sobre "símbolo complejo". Consecuentemente podemos generalizar la reducción para todo sistema simple de la siguiente forma: TODO SISTEMA SIMPLE ES UNA SUBESTRUCTURA SUSCEPTIBLE DE REDUCCIÓN SEMIÓTICA. Pero, y esto debe ser más claro aún, SÓLO LAS RELACIONES SON REDUCTIBLES: LOS PRINCIPIOS SON ABSOLUTAMENTE IRREDUCTIBLES. De cualquier manera, si todo sistema simple puede ser llevado a la forma de la figura 13, se confirma la validez general de las definiciones anteriores sobre Principios y Relaciones.

  

 

FIGURA 11 b

 

Ya estamos en condiciones de exponer el concepto de sistema complejo: ES UNA SUB­ESTRUCTURA QUE POSEE 'n' PARES DE PRINCIPIOS OPUESTOS Y QUE, POR REDUCCIÓN SISTEMÁTICA, SE DESCOMPONE EN UN CONJUNTO DE 'n' SISTEMAS SIM­PLES.

En adelante, cuando digamos "sistema", deberá entenderse "sistema simple", salvo acla­ración en contrario.

 

E - El pensamiento racional del pasú.

Después de tan extensas descripciones seguramente deseamos conocer como PIENSA el pasú. Desde luego, las operaciones primera y segunda de la razón implican ya un PENSAR, como también lo es la actividad de la estructura cultural y de la esfera de conciencia. Para evi­tar confusiones, comenzaremos por definir el significado de estos términos y especificar su alcance.

"PENSAR" es la actividad de la "estructura psíquica", compuesta, según la figura 11 b (comparece con la figura 11), por las esferas "afectiva" (4), "racional" (3) y "de conciencia" (2). De este modo, resulta claro que "el pensar" es una actividad que puede suceder en cual­quiera de tales esferas. En otro inciso, sin embargo, se demostrara que el pensar obedece a una "secuencia jerárquica" inevitable: temporalmente el pensar se localiza primero en la estructura del cerebro; el cerebro vivo construye la estructura cultural que, a posteriori, también es ani­mada por el pensar; la estructura cultural viva construye la esfera de conciencia y, a posteriori también es animada por el pensar.

Cuando digamos, por ejemplo, "el pensar" o "por causa del pensar", etc., ha de supo­nerse que tal "pensar" puede ocurrir en cualquier esfera de la estructura psíquica y se ha de in­dagar, en el texto, por la referencia adecuada.

Siempre anticipando definiciones, que más adelante serán debidamente fundamentadas, consideremos que "el pensamiento es el momento del pensar". En otras palabras: "el pensa­miento es el acto momentáneo del pensar". En el próximo inciso veremos que tal "momento" presenta una doble temporalidad: por una parte registra una "duración real" en el tiempo tras­cendente o "tiempo del macrocosmos", y por otra registra un tiempo inmanente proporcional a la intensidad energética del pensamiento.

Por otro lado, el microcosmos particular del pasú., es producto de una mónada y de un Arquetipo. Es decir: la mónada sostiene al microcosmos particular que evoluciona según el proceso de un Arquetipo universal o Manú. Pero la mónada no "'desciende" jamás a la materia sino que se manifiesta en el microcosmos como un ser de muy sutil entidad que tiene por fun­ción: asimilar el grado evolutivo alcanzado y mantenerlo cuando se produzca la desintegración orgánica llamada muerte. Este ser es "el alma" del pasú.

El alma es quien aporta al microcosmos la herencia genética no biológica de la evolu­ción y es quien, al desencarnar, mantiene lo evolucionado en esa vida para aplicarlo en la vida de otros microcosmos, avanzando siempre hacia la entelequia. Se entiende, entonces, que el alma, por su función de sostenerlo e impulsarlo hacia la individuación entelequial, DEBE ES­TAR PRESENTE EN TODO PUNTO DEL MICROCOSMOS. En verdad no existe función en el microcosmos que no se encuentre fundamentada en ultima instancia por el alma, pero, desde el punto de vista estructural, conviene distinguir entre sus distintas FACULTADES. Por FACULTAD del alma ha de entenderse a la POTENCIA con que ella ACTÚA en una estruc­tura. En este sentido la SENSIBILIDAD y la INTELIGENCIA son, por ejemplo, FACULTA­DES. Ahora bien: EN EL PASÚ "EL PENSAR" ES LA PRINCIPAL FACULTAD DEL ALMA. O, con otras palabras, el pensar es la manifestación del alma en la estructura psíquica. Pero esta manifestación tiene un carácter inconfundible: es la única facultad con la que el alma expresa directamente la unidad de la mónada. Por eso se dice que "el pensar es el acto de un SUJETO pensante": el alma como SUJETO, un sujeto que tiende permanentemente a afirmar su propia individualidad, es el reflejo inequívoco de la unidad de la mónada.

Dijimos al comienzo que "el pensar" puede suceder en cualquier esfera de la estructura psíquica.; el concepto de SUJETO pensante nos va a permitir entender con más precisión a esta facultad del alma. Ante todo hay que atender al siguiente principio: TODO SUJETO RE­QUIERE UNA ESTRUCTURA EN LA CUAL MANIFESTARSE. Vale decir, NO PUEDE EXISTIR EL SUJETO SIN UN VEHÍCULO PARA SU MANIFESTACIÓN; lo que existe siempre, aun después de la muerte del pasú., es el alma transmigrante, pero NO EL SUJETO que sólo es un aspecto del alma característico del estado de encarnación: UN OBJETIVO DE LA FINALIDAD DEL PASÚ. En síntesis: EL SUJETO ES FUNCIÓN DE LA ESTRUCTU­RA.

En el microcosmos, para exponer nuestra tesis sobre la estructura psíquica original del pasú y el posterior encadenamiento del Espíritu, hemos distinguido tres estructuras básicas: la memoria arquetípica o cerebro, la estructura cultural y la esfera de conciencia. Pues bien, cada una de tales estructuras puede ser animada por el sujeto pensante, de acuerdo al principio re­cién examinado. Sin olvidar que se trata siempre de UN MISMO SUJETO, vamos a denomi­nar: "sujeto racional" o "razón" al pensar localizado en la memoria arquetípica o cerebro; "sujeto cultural" al pensar que ocurre SOBRE la estructura cultural; y, por ultimo, "sujeto consciente" o "histórico" al pensar propio de la esfera de conciencia y que será el tema princi­pal de estudio del próximo inciso.

La fuerza que "mueve" al sujeto es la voluntad. Así, la "voluntad instintiva" permite actuar a la "razón", o sujeto racional, en la memoria arquetípica; la "voluntad cultural" impulsa al sujeto cultural a animar la estructura cultural; y la "voluntad consciente" hace posible que el sujeto consciente anime a la esfera de conciencia. En la figura 11 b puede comprobarse que en la representación analógica sistemática de círculos excéntricos el recinto (5) corresponde a la "voluntad cultural", la cual es activa en las tres esferas (2), (3) y (4) por causas que se explica­ran en 'F' del próximo inciso. En cambio el recinto (6), de la voluntad instintiva, sólo esta for­mado por la intersección de las esferas (3) y (4), lo que significa que "la razón" es volitivamen­te independiente de la esfera de conciencia (2): puede actuar, y de hecho actúa siempre, "instintivamente", vale decir, automáticamente.

En todo lo que sigue del presente inciso nos concentraremos en la descripción y el aná­lisis funcional de la estructura cultural, motivo por el cual toda referencia o mención del "pensar" deberá ser entendido como correspondiente al sujeto cultural (o al sujeto racional, o "razón", por constituir el constructor de la estructura de Principios y Relaciones, según ya se explicó). Con este criterio, del "pensamiento", sólo nos referiremos al que producen los sujetos instintivo y racional y lo denominaremos "PENSAMIENTO RACIONAL", para diferenciarlo de los pensamientos irracionales que se estudiarán en otro inciso. Por el mismo motivo, dire­mos: "el pensar racional", aludiendo a aquel pensar que sólo aprehende pensamientos raciona­les. Naturalmente que tal "aprehensión" sólo es posible porque el pensar es un SUJETO VO­LITIVO.

Teniendo en cuenta todas estas definiciones y aclaraciones podemos ya considerar la siguiente propiedad: EL PENSAMIENTO RACIONAL DEL PASÚ SE ORIGINA, EN TO­DOS LOS CASOS, "SOBRE" LA ESTRUCTURA CULTURAL Y, DESDE ALLÍ, EMER­GE HACIA LOS ESTRATOS SUPERIORES DE LA PSIQUE, VALE DECIR, HACIA LA ESFERA DE CONCIENCIA. Tal tránsito del pensamiento sólo puede ser entendido a la luz de los conceptos de "potencia" y "tiempo", que se estudiarán en el siguiente inciso. Aquí va­mos a ceñir la explicación en torno al origen del pensamiento racional, puesto que el mismo se produce EN la estructura cultural.

¿Cómo debe entenderse, entonces, que el pensamiento se produce SOBRE la estructura cultural? Respuesta: LITERALMENTE. Es decir, si no olvidamos que "la estructura cultural" es un modelo analógico la respuesta es literal: el pensamiento se produce SOBRE la estructu­ra, EN sus Principios y Relaciones, o sea, EN los sistemas; por eso el pensamiento racional es SISTEMÁTICO.

Como esta respuesta no nos permite ver gran cosa trataremos de entenderla mediante una alegoría. Supongamos que practicamos la vivisección de un animal y, por medio de una craneotomía, dejamos expuesto su cerebro. Lo observamos atentamente y afirmamos: "es una estructura celular"; y: "está viva". Pero, luego de una más atenta inspección, vemos que existen diferentes tipos de actividad en el seno de dicha estructura: bioeléctrica, bioquímica, neurónica, hemática, etc. Si queremos caracterizar tal diferencia de actividad podemos tomar como pará­metro común el "movimiento"' y advertir que en los fenómenos bioeléctricos lo que se "mueve" son "iones"'; en los bioquímicos "moléculas"; en los neurónicos la misma célula, estimulada por un impulso nervioso, se conecta con otra, se "'mueve", produciendo sinapsis; en los hemáticos una "molécula proteica", etc. Vale decir: en el amplio marco de la "vida", que caracteriza a dicha estructura celular o cerebro, distinguimos varios "movimientos" diferentes que provie­nen de distintas áreas de actividad funcional ¿cómo hemos DISTINGUIDO estos movimientos, cómo se han hecho CLAROS para nosotros? Los hemos distinguido, en primer lugar, porque no consideramos al cerebro en su totalidad, como un todo orgánico, sino que hicimos abstrac­ción de ciertas partes: las células, las arterias, venas y tejidos, etc. Y, en segundo término, se han hecho claros porque observamos lo abstraído bajo distintas luces y ópticas.

Observemos ahora la compleja red de la estructura cultural. Cuando decimos que el pasú "piensa" estamos en un caso análogo al de "el cerebro vive": implicamos la actividad esencial del organismo. El "pensar" es el estado de actividad esencial de la estructura cultural, análogo a la "vitalidad" de la estructura celular del cerebro. Pero en este distinguíamos ciertos movimientos, propios de las funciones orgánicas, que se hacían claros al abstraer dichas fun­ciones de la totalidad estructural y observarlas por separado, es decir, al ENCUADRAR FORMALMENTE EL ÁREA FUNCIONAL Y CONSIDERARLA COMO FENÓMENO EN SÍ. Del mismo modo un "pensamiento racional del pasú" es un movimiento DISTINTO Y CLARO que se produce en ciertas regiones de la estructura cultural. Con otras palabras: el pensar es la "vitalidad" de la estructura cultural y el pensamiento es la "vivencia" de un siste­ma, en tal estructura.

La estructura está, entonces, plena de actividad mental, como el cerebro "bullente de vida". El pasú efectúa una operación racional y UN MOVIMIENTO ESPECIAL SE PRO­DUCE "SOBRE" UN SISTEMA: ES EL PENSAMIENTO RACIONAL. Pero entendemos ahora por qué aquella respuesta debía ser interpretada literalmente: el pensamiento racional es sólo una actividad localizada SOBRE un sistema de la estructura cultural. Sin embargo este "SOBRE" no debe dar lugar a equívocos: el pensamiento no es una actividad que ocurra en la superficie de los elementos del sistema, no es en este sentido superficial que decimos "SOBRE". El pensamiento es ALGO DISTINTO DEL SISTEMA y por eso ocurre SOBRE el sistema; puede desplazarse de un sistema a otro o permanecer SOBRE uno de ellos. Y todo esto lo puede hacer porque el pensamiento racional es la vivencia del sistema o el sistema vi­venciado como pensamiento, es decir, lo efectivamente mentado durante el pensar.

Una manera analógica de imaginar el hecho de que en una estructura cultural ocurre un pensamiento racional sobre un sistema es suponer que en ese momento el sistema se ILUMI­NA. Por ejemplo, en una estructura como la de la figura 12, el pensamiento de un "sistema cúbico" haría "iluminar" solamente los nueve nudos y los veinte enlaces del cubo y ningún otro nudo ni enlace adyacente. En base a tal suposición, que ya veremos no carece del todo de fun­damento real, hablaremos analógicamente de que tal o cual sistema "fue iluminado por un pen­samiento".

Nos preguntábamos al comienzo como seria un pensamiento racional del pasú y ahora sabemos que el mismo se produce, como parte de la actividad del pensar en que consiste la vitalidad de la estructura cultural, SOBRE un sistema y que éste se ilumina cuando ello ocurre. Ahora bien, estos pensamientos no se producen espontáneamente en la estructura cultural sino que son causados por cualquiera de los dos primeros sujetos: o por el sujeto instintivo, vale decir, por las dos operaciones de la razón; o por el sujeto cultural, el cual sólo existe, natural­mente, a posteriori de la estructura cultural.

Hasta ahora consideramos a "la razón" como estructuradora de esquemas pero es fácil advertir que la esfera sensorial no siempre es afectada por nuevos entes o que la razón puede efectuar operaciones mentales no referidas a entes externos. Por más primitivo que sea el pasú, siempre puede efectuar abstracciones intuitivas sobre los entes, es decir, puede diferenciarlos, extraerlos de entre los restantes entes, y puede, también, decidir sobre ellos. En estos casos, aunque la estructura cultural esté en proceso de formación y aún no exista un sujeto cultural independiente, las operaciones de la razón hacen las veces de "sujeto instintivo" y son capaces de producir pensamientos en la estructura cultural. El proceso es el siguiente: la segunda ope­ración de la razón establece referencias entre Arquetipos de la memoria arquetípica o, lo que es lo mismo, en la red neurofisiológica del cerebro se generan por sinapsis ciertos caminos bioe­léctricos; el pensamiento racional se produce porque, SIMULTÁNEAMENTE con tal ac­tivi­dad cerebral, se "ilumina" un sistema de la estructura cultural, o sea, el pensar cultural per­cibe la vivencia de un sistema. La pregunta es ¿en virtud de qué proceso el "camino neurónico" se transfiere a la estructura cultural como "sistema"? Respuesta: Entre la memoria arquetípica o estructura del cerebro y la estructura cultural funciona una CORRESPONDENCIA BIUNÍ­VOCA.

Debemos aclarar que aquí se emplea el vocablo "biunívoco" en el sentido restringido de "correspondencia en ambos sentidos" de las estructuras y de ninguna manera implica un ho­meomorfismo matemático sino ANALÓGICO. Se trata, pues, sólo de un concepto didáctico utilizado por comodidad, como todo el modelo estructural también lo es, sin prejuicio de que tal modelo pueda describir o no la verdad de los hechos reales. Sólo seremos capaces de asegu­rar que, en la correspondencia biunívoca entre una configuración bioeléctrica producida en el cerebro por el sujeto instintivo y la estructura cultural, se transfiere a ésta un esquema equiva­lente que conserva de la primera tan sólo sus invariantes topológicos, es decir, sus cualidades esenciales.

Al decir que entre ambas estructuras existe una correspondencia biunívoca estamos afirmando la POSIBILIDAD de que se produzca la transferencia en los dos sentidos, vale de­cir, que la actividad de la razón produzca pensamientos en la estructura cultural como que ciertos pensamientos de la estructura cultural, generados en ella por el sujeto cultural, causen actividad en la memoria arquetípica. Sin embargo, ya lo hemos aclarado, sólo puede haber transferencia en el último sentido a posteriori de la estructura cultural, es decir, cuando real­mente existe un sujeto cultural en el pasú.

En resumen, en dos estructuras biunívocamente correspondientes como las que hemos descripto, existe SOLIDARIDAD FUNCIONAL y, como consecuencia, SIMULTANEIDAD DE PROCESOS. Es decir que, "ACTIVIDAD" es una estructura, implica "SIMULTÁNEA ACTIVIDAD" en la otra. Un movimiento de la razón causa un movimiento simultáneo en la estructura cultural: la iluminación de un sistema, por ejemplo; pero un POSIBLE movimiento en la estructura cultural, la iluminación de un sistema, por ejemplo, causa simultáneamente la actividad de la función racional. Estamos así ante un círculo vicioso en el que no parece fácil decidir, DADO UN MOVIMIENTO SIMULTÁNEO EN AMBAS ESTRUCTURAS, cual es causa y cual es efecto. Pero la solución ya fue adelantada: en el pasú el pensamiento es produ­cido habitualmente por la actividad del sujeto racional.

En el comentario B de este inciso preguntamos ¿cuál es la fuerza que mueve a la razón del pasú? y la respuesta fue: la "voluntad instintiva". Esta seria, pues, la "fuerza" que pone en movimiento la actividad simultánea de las estructuras cultural y cerebral. Pero en el inciso "Estructura psíquica del animal-hombre o pasú" la voluntad instintiva se definió como "ajustada a múltiples patrones de conducta" que motivaban "que el comportamiento fuese casi mecánico". La conclusión que hay que sacar de todo esto es la siguiente: el pasú posee la po­sibilidad de desarrollar un sujeto psíquico que genere sus propios pensamientos y cause la ac­tividad de la razón; mientras esa evolución se realiza, y en tanto no se dispone de un sujeto in­dependiente de la razón, la "voluntad instintiva" determina la función de la razón de acuerdo a la forma de los patrones de conducta. Naturalmente, tales "patrones" son formidables especia­lizaciones del instinto animal elaboradas tras millones de años de evolución del Arquetipo Manú. Según veremos más adelante, sólo cuando el Espíritu Hiperbóreo fue encadenado al pasú se consiguió que en estos híbridos, los "viryas", se desarrollara la esfera de conciencia y el sujeto consciente; el microcosmos tendió, así, a la AUTONOMÍA ÓNTICA, en pareja me­dida a como la estructura psíquica, controlada por el sujeto consciente, tendía a la CON­CIENCIA DE SI MISMO o INDIVIDUALIDAD.

Como aquí estamos estudiando "el pensamiento racional del pasú" debemos olvidar por el momento a los viryas y admitir que la actividad de la estructura cultural está habitualmente determinada por el sujeto instintivo, cuando no opera el sujeto cultural. En tales condiciones ocurre que, por causa de una operación de la razón, la cual actúa motivada, por ejemplo, por un patrón alimentario, se produce en la estructura cultural la iluminación de un sistema: es éste un pensamiento racional, la vivencia del esquema de un ente. De la "profundidad" del pensa­miento dependerá que se vivencien parte o todos los elementos sémicos de que se compone el sistema cuyo contenido es el esquema del ente. Pero no olvidemos que definimos analógica­mente al pensamiento racional como una abstracción formal de la estructura, como una viven­cia que se localiza sobre un sistema y, a partir de allí, emerge hacia regiones más elevadas de la estructura psíquica. Ya veremos de qué depende que ello ocurra, pero adelantemos que una emergencia tal del pensamiento se experimenta como si este fuese un fenómeno independiente de la estructura cultural, como si surgiese espontáneamente en los estratos superiores de la psique.

 

F - Significación y designio demiúrgico.

Consideremos la estructura cultural y definamos en ella el concepto de CONTINUI­DAD. En una estructura la continuidad es una propiedad topológica, es decir, cualitativa, que intuitivamente se puede definir como: la posibilidad de "partir" desde un nudo cualquiera y "llegar" hasta cualquier otro con sólo desplazarse sobre los enlaces; vale decir: la continuidad exige que no se produzcan interrupciones durante el desplazamiento. Esto en cuanto a una es­tructura simple, semejante al modelo de la figura 12. La estructura cultural requiere una defi­nición más rigurosa. Supongamos que, luego de aplicar la reducción sistemática a TODOS los sistemas de la estructura, unimos cada Principio con su opuesto por medio de una Relación dialéctica; tendremos así un conjunto de sistemas semejantes al de la figura 13. En ese caso: HAY UNA CONTINUIDAD SI TODOS LOS SISTEMAS DEL CONJUNTO ESTÁN CO­NECTADOS ENTRE SÍ AL MENOS POR UNA RELACIÓN CADA UNO. Hay que desta­car que este conjunto CONTINUO de sistemas interconectados entre sí posee todas las carac­terísticas de una estructura.

La continuidad así definida es una propiedad topológica, una pura cualidad de la estruc­tura. Pero la estructura cultural es un organismo vitalizado por la actividad mental: no existen PARA ELLA partes ni cualidades separadas sino "vivencias" de sistemas, pensamientos "sobre" la estructura. Cabe preguntar, pues, ¿cómo es vivenciada la continuidad de la estructu­ra cultural? (La pregunta por la "vivencia de una cualidad" puede ser entendida analógicamen­te: supongamos que alguien establece que nuestro esqueleto es "continuo", en el sentido topo­lógico-estructural antes apuntado, y nos pregunta como vivenciamos tal cualidad; naturalmente la respuesta sólo puede provenir de un autoexamen: dado que no podemos "sentir" el esqueleto al menos podemos efectuar una palpación, con las manos, de nuestro cuerpo; entonces una res­puesta puede ser ésta: la continuidad del esqueleto es PARA MI la DUREZA que adquiere la carne al ser oprimida por los dedos de la mano en casi todo el cuerpo; dicha DUREZA es CONTINUA porque puedo ir desde cualquier punto de dureza a cualquier otro con sólo des­plazar los dedos sobre el cuerpo y sin dejar de percibir en ningún momento la dureza interior. ¿Qué nos dice esto? : Que la cualidad es "vivenciada" como atributo de otra cosa: la "continuidad" se transformó en "dureza continua". En otras palabras: la "dureza", que es tam­bién una cualidad, es decir, un adjetivo, ha sido substantivada, cosificada, para luego ser predi­cada su "continuidad" con el adjetivo "continuo": "la dureza (cosa) es continua". Resulta así que la vivencia de la cualidad consiste en su substancialización).

La respuesta es la siguiente: EN LA ESTRUCTURA CULTURAL DEL PASÚ LA "CONTINUIDAD ESTRUCTURAL" ES VIVENCIADA COMO "SIGNIFICACIÓN CON­TINUA". He aquí un concepto de capital importancia: la significación es un "continuo". Pero justamente, por su importancia, este concepto habrá que aclararlo.

En primer lugar hay que distinguir entre "significación" y "significado". Ambos térmi­nos están en relación como lo general a lo particular, dentro de una misma especie; por ejem­plo, como "estructura" a "sistema" o "pensar" a "pensamiento". "Significación" es la vivencia de una cualidad de la estructura como tal, la cual sólo puede obtenerse si se experimenta un "pensar" total, no focalizado en ningún pensamiento, o una intuición de tal "pensar".

Pero "la significación es continua", vale decir, es algo sustantivo, que subsiste como cualidad de toda la estructura. En cambio "significado" es el "momento" de la significación, lo signifi­cado cuando el pensamiento ilumina un sistema.

Una vez hecha la distinción entre significación y significado hay que considerar que: LA UNIDAD DEL PENSAR RACIONAL ESTÁ DADA POR LA SIGNIFICACIÓN CON­TINUA. Entonces: EL SIGNIFICADO DE UN PENSAMIENTO RACIONAL ES PARTE INSEPARABLE DE LA SIGNIFICACIÓN DEL PENSAR AL QUE AQUEL SE ENCUEN­TRA UNIDO EN ESE MOMENTO.

En el próximo inciso encararemos el estudio de la significación continua bajo el aspecto temporal. Mientras tanto conviene hacerse la idea de que la significación es un HORIZONTE MENTAL en el cual pueden destacarse como RELIEVES los significados. Cuando el pensar, en que consiste la vitalidad de la estructura cultural, carece de pensamiento entonces el hori­zonte de la significación permanece en un nivel constante. De pronto, un pensamiento ilumina un sistema: en el horizonte de la significación, EN ESE MOMENTO, se destaca el relieve del significado.

El significado es así, no un mero contenido, sino el fundamento del pensamiento racio­nal, la base subsistente sobre la que se asienta todo contenido. Decíamos que el pensamiento racional es la vivencia de un sistema: ahora sabemos que el significado es el fundamento del pensamiento porque es la vivencia de la significación continua EN el sistema.

Pero el significado, en tanto que relieve del horizonte de la significación, ha de manifes­tar GRADOS DE REALCE: el "'mayor" o "menor significado" de un pensamiento racional. Pues bien: LOS GRADOS DEL SIGNIFICADO DEPENDEN DE LA "PROFUNDIDAD DEL PENSAMIENTO". Aclaremos este concepto.

Al contrario de un movimiento meramente superficial, el pensamiento racional, cuando ocurre sobre un sistema, puede consistir en una parte o la totalidad de los elementos sémicos del mismo. La capacidad de un pensamiento para incluir en su vivencia parte o la totalidad de los símbolos de un sistema, es decir, para percibir una apariencia o la esencia del esquema del ente, se denomina PROFUNDIDAD. Cuando mas "profundo" es un pensamiento racional tanto más elementos sémicos del esquema posee, tanto mayor es su "verdad".

Los grados del significado dependen de la profundidad del pensamiento, es decir, de CUÁNTO ha sido vivenciado el sistema en términos sémicos. Por ejemplo: los grados del significado dependen de cuán vivenciadas estén, en el pensamiento racional las DIMENSIO­NES de la Relación: extensión, comprensión y potencia. Pero la Relación es un símbolo com­plejo que expresa el esquema del ente, la interpretación del designio efectuada por la segunda operación de la razón. Llegamos así a los dos extremos del CONOCIMIENTO RACIONAL (del ente externo): designio y significado.

En efecto, la esencia del ente externo, el ser-para-el-hombre, es el DE-SIGNIO demiúr­gico que se patentiza por el descubrimiento racional y constituye el extremo original del acto de conocer. En el otro extremo, en el pensamiento del ente, el SIGNI-FICADO es un grado de conocimiento determinado sobre la verdad del ente. Y entre ambos extremos, desde luego, es posible señalar varios procesos propios del modo del conocer racional, ya estudiados anterior­mente: ente externo, esfera sensorial, primera operación de la razón, designio, segunda opera­ción, esquema o Relación, significado del pensamiento del ente.

Dijimos que el pensamiento es el acto del pensar localizado sobre un sistema y agrega­mos que el significado es el fundamento del pensamiento, el nivel de referencia sobre el que se asientan aquellos contenidos sémicos del esquema que han podido ser vivenciados. Pero un sistema se compone de Principios y Relaciones y dependerá de cuales de estos símbolos sean significados el tipo de idea en que consista el pensamiento: si el significado se refiere a un Principio, entonces el pensamiento consistirá en una IDEA SIN IMAGEN; si lo significado proviene de una Relación, el pensamiento TIENE POSIBILIDAD de contener una IDEA CON IMAGEN: pero ello dependerá de la POTENCIA ACTIVA de la Relación, según se explicará en el próximo inciso.

 

G - Palabra y designio demiúrgico.

El significado y el designio son los extremos del proceso de descubrir el ente, mas ¿con ello se cumple la finalidad del pasú? De cierto que no pues tal finalidad exige que el significa­do RETORNE AL ENTE y señale en este un SENTIDO. En este articulo quedará evidenciada dicha necesidad en forma general. También se fijaran las pautas que determinen el problema; es decir: si el pasú es un ser evolutivo ¿en que momento de su desarrollo debemos tomarlo para efectuar las descripciones que muestren indudablemente su finalidad de ser "dador de sentido", productor de cultura?

El término mental del designio, del descubrimiento del ente, es, entonces, el significado. Pero la finalidad del pasú no es sólo "descubrir" los entes sino "poner sentido" en los entes para que, del seno de los entes, EMERJA LA RAZÓN DEL MUNDO. Esta RAZÓN es la que justifica la obra del Demiurgo y el OBJETO de su placer: es el "BIEN" hacia el que debe apuntar la finalidad del pasú, la meta de su destino. Por eso no es suficiente que el designio se revele a la razón del pasú y sea CONOCIDO internamente: es necesario, fundamentalmente necesario, que el descubrimiento se exteriorice, que el esquema del ente atraviese en sentido inverso la esfera sensorial y ESTALLE AFUERA.

Este tránsito inverso y el modo como el significado retorna al ente pone en primer lugar el problema del lenguaje, cuya solución será objeto del próximo artículo. Pero ahora, como ejemplo, supongamos que el significado se expresa por medio de la PALABRA, del nombre que el pasú RE-ASIGNA a los entes externos. El "estallar afuera" del nombre impulsa al ente a gravitar en torno al hombre con "sentido" propio, transformándose de "ente natural" en "objeto cultural". Con otras palabras: el campo, la esfera de gravitación, de los "entes de ra­zón" es un ámbito específicamente humano denominado CULTURA; (por "ente de razón", desde luego entendemos aquellos entes cuyo designio se halla estructurado como Relación en una estructura cultural, vale decir, como esquema o NOUMENO). Hay que distinguir aquí en­tre el ACTO PARTICULAR de descubrir el designio del ente y el ACTO COLECTIVO de expresar un concepto correspondiente en los términos de un lenguaje. El "descubrimiento" es el acto particular, propio de la estructura psíquica del pasú; el "nombrar" al ente, el otorgarle sentido por medio de un signo externo, morfema, ideograma, símbolo, etc., es un acto colectivo cuya forma, en general, es la de un HECHO CULTURAL.

Es evidente: como "postor de sentido" el pasú debe EXPRESAR externamente aquel designio que ha sido capaz de descubrir internamente; mas, tal EXPRESIÓN, "carecería de sentido" si fuese emitida individualmente, si no se produjese en un marco socio-cultural que asegurase su perpetuación. De aquí que el principal objetivo de la sociedad pasú sea sostener el "sentido" de los entes, es decir, producir cultura.

La cultura, entendida como hecho social, depende para su producción y desarrollo de la COMUNICACIÓN COLECTIVA, del ejercicio de lenguajes CUYOS SIGNOS SEAN SIGNIFICATIVOS PARA TODOS. Los lenguajes, según se verá, provienen de la estructura cultural y ésta es producida durante toda la vida por la memoria arquetípica y la razón, es de­cir, por el cerebro. Por eso cabe advertir que el entendimiento mutuo, entre miembros de una misma comunidad cultural, no depende tanto de la convención de signos significativos de un lenguaje como del hecho biológico de que todos los cerebros son estructuralmente semejantes. En otras palabras: es la memoria arquetípica hereditaria, similar en todos los miembros de una especie, la que posibilita crear estructuras culturales psíquicas análogas que deriven en lengua­jes de conceptos comunes.

Ahora, y en todo lo que sigue, es importante no olvidar que estamos estudiando al pasú EN EL ESTADO EVOLUTIVO QUE SE HALLABA CUANDO SE PRODUJO EL ENCA­DENAMIENTO DE LOS ESPÍRITUS HIPERBÓREOS. En ese momento, al cabo de una larga historia que aquí omitimos por motivos de brevedad, se había transformado en inequívo­co sujeto cultural. Sin embargo, como ya expusimos anteriormente, para llegar a tal estado se había insumido un tiempo tan largo que el desarrollo del Plan habría de ser tarde o temprano cancelado, es decir, su futuro como especie sólo podría ser la extinción. De ella, según se verá, lo salvó la Traición de los Siddhas.

De cualquier manera el pasú poseía, en ese entonces, los dos elementos básicos de todo productor de cultura: instinto gregario altamente desarrollado y comunicación colectiva me­diante un lenguaje. Claro que dicha comunicación era FONÉTICA y tan primitiva que el len­guaje se componía de muy pocas voces, es decir, fonemas con significación de raíces.

El ejercicio de un lenguaje, por más primitivo que éste sea, implica el hecho de su APRENDIZAJE; y a-prender significa "tomar algo dado". En el caso del lenguaje del pasú lo que éste toma al aprender son las palabras, es decir, la expresión fonética del designio de los entes, cuyo significado es común a los miembros de la sociedad tribal. Debemos comprender bien el hecho de la expresión fonética, asignadora de sentido, antes de continuar el estudio de la estructura cultural. Ante todo hay que repetir que los entes están designados por el Demiur­go desde el comienzo de su existencia y que tal designio constituye la esencia descubierta por la función racional, el ser-para-el-hombre. Por lo tanto las palabras del lenguaje pasú no fue­ron creadas para designar entes sino que provienen de la INTERPRETACIÓN que la función racional efectuó a los designios a priori. Esto quiere decir que las palabras provienen de la es­tructura cultural; más concretamente: de los enlaces o Relaciones, o sea, de la interpretación arquetípica estructurada del designio de los entes. Una palabra que nombra a un ente ha de re­flejar una Relación de la estructura cultural, un símbolo complejo, y ha de expresar un signifi­cado. Ese significado, inteligible para todos los poseedores del lenguaje, es el "sentido" del ente, el que va a permitir SU ESTRUCTURACIÓN EXTERNA COMO OBJETO CULTU­RAL.

Se equivocaría quien de esto infiriera que con la expresión de la palabra significativa se cumple la finalidad del pasú. La verdad es que la palabra sólo expresa el significado del ente EN UN LENGUAJE: la cultura también consiste en MULTIPLICAR los lenguajes comunes o colectivos expandiendo el alcance de la significación de los entes y con ello intensificando el "sentido" del mundo, afirmando su razón de ser. Esto se entenderá mejor luego de estudiar el próximo articulo, en el cual se da respuesta a las preguntas ¿qué es un lenguaje? y ¿cuál es el origen estructural de los distintos lenguajes?

 

H - Los lenguajes racionales del pasú.

En el comentario `F` hemos mencionado cuatro hechos que aquí nos interesan particu­larmente: El primero es que la finalidad del pasú exige que el significado del ente, es decir, el fundamento de la idea del ente, sea EXPRESADO AFUERA. El segundo es que tal expresión constituye un HECHO COLECTIVO o "CULTURAL". El tercero es que, por ser un hecho colectivo, la expresión del significado debe manifestarse en los términos de un LENGUAJE. El cuarto es que la cultura, vale decir, la actividad colectiva de los sujetos particulares, hace posible que, para la expresión de los significados, existan múltiples lenguajes.

Para profundizar en estos cuatro hechos conviene ponerlos en forma de interrogante:

Primero ¿cómo se expresa afuera el significado del ente?

Segundo ¿qué es un hecho cultural?

Tercero ¿qué es un lenguaje racional? y

Cuarto ¿cuál es el origen estructural de los múltiples lenguajes?

Sin embargo, por motivos de metodología explicativa, habrá que responder si­guiendo un orden inverso. En este artículo se dará respuesta a las dos ultimas preguntas y, en los próximos, a las restantes.

 

H1 - ¿Qué es un lenguaje racional?

Para responder a esta pregunta necesitamos disponer del concepto de MODO ES­TRUCTURAL y vamos a adquirirlo intuitivamente observando la estructura representada en la figura 12.

Resulta evidente que se ha denominado a dicha estructura "red cúbica" porque sus nu­dos y enlaces DETERMINAN LA FORMA DE UN CUBO. Pero lo que quizá no resulte tan evidente es que tal propiedad es un caso particular de la siguiente ley general de las estructu­ras: TODA ESTRUCTURA DETERMINA UNA FORMA. De donde: TODA FORMA, DE­TERMINADA POR UNA ESTRUCTURA, ES FUNCIÓN DE LA "MODALIDAD" ES­TRUCTURAL.

La ley general se hará evidente si admitimos que en toda estructura, cualquiera sea su trama, siempre se configura un determinado perfil formal. Pero, establecido el hecho de la forma, vemos que ésta depende del MODO como están dispuestos los enlaces: pueden unirse con los nudos para FORMAR un cubo, un octaedro, o cualquier otro poliedro. En resumen: la forma depende del modo en que están estructurados los enlaces.

En morfología estructural se emplea también el concepto de HOMOLOGÍA, que sirve para referirse a estructuras FORMALMENTE SEMEJANTES. Pero nosotros diremos que tie­nen FORMA HOMÓLOGA aquellas SUBESTRUCTURAS construidas en base al mismo modo estructural. Vale decir: en una estructura podemos señalar por inspección y abstracción, por ejemplo, dos cubos SIN ENLACES COMUNES; tales cubos son, según nuestras defini­ciones anteriores, dos subestructuras; entonces decimos: las formas son homólogas; las subes­tructuras, que determinan dichas formas, poseen la misma modalidad. La homología formal entre subestructuras depende, pues, de la "modalidad" con que aquellas están construidas. ¿En qué consiste el modo estructural? Respuesta: existe un PATRÓN FORMAL ultimo, que no puede ser descompuesto por reducción; la modalidad de una estructura es el modo como tal patrón irreductible es reproducido en la arquitectura del sistema.

Desde luego, al decir "subestructura" podemos decir también "sistema" y referirnos al "modo" como dicho sistema se encuentra estructurado, hablar de la "forma" del sistema.

Apliquemos estos conceptos a la estructura cultural. Se ha visto que toda subestructura, según su modo, determina una forma; si la subestructura considerada es una Relación su "forma" es el "esquema" del ente en que ella consiste. En este sentido el "modo" es una especie de cuarta dimensión de la Relación, junto a la extensión, comprensión y potencia: una dimen­sión formal. Pero, debido a que el concepto de modo supera con mucho los limites de la Rela­ción, ya que su extensión alcanza a toda la estructura, conviene considerarlo como una DIMENSIÓN DE LOS SISTEMAS.

¿Qué es, pues, un lenguaje? Recordemos la operación que definimos como "función entre las Relaciones y los Principios" y a la que denominamos "reducción": ella permite sim­plificar sistemas de tal manera que un sistema complejo puede reducirse a un conjunto de sis­temas simples y, cualquier sistema simple, es factible de ser sintetizado como muestra la figura 13, es decir, como una Relación entre Principios opuestos. Teniendo a la vista esta operación de "reducción" podemos comenzar destacando que, ante todo, el lenguaje es LA OPERACIÓN INVERSA DE LA REDUCCIÓN ESTRUCTURAL.

Pero la reducción es una operación INTERNA de los sistemas ¿el lenguaje es, acaso, una operación sistemática? En efecto, de la manera mas general, puede afirmarse que: TODO LENGUAJE ES LA POSIBILIDAD QUE TIENE LA RAZÓN DE CONSTRUIR UN SIS­TEMA.

Trataremos de aclarar el sentido de esta afirmación. Especifiquemos, ante todo, como ha de entenderse la palabra "construir" y para ello comencemos por destacar lo más obvio: el acto de construir supone una materia fundamental a la cual se dispone con ajuste a determinado ORDEN durante la construcción; por ejemplo, una casa se construye con ladrillos, una máqui­na con piezas, una figura geométrica con puntos, líneas y planos, y UNA ESTRUCTURA CON NUDOS Y ENLACES. En sentido estructural "construir" significa conectar nudos con enlaces de acuerdo a un MODO FORMAL, es decir, a un ORDEN DE CONSTRUCCIÓN; por ejemplo: en la estructura de la figura 12 la modalidad es "cúbica" porque el "patrón for­mal" que se reproduce en toda la red es el cubo. Está claro, entonces, que en una estructura los ladrillos, las piezas, de la construcción son los nudos y enlaces y que el modo formal es el or­den con que tales ladrillos se ajustan en la edificación.

Acabamos de afirmar que todo lenguaje es LA POSIBILIDAD DE CONSTRUIR UN SISTEMA ¿con qué se construye un sistema-lenguaje? Respuesta: el elemento fundamental de todo lenguaje es el SISTEMA SIMPLE, cuyo esquema analógico vimos en la figura 13.

Es evidente que si un lenguaje, que ES UN SISTEMA, está construido con "sistemas simples", sólo puede ser un SISTEMA COMPLEJO. Podemos, pues, completar nuestra defi­nición anterior y decir: TODO LENGUAJE ES LA POSIBILIDAD RACIONAL DE CONS­TRUIR UN SISTEMA COMPLEJO. Ahora bien, esta aclaración nada nos dice acerca de la FORMA en que dicha posibilidad se hace efectiva, es decir, acerca de la MODALIDAD del sistema. Pero tal omisión está justificada porque la definición de lenguaje como POSIBILI­DAD RACIONAL impide señalar a priori el modo formal con el cual se han de construir TO­DOS los lenguajes posibles: a lo sumo podremos efectuar un estudio formal de ALGUNOS lenguajes existentes y calificar su modalidad, es decir, el modo como están construidas las estructuras internas del sistema complejo en que consisten. En los lenguajes existentes su modo formal, es decir, el modo como CRECE el sistema complejo, se denomina MODALI­DAD LÓGICA o simplemente "LÓGICA INTERNA" del sistema.

Por supuesto, la pregunta por el lenguaje no se satisface con que expliquemos como se construye un sistema complejo: ADEMÁS hay que saber qué determinaciones introduce en el pensamiento el hecho del lenguaje. En efecto, hemos visto que el pensamiento racional es la vivencia de un sistema (simple); pero, si dicho sistema forma parte de un lenguaje, ¿cuál es la determinación que éste le impone? Respuesta: el lenguaje determina el CONTEXTO SIGNI­FICATIVO del pensamiento. Para entender esta respuesta recordemos que el significado de un pensamiento lo imaginamos como un RELIEVE sobre el horizonte continuo de la significa­ción; supongamos ahora que tal relieve sea análogo a un pico montañoso elevado sobre una geografía DETERMINADA: hacia el Norte, por ejemplo, se destacan otras montañas, hacia el Sur un valle, al Este un mar, al Oeste una llanura surcada por ríos. Podremos tener una idea intuitiva sobre el "contexto significativo” del significado si llamamos “contexto geográfico" del pico montañoso a las montañas, valles, mares, lla­nuras, ríos, etc., que lo rodean Y LE DAN SENTIDO GEOGRÁFICO: un pico montañoso no puede existir aislado de un contexto geográfico como UN SIGNIFICADO NO SIGNIFICA NADA FUERA DEL CONTEXTO SIGNIFICATIVO DEL LENGUAJE.

También debe ser intuitiva la evidencia de que el contexto significativo es función de la modalidad lógica del lenguaje; en el ejemplo anterior una distinta "modalidad geográfica" haría que el pico montañoso apareciese rodeado de un contexto diferente.

Al significado de un pensamiento, considerado en el contexto significativo de un len­guaje, se lo denomina: CONCEPTO. Pero esto debe ser claro: SÓLO EN EL MARCO DE UN LENGUAJE EL SIGNIFICADO ES "CONCEPTO". Tampoco hay que confundir concepto con "sistema simple" por causa de que el pensamiento y el significado se originan en los siste­mas simples: como veremos enseguida, un sistema puede ser parte de varios lenguajes y, por lo tanto, tener varios contextos significativos que MODIFICAN LA FORMA DEL CONCEPTO.

 

H2 - ¿cuál es el origen estructural de los múltiples lenguajes?

Al comienzo del artículo, junto a la pregunta por el lenguaje, propusimos la interroga­ción por el origen estructural de los distintos lenguajes. Para hallar ahora la respuesta debemos considerar los elementos de construcción del lenguaje, es decir, los sistemas simples que mos­tramos en la figura 13. Un lenguaje se construye con uno o más de estos sistemas a los que se estructura en orden a una modalidad lógica particular. Recordemos en qué consisten tales sis­temas: Principios y Relaciones. Los Principios son representaciones psíquicas permanentes de Arquetipos innatos; las Relaciones son esquemas de entes; y ambos miembros, Principios y Relaciones, son términos sémicos: los primeros, símbolos simples; los segundos, símbolos complejos. El pensamiento es la vivencia de los Principios y Relaciones constituidos en siste­ma y su contenido se erige sobre el significado como ideas sin imagen o ideas QUE PUEDEN tener imagen.

Dijimos, al estudiar la reducción, que los Principios, por ser símbolos simples son irre­ductibles. Este carácter irreductible de los Principios determina que lo significado en un pen­samiento correspondiente SEA EVIDENTE POR SI MISMO, QUE NO PUEDA SER NE­GADO. Por eso los Principios de la estructura cultural son conocidos como CONCEPTOS PUROS DEL ENTENDIMIENTO, CATEGORÍAS, PRINCIPIOS MATEMÁTICOS, PRINCIPIOS LÓGICOS, etc. Con "Principios", es decir, con símbolos simples, se conforman los esquemas de cualquier ente y constituyen las Relaciones. Indudablemente un sistema sim­ple, formado por un Principio y una Relación, esta determinado por la EVIDENCIA del Prin­cipio. De aquí que un lenguaje o sistema complejo construido SÓLO con ciertos sistemas simples como elementos fundamentales, repetidos de acuerdo a una modalidad lógica determi­nada pueda ser completamente diferente de otro lenguaje elaborado a partir de sistemas distin­tos. La razón es, pues, capaz de construir múltiples lenguajes.

Ahora bien, en estos sistemas, que obran como elementos fundamentales del lenguaje y cuya evidencia procede del Principio interno, ¿qué clase de ente se halla esquematizado en la Relación? Respuesta: un "ente interno". Los elementos fundamentales de un lenguaje, en tanto que sistemas, NO SON, pues, DE LA MISMA CLASE QUE LOS SISTEMAS QUE PRO­DUCE EL CONOCIMIENTO DE LOS ENTES EXTERNOS.

Cabe preguntar ¿qué diferencia supone que el elemento de lenguaje sea el esquema de un "ente interno" con respecto a los esquemas de entes externos? Respuesta: el esquema de un ente interno consiste en uno o más "símbolos arquetípicos" sin referencia a entes externos. Recordemos que un "símbolo arquetípico" es un símbolo que sólo difiere de un Principio "en la potencia", concepto este que se definirá en el próximo inciso; un Principio posee "potencia pasiva"; un "símbolo arquetípico", correspondiente al mismo Arquetipo que dicho Principio, pero subestructurado en una Relación, posee "potencia activa". Cuando el esquema de una Relación no corresponde a un ente externo, es un ente interno y, en el caso que estamos consi­derando, parte de un elemento de lenguaje o sistema.

Como ejemplos clásicos de lenguajes existentes están los idiomas y las estructuras matemáticas. Consideremos algunos "ELEMENTOS FUNDAMENTALES" de tales lengua­jes. Si un símbolo arquetípico de una Relación es substantivado o cosificado y otro símbolo se enlaza al primero como predicación de alguna cualidad el sistema constituye una oración idio­mática. Si un símbolo arquetípico y otro símbolo es enlazado en función del primero el sistema constituye un axioma o una ecuación matemática. Dependerá de cuantas y cuales oraciones, o axiomas, se utilicen para construir el lenguaje, y de la modalidad con que estos elementos se reproduzcan, el tipo de estructura que posea el lenguaje producido.

Por otra parte, dado un número de axiomas particulares, es posible, por ejemplo, definir ciertas Relaciones entre los mismos, determinando así la modalidad de la estructura matemáti­ca., que puede ser un grupo, anillo, cuerpo, espacio vectorial, etc. Y lo mismo puede ejemplifi­carse en el lenguaje idiomático: mediante ciertas Relaciones definidas entre las aserciones elementales quedarán determinadas distintas modalidades lógicas en estructuras sintácticas de juicios, proposiciones, sentencias, etc.

Siguiendo con estos ejemplos, es fácil comprender que, partiendo de sistemas idiomáti­cos o matemáticos, es decir, oraciones o axiomas, es POSIBLE desarrollar estructuras de sis­temas complejos, o "lenguajes", con dos características principales:

Una: los sistemas deriva­dos de los "elementos fundamentales", SUS ESQUEMAS, NO GUARDAN CORRESPON­DENCIA CON ENTES EXTERNOS.

Dos: los sistemas complejos no acaban nunca de cre­cer, o, con otras palabras: los sistemas complejos crecen indefinidamente DESDE ADENTRO.

En la estructura cultural, la región adonde se estructuran los lenguajes, es decir, SUS "ELEMENTOS FUNDAMENTALES" y aquellos sistemas construidos con ellos, se denomi­na: ESTRUCTURA HABITUAL. El resto de la estructura cultural, formada por sistemas con esquemas de entes externos es llamada ESTRUCTURA REAL. Hay que reparar en que, mien­tras la estructura real es permanente y a priori de todo lenguaje, la estructura habitual es a posteriori del conocimiento de los entes y esta constituida por sistemas VIRTUALES, necesa­riamente incompletos porque en los "elementos fundamentales" subyace la POSIBILIDAD de su construcción.

Pero si, según hemos visto, los lenguajes se originan en sistemas evidentes, fundados exclusivamente en símbolos puros, ¿de qué manera puede la verdad de un ente externo ser comprendida por los términos de un lenguaje? Respuesta: por la aplicación de la "facultad tra­ductiva" del pensar racional, cuya medida es la "inteligencia".

Consideremos la siguiente definición: INTELIGENCIA ES LA CAPACIDAD QUE POSEE EL PENSAR RACIONAL PARA TRADUCIR SEMIÓTICAMENTE EL ESQUE­MA DE UN ENTE AL MAYOR NÚMERO POSIBLE DE LENGUAJES; TAL CAPACI­DAD SE LLAMA: FACULTAD TRADUCTIVA. Esta definición nos está indicando que hay que distinguir entre "esquema del ente" y "traducción del esquema en un lenguaje determina­do". Pero el esquema es la "verdad" del ente en la estructura cultural, la interpretación racional de la esencia o designio, y tal verdad HA SIDO ESTRUCTURADA A PRIORI DE TODO LENGUAJE: si ella puede ser traducida a una multiplicidad de lenguajes significa que cada uno contendrá sólo UNA PARTE DE LA VERDAD DEL ENTE, UN ASPECTO O APA­RIENCIA. Es decir: TODA DEFINICIÓN (O QUIDDIDAD) DE UN ENTE, EN CUAL­QUIER LENGUAJE, DESCRIBE SOLO UNA PARTE DE LA VERDAD DEL ENTE; ES UN "SÍMBOLO INCOMPLETO".

Sin embargo aún no sabemos como hace la inteligencia para traducir el esquema a los términos del sistema lingüístico. Daremos la respuesta y luego, tal como acostumbramos, la explicaremos intuitivamente por medio de analogías estructurales. CUANDO EL PENSAR RACIONAL DEL PASÚ PROCURA APREHENDER EL PENSAMIENTO DE UN SIS­TEMA (LA VERDAD DE UN ENTE) EN LOS TÉRMINOS DE UN LENGUAJE, SU FA­CULTAD TRADUCTIVA LE PERMITE "VER" (O NOTAR AL SISTEMA EN EL CON­TEXTO SIGNIFICATIVO DE DICHO LENGUAJE: ENTONCES LA VERDAD DEL ENTE SE TRADUCE COMO "CONCEPTO INTELIGIBLE" O SIGNIFICADO LINGÜÍSTICO.

Lo que hace la facultad traductiva es facilitar la visión del esquema desde determinada perspectiva, de tal modo que el contexto significativo del pensamiento condiciona al signifi­cado como "concepto" del esquema: lo CODIFICA o ANOTA en términos del lenguaje con­textual. En rigor, la facultad traductiva consiste en APLICAR la estructura habitual sobre la estructura real para establecer correspondencias semióticas: el sistema complejo virtual del lenguaje es EXPANDIDO sobre el sistema real del ente situando el esquema en su contexto significativo; aquellos símbolos del esquema que corresponden con símbolos del lenguaje se actualizan en el concepto que, naturalmente, sólo puede contener un aspecto de la verdad, al­gunos símbolos equivalentes o NOTAS del esquema.

Se puede adquirir una idea intuitiva de todo esto observando atentamente la red de la figura 14. En geometría del espacio se demuestra que: "POR UNA RECTA PASAN INFINI­TOS PLANOS". En cuatro de esos infinitos planos que "pasan" por el sistema XX hemos es­tructurado, con nudos y enlaces, las mallas (ABCD), (EFGH), (IJKL), (MNOP). Supongamos que cada una de estas mallas forma parte de la estructura virtual de cuatro lenguajes diferentes y que el sistema XX representa el esquema de un ente externo. En ese caso podemos afirmar que cada malla EN SU PLANO es análoga al contexto significativo de un lenguaje y que: EL ASPECTO DEL SISTEMA XX, NOTADO DESDE LA PERSPECTIVA DEL PLANO QUE LO CONTIENE, ES EL "CONCEPTO" DEL ESQUEMA, VALE DECIR, EL "SIGNIFICADO", OPUESTO AL CONTEXTO SIGNIFICATIVO.

Los planos de cada contexto significativo se denominan PLANOS DE SIGNIFICACIÓN. Es evidente que en el sistema XX de la figura 14 la verdad del ente puede ser "vista" o NOTADA bajo cuatro "conceptos" distintos, aunque podría serlo en muchos más con sólo agregar mallas de lenguajes en otros planos de significación. Si dicha red perteneciese a la es­tructura cultural la "inteligencia" consistiría en la capacidad de NOTAR al sistema XX en la mayor cantidad de contextos significativos, por ejemplo, en (ABXCDX), (EFXGHX), (IJXKLX), etc.

Acompañando la figura 14 con la vista lateral de la red, representado en la figura 15, podremos avanzar analógicamente en la idea de "concepto".

El problema es el siguiente: si cada uno de los cuatro lenguajes de la figura 14 determi­na un "concepto" del sistema XX ¿qué parte analógica del sistema XX, que porción del enlace cilíndrico, corresponde a cada uno de los cuatro conceptos? Respuesta: cada "concepto" equi­vale a una TAJADA longitudinal del sistema XX cortada sobre el plano de significación de los lenguajes. En la figura 15 puede verse, en líneas de puntos, EL PERFIL de las cuatro tajadas, o conceptos del sistema XX, determinados por los lenguajes (ABCD), (EFGH), (IJKL) y (MNOP). Ahora bien, los Principios, según sabemos, son irreductibles, por lo que la tajada del concepto sólo puede ser cortada del enlace cilíndrico o Relación.

 

 

FIGURA 14

 

 

 

FIGURA 15

 

En la figura 16 hemos representado una de estas tajadas del enlace que, analógicamente, co­rresponden al concepto.

Una tajada de un enlace cilíndrico ha de estar determinada por las dimensiones espacia­les de éste: longitud y volumen. Análogamente un concepto está determinado por las dimensio­nes de la Relación: extensión y comprensión.

Recordemos que la Relación es el esquema sémico del ente: la extensión denota la clase de todos los símbolos simples que se subestructuran en el esquema; la comprensión es la me­dida de la verdad del ente; indica cuan cerca esta el esquema de representar al designio, cuantas propiedades de éste corresponden a aquél; por eso la comprensión es análoga al volumen del enlace, es decir, a la complexión de la subestructura misma. Estas dos dimensiones determinan al concepto y ahora veremos cómo.

 

 

FIGURA 16

 

En primer lugar observemos que si el concepto es una porción LONGITUDINAL de la Relación entonces: LA EXTENSIÓN DE UN CONCEPTO ES IGUAL A LA EXTENSIÓN DE LA RELACIÓN QUE SIGNIFICA. En consecuencia: TODO CONCEPTO HA DE ABARCAR "SIGNIFICATIVAMENTE" LA CLASE DE TODOS LOS SÍMBOLOS QUE ESTÁN BAJO LA EXTENSIÓN DE SU RELACIÓN. A continuación advirtamos que el vo­lumen de una tajada ha de ser manifiestamente menor que el volumen del enlace cilíndrico del cual fue cortada. Esto significa que: LA COMPRENSIÓN DE UN CONCEPTO ES SIEM­PRE MENOR QUE LA COMPRENSIÓN DE SU RELACIÓN. Para que la comprensión del concepto fuese IGUAL a la de la Relación, el volumen de la tajada debería ser igual al del en­lace cilíndrico y ello sólo puede suceder en el caso de que la facultad traductiva sitúe a la Re­lación en infinitos contextos significativos. Pero, de más está insistir en ello, esa posibilidad marca el limite máximo teórico de la inteligencia de un pasú: habría que ver como se las arre­glaría, un pasú tan inteligente, para expresar exteriormente esos infinitos conceptos en infinitos lenguajes. Por supuesto que esto no implica que no se pueda captar la verdad del ente en su totalidad: ello ocurre cuando la vivencia del sistema es captada por el pensar como pensa­miento de TODO el esquema; pero algo muy distinto es intentar EXPRESAR esa vivencia: entonces no hay otra solución que encerrar la verdad en el contexto de un lenguaje y manifestar su concepto.

La extensión de una Relación es una dimensión CUANTITATIVA: determina la CANTIDAD de elementos sémicos que integran el esquema. Por el contrario, la comprensión es una dimensión CUALITATIVA pues determina el GRADO DE VERDAD del esquema en función de las CUALIDADES que corresponden al designio. De tales cualidades el concepto sólo puede tomar algunas NOTAS, puesto que su comprensión es siempre menor. Y esa tajada de verdad, ese aspecto del esquema que ha sido NOTADO en el contexto significativo de un lenguaje, es lo que el pasú expresa y divulga en el mundo sociocultural, lo que adquiere FAMA y se convierte en Noticia.

En resumen, el concepto está determinado, también, por dos dimensiones: extensión y comprensión. La extensión de un concepto es igual a la extensión de una Relación y se refiere a la cantidad de elementos sémicos del esquema. La comprensión de un concepto indica cuales NOTAS de su contenido corresponden a cualidades o disposiciones sémicas del esquema, cuán cerca está éste de coincidir con la verdad del ente.

Hemos visto que una Relación, tal como la del sistema XX de la figura 14, puede ser "vista" o NOTADA en varios contextos significativos o lenguajes: los conceptos resultantes son análogos a la tajada de la figura 16. Observemos ahora la figura 15 a donde, con líneas de puntos, se destacan los perfiles de las cuatro tajadas (o conceptos); cada una de las cuales se encuentra en su plano de significación. Es evidente que cada plano intersecta a los otros en una recta común, XX, que hace las veces de eje axial del enlace cilíndrico. Pero dichos planos co­rresponden a sendos contextos significativos de lenguajes diferentes: entonces, lo que cierta­mente se intersecta en el seno del sistema, son los lenguajes mismos, como puede advertirse en la figura 14. Justamente, es la distinta OBLICUIDAD de los lenguajes lo que posibilita la existencia de múltiples conceptos sobre una misma verdad. Tal intersección de lenguajes pro­duce en las cuatro tajadas-concepto una región común alrededor del eje axial XX, según se muestra en la figura 16. Esta región, que se denomina NÚCLEO CONNOTATIVO DEL CONCEPTO o simplemente CONNOTACIÓN, es una dimensión propia de los "conceptos", que ahora vamos a explicar.

Cada concepto COMPRENDE todas las notas sobre la verdad del ente notadas en el contexto significativo de su lenguaje. Pero el hecho de que todos los conceptos de una misma verdad se superpongan en una región común implica la comunidad de alguna clase de notas. En otros términos: los conceptos de una misma verdad participan de ciertas notas comunes. Mas, ¿adónde está la región de las notas comunes? Según se ve en la figura 16: EN LO PRO­FUNDO DEL CONCEPTO, ES DECIR, EN EL CENTRO DE LA COMPRENSIÓN.

Es por esta condición que, al pensar PROFUNDAMENTE el concepto de una verdad, suele causar la percepción de segundos significados, o sea, la CON-NOTACIÓN de otros con­ceptos sobre la misma verdad. Lo que ocurre es que la profundidad del pensamiento conduce al núcleo connotativo, al eje axial de la Relación, es decir, al eje donde se intersectan los lengua­jes, y por eso es posible, desde allí, VISLUMBRAR otros contextos de significación, notar otros conceptos connotantes. De allí que el acceso racional a una más completa comprensión de la verdad de un ente consista en profundizar el concepto hasta dar con el núcleo connotati­vo, procurando luego que la facultad traductiva ejerza la intuición intelectual de los conceptos connotados.

La posibilidad de alcanzar el núcleo connotativo que subyace en todo concepto puede tener, también, otra importante utilidad: al percibir el concepto connotante es factible AVAN­ZAR SOBRE EL CONTEXTO SIGNIFICATIVO DE SU LENGUAJE y llegar hasta la es­tructura habitual u origen virtual de tal lenguaje. De esta manera se consiguen reconstruir sis­temáticamente lenguajes que hasta entonces sólo eran virtuales, vale decir, eran posibilidades de la estructura cultural.

Es algo obvio, pero conviene advertirlo aquí, que la mentalidad racional es refractaria a tomar caminos oblicuos; ella acostumbra mantenerse en UNO o DOS lenguajes "horizontales", sin profundizar en los conceptos, sin atender a los núcleos connotativos, y, por supuesto, sin internarse jamás en contextos de significación oblicuos.

La connotación tal como ha sido definida aquí es una "dimensión estructural del con­cepto" y se refiere a la participación de varios conceptos en las notas comunes de una misma verdad. Sin embargo los conceptos suelen connotar también, aunque más débilmente, significados pertenecientes a verdades de otros entes: es la denominada "connotación de significados conti­guos". Ella ocurre porque las Relaciones adyacentes de la estructura cultural pueden estar SO­BRE UN MISMO PLANO DE SIGNIFICACIÓN: entonces resulta que los núcleos connotati­vos de ambos conceptos están conectados por el lenguaje común y connotan mutuamente sus significados. Claro que ésta no es una verdadera connotación, es decir, el producto de la inter­sección de lenguajes, sino un DEFECTO del pensamiento racional ocasionado por la vaguedad de los límites del significado, que llegan a rozar los límites de un significado contiguo. Cuando el pensamiento racional se concentra en un sistema, los limites del significado se definen níti­damente en el contexto significativo del concepto, sin llegar a rozar los conceptos adyacentes situados en el mismo plano de significación: entonces la única connotación posible es la que se produce por la intersección de lenguajes en el núcleo connotativo del concepto. 

Hasta aquí hemos contestado a la ultima pregunta. Es conveniente ahora, antes de ir al próximo artículo, pasar revista a las respuestas obtenidas.

A la pregunta ¿qué es un lenguaje? se ha respondido que es "la posibilidad de construir un sistema complejo" empleando como elementos fundamentales "sistemas simples" estructu­rados según una particular "modalidad formal". Supimos asimismo que el "significado" de un pensamiento, considerado en el contexto significativo de un lenguaje, es el "concepto".

La pregunta siguiente, ¿cuál es el origen estructural de los múltiples lenguajes?, nos permitió saber que la estructura cultural se compone de "estructura habitual" y "estructura real". La estructura real esta constituida exclusivamente por sistemas que contienen esquemas de entes externos, es decir, entes cuyo designio ha trascendido la esfera sensorial; de allí la denominación de "real": la realidad proviene del efectivo “descubrimiento” del designio.

La "estructura habitual", por su parte, consiste en los "sistemas simples" de los múlti­ples lenguajes con los que la "facultad traductiva" PODRÍA interpretar conceptualmente los esquemas de la estructura real. Los "sistemas simples" de un lenguaje son subestructuras de símbolos arquetípicos, actualizados por una cierta "potencia activa", y representan a "entes in­ternos", es decir, a Principios o combinaciones estructurales de Principios. Según los "sistemas simples" que intervengan, y la modalidad lógica como se relacionen, cada lenguaje virtual puede "expandirse sobre" la estructura real, en cualquier sentido, y determinar el contexto sig­nificativo del sistema real "vivenciado" o "pensado". Entonces el "significado", que fundamen­ta el pensamiento de ese sistema, es "notado" en contraste con el contexto del lenguaje y codi­ficado como "concepto". Pero, siendo posible la aplicación al sistema pensado de múltiples contextos significativos expandidos desde la "estructura habitual", resulta que el "significado" del esquema, fundamento del pensamiento racional de éste, puede ser aprehendido por el pen­sar bajo la forma de múltiples conceptos, cada uno de los cuales contiene parte de la verdad del ente.

El "concepto", como visión particular de la verdad del ente en el contexto de un lengua­je, queda determinado especialmente por las dimensiones de la Relación que significa: exten­sión y comprensión; a las que se agrega una nueva dimensión, propia del concepto, llamada "connotación". 

En síntesis, los lenguajes son SISTEMAS DE SIGNIFICADOS CONCEPTUALES; pero sistemas que poseen una parte "habitual", es decir, una disposición para la expansión siste­mática "sobre" la estructura real, que es causa de la racionalización conceptual, y una parte efectivamente "existente", en continuo crecimiento, formada por los significados conceptuales de aquellos esquemas que han sido objeto del pensamiento. Los lenguajes son, así, capaces de racionalizar conceptualmente cualquier esquema de la estructura real.

La racionalización sistemática de la estructura real consiste, no sólo en codificar con­ceptualmente los esquemas de entes externos, sino también en AGRUPAR sistemáticamente los conceptos de acuerdo a determinaciones cardinales y ordinales arbitrarias. Se consigue así que el grupo de conceptos forme un sistema y exprese un SIGNIFICADO GRUPAL, vale de­cir, se obtienen "conceptos de conceptos". Esto es posible porque la "inteligencia" es la facul­tad de traducir conceptos de un lenguaje a otro, de donde se infiere que hay lenguajes cuyos conceptos pueden contener "clases de conceptos" de otros lenguajes al ser aplicados sistemáti­camente sobre grupos de esquema. Por eso la capacidad de clasificar es el principal efecto de la inteligencia y la base de todo método racional. Un ejemplo típico de clasificación sistemática lo constituye el método TAXOLÓGICO de la ciencia que consiste en agrupar entes de acuerdo a su homología estructural; para ello se definen TAXONES tales como: LA ESPECIE, EL GÉNERO, LA FAMILIA, EL ORDEN, LA CLASE, LA RAMA, EL REINO, ETC.

El pensamiento de un sistema, de la verdad de un ente, al ser pensado conceptualmente en un lenguaje puede ser también clasificado en otro por efecto de la capacidad traductiva de la inteligencia. ¿Qué relación existe entre esta capacidad y la finalidad del pasú? Es lo que se pondrá en claro en el siguiente articulo.

 

I - Finalidad y Suprafinalidad; lenguaje y expresión.

Al comienzo del artículo anterior se plantearon cuatro interrogantes, dos de los cuales fueron dilucidados para responder que es un lenguaje y cual es el origen de su posible plurali­dad. Quedaron, pues, dos preguntas pendientes: ¿cómo se expresa "afuera" el significado del ente? y ¿qué es un hecho cultural? Pero antes de responder a la primera, vamos a plantear nuevamente los términos del problema.

Según vimos, la finalidad del pasú es "dar sentido al mundo". Para cumplir tal finalidad no basta con otorgar "sentido" a los entes mediante alguna forma de expresión: es necesario también que dicho "sentido" perdure y sea reafirmado una y otra vez, tras una búsqueda y des­cubrimiento perpetuo del designio, de una verdad que nunca acaba de revelarse completamente a la razón. Esa búsqueda, ese descubrimiento, esa reafirmación, agradan al Demiurgo, forman parte del objeto de su placer. Se requiere, pues, una "superestructura" externa que sostenga el "sentido" otorgado a los entes. Construir tal superestructura es una tarea colectiva y los lengua­jes son la herramienta con que está dotado el pasú para emprenderla. En otro inciso se estudia­rá la constitución y el desarrollo de las superestructuras, mas, por ahora, baste saber que la "forma" determinada por una superestructura se denomina "cultura".

La finalidad requiere, en efecto, que el pasú sea colectivamente "productor de cultura" y particularmente "postor de sentido": para ello se ha de valer del lenguaje y de los lenguajes. La respuesta a la primera pregunta nos va a aclarar de qué manera se cumplen estos requisitos.

 

I1 - ¿Cómo se expresa "afuera" el significado del ente?

Comencemos por la finalidad y la suprafinalidad. En los entes, según explicamos, coe­xisten dos términos: la finalidad entelequial y la suprafinalidad de ser-para-el-hombre. La fi­nalidad entelequial es incognoscible racionalmente pues depende del Arquetipo universal que sostiene al ente y evoluciona en el. Pero esta finalidad es sólo la concreción de una entelequia, el cumplimiento de un Plan: su desarrollo no proporciona mas placer al Demiurgo que el ya obtenido al comienzo de la creación. Para soportar el peso de la obra el Demiurgo requiere que ciertos entes autónomos, o pasúes, "descubran" a los entes reales, los reflejen en si y les PON­GAN UN SENTIDO: el permanente descubrimiento de los entes, la admiración, el temor, o cualquier otro afecto por el mundo, es la finalidad del pasú y el objeto de placer del Demiurgo.

Es así como los entes son designados por el Demiurgo con un bija primordial que debe ser descubierto por el pasú y racionalizado en su estructura cultural. Este bija, este designio, este ser-para-el-hombre, es la esencia del ente, lo DADO al conocimiento, la suprafinalidad.

El designio es lo dado al conocimiento racional, lo que es tomado por la razón e inter­pretado como esquema, y lo que es significado por el pensamiento del esquema. Pero en ese DAR EL DESIGNIO, el ente espera RECIBIR EL SENTIDO. Es decir: lo DADO debe ser devuelto, restituido en el ente, pero con un SENTIDO NUEVO, "CULTURAL". Ese "sentido", EXPRESIÓN DEL SIGNIFICADO, es lo que el pasú PONE en el ente en el lugar del designio, transformando al ente en "objeto cultural".

El acuerdo entre finalidad del pasú y suprafinalidad del ente exige, así, un movimiento en dos sentidos: del ente al pasú y del pasú al ente. El tránsito primero ya lo hemos estudiado sobradamente: el ente externo, dado a la esfera sensorial, revela su designio que la razón es­quematiza y estructura y el pensamiento significa. Sobre el segundo movimiento, que va del significado mental del ente de vuelta al ente, habrá que extenderse ahora para comprender como cumple su finalidad el pasú.

Los extremos del primer movimiento son el designio y significado los extremos del segundo son el significado y la EXPRESIÓN. Con la expresión, en efecto, el pasú pone el sentido en los entes, devuelve a éstos, racionaliza­do, el designio que le fue dado; llegamos así al núcleo de la interrogación ¿cómo se EXPRESA afuera el significado del ente? y comprobamos que todo su peso recae en el acto de "expresar". ¿Qué debe entenderse por "expresar"? Respuesta: así como el conocimiento del ente, su descu­brimiento, comienza por la trascendencia con que el designio atraviesa la esfera sensorial, así LA EXPRESIÓN es una manifestación del significado que atraviesa la esfera sensorial en di­rección contraria al tránsito del designio; por la "expresión", el significado del ente retorna al ente y le pone "sentido".

Pero, ocurre que todo aquello que proviene del interior de la esfera sensorial, y trascien­de "hacia afuera", se manifiesta necesariamente como MOVIMIENTO CORPORAL. El cuer­po humano, por su naturaleza orgánica, supone una multiplicidad de movimientos efectuados en todo momento, es decir, continuamente, unos voluntarios (dentro de lo que puede haber de voluntario en la "voluntad instintiva”) y otros automáticos. Por ejemplo, la respiración se compone de dos movimientos rítmicos cuya función es producir el intercambio de oxigeno por anhídrido carbónico: estas fases ATRAVIESAN la esfera sensorial en ambos sentidos. Considérese también los movimientos producto de la necesidad alimentaria, procreativa, etc.; o por motivaciones psicoafectivas de cualquier índole, etc. A la totalidad de movimientos exteriores se la llama CONDUCTA del pasú, parte exterior del comportamiento. El problema consiste en definir cuando un movimiento corporal es "expresión"; mas, tal definición, sólo podrá ser ex­puesta luego de mostrar que los "movimientos interiores" a la esfera sensorial, entre los que se destaca "el pensar", y los "movimientos exteriores", ocurren en planos continuos, paralelos y correlativos. Pero este hecho lo mostraremos paso a paso.

Explicamos anteriormente que la significación continua es el horizonte del pensar, la vitalidad inmanente de la estructura cultural, así como el significado es el fundamento del pen­samiento, la vivencia de un sistema. Ahora bien, "el pensar" es la facultad que caracteriza al pasú entre los demás entes, una actividad "interior". Aclaremos esto; la "interioridad" del pen­sar se entiende "dentro de los límites de la esfera sensorial": fuera de ella están los entes del mundo, lo universal. Pero "dentro" de la esfera sensorial el pensar es una actividad continua sobre el horizonte de la significación continua y "fuera" de la esfera sensorial, en el límite entre ella y el mundo, existe una múltiple actividad producto de la participación que el pasú, en tanto que animal-hombre, ejerce necesariamente con el mundo; el límite de la esfera sensorial, "hacia afuera", es una frontera en continuo movimiento; acciones y reacciones se desarrollan sin cesar: los entes presionan la sensibilidad, actúan "hacia adentro", y el cerebro responde controlando e integrando los movimientos de la motricidad, reaccionando "hacia afuera", pro­duciendo una "conducta", un comportamiento exterior. Lo que queremos destacar aquí es que la continuidad interior del pensar es correlativa con la continuidad exterior de la conducta, CON EL MOVIMIENTO TOTAL que el pasú despliega continuamente en el mundo.

Debemos aclarar que esta correlatividad "entre el pensar" y el movimiento exterior no implica conciencia alguna. El pasú aún no posee conciencia; su "pensar" es estrictamente racional, desarrollado SOBRE la estructura cultural: en este "pensar", el cerebro es el soporte fundamental. Pero el cerebro es el centro de operaciones que controla y coordina todos los movimientos, estén o no sujetos a patrones de conducta instintivos. Todo movimiento se refleja en el cerebro y, por correspondencia entre estructuras, en la estructura cultural, la cual esta "vitalizada" por el pensar. Existe así correlación entre el pensar y el movimiento exterior.

El cuerpo material del pasú es un microcosmos situado dentro de un macrocosmos al que refleja en su organicidad estructural. Todo en el se mueve, es proceso fenoménico, mien­tras dura la vida. Y ese continuo movimiento del microcosmos, tanto interior como exterior, es correlativo. Es decir, la significación continua, que constituye el horizonte del pensar, es corre­lativa con el movimiento exterior del pasú, con su conducta. Y aquí viene la pregunta clave. Esta correlatividad entre lo interior y lo exterior, entre lo mental y los movimientos del cuerpo material ¿permite a la significación continua, en que consiste el pensar racional, manifestarse exteriormente EN los continuos movimientos corporales? vale decir ¿hay significación en los movimientos del cuerpo material con los que el pasú se comporta en el mundo? Así planteada la pregunta, la respuesta sólo puede ser afirmativa: si; hay significación en el movimiento ex­terior del pasú. Pero tal respuesta es insatisfactoria si no se aclara que parte del movimiento exterior es la "expresión". Ante todo hay que mostrar que aquí estamos ante una relación de general a particular tal como pensar a pensamiento o significación a significado. Esto es: EL CONTÍNUO MOVIMIENTO EXTERIOR ES LA EXPRESIÓN COMO LA SIGNIFICACIÓN CONTÍNUA ES AL SIGNIFICADO. O, mejor: LA EXPRESIÓN ES UN MOMENTO (SIGNIFICATIVO) DEL CONTÍNUO MOVIMIENTO EXTERIOR.

La significación continua, que se manifiesta en el mundo a través de los continuos mo­vimientos externos, no puede poner "sentido" en los entes particulares porque es solo "horizonte mental", el correlato interior del continuo existir en el mundo. De aquí que, si hay un "sentido" que el continuo movimiento "pone" en el mundo, éste se refiere exclusivamente al ente universal: EL "SENTIDO" QUE, EL CONTÍNUO MOVIMIENTO PONE EN EL ENTE UNIVERSAL, SE DENOMINA "ARMONÍA". Y la "armonía" se define también como una relación general entre los movimientos del microcosmos y el macrocosmos.

Pero, de pronto, sobre el horizonte de la significación continua se levanta un relieve: el pensar aprehende un pensamiento racional. Si el significado de este pensamiento es pensado como concepto y, en ese momento, existe un movimiento exterior correlativo: entonces ese movimiento es una EXPRESIÓN. La expresión es un momento del movimiento exterior duran­te el cual el "sentido" del ente (particular) es puesto en el mundo.

Antes de seguir conviene extraer, de lo visto, una importante conclusión. En primer lu­gar hay que destacar que el solo hecho de existir y moverse en el mundo hacen del pasú un "postor de sentido": EL 'ESTAR' DEL PASÚ EN EL MUNDO ES EL HECHO DE LA ARMONÍA. El macrocosmos reflejado en su totalidad por el microcosmos HACE DE ÉSTE UN ENTE PARTICULAR y, por lo tanto, depositario de un designio. Y ese designio, que hace del pasú lo que es, es devuelto al macrocosmos por la significación armónica del continuo movi­miento de su ESTAR. En segundo lugar, digamos que el conocimiento de este hecho es el fun­damento de la antiquísima sabiduría que afirma a la danza, y al arte marcial, como modos de expresión armónica corporal.

Ocupémonos ahora de la expresión, ese momento de la conducta, ese movimiento cor­poral particular que "pone" un sentido en el ente. Entre el pasú y el ente distinguimos un doble movimiento: desde el ente al pasú y desde el pasú al ente. En el primero, el ente revela su de­signio a la razón y esta lo interpreta como el esquema que es significado en el pensamiento: un MOVIMIENTO CORPORAL, es decir, la trascendencia del ente a la esfera sensorial, produce un MOVIMIENTO MENTAL, vale decir, lo significado por el pensamiento. EN el segundo, por el contrario, el significado, pensado como concepto, acaba en un MOVIMIENTO COR­PORAL O EXPRESIÓN. Este segundo tránsito nos plantea, de entrada, dos interrogantes.

Uno es: ¿qué expresa la expresión? No el concepto porque este es una tajada de la Re­lación, es decir, un aspecto del esquema del ente notado en el contexto significativo de un len­guaje; el concepto jamás abandona la estructura cultural: sólo puede ser PENSADO.

El otro interrogante nos lo produce el advertir que entre el ente y el pasú media una cierta "distancia". En efecto, si la expresión postora de sentido es un movimiento corporal di­rigido hacia un ente especialmente distanciado ¿cómo se salva esta distancia; como se "pone" efectivamente el sentido en el ente; merced a que añagaza, lo significado en el pensa­miento, salva las distancias y se clava en el corazón del ente?

Para estos dos interrogantes existe una única respuesta: LA PROYECCIÓN DEL SIGNO. A la pregunta ¿qué expresa la expresión? se responde: el signo proyectado. Y a la pregunta ¿cómo pone, la expresión, el sentido en el ente? se responde: por la proyección del signo. Desde luego, esta única respuesta debe ser convenientemente aclarada.

Describamos, ante todo, el movimiento completo: EL SIGNIFICADO, CONTENIDO EN UN CONCEPTO, ES PROYECTADO "HACIA EL MUNDO", EN DIRECCIÓN A UN ENTE QUE SE ENCUENTRA "MAS ALLÁ DE LA ESFERA SENSORIAL"; LA MANIFESTACIÓN EXTERIOR DEL PROYECTO ES LA EXPRESIÓN DE UN SIGNO; EL SIGNO, EXPRESADO POR UN MOVIMIENTO CORPORAL, ES UNA SEÑAL PUESTA SOBRE EL ENTE DE REFERENCIA; ESTA SEÑAL EN EL ENTE, QUE SEÑALA EL SIGNO, CORRESPONDE A LO SIGNIFICADO POR EL DESIGNIO DEMIÚRGICO DEL ENTE; SOBRE EL DESIGNIO DADO, SE PONE AHORA EL SIGNO.

EL CONOCIMIENTO DEL ENTE ES EL PASO DEL DESIGNIO DEMIÚRGICO AL SIGNIFICADO: POR ESO LA PROYECCIÓN DEL SIGNIFICADO, DE UN SIGNO, SOBRE EL ENTE, ES EL RE-CONOCIMIENTO DEL ENTE; SÓLO AL SER RE-CO­NOCIDO, AL SER SIGNADO, EL ENTE ADQUIERE "SENTIDO". EL DESIGNIO DEMIÚRGICO ES EL SER-PARA-EL-HOMBRE EL OBJETO DE CONOCIMIENTO: SÓLO EL SIGNO HUMANO EN EL ENTE, EL RE-CONOCIMIENTO, LE PONE SENTIDO, LE HACE EXISTIR-PARA-EL-HOMBRE.

El ente comienza a existir-para-el-hombre cuando es señalado con el signo y adquiere un "sentido". Pero debemos advertir que tal "sentido" sólo puede perdurar si el signo que lo confiere es también empleado por otros pasúes para reconocer y afirmar al ente. El signo, en efecto, debe poder ser entendido por la comunidad, aprendido y enseñado, perpetuado colecti­vamente en el mundo; vale decir: el signo puesto en el ente debe ser expresado culturalmente. Esta condición de la finalidad del pasú determina que el signo se exprese como TERMINO DE UN LENGUAJE, COMO REPRESENTANTE DE UN CONCEPTO.

Una comunidad puede, así, convenir en ciertos signos para comunicarse el conocimiento de los entes y sostener su sentido. Un conjunto de signos tales constituye LA EXPRESIÓN DE UN LENGUAJE, no el lenguaje en sí pues, según hemos visto, todo lenguaje tiene su origen en la estructura cultural: UN LENGUAJE ESTRUCTURAL ES UN ORGANISMO VIVO Y, POR ESO, PUEDE CRECER Y DESARROLLARSE; LOS SIGNOS SÓLO SON PRO­YECTOS, REPRESENTACIONES, DE LOS CONCEPTOS Y DE LOS SISTEMAS DE CONCEPTOS.

No debe ofrecer dudas que "ser postor de sentido" en los entes es el principal objetivo de la finalidad del pasú. La "cultura" es un modo de cumplir con tal finalidad: un modo siste­mático y racional. Por eso los lenguajes, que son la base fundamental de la cultura, no cumplen un fin en sí mismos sino que instrumentan y determinan el "sentido" puesto en los entes. Pero de hecho, se podría expresar un significado y poner "sentido" en un ente sin em­plear ningún lenguaje; claro que en ese caso el ente sólo tendría sentido para una persona: aquélla que lo descubrió. Para perpetuar colectivamente el sentido particular puesto en los en­tes es que el significado se nota en el contexto de un lenguaje y se proyecta como signo concep­tual; un signo que se convierte en consigna cultural. MAS, ESTA SEGUNDA CONDICIÓN DE LA FINALIDAD: "LA PERPETUACIÓN CULTURAL", NO DEBE HACERNOS OL­VIDAR JAMÁS QUE EL PRINCIPAL OBJETIVO DE LA FINALIDAD ES "LA EXPRESIÓN".

Sin olvidar, entonces, el carácter instrumental que presentan los lenguajes racionales como conjuntos de signos convencionales, que representan conceptos y se articulan según ciertos métodos, leyes o reglas operativas, vamos a proseguir estudiando la "expresión" de los signos. Tengamos presente, en primer lugar, tres conclusiones anteriores

Una: Toda expresión es un movimiento corporal.

Dos: Sólo es expresión aquel movimiento cuyo signo representa a un concepto.

Tres, todo signo es el proyecto de un concepto. De acuerdo con estas conclusio­nes, los signos pueden ser expresados de muy distinta forma; veamos algunos pocos ejemplos.

EXPRESIÓN FONÉTICA: los signos constituyen voces de un idioma, fonemas o morfemas, que representan conceptos y pueden ser combinados entre sí para expresar significados mas complejos; la proyección fonética de un concepto es, entonces, la palabra; sin embargo, dentro de la expresión fonética hay que incluir otros signos acústicos NO producidos por la garganta humana sino por cualquier otro medio o instrumento y cuyos tonos expresan un significado convencional; por eso el canto, pero también la música, forman parte de los múltiples modos de la expresión fonética. EXPRESIÓN SIMBÓLICA: se trata de convenir colectivamente en el uso de ciertos ENTES DE SIGNIFICACIÓN, o sea SÍMBOLOS, gráficos o de otro tipo, cuya función es contener el significado para que sea reconocido por todos en todo momento, evi­tando así que el "sentido" se disuelva en el ente universal como ocurre con la expresión fonéti­ca; los ideogramas, letras, símbolos matemáticos o lógicos, señales, etc., forman parte de tales signos. EXPRESIÓN VISUAL: los signos son proyectados visualmente sobre los entes; en combinación con la expresión simbólica permite el reconocimiento visual de los símbolos convencionales y su introyección en la estructura cultural, adonde induce pensamientos de sig­nificados correspondientes. EXPRESIÓN SUGESTIVA: por medio de movimientos corpora­les adecuados se expresan signos convencionales que sugieren o insinúan un significado. ETC.

Hemos destacado las formas mas características que emplea el pasú para expresar los signos. Con esta exposición prácticamente ha quedado respondida la pregunta ¿cómo se ex­presa afuera el significado del ente? Sin embargo, es conveniente agregar algunos comenta­rios.

Primero - Se comprueba que, para el pasú, el verbo, la palabra, el logos, la vox, es de­cir, la expresión fonética, es quizá la mas importante forma de expresión, pero no la única.

Segundo - Se destaca la importancia de la expresión visual para la proyección de signos y su eventual "lectura" o introyección.

Tercero - Lo que se "conoce" es el ente, su designio. Lo "conocido" es un "objeto cultu­ral", un ente al que se le ha "puesto sentido" proyectando, sobre él, un significado conceptual, un aspecto de la verdad representado por un signo que es consigna cultural.

Cuarto - Por profundo que sea un concepto siempre será una tajada de la Relación: su comprensión será insuficiente para abarcar todas las notas de la verdad o esquema del ente. Por eso los objetos culturales son, invariablemente, verdades incompletas: porque son proyectos de conceptos.

Quinto - De aquí proviene el parámetro del "PROGRESO" SOCIAL O CULTURAL que se mide por la capacidad que una cultura demuestra para comprender la verdad de los en­tes.

Sexto - La finalidad del pasú se cumple en dos movimientos: "descubrir el designio" y "poner el sentido" en los entes. Vale decir: conocer y expresar. El más importante de ambos movimientos es, evidentemente, el primero, puesto que si un ente no es bien conocido, si el esquema, o verdad, del designio es deficiente, ello influirá inevitable en la expresión del signi­ficado y el ente, como objeto cultural, será en muchos aspectos desconocido u oscuro. Pero este primer movimiento según hemos visto, depende de la "sensibilidad", de la memoria arquetípica o cerebro, etc., es decir, de la especialización filogenética del pasú, de su "evolución". En cambio el segundo movimiento depende de la facultad traductiva, vale decir, de la inteligencia puesta en definir el concepto en el contexto significativo del lenguaje, y de la cantidad de len­guajes en los que está habituado para expresar la verdad. El "progreso cultural" depende, pues, de la "evolución" para conocer y de la "inteligencia" para expresar.

Séptimo - Dado un objeto cultural, a medida que una mayor evolución e inteligencia lo permiten, el pasú le pondrá progresivamente mayor sentido, lo acercará cada vez más a su ver­dad. El "progreso" es, así, una DIRECCIÓN que asume la finalidad del pasú: ir de lo imper­fecto a lo perfecto, de lo desconocido a lo conocido, de lo oscuro a lo claro: esta dirección hacia la cual progresa la finalidad del pasú se denomina AMOR.

Octavo - Así, cumplir con la finalidad impuesta por el Demiurgo a la raza terrestre de los pasúes, es el BIEN COMÚN. En la marcha hacia ese Bien la sociedad progresa cultural­mente yendo del conocimiento de los entes a la proyección de objetos culturales cada vez más perfectos, es decir, progresa obrando con AMOR.

Noveno - El amor del pasú por la obra del Demiurgo es su modo de ser, su pauta exis­tencial. El designio del ente es lo dado por la suprafinalidad demiúrgica; la expresión del sig­nificado es lo puesto por la finalidad del pasú, el "sentido" depositado en el ente. PERO ESTE "PONER" ES UN ACTO EFECTUADO CON AMOR: un re-conocimiento del ente que no desdeña su futura perfección. Por eso la cultura, desde el comienzo, es decir, desde la primera expresión de un signo convencional, es un hecho que apunta al Bien, algo bien hecho, un acto de amor.

Décimo - Hasta aquí nos hemos ocupado de estudiar como la razón CONSTRUYE la estructura cultural, y su funcionamiento. Mas, todo lo que en el macro o microcosmos se CONSTRUYE puede ser también DESTRUÍDO: la estructura cultural, extremadamente frágil, no escapa, sin dudas, a este principio. No conviene, pues, dar por terminado el inciso sin decir una palabra sobre la posible destrucción de la estructura cultural.

Observemos, ante todo, que la estructura cultural puede ser destruida, TOTAL O PARCIALMENTE, por tres causas principales: por ACCIDENTE, por PROPIA VOLUN­TAD o por INDUCCIÓN. De estas causas sólo la primera, el ACCIDENTE, es característica del pasú: la destrucción voluntaria o por inducción son casos cuya ocurrencia es posterior al encadenamiento espiritual.

El pasú, en efecto, representa en el macrocosmos un "momento" del ciclo evolutivo de la mónada; su manifestación física, como microcosmos potencial, obedece formalmente al despliegue de un Arquetipo Manú, EL CUAL DETERMINA TODAS LAS ESTRUCTURAS DE ACUERDO CON LA FINALIDAD. De este hecho hay que inferir que el pasú evoluciona CONFORME con su destino, sin que tenga jamás motivo para provocar una destrucción VO­LUNTARIA de su estructura cultural; esta propenso, en cambio, a la destrucción ACCIDEN­TAL, la cual puede ocurrir, por ejemplo, por causa de la ingestión de elementos tóxicos o nar­cóticos.

En resumen, el pasú es incapaz de generar ideas autodestructivas o suicidas pues las mismas son totalmente ajenas a los fines y propósitos de la finalidad humana, al destino que el Demiurgo planificó para el hombre y que se encuentra "escrito" en el Arquetipo Manú. Según se verá mas adelante, ni aun la crisis más intensa, el abismo mas profundo, podrían hacer su­cumbir al pasú ya que el Demiurgo ha previsto un sistema de recuperación basado en la activa participación metafísica de los "símbolos sagrados": cuando la crisis amenaza con fracturar su conciencia, con fisurar el hilo de su historia, la acción de ciertos símbolos permite al sujeto anímico, al alma individual, transferir el control del microcosmos a una entidad colectiva, a un arquetipo psicoideo, evitando el colapso.

Por el contrario, la idea del suicidio o autodestrucción microcósmica, como método para salvar la crisis o evitar una situación insostenible, es característica del virya perdido. Como variantes del tal motivación suicida, y habitual causa de la destrucción de la estructura cultural, cabe mencionar a la intoxicación producida por la ingestión sistemática de alcohol o drogas. Se trata aquí de una destrucción VOLUNTARIA, practicada con la intención nihilista de huir de circunstancias insoportables. Pero, contrariamente a lo que afirma la psiquiatría o el psi­coanálisis freudiano, las tendencias suicidas y hasta el stress no constituyen síntomas de en­fermedad mental sino de pureza de sangre: sólo quien posee herencia hiperbórea activa es ca­paz de intuir o comprender la maldad intrínseca de la sociedad judaizada de nuestros tiempos. Si quien advierte el mal en el mundo, quien se siente claramente arrinconado o directamente incapaz de continuar viviendo, opta por una vía suicida de escape, ello representa ciertamente un error; pero tal error no invalida el echo primero, positivo, de haber encontrado el mundo judaico del Demiurgo maligno e insoportable; Y DE HABERSE SENTIDO AJENO A EL. Comparado con el valor absoluto de esta intuición gnóstica el error cometido por el virya perdido es mínimo, producto de una INSUFICIENTE pureza de sangre QUE LE IMPIDE ACTUAR CON HONOR: de allí la vía suicida elegida; pero, aunque insuficiente, la pureza de sangre existe... y ello representa un valor en si mismo.

Como se estudiará en la Segunda Parte, el virya despierto dispone de una "voluntad graciosa luciférica" que le permite reaccionar de muy distinta manera frente a las situaciones criticas, SUSPENDIENDO LA TENSIÓN DRAMÁTICA y poniendo en descubierto el enga­ño demiúrgico subyacente: actúa, así, con honor, evitando el caer, como el virya perdido, en la tentación suicida.

Finalmente, hay que considerar la destrucción de la estructura cultural causada por INDUCCIÓN externa. Para comprender este caso hay que tomar en cuenta que todo virya, esté o no consciente de ello, se halla involucrado permanentemente en una guerra total: cualquiera sea el puesto que ocupe en el campo de batalla, en esa palestra que es el mundo del Demiurgo, no podrá evitar jamás la influencia de las Estrategias en juego. Por una parte la Estrategia 'O' de los Siddhas Leales INDUCIRÁ un mensaje carismático conocido como "Canción de A-mort" con objeto de impulsar al virya a procurar la liberación espiritual; por otra parte la Es­tra­tegia sinárquica de los Siddhas Traidores aplicará toda su presión para INDUCIR al virya a permanecer sujeto a las leyes kármicas del Gran Engaño: es esta última influencia la que des­truirá la estructura cultural no bien se presenten indicios de una posible reorientación estra­tégica del virya; métodos clásicos, que ilustran la destrucción por inducción de origen sinár­quico, lo constituyen las técnicas de "lavado de cerebro" que emplean servicios de inteligencia tales como la K.G.B., la C.I.A., el Shin Beth, etc.; o los "mensajes guiados", camuflados en campañas publicitarias mundiales, cuyo objetivo secreto apunta a ciertas zonas "blanco" de la estructura cultural; o la distribución masiva y secreta de ciertas drogas que permiten el "hipnotismo a distancia" e inhiben o destruyen zonas de la estructura cultural, etc.; y, entre és­tos y otros terribles métodos sinárquicos que podríamos mencionar, no conviene despreciar la ardua tarea destructiva que desarrollan a diario en los países mas avanzados del mundo los psicoanalistas freudianos, quienes (junto a los marxistas, sionistas, masones y curas liberales, en todo el mundo) conforman un ejército de agentes hábilmente entrenados para lavar el cere­bro y corromper el honor de los viryas perdidos.

Ahora bien, cualquiera sea la causa, accidental, voluntaria o inducida, lo concreto es que la estructura cultural puede resultar total o parcialmente dañada. La destrucción total im­pide la producción de representaciones racionales y de representaciones conscientes, hecho que convierte al virya en un perfecto imbécil. Sin embargo lo más común es la destrucción parcial de la estructura cultural; hay que distinguir aquí dos casos: que la destrucción se efectúe en la estructura real o en la estructura habitual.

Mas ¿en qué consiste tal "destrucción"? Respuesta: en la ruptura de los enlaces entre nudos, vale decir, de las Relaciones; los Principios, desde luego, no pueden ser afectados de ninguna manera. Por eso en el primer caso de la destrucción parcial lo que ocurre es la desinte­gración sémica de ciertas Relaciones de la estructura real. Esto significa la desaparición sin rastros de algunos esquemas o su impotencia para actuar estructuralmente, aun cuando el suje­to cultural rastree toda la estructura cultural para vivenciarlos. Como ejemplos de este caso podemos mencionar el concepto de PATRIA, que todos los marxistas tienen destruido por causa del lavado de cerebro a que los somete el partido, o la destrucción del concepto de ES­POSA o CÓNYUGE, que puede haberse producido en la estructura cultural de un marido traicionado; en estos dos ejemplos, uno de "destrucción inducida" y otro de "destrucción volun­taria", lo común es que la destrucción COMIENZA por el concepto pero puede extenderse a todo el esquema o Relación: justamente las técnicas de control psicosocial de la Sinarquía emplean ese principio para causar la destrucción selectiva de ciertos esquemas culturales in­convenientes a sus fines. El "concepto blanco", es decir, el "objetivo" hacia el que apunta la Estrategia psicosocial, puede ser destruido; si ello se consigue, entonces ocurre la siguiente secuencia: "la destrucción del concepto produce la destrucción del esquema del ente"; "la des­trucción del esquema del ente causa la negación del ente". Existen, por supuesto, algunas va­riantes intermedias, como ser el caso que el concepto esté seriamente dañado pero sin que alcance a provocar la destrucción de la Relación: entonces, el esquema podrá ser notado en otro contexto oblicuo, distinto del plano de significación del concepto afectado; es el caso, paradójico, de quienes disponen del concepto de un esquema en un lenguaje NO habitual, científico por ejemplo, pero carecen de concepto del mismo esquema en otros lenguajes habi­tuales, incluso el idiomático corriente. Esta contradicción por ejemplo, se observa en aquéllos que han sido víctimas del "tipo sacralizante" del virya perdido, es decir, del dogmatismo de sa­cerdotes o fanáticos de cualquier especie: niegan o desconocen cosas en un lenguaje pero las aceptan o afirman en otro; niegan la mentira pero mienten, niegan la evolución del alma pero aceptan la evolución de las especies animales, niegan el nacionalismo pero imponen fronteras nacionales, carecen de honor pero afirman la "ética profesional", etc.

Sea por la causa que fuere, la destrucción de la estructura real es siempre sistemática; esto significa que, como un extraño cáncer, la destrucción iniciada en un concepto puede ex­tenderse a su esquema y, por contigüidad, asociación, homología, o cualquier otra ley estructu­ral, abarcar partes considerables de los sistemas culturales: todo un "sistema de conceptos" asociados podrían resultar desintegrados como efecto del lavado de cerebro inducido o la into­xicación voluntaria. Y lo que esta destrucción puede ocasionar a la estructura superior de la psique, es decir, a la esfera de conciencia, es algo que recién se irá comprendiendo luego de estudiar los próximos incisos. Sólo cabe agregar que, en virtud de los Principios permanecen inalterables aunque las Relaciones que los unían hayan desaparecido, el sujeto cultural suele dirigirse hacia los sistemas destruidos sin conseguir vivenciar los conceptos correspondientes: se experimenta, entonces, una "laguna cultural", un vacío del conocimiento que "antes estaba" pero que ahora parece haberse borrado para siempre. Pero, tal como ya explicamos, si el daño de la Relación no es total puede ocurrir que el esquema connote su significado en el contexto de otro lenguaje oblicuo.

El segundo caso, citado precedentemente, es aquél en que la destrucción parcial ocurre en la estructura habitual. Tal estructura se compone de Principios y Relaciones, y estas últimas consisten en esquemas de entes internos. Los sistemas de la estructura habitual se denominan "virtuales" porque con ellos se construyen los lenguajes: la aplicación y la expansión de la es­tructura habitual SOBRE la estructura real, en un plano de significación característico, es la causa de los sistemas de concepto ligados entre si de un modo formal o lógico. ¿Qué efecto produce la destrucción de algunos sistemas de la estructura habitual? Respuesta: la imposibili­dad de anotar ciertos esquemas en el contexto del lenguaje afectado. Alegóricamente, podemos imaginar que nos resulta imposible hallar sentido a un determinado relieve geográfico debido a la niebla o tiniebla que lo rodea por doquier: sin disponer de un claro contexto, con el cual se integre pero del cual se destaque, el relieve no significa nada. Análogamente, la destrucción de los sistemas de la estructura habitual equivale a una vaguedad o tiniebla contextual que impide anotar conceptualmente el esquema vivenciado. Sin embargo, si la destrucción sólo afecta a UN lenguaje habitual, siempre existe la posibilidad de anotar el esquema en algún otro lengua­je. El lavado de cerebro, el SURMENAJE, el SHOCK, la intoxicación alcohólica, la droga­dicción, etc., por ejemplo, pueden inhibir parcial o totalmente un lenguaje habitual, tal como el lenguaje matemático o el musical, y dejar intacto el lenguaje idiomático corriente, o viceversa.

Dijimos al comienzo que "todo cuanto en el macro o microcosmos se construye puede ser también destruido", incluida la estructura cultural. Pero, en algunos casos no irreversible, "lo que es destruido puede ser reconstruido". ¿Tiene validez este principio en el caso de la es­tructura cultural? Respuesta: siendo tal estructura una construcción esencialmente energética siempre existe la posibilidad de su reconstrucción EN TANTO LA DESTRUCCIÓN NO HAYA AFECTADO AL SISTEMA NERVIOSO O AL CEREBRO: recordemos que la es­tructura cultural se erige SOBRE la estructura neurológica del cerebro o memoria arquetípica y que todos sus sistemas son construidos por el sujeto racional o razón que funciona en ella; para reconstruir cualquier esquema o sistema es condición imprescindible que el cerebro se encuen­tre en perfecto estado.

No obstante la posibilidad apuntada, de poder reconstruir la estructura cultural, o de construir la misma con pulcra perfección, la Sabiduría Hiperbórea no otorga a la misma ningu­na importancia pues sus vías secretas de liberación espiritual permiten a todo virya acceder al conocimiento en forma gnóstica. La gnosis hiperbórea, en efecto, brinda un conocimiento ilimi­tado, que no requiere intervención de la razón o de la estructura cultural porque se obtiene fuera de la estructura psíquica, en una esfera llamada Ehre que hay que crear con la voluntad graciosa luciférica. En la Segunda Parte se expondrá la forma en que el virya perdido debe ac­tuar para crear tal esfera superior.

En resumen, lo que importa para profundizar la Sabiduría Hiperbórea y conocer el Misterio del encadenamiento espiritual, paso previo de la gnosis hiperbórea, es la pureza de sangre, la presencia viva del linaje hiperbóreo, el recuerdo primordial, la Minne, la Voz de la sangre, el Símbolo del Origen, es decir, UNA HERENCIA ESPIRITUAL que nada tiene que ver con la estructura cultural o las funciones del cerebro.

 

J - ¿qué es un hecho cultural?

A esta pregunta vamos a responder brevemente pues en la Segunda Parte el "hecho cul­tural" será objeto de un estudio detallado.

Consideremos una definición ya adelantada: "cultura es la FORMA que determina una superestructura". Pero ¿Qué clase de estructura es una "superestructura"? Respuesta: los miembros de toda superestructura son objetos culturales y hombres. Según esto las superes­tructuras sólo pueden ser externas, puesto que integran al hombre en su complexión.

Ahora bien, sabemos que una "cultura" es algo que se forma para cumplir la finalidad del pasú y, como vimos a partir del comentario quinto, algo que "progresa". Que se desarrolla hacia la perfección: el "progreso" es racional, consiste en aumentar la comprensión de los en­tes, en perfeccionar los objetos culturales. De esa visión racional del mundo, de ese poner sen­tido en los entes, van emergiendo los objetos culturales que forman el CONTEXTO cultural del pasú. Pero los objetos culturales no son cosas simplemente depositadas en el mundo: al ser nombrados, al recibir un sentido, han sido impulsados a ocupar un lugar RACIONAL junto a otros objetos culturales, es decir, a guardar con ellos ciertas RELACIONES SIGNIFICATI­VAS. El área cercada de muralla; la muralla techada para protección pero con ventanas para vigilar; la plataforma bajo la ventana que permite vigilar, comer y dormir; la silla contra la plataforma; el plato, la cuchara; etc.: ¿qué seria la cuchara sin el plato, el plato sin la platafor­ma en que se apoya, y ésta sin la luz de la ventana que permite ver el plato, etc.? No existiría hecho cultural en absoluto sin los objetos culturales no estuviesen estructurados racionalmente EN CORRESPONDENCIA CON LA ESTRUCTURA CULTURAL.

Es así en cada ente que el pasú, va poniendo sentido surge un objeto cultural que se in­tegra en una superestructura externa, cuya forma global se denomina "cultura". Y las superes­tructuras externas van creciendo sistemáticamente a medida que se incorporan nuevos objetos culturales, se perfeccionan los ya existentes o se establecen nuevas relaciones entre ellos. Pero no debe creerse ingenuamente que las superestructuras son meras proyecciones de la estructura cultural interna del pasú.: por el contrario, las superestructuras poseen "vida propia", son ca­paces, no sólo de integrar al hombre en su complexión, sino de determinar su voluntad. Aunque en otro inciso volveremos sobre el tema, podemos preguntar ahora ¿cuál es la "mente" que, análogamente al sujeto cultural en la estructura cultural interna, anima a estas superestructuras externas? Respuesta: una clase de Arquetipos denominados PSICOIDEOS o EGREGOROS.

Naturalmente, el pasú., al ir construyendo la superestructura va, también "alimentando" al Arquetipo psicoideo que la sostiene y que se desarrolla conjuntamente. Tal "alimentación" está constituida por energía psíquica aportada por toda la comunidad pasú y, debido a la com­penetración de sus miembros EN la superestructura, el Arquetipo psicoideo viene a representar una especie de "alma colectiva" o grupal. En el estado primitivo en que se hallaban las comu­nidades pasú., en tiempos de la traición de los Siddhas Traidores, sus miembros se comporta­ban sujetos a sencillas superestructuras. Pero tales "culturas" progresaban muy poco o nada... hasta que se produjo el encadenamiento de los Espíritus Hiperbóreos.

Finalmente: UN HECHO CULTURAL ES UN "MOMENTO" DE UNA "CULTURA". Un "momento" de la cultura en la cual, uno o varios hombres y el universo de objetos cultura­les, se estructuran en una superestructura cuyo "sentido" total tiene carácter circunstancial.

Y, puesto que la "dirección" del progreso cultural es el amor y este progreso implica la permanente y continua construcción de una superestructura, se entiende que lo que liga y rela­ciona a los miembros de la misma cultura sea el amor: amor por si mismos, por sus prójimos, por sus objetos culturales, costumbres, etc. Y los "objetos" de tal amor, cualquiera que ellos sean, siempre serán susceptibles de perfeccionamiento por causa de la poderosa herramienta que es la "expresión postora de sentido".

FUNCIONAMIENTO DE LA ESFERA DE CONCIENCIA DEL PASÚ

El pasú es un microcosmos situado dentro del macrocosmos. El Demiurgo, creador del pasú, PUSO UN SENTIDO en el microcosmos, le asignó una finalidad: descubrir los desig­nios; expresar los signos; producir cultura. Para cumplir con tal finalidad el pasú dispone de una siempre creciente estructura cultural, cuyo funcionamiento hemos explicado en el inciso anterior. Sin embargo el pasú fracasó, como especie, en su misión cultural. Aquí vamos a examinar el motivo principal del fracaso, para que se entienda ¡recién! la necesidad que hubo de encadenar a los Espíritus Hiperbóreos.

Para plantear rápidamente el problema notaremos que la causa del estancamiento cultu­ral radicaba en el escaso "desarrollo individual" del pasú. Si analizamos los objetivos de la fi­nalidad comprobaremos que, en efecto, ésta descansa en la "capacidad individual" del pasú como descubridor de entes. De nada vale que exista una superestructura exterior, para sostener el sentido puesto en los entes, sino se la alimenta permanentemente con nuevo "sentido", si no se descubren nuevos entes y se expresan en el mundo su verdad. Y esta tarea es exclusivamente particular, depende solo de la "capacidad individual" de cada pasú. Es por eso que el cumpli­miento de la finalidad exige, paralelamente, la evolución individual del pasú, la adquisición de una, cada vez mayor, "capacidad individual" para descubrir los entes.

Para evitar cualquier clase de duda hemos de distinguir dos objetivos en la finalidad, encadenados entre si o "estructurados": el OBJETIVO MACROCÓSMICO Y EL OBJETIVO MICROCÓSMICO.

El objetivo macrocósmico de la finalidad es el ya declarado: descubrir los designios propuestos por la suprafinalidad y expresar mediante signos la verdad descubierta, poniendo "sentido" en los entes que constituyen la cultura. Este objetivo procura que se produzca el ma­yor BIEN posible en el macrocosmos; para ello, los pasúes, construyen con AMOR superes­tructuras de objetos culturales o "culturas" que producen placer al Demiurgo: el placer del creador que comprueba que su obra es permanentemente descubierta y valorizada o reconocida y revalorizada. En los incisos anteriores ya aclaramos suficientemente los alcances y los pro­pósitos del objeto macrocósmico de la finalidad.

En el presente inciso estudiaremos el objetivo microcósmico de la finalidad, cuyo pro­pósito apunta a mejorar la "capacidad individual" del pasú como descubridor de entes.

 

A - El objetivo microcósmico de la finalidad.

Para cumplir el objetivo macrocósmico, para construir culturas en permanente evolu­ción, es necesario una evolución conjunta del microcosmos, un aumento en la capacidad indi­vidual de descubrir los entes. La tesis que aquí exponemos es que, concluida en la filogenia, la evolución del pasú continuaba en el desarrollo de un sujeto histórico microcósmico, al que se denomina SUJETO CONSCIENTE O CONCIENCIA. Tal sujeto "anima" la esfera de con­cien­cia que, según se verá, es también una estructura. La evolución de este sujeto es la que fra­casó e impidió a la humanidad pasú cumplir con el objetivo microcósmico de la finalidad.

Debe quedar claro que la conciencia es un "sujeto histórico" y; para demostrarlo, vamos a recurrir a la analogía. Ya vimos como, al poner sentido en los entes, los pasúes van constru­yendo superestructuras externas: la "forma", determinada por tales superestructuras, se deno­mina "cultura". Con el correr del tiempo las superestructuras crecen o se modifican y causan la variación de las culturas. Es por la influencia superlativa del tiempo que se considera a la "Historia" como la más importante dimensión de una cultura. Pero ¿cuándo comienza la His­toria de una cultura? Respuesta: en el momento en que los miembros de tal cultura caen en la cuenta que un hecho cultural pasado posee mas "sentido" que cualquier otro que nadie pudiese recordar. Esta respuesta merece cuatro comentarios. Primero: el hecho pasado, que da comien­zo a la Historia, es el que tiene más "sentido" cultural y, por lo tanto, su recuerdo es el más in­tenso y no el más antiguo; pueden existir recuerdos de hechos anteriores, pero la Historia co­mienza en AQUEL hecho cuyo suceso es determinante del futuro de la cultura: el nacimiento de un héroe legendario, sus hazañas, una batalla, la fusión de dos naciones, la venida de un Dios o de sus "enviados", la redacción de un código, etc. Segundo: un hecho cultural pasado, cuyo "sentido" es mayor que otros, es un hecho histórico. Tercero: aunque dos o más hechos históricos no estén relacionados causalmente lo están históricamente al quedar unidos por una "línea" subjetiva mediante la cual los miembros de una cultura se remontan hacia el pasado. Cuarto: la Historia es, entonces, una línea temporal de significación.

Tracemos ahora un paralelo entre la superestructura y la estructura cultural. En primer lugar ambas se van construyendo, van creciendo a medida que transcurre el tiempo. Pero la Historia de una superestructura, o cultura, comienza cuando sus miembros advierten que ya tie­nen historia, que hubo hechos pasados que fueron más importantes que otros e inclusive que hubo AQUEL hecho cuya importancia no puede ser superada por ninguno. ¿Qué es equivalente a AQUEL hecho, origen de la Historia, en la estructura cultural del microcosmos o pasú? Res­puesta: el descubrimiento de si mismo, ente entre entes. Vale decir: el pasú cumple su finalidad de descubrir los entes desde que nace; nadie le enseña como hacerlo porque el raciocinio es una facultad hereditaria; así, va construyendo la estructura cultural casi sin notarlo, designio por designio, esquema por esquema, Relación por Relación, concepto por concepto, un día, sin embargo, descubre un ente, situado entre los entes del mundo, cuyo designio lo conmociona; es decir, se propone a sí mismo como objeto de conocimiento y se descubre, y ese descubrimiento es el de mayor significado posible; la estructura cultural, desde luego, ya existía antes de este acontecimiento, pero nada puede equiparársele y nada puede ser igual después del mismo.

El descubrimiento de sí mismo es el hecho que señala el nacimiento de la esfera de conciencia, ANÁLOGAMENTE A  'AQUEL' hecho histórico que marcaba el origen de la Historia de una cultura. Ambos son hechos de la mayor significación y su acontecimiento viene a producir un "caer en la cuenta" de la propia identidad; en un caso: "individual", en el otro: "colectiva" o cultural. La esfera de conciencia se inicia, entonces, en un "momento" de la exis­tencia de la estructura cultural: comienza a partir del descubrimiento de sí mismo y se extiende temporalmente como asiento del sujeto histórico del microcosmos. La creación de la esfera de conciencia ha de interpretarse de modo análogo a la construcción de la estructura cultural por parte del sujeto racional o "razón"; a posteriori del enlace entre Principios y Relaciones, la estructura cultural resulta "animada" por el pensar, vale decir, por un SUJETO CULTURAL. Del mismo modo, a posteriori de la esfera de conciencia, aparece un SUJETO CONSCIENTE que la anima. Naturalmente, tales "sujetos" son sólo aspectos de un único sujeto anímico o "alma" del pasú, según se demostrará en el articulo 'E', a cuyo acto lo denominamos genérica­mente "pensar".

Hemos visto que el objetivo microcósmico de la finalidad procura mejorar la capacidad individual del pasú como descubridor de entes. Esta capacidad se aumenta efectivamente desde el momento en que el descubridor de entes se descubre a si mismo, SE SABE INDIVIDUO DIFERENTE DE LOS DEMÁS ENTES, es decir, ADQUIERE CONCIENCIA DE SI. (Pero la "conciencia" del pasú no es aún el Yo; éste sólo aparece después del encadenamiento de los Espíritus, según se verá más adelante).

Sabemos ya cuando se inicia la conciencia pero lo que más nos interesa es conocer que modificación introduce su presencia en el pensar racional; vale decir ¿qué dimensión o carac­terística del pensar nos demuestra inequívocamente que se trata de una "conciencia" y no de ningún otro acto psíquico? Respuesta: la intención temporal del pensamiento. Pondremos en claro esta respuesta mediante una explicación estructural.

En el inciso anterior estudiamos como se construye una estructura cultural y con que elementos: Principios y Relaciones. Las Relaciones son esquemas sémicos de entes que se caracterizan por tres dimensiones: extensión, comprensión, y POTENCIA. La definición de esta ultima dimensión, la "potencia", había quedado pendiente para el presente inciso: ahora veremos que la potencia de una Relación guarda una proporción, una "ratio", con la intensi­dad que la intuición de "si mismo" haya impresionado a la sensibilidad del sujeto racional.

Comencemos por pasar revista a los pasos del conocimiento racional.

Cuando un ente dado impresiona la sensibilidad, la razón lo remite y aplica contra la memoria arquetípica; con la primera operación elimina el Arquetipo universal y descubre el designio demiúrgico o suprafinalidad; con la segunda operación configura un esquema del ente en base a los Arquetipos de la memoria arquetípica; la aplicación del designio contra la me­moria arquetípica implica una dirección de la voluntad instintiva del pasú, es decir, una INTENCIÓN; tal contacto intencional con los Arquetipos produce su actualización en el "plano de realización" de la psique, "en un substrato de las esferas afectivas y racional"; los Arqueti­pos se actualizan en la psique como Principios cada vez que la primera operación elimina un Arquetipo universal y una sola vez cada uno; y también como Relaciones, para configurar el esquema del ente, todas las veces que la segunda operación lo requiere; esta actualización de los Arquetipos se manifiesta como representaciones sémicas permanentes o elementos de la estruc­tura cultural: los Principios son símbolos simples, las Relaciones son símbolos complejos. Pero los símbolos simples de los principios, que son únicos en tanto que Principios, pueden estar repetidos incontables veces en las subestructuras de las Relaciones: la diferencia entre ellos, dijimos en 'B' del inciso anterior, radica en la "potencia"; los Principios son "potencias pasivas" y las Relaciones: "potencias activas".

No hay manera de influir voluntariamente en la secuencia operativa de la razón: siempre que el conocimiento SEA RACIONAL la primera operación eliminará el Arquetipo universal del ente y actualizará AUTOMÁTICAMENTE, el Arquetipo invertido en la estructura cultu­ral. La intensidad intencional puesta en juego para producir la actualización de un Principio es, así, mínima y es por tal carencia que la potencia del mismo sea "pasiva". Pero las Relaciones, por el contrario, son construidas con las actualizaciones de Arquetipos localizados intencio­nalmente por la segunda operación, siendo la potencia "activa" y proporcional a la intensidad intencional con que se efectuó el descubrimiento. Aquí nos ocuparemos especialmente de las potencias activas que subyacen en las Relaciones.

¿De qué depende la "intensidad intencional" con que se efectúa la operación racional de esquematizar un ente? Respuesta: de la referencia a si mismo con que dicho ente sea tomado por la razón. Naturalmente, si estamos hablando de "referencia a si mismo" estamos admitien­do un conocimiento previo de si, es decir, la existencia de una "conciencia". En tal hipótesis resulta que no todos los entes son iguales para sí mismo; no todos son conocidos con la misma intensidad intencional: no es lo mismo una piedra que un fruto; la intensidad intencional puesta en esquematizar la piedra ES diferente a la empleada con el fruto; EN EL PASÚ, PARA SÍ MISMO, EL FRUTO ES MÁS IMPORTANTE QUE LA PIEDRA. POR ESO LOS ES­QUEMAS O RELACIONES DE AMBOS ENTES ESTÁN REFERIDOS DE DIFERENTE MANERA CON RESPECTO A SÍ MISMO. Y ESAS DIFERENTES "REFERENCIAS" SE MANIFIESTAN EN LA DIFERENCIA DE POTENCIA DE LAS RELACIONES.

La dimensión "potencia" de cada Relación está referida de particular manera a sí mismo. Pero el "pensar una Relación" es el "pensamiento" racional ¿qué determinación intro­duce en el pensamiento la referencia a sí mismo de la potencia? Respuesta: una intención tem­poral. Es la misma respuesta anterior, que se irá tornando más comprensible a la luz del análi­sis estructural.

El pensamiento de una Relación puede adquirir, por la referencia a sí mismo de su di­mensión potencia, una "intención temporal" determinada; y eso lo convierte en "consciente", según explicamos anteriormente. El esquema de un ente, aunque permanezca integrado en la estructura cultural, está potencialmente referido a sí mismo, al microcosmos: el pensamiento de una Relación ocasiona la actualización de esa dirección en potencia que es la referencia a sí mismo, siendo así (el pensamiento) dirigido a su vez, impulsado, por una intencionalidad tem­poral. Dirigido ¿hacia donde? Respuesta: tal como la potencia refiere a la Relación a sí mismo, el pensamiento consciente, temporalmente intencionado, se dirige a la "esfera de conciencia" (o de preconciencia en el pasú primitivo, figura 11). Esta respuesta debe entenderse así: la refe­rencia a sí mismo de la razón. no apunta a un "centro" de individualidad porque nada parecido a eso existe en el pasú; la estructura psíquica o plano de realización donde se actualizan los Arquetipos es el asiento natural de sí mismo y hacia esas esferas brumosas se orienta la refe­rencia de la razón., quedando plasmada en la potencia de la Relación según la intensidad con que se actualizaron los Arquetipos; la referencia potencial a sí mismo es la que se despliega en el pensamiento de la Relación y lo torna "consciente", impulsándolo más allá del substrato psí­quico donde existen la estructura cultural, hacia la "esfera de conciencia". Pero esta "actualización" que la referencia potencial produce en el pensamiento no es de Arquetipos sino de símbolos: son los símbolos del esquema los que se despliegan en el pensamiento y se tornan "conscientes" por estar referidos, dirigidos a sí mismo. Un esquema cuya potencia sea muy grande refiere el pensamiento a sí mismo con tanta fuerza que este se "'dispara" hacia la esfera de conciencia, como "pensamiento consciente" o "conciencia de una Relación". Y esos pensa­mientos conscientes, más actuales que otros, delinean el hilo de unión de la conciencia, análo­gamente a como los "hechos históricos", hechos culturales con más "sentidos" que otros, deli­nean el hilo de la Historia de una cultura. Tal línea subjetiva demuestra que la conciencia es el sujeto histórico del microcosmos.

De acuerdo a lo expuesto en este artículo, la conciencia es un sujeto histórico que regis­tra un "momento" de aparición, a partir del cual todas las Relaciones que se formen estarán, en mayor o menor medida, potencialmente referidas a sí mismo, es decir, al microcosmos, consi­derado o intuido como ente individual. Los pensamientos de Relaciones, o sistemas, son de­terminados por tales referencias potenciales e impulsados hacia la esfera de conciencia, vale decir, hacia las capas superiores de las esferas afectiva y racional para emerger "más allá de ellas". La esfera de conciencia vendría a ser, así, el estadio superior del pensar: CREARLA ES EL OBJETIVO MICROCÓSMICO DE LA FINALIDAD. Como ya dijimos, esta esfera no se desarrolló lo suficiente en el pasú y ello motivó su estancamiento cultural. ¿De qué de­pende el desarrollo de la esfera de conciencia? De una facultad del pensar que dimana de las potencias activas de las Relaciones y dirige los pensamientos hacia ella, tomándola como CENTRO DE REFERENCIA INTENCIONAL-TEMPORAL. En el siguiente artículo se es­tudiará esta facultad.

 

B - La "facultad traductiva", función de la potencia activa.

En el articulo "G" del inciso anterior definimos a la "inteligencia" y a la "facultad tra­ductiva del pensar racional". Recordemos dichas definiciones: la "facultad traductiva" es la ca­pacidad de traducir el esquema de un ente a un lenguaje determinado; la "inteligencia" es la medida de la facultad traductiva: inteligencia es la capacidad de traducir el esquema de un ente AL MAYOR NUMERO POSIBLE DE LENGUAJES. Vimos también que la aplicación de esta facultad a una Relación ocasiona que el esquema sea notado en el contexto significativo de un lenguaje; de ese modo lo significado por la verdad del ente resulta traducido en un "concepto" cuya comprensión abarca sólo una parte de los elementos sémicos del esquema, pero, aunque en el articulo "G" se describió la función ejercida por la facultad traductiva, no se brindó explicación alguna sobre la esencia de tal facultad para evitar desviaciones hacia otros temas. Esa explicación es la que ahora vamos a estudiar y que nos permitirá entender la for­mación de la esfera de conciencia.

Consideremos el proceso del pensar racional. Un pensamiento ha "iluminado" un siste­ma y el relieve de un significado se perfila sobre el horizonte de la significación continua. Pero la facultad traductiva nota al significado perfilado SOBRE UN DETERMINADO PLANO DE SIGNIFICACIÓN: el contexto significativo, que otorga significación al significado, se "nivela" sobre dicho plano particular. Sabemos que la facultad traductiva es la capacidad para tornar inteligible la verdad del ente en una pluralidad de planos de significación oblicuos: SIN EMBARGO, CUALQUIERA SEA LA INCLINACIÓN DEL PLANO DE SIGNIFICACIÓN, EL PENSAMIENTO SIEMPRE ES VIVENCIADO CON REFERENCIA A "UN PLANO HORIZONTAL". Esto ocurre así porque LA FACULTAD TRADUCTIVA ES UNA FUNCIÓN DE LAS POTENCIAS ACTIVAS DE LAS RELACIONES: EN TODA RELACIÓN EXISTE UNA REFERENCIA POTENCIAL A LA ESFERA DE CONCIENCIA, COMO "CENTRO DE REFERENCIA" DE SÍ MISMO, QUE NIVELA Y TORNA HORIZONTA­LES LOS PLANOS DE SIGNIFICACIÓN EN LOS CUALES EL SIGNIFICADO ES NO­TADO. No importa, entonces, cuan oblicuo sea en la estructura cultural el plano de significa­ción en el que la facultad traductiva haya notado el significado de una Relación: EN el pen­samiento el significado, y su contexto, siempre serán horizontales, AÚN cuando la inteligencia sea tan elevada como para permitir notar el significado en varios lenguajes oblicuos. Y la nive­lación horizontal de planos de significación, que ejerce la facultad traductiva sobre el pensa­miento, es, sin dudas, la principal causa del equilibrio mental.

Así pues, la "facultad traductiva", que permite notar el significado de una Relación en un determinado contexto significativo, es "una función de la potencia activa" de tal Relación: dicha función consiste en REFERIR el plano de significación a la esfera de conciencia y cau­sar, de ese modo, la horizontalidad del pensamiento. Desde luego, el pensamiento de una Re­lación, pensado sobre un plano de significación horizontal, supone un significado notado en el contexto significativo de un lenguaje, es decir, supone que el significado está expresado en términos sémicos; y esto es así tanto si el significado es proyectado como signo por la expre­sión externa, como si se actualiza en la esfera de conciencia como idea. Pero todo pensamiento referido a la esfera de conciencia ha sido notado por la potencia activa, en virtud de tal refe­rencia, de una "intencionalidad temporal". Es esta cualidad la que permite calificar de "consciente" a un pensamiento, según definimos mas atrás.

Para entender el proceso formativo del "pensamiento consciente" del pasú, especialmen­te para distinguir con claridad la diferencia con el "pensamiento racional" que estudiamos en el inciso anterior, debemos unir en una sola idea cuatro conceptos clave: potencia, energía, in­tencionalidad y temporalidad. Inducir esta idea será el objetivo de los próximos artículos.

 

C - Esquema de sí mismo y energía psíquica.

Sabemos que todo ente que sea objeto de la intuición sensible será esquematizado ra­cionalmente en la estructura cultural. Las Relaciones, y los sistemas de Relaciones con Princi­pios que estudiamos hasta ahora, nos han permitido entender de qué manera el designio des­cubierto da lugar a la verdad del ente representada por el esquema estructural. Pero si TODO ente conocido es indefectiblemente esquematizado, habrá que preguntar, entonces, por el es­quema que corresponde a sí mismo. Veamos el problema más claramente. El sujeto histórico del microcosmos, que hemos denominado "conciencia", comienza a desarrollarse desde el mo­mento en que el descubridor de entes se descubre a sí mismo como ente entre los entes. El descubrimiento de sí mismo revela de inmediato la diferencia entre el microcosmos, ente indi­vidual, y cualquier ente del macrocosmos: esta diferencia sujeto-microcósmico/objeto macro­cósmico es evidente e innegable. Por eso, a partir del descubrimiento de sí, todo nuevo esque­ma de entes será referido a sí mismo: la dimensión potencia de cualquier relación ACTÚA so­bre el pensamiento según tal referencia hasta nivelar y tomar horizontales los planos de signifi­cación oblicuos. Ahora bien: este centro de referencia al cual se refieren, por su dimensión potencia, todas las Relaciones susceptibles de ser "conscientes" y al que hemos identificado anteriormente con la "esfera de conciencia", NO ES simplemente el "SÍ MISMO", el "MICROCOSMOS", sino el "SÍ MISMO CONOCIDO", el "MICROCOSMOS CONOCI­DO", es decir, el "ESQUEMA DE SÍ MISMO".

La esfera de conciencia (o de preconciencia en la figura 11) es en realidad un "esquema de sí mismo", configurado de acuerdo al grado de conocimiento de sí que alcance el pasú. Este esquema, según iremos viendo, adquirirá un carácter eminente con respecto a los demás miem­bros de la estructura cultural. Pondremos de relieve los aspectos más importantes del esquema de sí en los siguientes comentarios.

Primero - La esfera de conciencia, al ser un ESQUEMA de sí mismo, ES UN "SÍMBOLO COMPLEJO". Sin embargo, dicho símbolo ESTÁ INCOMPLETO Y EN PER­MANENTE PROCESO DE FORMACIÓN. ¿Cómo crece, cómo se conforma, el esquema de sí mismo? Respuesta: las continuas referencias a sí mismo, que determina la potencia de las Relaciones en el pensamiento, actualiza y agrega nuevos elementos sémicos al símbolo que constituye el esquema de si mismo.

Esto quiere decir que la "esfera de conciencia", por su carácter esquemático, es, en realidad, un símbolo, y que dicho símbolo se va completando como efecto de cierta especie de pensamientos referidos o intencionados hacia sí mismo. El "esquema de sí mismo", que co­mienza a formarse a partir del descubrimiento de sí mismo, es decir, cuando se inicia el sujeto histórico, acompaña en su devenir el desarrollo de este sujeto: LA "HISTORIA DEL MI­CROCOSMOS", CUYA "LÍNEA SUBJETIVA CONSTITUYE LA CONCIENCIA DEL PASÚ, ES EL ESQUEMA DE SÍ MISMO O ESFERA DE CONCIENCIA.

Segundo - La "historia" del microcosmos es, así, un esquema en permanente construc­ción al que denominamos "esfera de conciencia". Y la esfera de conciencia es el "centro" al que están potencialmente referidas aquellas Relaciones estructuradas en función de sí mismo.

Pero todo esquema surge de la interpretación racional de un designio. Es evidente que al descubrir al microcosmos, en que consiste el ente-pasú, para sí mismo, se ha de haber revelado EN ALGÚN GRADO su designio. Pero no es menos evidente que tal revelación SÓLO PODRÁ SER COMPLETA CUANDO TODO EL MICROCOSMOS HAYA SIDO RA­CIONALIZADO, ES DECIR, CUANDO EL ESQUEMA DE SÍ MISMO CONTENGA COMO VERDAD A TODO EL MICROCOSMOS. En el articulo 'F', comentarios quinto y sexto veremos en qué consiste el designio de sí mismo y comprobaremos que su descubrimien­to, y las referencias que motiva implica una "conmoción" en el sujeto racional. El esquema de sí mismo depende, de la evolución de la mente, de la capacidad actual, en todo momento, para aprehender racionalmente el designio de sí e interpretarlo en un esquema lo más completo posible. En resumen: el esquema de sí mismo, la esfera de conciencia, la historia del micro­cosmos, es un símbolo en formación que jamás acaba de completarse porque el designio de sí mismo, al que interpreta, jamás acaba de ser conocido por el pasú.

Para finalizar vamos a confirmar lo dicho en el inciso "Memoria arquetípica y razón: la esfera de conciencia es una especie de memoria. El solo hecho de que la esfera de conciencia consista en una "historia" del microcosmos debe dar la idea de que una serie temporal de suce­sos psíquicos han de estar necesariamente memorizados en ella. Del mismo modo que la es­tructura del cerebro puede ser denominada "memoria arquetípica", y la estructura cultural "memoria conceptual", la estructura del esquema de si mismo es llamada "memoria representa­tiva"; lo de "representativa" va por motivos que se verán en el articulo 'F'.

Tercero - No obstante su aparente devenir, es decir, el permanente cambio que constitu­ye su progreso hacia la verdad completa, el esquema de sí mismo puede ser también "pensado" como los otros esquemas de la estructura cultural. Lo explicaremos. Todo esquema o Relación es vivenciado por el pensar como "pensamiento", el cual se halla fundado en un significado, propio del esquema, que se perfila en relieve sobre el horizonte de la significación continua. El esquema de sí mismo es el que tiene las dimensiones máximas: mayor extensión, mayor com­prensión y mayor potencia, que cualquier otro esquema o Relación. El "pensar" un esquema semejante supone la aprehensión de un significado de jerarquía superior pues la esfera de con­ciencia es un centro de referencia para todos los planos de significación. Vale decir: el sujeto cultural tiene la posibilidad de "contener" en un pensamiento al esquema de sí mismo; pero tal posibilidad es, justamente, la que señala el inicio del "sujeto consciente": el sujeto cultural, al reflexionar sobre sí mismo, anima al esquema de sí mismo y se eleva como "sujeto consciente". Por el contrario, para el sujeto consciente, todos los esquemas de la estructura cultural son inte­ligibles, es decir, tienen significado en algún lenguaje.

Pero, si todo esquema de la estructura cultural resulta inteligible para la esfera de con­ciencia, ella misma, en tanto que esquema de sí mismo, ¿en qué lenguaje se torna inteligible su significado? Respuesta: el lenguaje propio de la esfera de conciencia, en cuyo contexto ella puede ser notada y entendida, "reflexionada", es la "HISTORIA INMANENTE". El significa­do de la esfera de conciencia o esquema de sí mismo se expresa en un lenguaje histórico, es decir, se manifiesta al entendimiento como una forma del tiempo. Intuir el significado de la esfera de conciencia equivale a intuir la línea subjetiva del sujeto histórico inmanente, a captar la unidad de la conciencia "como una historia".

Cuarto - Naturalmente, fuera de éste que le es propio, la esfera de conciencia puede ser notada en cualquier otro lenguaje y, el concepto correspondiente, expresado en el mundo me­diante signos adecuados. Nos interesa ahora destacar uno de tales conceptos, que los viryas perdidos han proyectado en los últimos milenios.

Este concepto es el de ENERGÍA, al que se pretende derivar de otros entes por desco­nocerse cual es el verdadero esquema del que procede. Pero, sin importar a cual ente lo APLI­QUE la ciencia, EL CONCEPTO DE ENERGÍA EXPRESA EL SIGNIFICADO DE LA ES­FERA DE CONCIENCIA. Por supuesto que un concepto que debe anotar al esquema de má­xima extensión y comprensión ha de poseer también tales dimensiones extremas, además de máxima connotación: la proyección del concepto energía en signos fisicomatemáticos, por ejemplo, a pesar de la complejidad que patentiza, apenas alcanza a insinuar el significado del esquema de si mismo del cual procede. Por eso, al afirmar que "las esferas psíquicas son de energía", dijimos más atrás que no "aplicamos" el concepto de energía a la psique sino que, por ser la psique de energía, existe concepto de energía.

Quinto - Si el concepto de energía expresa el significado de la esfera de conciencia po­demos indagar en base a qué propiedades de la misma se define la "energía psíquica". En pri­mer lugar observemos que el esquema de sí mismo deviene, varía, cambia, se mueve: el "movimiento" es, pues, la primera propiedad de la energía psíquica. En segundo término hay que notar que la esfera de conciencia es el "centro de referencia" hacia el que apuntan las po­tencias activas de las Relaciones "históricas": la "dirección" es, entonces, la segunda propiedad evidente de la energía psíquica.

Pero, para que algo energético, un símbolo por ejemplo, DIRIGIDO hacia un centro de referencia, pueda llegar hasta el hace falta que la energía sea lo suficientemente INTENSA. La INTENSIDAD es, pues, la tercera propiedad importante de la energía psíquica.

Por ahora, sin descartar completamente otras propiedades, podemos afirmar que la energía psíquica se caracteriza por el movimiento, la dirección y la intensidad. Naturalmente, con estas tres determinaciones la energía psíquica es análoga a una magnitud vectorial de la Física.

 

D - Expresión energética del pensamiento del pasú.

Las referencias potenciales que existen en las Relaciones introducen en el pensamiento una "dirección", o "intención temporal", que lo dirige hacia la esfera de conciencia: estos pen­samientos, "conscientes" en mayor o menor grado, son los responsables del cambio progresivo que manifiesta el esquema de sí mismo. Pero el cambio, el "movimiento", ocurre en la energía psíquica y su causa está en la potencia activa, en sus referencias al esquema de sí mismo. En Física se ha definido también una relación causal entre la potencia y la energía que será con­veniente tener en cuenta por su valor analógico.

Una forma de energía, el TRABAJO mecánico, se relaciona con la potencia EN FUNCIÓN DEL TIEMPO en que dicho trabajo se desarrolla:

 

Potencia (W) .Tiempo (T) = Trabajo (A)

 

    (1)

 

Tenemos aquí, aunque con diferencias de significado, tres conceptos que intervienen en la estructura psíquica: potencia, tiempo y energía (trabajo). Volveremos sobre esta fórmula.

Por otro lado, el trabajo mecánico se define como el producto de una FUERZA por la DISTANCIA que se ha desplazado a su punto de apoyo:

 

Trabajo (A) = Fuerza (F). Distancia (D)

 

    (2)

 

Sustituyendo en (1) el valor dado al trabajo por (2)

 

 

o bien

 

 

pero como  es decir el cociente de la distancia y el tiempo es la VELOCIDAD:

    (3)

 

La potencia es, según (3), una función de la fuerza y la velocidad

Una analogía con esta relación suelen emplear quienes dan preeminencia a las "ideas" por sobre las configuraciones estructurales de la psique: surgen así los conceptos de IDEA FUERZA o VELOCIDAD DE LAS IDEAS. Por el contrario, al establecer correspondencias analógicas entre la psique del pasú y el modelo estructural, nosotros nos ajustaremos a las dimensiones de la formula (1), vale decir, a la potencia, al tiempo y a la energía.

Vamos a definir, entonces, una función cuyo dominio es LA PRODUCCIÓN DE PEN­SAMIENTOS EN LA ESTRUCTURA CULTURAL DEL PASÚ y a la que denominamos "EXPRESIÓN ENERGÉTICA DEL PENSAMIENTO DEL PASÚ":

 

Potencia (W). Tiempo trascendente (Tt) = Energía psíquica (Ep)

 

    (4)

 

Hay que insistir en que esta fórmula sólo tiene la finalidad inductiva de facilitar la ex­plicación. Si suspendemos por un momento los prejuicios cientificistas y nos atenemos a la conclusión anterior que dice: "el concepto de energía significa la esfera de conciencia", no nos resultará tan extraña la función (4).

Antes de utilizar la "expresión energética", para explicar la producción de pensamientos conscientes, debemos tener en claro cuales son sus implicancias. Es lo que destacaremos en tres comentarios:

Primero - La energía del pensamiento racional depende, según (4), de la potencia activa (W) y del tiempo trascendente (Tt). Este tiempo (Tt) es el que mide la DURACIÓN del pen­samiento sobre la Relación y será definida mas adelante.

Segundo - A mayor potencia activa (W) en la Relación mayor energía. (Ep) en el pen­samiento.

Tercero - A mayor tiempo (Tt) de duración de la actividad potencial mayor energía. (Ep) en el pensamiento.,

De estos comentarios a la función (4) se desprende, tal como cabía esperarse de una ex­presión analógica, que la "potencia activa" y el "tiempo trascendente" son CAUSA de la ener­gía psíquica. Vamos a definir ambos conceptos:

Una Relación se define en base a tres dimensiones: extensión, comprensión y potencia. Pero una Relación es en realidad el esquema sémico de un ente, es decir, un símbolo complejo una subestructura de elementos sémicos: la potencia es lo que permite a los símbolos SUB­SISTIR como tales y permanecer estructurados. Mas no debe creerse con esto que la potencia es un mero "contenido" de los símbolos: ella es el principio que hace posible la MANIFESTACIÓN de los símbolos en el pensamiento. Cuando el pasú ya posee sujeto histórico y, en consecuencia, esquema de si mismo, la manifestación de los símbolos se efectúa con referencia a la esfera de conciencia, es decir, intencionados, dirigidos hacia ella. El plano de significa­ción, y con ello el contexto del significado, se tornan, entonces, horizontales para el pensa­miento. Recordemos que el pasú, en el estado evolutivo que lo estamos considerando, YA PO­SEE, AUNQUE INCIPIENTE, UN SUJETO HISTÓRICO Y UN, ESQUEMA DE SÍ MISMO.

Podemos afirmar, pues, que: LA POTENCIA ES EL SUBSTRATO FUNDAMENTAL DE TODO SÍMBOLO PSÍQUICO DE LA ESTRUCTURA CULTURAL: POR ELLA LOS SÍMBOLOS "SUBSISTEN" Y SE "MANIFIESTAN" EN EL PENSAR. PERO LOS "PRINCIPIOS", QUE SON SÍMBOLOS SIMPLES, SÓLO SUBSISTEN: NO SE MANI­FIESTAN JAMÁS AL PENSAMIENTO (aunque pueden ser conocidos por un reflejo o copia en una Relación conexa, según ya se explicó); POR ESO SE DICE QUE SU POTENCIA ES "PASIVA". LAS "RELACIONES", POR EL CONTRARIO, SUBSISTEN Y SE MANI­FIESTAN: SU POTENCIA ES "ACTIVA".

El pensamiento "consciente", que hace "crecer" al esquema de sí mismo, depende de las manifestaciones de los símbolos de la Relación que mienta, es decir, depende de la potencia activa: a ella nos referiremos de aquí en adelante, aún cuando digamos simplemente: "potencia".

En resumen: LOS SÍMBOLOS, DEL ESQUEMA O RELACIÓN, SUBSISTEN SOS­TENIDOS POR EL SUBSTRATO DE SU POTENCIA; SI UN PENSAMIENTO MIENTA LA RELACIÓN, LOS SÍMBOLOS SE MANIFIESTAN CON UNA DETERMINADA ENERGÍA: TAL "ACTIVIDAD" ES TAMBIÉN PRODUCTO DE LA POTENCIA. En un próximo artículo estudiaremos la "manifestación" de los símbolos en el pensamiento: ahora nos ocuparemos de su "subsistencia", para exponer la definición pendiente del "tiempo tras­cendente".

En el inciso "Esquema del Universo de El Uno" se mencionó la triple composición del Demiurgo: Poder, Belleza y Sabiduría, y se explicó que "el Poder lo ejerce el Aliento o tras­cendente fluir de su Conciencia-Tiempo". Encontramos así, en la esencia del MACROCOS­MOS, la POTENCIA (o Poder) y el TIEMPO (Conciencia Cósmica o Aliento) UNIDOS COMO CAUSAS DE LA EXISTENCIA DE LOS ENTES, de manera análoga a la "expresión energética del pensamiento" (4). Aunque la fluencia del Aliento es el Tiempo INMANENTE del macrocosmos aquí lo denominaremos TRASCENDENTE atendiendo a su intima penetra­ción en la estructura cultural del microcosmos o pasú.

En el tiempo trascendente, o tiempo del macrocosmos, se desarrollan los tiempos ente­lequiales de los Arquetipos universales: los entes conocidos son "momentos" de tales procesos, "detenciones" efectuadas por la razón para descubrir el designio demiúrgico, el ser-para-el-hombre. Los entes cambian constantemente, por efecto de sus evoluciones, pero PERMANE­CEN siendo entes en su devenir, es decir, subsisten como entes en el tiempo trascendente. Para que los incontables procesos evolutivos, que se desarrollan en el macrocosmos, CONVERJAN HACIA LA FINALIDAD, es decir, NO DIVERJAN DE LA MACROENTELEQUIA "PRALAYA", los entes se estructuran en un organismo cósmico cuyas funciones apuntan teleo­lógicamente hacia la finalidad. Por lo tanto ese "permanecer en el cambio", que caracteriza el proceso de los entes, no se realiza aisladamente en el seno de los entes sino que, contrariamen­te, TODOS LOS ENTES SE HALLAN ENLAZADOS ENTRE SI.

¿En qué consiste el enlace, la relación, entre entes que cambian sin cesar? Respuesta: EN LA RAZÓN ENTRE MOVIMIENTOS, QUE DETERMINA LA SIMULTÁNEA PER­MANENCIA DE LOS ENTES EN EL TIEMPO TRASCENDENTE. Algunos aspectos de esta razón son los que suele descubrir la ciencia empírica, y traducir imperfectamente en len­guaje matemático, como leyes o relaciones cualitativas entre magnitudes características de los fenómenos.

El supuesto fundamental para que una razón teleológica enlace a todos los entes por "permanecer en el cambio" es que exista alguna especie de SINCRONIZACIÓN entre todos sus procesos. En otras palabras: los movimientos, en que consiste el devenir de los entes, pueden ser de muchas clases: uniformes o variables, continuos o discretos, lineales o secuen­ciales; oscilatorios, rítmicos, cíclicos, etc.; pero, CUALQUIERA SEA LA CLASE DE MO­VIMIENTO QUE CARACTERIZA EL PROCESO DE LOS ENTES, la razón teleológica que los enlaza determina que en cada momento absoluto del tiempo trascendente exista coinciden­cia de momentos relativos de los movimientos de los entes; o sea: existe una especie de sin­cronización de movimientos que se verifica en cada momento del tiempo trascendente por la simultánea permanencia (en el cambio) de los entes.

Ahora bien, el cuerpo material del pasú es un ENTE ENTRE LOS ENTES y, como tal, permanece en el tiempo trascendente. En consecuencia, los movimientos que componen su proceso entelequial, deben estar sincronizados con los restantes movimientos del macrocos­mos. Naturalmente, algunos "movimientos" en las funciones orgánicas tales como los ritmos cardiaco y respiratorio, los ciclos septenarios del crecimiento, la extensión del espectro senso­rial, las ondas cerebrales, etc., presentan una "razón" más visible con respecto a movimientos proporcionales del sistema solar; pero, en rigor de la verdad, TODOS los movimientos orgáni­cos, desde los atómicos hasta los psíquicos, ocurren en coincidencia con otros movimientos del macrocosmos: LOS RELOJES ATÓMICOS, BIOLÓGICOS Y PSICOFISIOLÓGICOS DEL PASÚ ESTÁN SINCRONIZADOS CON LOS RELOJES CÓSMICOS QUE REGULAN LOS MOVIMIENTOS DE LOS ENTES SEGÚN "PATRONES UNIVERSALES DE  RAZÓN".

Al referirnos al cuerpo material del pasú, en el inciso "Memoria arquetípica y razón", afirmamos que el mismo constituye un "minor mundus", un microcosmos que refleja al "maior mundus" o macrocosmos. Veremos ahora como debe entenderse esta afirmación. En primer lugar hay que advertir que "microcosmos" designa a la finalidad del pasú, vale decir, a una entelequia que debe ser alcanzada, y no a una realidad presente. En segundo lugar observemos que un "microcosmos" ACTUAL, un reflejo absoluto del macrocosmos o entelequia real, HA DE SER POR NECESIDAD UN ENTE AUTÓNOMO, COMO LO ES A SU MODO EL DEMIURGO. Pero acabamos de ver que el cuerpo del pasú se encuentra sincronizado en todos sus movimientos con relojes patrón del macrocosmos y, por consiguiente, ENLAZADO A LOS DEMÁS ENTES, ESTRUCTURADO A ELLOS. El cuerpo del pasú NO ES, en efecto, UN ENTE AUTÓNOMO. He aquí la aparente paradoja: un "microcosmos" debe ser un ente autónomo; el cuerpo del pasú, al que denominamos "microcosmos", no es un ente autó­nomo.

¿Qué es entonces, el pasú; que es su cuerpo? Respuesta: EL CUERPO DEL PASÚ ES UN MICROCOSMOS "POTENCIAL"; SERÁ UN MICROCOSMOS "ACTUAL" CUANDO SE TRANSFORME EN UN ENTE AUTÓNOMO, ES DECIR, CUANDO SE INDEPENDICE DE SU SINCRONIZACIÓN CON LOS PROCESOS DE LOS RESTANTES ENTES DEL MACROCOSMOS.

Es evidente que, a medida que el pasú progresa hacia la entelequia, ha de ir transformándose cada vez mas en un "ente autónomo" pues tal condición está impuesta por la finalidad; pero ¿en virtud de qué proceso interno se obtiene la autonomía microcósmica? La respuesta ya fue adelantada en el articulo 'A': EL PASÚ SE VA TRANSFORMANDO EN ENTE AUTÓNOMO A MEDIDA QUE CUMPLE EL "OBJETIVO MICROCÓSMICO DE LA FINALIDAD": CONSTRUIR UN ESQUEMA DE SI MISMO O ESFERA DE CON­CIENCIA DE TAL PERFECCIÓN QUE, AL SER REFLEXIONADA POR EL SUJETO CONSCIENTE, RACIONALICE COMPLETAMENTE AL MICROCOSMOS. LA CON­CIENCIA, ANÁLOGAMENTE AL ASPECTO "PODER" DEL DEMIURGO, HA DE PO­DER APLICARSE, COMPENETRARSE, DIFUNDIRSE, ETC., EN EL MICROCOSMOS Y SINCRONIZAR SUS MOVIMIENTOS INTERNOS CON SUS PROPIOS RELOJES PATRÓN, O SEA, HA DE PODER DESINCRONIZARLO DEL MACROCOSMOS EVITAN­DO PARTICIPAR DEL TIEMPO TRASCENDENTE, HA DE SUSTRAERLO DE SU PERMANENCIA EN EL.

Como se verá en el próximo artículo, para que ello ocurra la esfera de conciencia ha de presentar la dimensión de un "tiempo propio del microcosmos", es decir, de un "tiempo inma­nente".

En el inciso anterior, articulo 'H', explicamos que el continuo movimiento corporal del pasú, cuando no obedece a la expresión concreta de un concepto, PONE UN "SENTIDO GE­NERAL" EN EL MUNDO, al que se denomina: ARMONÍA. El mero hecho de ESTAR en el mundo hacen del pasú un postor de "sentido armónico" y por eso la armonía se define como "una relación entre los movimientos del microcosmos y del macrocosmos". Es conveniente vincu­lar el concepto de "armonía" con el de "autonomía microcósmica", que acabamos de definir, para mejorar la comprensión global de la Sabiduría Hiperbórea. La armonía, en efecto, DE­PENDE DE LA AUTONOMÍA MICROCÓSMICA: a mayor autonomía mayor armonía, vale decir, mayor "sentido general" puesto por el continuo movimiento corporal. En consecuencia: LA PRODUCCIÓN DE ARMONÍA ESTÁ OPUESTA A LA SINCRONIZACIÓN DE MOVIMIENTOS ENTRE MICRO Y MACROCOSMOS. En otras palabras: A MAYOR SINCRONIZACIÓN MENOR ARMONÍA. En el extremo desfavorable, una sincronización TOTAL Y ABSOLUTA de movimientos implica la no existencia de la entidad microcósmica: el cuerpo del pasú seria, en ese caso, PURA ENTIDAD ANIMAL.

Queda claro, pues, que el pasú es un microcosmos potencial, cuyos movimientos inter­nos se encuentran SINCRONIZADOS EN ALGÚN GRADO con los movimientos externos del macrocosmos. Pero, aunque el microcosmos potencial se despliega constantemente y tiende hacia su entelequia, HAY ALGO EN EL QUE PERMANECE INVARIABLE: SU PRE­SENCIA ORGÁNICA, QUE REPRODUCE A LA ESTRUCTURA DEL MACROCOSMOS. Lo orgánico, lo estructural, del microcosmos permanece en el tiempo trascendente a menos que se independice alcanzando la autonomía óntica. Por eso, ahora se ve claramente, afirmábamos mas atrás que los sistemas de la estructura cultural se "manifiestan" en el pensamiento y SUBSISTEN EN EL TIEMPO TRASCENDENTE.

Resumiendo, en el pasú, microcosmos potencial, la subsistencia DE los sistemas, Prin­cipios y Relaciones, ocurre en el "tiempo trascendente", del cual el microcosmos PARTICIPA. Y, lo que subsiste EN los sistemas, es el substrato esencial de los símbolos, vale decir, la "potencia". Con estos enunciados sintéticos completamos las definiciones de los dos términos causales que aparecen en la "expresión energética del pensamiento" (4): potencia y tiempo trascendente. En el siguiente articulo pondremos en claro el concepto de "sujeto individual" del microcosmos, que ostenta el "alma" del pasú, para retomar luego el estudio de la "expresión energética del pensamiento.

 

E - El objetivo microcósmico de la finalidad requiere de la metempsicosis.

De acuerdo con lo visto en el articulo 'D' podemos afirmar que el cuerpo del pasú es un "microcosmos potencial" que TIENDE a actualizarse plenamente en la entelequia humana. Mientras progresa hacia esa perfección el microcosmos PARTICIPA DEL TIEMPO TRAS­CENDENTE DEL MACROCOSMOS, en el cual se sincronizan todos sus movimientos inter­nos. Por eso el objetivo de la evolución, la autonomía óntica, exige LA SUSTITUCIÓN DEL TIEMPO TRASCENDENTE POR UN TIEMPO PROPIO DEL MICROCOSMOS, UN "TIEMPO INMANENTE" A CUYO FLUJO SE ORDENEN Y REALICEN LOS PRO­CESOS INTERIORES. Este "objetivo", naturalmente, no es otro que el objetivo microcósmico de la finalidad, el cual se propone desarrollar un "sujeto histórico" o conciencia cuya nota principal es, justamente, la temporalidad inmanente. En el articulo "F" se estudiará en detalle la relación entre el tiempo trascendente y el tiempo inmanente; aquí nos interesa dejar en claro que el objetivo microcósmico SÓLO PUEDE SER ALCANZADO CON EL CONCURSO DE LA METEMPSICOSIS.

El Demiurgo, en efecto, no puede permitir que el progreso evolutivo se interrumpa por la disolución orgánica del microcosmos, esto es: por la muerte del pasú. En realidad, el ciclo de vida del microcosmos depende sólo del tiempo trascendente: mientras exista la participación habrá fatalmente una disolución formal, como ocurre con todo ente orgánico. Pero si el micro­cosmos actualiza su potencialidad y se INDIVIDUALIZA, es decir, se independiza temporal­mente del macrocosmos, entonces podrá escapar a la disolución, a la muerte, porque los proce­sos internos quedarán "detenidos" para el tiempo trascendente. El objetivo microcósmico ase­gura, así, que en algún momento de la evolución se alcanzará la inmortalidad del cuerpo ma­terial. Ahora bien: en tanto ese momento llega ¿puede perderse, con la muerte y disolución del microcosmos, el progreso individual obtenido en la construcción del esquema de sí mismo? Respuesta: Todo esquema de si mismo queda impreso en el alma, durante la vida del micro­cosmos, de tal modo que al desencarnar, tras la desintegración orgánica, lo conserva con carác­ter permanente.

Vale decir: el esquema de sí mismo, que es parte del "alma" del pasú, SOBREVIVE A LA DISOLUCIÓN DEL MICROCOSMOS PARA MEJOR CUMPLIMIENTO DEL OBJE­TIVO MICROCÓSMICO. Estamos pues ante una evidente paradoja. Sin embargo tal parado­ja pierde consistencia si miramos las cosas desde el punto de vista del Demiurgo, que es quien ha determinado el modo en que se debe cumplir la finalidad. Con esa perspectiva, hay que co­menzar por admitir que lo que interesa, en primer lugar, es el objetivo macrocósmico; la pro­ducción de cultura. Este objetivo es sociocultural y tiene por fin preservar el sentido puesto en los entes por los miembros particulares de la comunidad cultural: una "cultura" es el sostén comunitario de los objetos culturales, es decir, de los entes signados por la expresión humana. Una cultura, demiúrgicamente entendida, es, pues, una macroexpresión de la evolución colecti­va alcanzada por la comunidad: los objetos culturales son proyectos que demuestran el grado de evolución alcanzado porque son medida de la inteligencia de los proyectistas. Recordemos que el placer del Demiurgo está en el "descubrimiento posterior de la obra", tarea que ha sido reservada al hombre. Los objetos culturales son, justamente, la afirmación del designio descu­bierto en los entes, vale decir, un "bien supremo".

Para el Demiurgo, entonces, el bien radica en el cumplimiento de la CONDICIONES del desarrollo cultural de una comunidad, es decir, en que ese desarrollo no se detenga en nin­gún momento, en que crezca y transforme la realidad indiferenciada de los entes universales en una superestructura de objetos culturales. Las CONDICIONES del desarrollo cultural de una comunidad dependen, naturalmente, de la evolución PARTICULAR de sus miembros, que son quienes "ponen" el sentido en los entes. Es por estas CONDICIONES que la finalidad del pasú, aparte del objetivo macrocósmico general, supone un objetivo microcósmico particular: la evolución de un "sujeto individual" que procure la autonomía del microcosmos y, obtenida ésta, otorgue máximo sentido a la obra del Demiurgo.

El sujeto individual, que al principio de la evolución es "racional" y al final "consciente", es la manifestación del alma en las estructuras del microcosmos. Y el alma, por la metempsi­cosis, transmigra durante millones de años para manifestarse, cada vez, en un mi­crocosmos más perfecto, más cercano al objetivo microcósmico de la finalidad. De aquí que surja la ne­cesidad de aclarar, aunque sea brevemente, la relación entre el "sujeto" individual y el "alma", ya que el estudio analógico de la "expresión energética del pensamiento" nos exigirá una defi­nición rigurosa del sujeto consciente que anima al esquema de sí mismo.

En primer lugar precisemos qué debe entenderse por "alma". El pasú, como todo ente orgánico que evoluciona, es la manifestación de un Arquetipo universal y de una mónada: la mónada es el soporte del organismo individual que evoluciona conforme al Arquetipo univer­sal. Pero la mónada no "desciende" jamás al plano material sino que permanece en el plano ar­quetípico desde donde es proyectada por el aspecto Voluntad del Demiurgo hacia el plano ma­terial. Durante la vida del pasú la mónada sostiene el cuerpo material y evoluciona con éste; o, con otras palabras: la manifestación de la mónada en el plano material es el microcosmos. Al morir el cuerpo animal del pasú el microcosmos se disuelve y, tras la desintegración orgánica, la mónada deja de manifestarse materialmente. Sin embargo la mónada no se desconecta com­pletamente del plano material pues un término energético, procedente del microcosmos, subsis­te aún desencarnado: es el "alma" del pasú.

El alma es, así, lo que permanece siempre manifestado de la mónada; lo que evoluciona en el microcosmos e involuciona parcialmente durante la desencarnación; lo que sobrevive a la disolución conservando la evolución experimentada, para retornar nuevamente en la génesis vital de otro microcosmos. Pero en esta metempsicosis el alma no reencarna en nuevos cuerpos " como aquel actor que se prueba diferentes ropajes”, y "mira a través de los ojos de distintas mascaras”, según es creencia común de la palingenesia ingenua. Si así lo hiciera debería exis­tir continuidad mnémica de los actos experimentados en todos los microcosmos, e decir, debe­ría ser natural "recordar las vidas pasadas”. Por el contrario, en cada microcosmos vivo, el sujeto pensante jamás rememora "naturalmente" ningún recuerdo de una vida anterior. Ello no ocurre porque el procedimiento dispuesto por el Demiurgo para la transmigración de las almas impone a éstas, durante el periodo de desencarnación, una "involución" del sujeto en sí mismo que produce la amnesia mencionada. Explicaremos paso a paso el procedimiento de metempsi­cosis pero sin extendernos demasiado en los detalles.

El alma, en tanto que manifestación sutil de la mónada, sostiene al microcosmos difundiéndose en toda su estructura, actuando como un "cuerpo doble". Sin embargo sólo en la estructura psíquica, debido a su naturaleza energética, se verifica un contacto fluido entre la vida orgánica y el alma. Los tres "sujetos que hemos mencionado en el articulo "E"" del inciso anterior, el "sujeto racional", el "sujeto cultural" y el "sujeto consciente" o "histórico"; no son más que manifestaciones individuales del alma de pasú en las distintas estructuras del micro­cosmos. De estas estructuras sólo el esquema de sí mismo o esfera de conciencia tiene la  posibilidad de impresionar en forma permanente al alma: la estructura del cerebro y la estructu­ra cultural son demasiado groseras como para afectarla de alguna manera.

La alteración que el esquema de si mismo causa en el alma, en cambio, la modifica de tal modo que su efecto persiste aún cuando el microcosmos se ha desintegrado completamente. Pero el esquema de si mismo representa "toda la conciencia " que es capaz de alcanzar un mi­crocosmos, vale decir, es un grado evolutivo. Por eso el alma, al quedar modificada permanen­temente por el esquema de si mismo, en realidad se ha auto modelado en el sentido de la entele­quia humana, es decir, ha evolucionado.

Supongamos ahora que un alma ha desencarnado profundamente impresionada por un esquema de si mismo al que anima como un "sujeto consciente". Siendo el esquema de sí una historia del microcosmos que ha quedado incorporada al alma, es evidente que el sujeto aními­co ha de recordar lo vivido no obstante estar desencarnado. Entonces ¿por qué en una posterior encarnación el alma aparece desprovista de recuerdos? Respuesta: 1º) porque la evolución del microcosmos obedece a una SECUENCIA JERÁRQUICA irreversible que obliga al alma a manifestarse inicialmente como sujeto racional del cerebro o "razón"; 2º) sin embargo, previa­mente a la encarnación, se efectúa una "involución del sujeto de sí mismo" que causa el "olvido" parcial de los recuerdos innatos.

1º - Para entender esta respuesta hay que considerar, ante todo, que el alma sólo puede manifestarse EN una estructura adecuada o vehículo. Esta condición viene por ser el alma ex­presión energética de la mónada, la cual es fundamento de todo proceso arquetípico particular: en este sentido, la mónada es el sujeto individual en todo ente que evoluciona de acuerdo al impulso formativo de los Arquetipos universales. En el caso particular del microcosmos, el alma es siempre sujeto anímico de una estructura; y la afirmación contraria también es válida: sin estructura no hay manifestación anímica posible. Teniendo en cuenta tal condición, y todo lo visto hasta aquí sobre la formación de la estructura cultural y el esquema de sí mismo, po­dremos entender fácilmente la respuesta anterior.

Si reflexionamos sobre lo estudiado hasta aquí comprobaremos que, en efecto, se cum­ple una tácita SECUENCIA JERÁRQUICA en la formación de las estructuras del microcos­mos: en el génesis sólo existe el cerebro, es decir, la memoria arquetípica; el alma no puede hacer otra cosa que animar tal estructura y operar con sus funciones; como sujeto racional o "razón" el alma descubre el designio en los entes y construye la estructura cultural, a la que luego animará como sujeto cultural; y desde la estructura cultural irán emergiendo hacia las capas superiores de la psique los símbolos que conforman el esquema de si mismo, al que el alma animará como sujeto consciente o histórico. He aquí la secuencia completa: el alma anima a la memoria arquetípica o cerebro como sujeto racional o "razón" y construye la estruc­tura cultural a la que anima, a posteriori, como sujeto cultural, desde donde construye el esquema de si mismo al que anima, por último, como sujeto consciente o histórico.

No hay manera "natural" de alterar esta secuencia: el alma encarnada siempre debe co­menzar por animar un cerebro infantil, por ser sujeto racional. A partir de ese comienzo inevi­table está la posibilidad de desarrollo estructural que subyace en la potencia del microcosmos potencial: si las limitaciones genéticas del microcosmos particular lo permiten, quizá se pueda alcanzar un alto grado de conciencia. Pero lo que no se podrá hacer es alterar la secuencia je­rárquica que ordena la aparición de los sujetos anímicos.

Está claro ahora en que consiste la secuencia jerárquica de la formación estructural, mas no se ve con igual claridad por que el alma, en una posterior encarnación, aparece desprovista de recuerdos. Pero la respuesta es simple, radica en la naturaleza jerárquica de la secuencia, en las determinaciones que impone cada estructura a la manifestación de los sujetos propios. Cuando el alma anima, por ejemplo, a la memoria arquetípica sólo puede descubrir el designio en los entes dados a la intuición sensible: cualquier "recuerdo innato" no se diferencia en nada de la intuición de un ente; pero, como tales recuerdos carecen de designio, son automáticamen­te eliminados por las operaciones de la razón y el sujeto a lo sumo percibe una vaga reminis­cencia o "sensación indefinida de familiaridad". El sujeto racional adquiere, así, un carácter novedoso que no abandona al alma en sus posteriores manifestaciones subjetivas. Esto se en­tenderá mejor si recordamos que los tres sujetos mencionados son en verdad tres aspectos simultáneos del alma: es la misma alma que al manifestarse en cada estructura "momentáneamente" la anima como sujeto propio. Vale decir: el "momento" del alma es el su­jeto anímico y este único sujeto puede animar, en un microcosmos estructuralmente completo, simultáneamente a tres estructuras mnémicas.

Para explicarlo mediante una alegoría podemos suponer que el alma es análoga a un fa­nal de luz acromática, es decir, de color blanco. Si colocamos delante del fanal una lámina provista de una pequeña abertura central ya tendremos el equivalente a un sujeto racional: el haz de luz ácroma que despide la ventana central es el sujeto analógico. Interceptemos ahora el haz con un filtro que sustraiga un color, por ejemplo el azul. Para una luz blanca de 500mu, según las leyes de la Óptica, el filtro azul sólo dejara pasar el 69% y ELIMINARÁ el 31%. Pues bien, ese haz transmitido por el filtro azul, considerablemente reducido, es análogo al sujeto cultural. Mantengamos el filtro azul e interceptemos el haz transmitiendo nuevamente, ahora con un filtro amarillo. Del 69% de luz que penetra al filtro, este sustraerá una parte y transmitirá el 58%, es decir, el 40% de la luz original. El haz resultante, de matiz verde, es análogo al sujeto consciente. Consideremos el experimento alegórico completo. El fanal es el alma que se derrama en todas direcciones en forma de luz blanca. Al colocar una lámina que sólo deja pasar un haz efectuamos una operación análoga a la encarnación del alma: el haz es la misma alma-fanal convertida ahora en sujeto racional. Comienza aquí la secuencia jerár­quica. El filtro azul es análogo a la memoria arquetípica o cerebro: sólo una parte "filtrada" del sujeto-haz llegará hasta la estructura cultural para animarla. Este sujeto cultural debe animar la estructura cultural, representada por el filtro amarillo, y "trascenderla" para constituirse en su­jeto consciente: el haz, reducido en más de la mitad de la luz original, que atraviesa el filtro amarillo es análogo al sujeto consciente (ver figura 26).

Esta alegoría nos muestra claramente que el alma y el sujeto son una y la misma cosa y que, en el microcosmos, hay un solo sujeto que se manifiesta simultáneamente en tres lugares o estructuras diferentes. Si un "recuerdo innato" irrumpiese por casualidad en el sujeto racional, seria eliminado en la misma forma que el filtro rojo sustrae tal color del haz de luz.

2º - Decimos "por casualidad" porque, según se declaró en 2º, previamente a la encar­nación el alma ha sido inducida a "olvidar" los recuerdos innatos, es decir, a no tener presente, durante toda la encarnación, los antiguos esquemas de sí mismo, las "historias" vividas en otros microcosmos. Pero, justamente en el articulo 'A', se dijo que el objetivo microcósmico de la finalidad es la construcción de un esquema de sí mismo que, en última instancia, consista en el microcosmos mismo, racionalizado por el sujeto consciente; vimos también que el esquema de sí mismo, no importa cuan imperfecto sea, impresiona permanentemente al alma y constitu­ye su evolución: en base a tal evolución, obtenida por la asimilación de los distintos esquemas de sí mismo de diferentes vidas, se va perfeccionando cada nuevo microcosmos animado y SE CUMPLE EL OBJETIVO MICROCÓSMICO DE LA FINALIDAD. Siendo así ¿cómo debe entenderse la respuesta 2º, que afirma un olvido previo de los recuerdos innatos? Lo explica­remos de inmediato. Para continuar con el ejemplo propuesto, de un alma que desencarna pro­fundamente impresionada por un esquema de sí mismo al que anima como sujeto consciente, digamos que el procedimiento seguido consiste en practicar la involución del sujeto previa­men­te a una nueva encarnación.

El sujeto "involuciona" cuando se desconcentra temporalmente, es decir, cuando su momento presente se expande en sí mismo y abarca toda la historia "en una sola mirada", he­chos que se confirman por los conocidos relatos de quienes han "resucitado", luego de pasar por la muerte clínica, y han visto "todo lo vivido, en un solo instante". La involución del suje­to, en el sentido expuesto, es necesaria para que el alma pueda ofrecer un nuevo sujeto al mi­crocosmos en el que va a encarnar: el alma, luego de la involución del sujeto anterior, se pre­senta ante el microcosmos con otro aspecto, un aspecto no subjetivo que requiere de toda la secuencia jerárquica para desarrollarse y repetir el ciclo evolutivo de la vida y de la muerte. Pero, a todo esto, ¿qué ha sido del esquema de sí mismo anterior, ése en el que el sujeto invo­lucionó "hasta abarcar toda la historia en una sola mirada"? ¿No era, acaso, necesario su con­curso para cumplir el objetivo microcósmico de la finalidad, para asegurar el progreso indivi­dual del pasú? En realidad no se prescinde, en cada nueva encarnación, de ninguno de los es­quemas de sí mismo anteriores, pues los mismos están irreversiblemente asimilados en el alma: lo que ocurre es que, AL NO ESTAR ANIMADOS POR NINGÚN SUJETO, los esquemas de sí mismo anteriores se sitúan en lugares diferentes del microcosmos al que ocupa el sujeto racional. Con otras palabras: el sujeto racional, primera manifestación del alma, opera desde la memoria arquetípica o cerebro; pero el alma, aparte del sujeto, está difundida "como un cuerpo doble" en todo el microcosmos; por lo tanto, los esquemas de sí mismo anteriores, que perma­necen ajenos al sujeto, van a corresponder con otras partes del sistema nervioso fuera del cere­bro. Es decir: los esquemas de sí mismo anteriores están localizados en distintas partes del cuerpo del pasú, con excepción de las estructuras estudiadas hasta aquí.

Estos "centros" o "chakras", que contienen esquemas de si mismo anteriores, se hallan difundidos por miles en el cuerpo humano. Allí están los recuerdos innatos, la memoria de las vidas anteriores, contribuyendo desde la complexión del alma a perfeccionar el microcosmos viviente. En la alegoría del fanal podemos establecer una correspondencia analógica con los esquemas de si mismo anteriores efectuando pequeñas perforaciones en la lámina con la venta­na central. Las perforaciones rodean, por ejemplo, a la ventana por la que fluye el haz de luz análogo al sujeto racional. Si los rayos de luz que brillan por las perforaciones son análogos a los chakras, es evidente que tales centros de memoria innata son NO RACIONALES. Vale decir, su contenido es IRRACIONAL. Por eso, cuando las prácticas de yoga se realizan con ignorancia, cuando el sadhaka localiza el sujeto sobre un chakra invirtiendo anormalmente el sentido de la secuencia jerárquica, se corre el grave peligro de que el sujeto anime por acciden­te un esquema de sí mismo anterior y de que este tome el control del microcosmos: entonces, desde ese centro inferior, el microcosmos es IRRACIONALIZADO y sobreviene la locura.

Antes de finalizar vale la pena destacar una importante consecuencia del principio ex­puesto en la respuesta 1º y, también, en 'E' del inciso anterior: "sin estructura no hay manifes­tación anímica posible"; "todo sujeto requiere una estructura en la cual manifestarse"; "no puede existir el sujeto sin un vehículo para su manifestación". Hasta ahora hemos supuesto que el "vehículo" del alma es el microcosmos y las "estructuras", donde se manifiesta el sujeto, las aquí estudiadas: cerebro, estructura cultural, esfera de conciencia, etc. Pero el que esta suposi­ción sea cierta de ningún modo excluye OTRAS POSIBILIDADES PARA CUMPLIR CON LA FINALIDAD. Con otras palabras: al pasú le fue encomendada, por el Demiurgo, una fina­lidad: ser postor de sentido en los entes del mundo; pues bien: si el pasú, o cualquier otra raza semejante del universo, DESARROLLA UNA CULTURA CAPAZ DE PRODUCIR TECNI­CAMENTE "ESTRUCTURAS" ADECUADAS PARA LA MANIFESTACION DEL SUJE­TO, ÉSTAS SERÁN "ANIMADAS" EN LA MEDIDA DE SUS POSIBILIDADES DE EX­PRESION. Esto significa que, en tanto se cumplan los pasos de "descubrir el designio" y "proyectar el sentido", cualquier cultura científico tecnológica tendrá la posibilidad de construir ANDROIDES "CON ALMA". Si; CON VERDADERA "ALMA" TRANSMIGRANTE Y EVOLUTIVA. Para ello sólo hace falta que el androide posea un símil de la "memoria arque­típica", es decir, una memoria programada con una colección de signos de entes o autoprogra­mable con información de entes del mundo percibida por medio de censores, y que un procesa­dor electrónico efectúe las operaciones lógicas de comparación o interpretación: cuando el androide ADECÚE su comportamiento en función de la información percibida, es decir, cuan­do EXPRESE UNA CONDUCTA, sin dudas ESTARÁ ANIMADO POR UN EGRÉGORO o, si el androide es lo suficientemente perfecto, POR UN ALMA INDIVIDUAL.

Lo que nunca podrá poseer un androide, ni ninguna estructura artificial, es el Espíritu: en efecto, para que el Espíritu se manifieste es imprescindible LA MEMORIA DE SANGRE, EL RECUERDO DEL ORIGEN, vale decir, algo que jamás podrá implantarse en otra parte que no sea un microcosmos vivo.

 

F - Estudio analógico de la "expresión energética del pensamiento del pasú".

Aquí vamos a exponer, y a explicar, varios importantes conceptos valiéndonos, como hasta ahora, de la analogía y la inducción. Entre tales conceptos se encuentran, en primer lugar, la "expresión energética del pensamiento del pasú", de la que convendrá especificar sus alcan­ces para evitar el equívoco de confundirla con una función fisicomatemática, es decir, con una relación entre magnitudes variables de un fenómeno físico a las cuales se puede medir empíri­camente con instrumentos adecuados. Las magnitudes "potencia activa" y "energía psíquica" son ciertamente variables, PERO EL FENÓMENO AL QUE CARACTERIZAN ES PSÍQUI­CO, NO FÍSICO. Sin embargo, aunque el fenómeno que representa sea subjetivo, la estructura matemática de la expresión (4) es perfectamente adecuada para describir sus propiedades evi­dentes:

Primera: la "potencia activa", el "tiempo trascendente" y la "energía psíquica" SON magnitudes variables.

Segunda: la potencia activa y el tiempo trascendente SON causa de la energía psíquica.

Tercera: la energía psíquica varía en forma directamente proporcional a la variación de la potencia activa y del tiempo trascendente. Esta tercera propiedad es suficiente para justificar la formulación matemática pues revela que entre las magnitudes existe una rela­ción funcional. Pero la formula (4) proviene de un lenguaje combinado en el cual la "potencia" (W) y el "tiempo trascendente" (Tt) son CONCEPTOS NO NUMERABLES QUE EXPRE­SAN VARIACIÓN y entre los cuales se halla definida una LEY DE COMPOSICIÓN o FUNCIÓN simbolizada con (.). Tal ley afirma que la variación positiva de cualquiera de am­bas magnitudes determina la variación proporcional, o RACIONAL, de una tercera magnitud "energía psíquica". Así, aún cuando la fórmula (4) que describe un fenómeno psíquico se ase­meja a la (1) que responde a un fenómeno físico, el sentido que ha de darse a (4) es el recien­temente expuesto: relación racional entre conceptos no numerables que expresan variación.

En segundo lugar, vamos a definir un CUADRANTE ANALÓGICO que nos permitirá representar sistemas simples (figura 13) en correspondencia analógica con la "expresión ener­gética del pensamiento" (4). El cuadrante es ciertamente cartesiano y ortogonal, mas sin "numeración coordenada" pues, como en el caso de la expresión (4), lo que se intenta represen­tar son CONCEPTOS NUMERABLES. Vale decir: en el cuadrante analógico no se ha defini­do una correspondencia biunívoca entre los puntos del plano y el conjunto de los números complejos; si así se hiciera el cuadrante seria inadecuado para representar magnitudes psíqui­cas; por el contrario, se ha definido rigurosamente una CORRESPONDENCIA CONCEP­TUAL entre el cuadrante y la estructura cultural de tal modo que lo representado en uno refleja CONCEPTUALMENTE lo fenoménico del otro.

Luego de esta aclaración ya podemos describir el cuadrante en cuestión. Ante todo hay que declarar que se trata del mismo sistema empleado en la figura 16 para mostrar al "concepto" como "tajada de una Relación". Allí se ve que el cuadrante (x, y) es análogo al "plano de signi­ficación" sobre el que ha sido notado el significado de un esquema.

El contexto significativo, del lenguaje facultado, determina que el significado notado sea sólo una tajada del esquema PARALELA AL PLANO DE SIGNIFICACIÓN. En la figura 17 podemos observar que el cuadrante analógico no difiere del que se empleo en la figura 16.

Sin embargo, en la figura 17, hemos establecido correspondencias entre los ejes que no habíamos señalado en la figura 16: al eje (0x) corresponde el concepto de "tiempo trascenden­te" y al eje (0y) corresponde el concepto de "significado". Estas correspondencias responden a la necesidad de que el "contexto significativo" u "horizonte mental en torno del significado" sea un lugar geométrico en el cual el RELIEVE del significado se pueda representar con un símbolo equivalente.

El "tiempo trascendente" (Tt), en cuyo seno según hemos visto permanece sincronizado el microcosmos, AUMENTA a partir de '0' en el sentido 0x. El significado (S), o "relieve so­bre el horizonte de la significación continua", AUMENTA a partir de '0' en el sentido 0y. Con estas convenciones podemos suponer que en todo relieve sobre el eje 0x su AMPLITUD ex­presará el valor del significado, en cada momento, sobre el eje 0y.

Recordemos que el significado es "el fundamento del pensamiento racional"; el "relieve", sobre el horizonte de la significación continua, es vivenciada como "idea" o "concepto" cuando el pensar aprehende al pensamiento de un sistema. Por lo tanto la represen­tación en el cuadrante analógico de un "relieve", o significado de un sistema, adquirirá máxima fidelidad si se refiere a un sistema concreto tal como el de la figura 13. En la figura 18, al solo efecto de brindar la referencia adecuada para señalar el relieve de un significado, se ha alineado el eje (0x) del plano analógico con un "sistema simple" de la estructura cultural del pasú. So­bre esta disposición vamos a destacar dos cosas.

Primero: ha de notarse que el tiempo trascen­dente aumenta en el sentido de la dimensión "extensión". Esto quiere decir que el pensamiento de un sistema siempre insume tiempo trascendente, AUN CUANDO EL PROPIO PENSA­MIENTO SEA VIVENCIADO COMO INTEMPORAL POR CARECER DE TIEM­PO IN­MANENTE.

 

 

FIGURA 17

 

Ocurre así por la falta de autonomía del microcosmos: todo acto mental, aún los manifiestamente intemporales como, por ejemplo, la imagen de un triángulo, es sólo un mo­vimiento junto a otros que constituyen el proceso evolutivo del pasú.; pero el pasú., en tanto que el microcosmos potencial, permanece en el tiempo trascendente donde tiene lugar la sin­cronización de todos sus movimientos. Aquí ya debe ser claro que el tiempo subjetivo del pen­sar NO ES EL TIEMPO TRASCENDENTE puesto que aquel puede ser experimentado o no mientras que este siempre transcurre. En el pasú. NO EXISTEN PENSAMIENTOS AB­SO­LUTAMENTE INTEMPORALES pues todo acto mental insume tiempo del macrocosmos: la "intemporalidad de un triángulo" es una apreciación subjetiva producto de la reflexión, de "detener" al triángulo en la atención sin advertir la DURACION REAL del pensamiento que mienta al triángulo.

Segundo: para facilitar la interpretación, en la figura 18, se ha desplazado al sistema xx del punto '0' u "origen del tiempo": el rigor de la analogía exige, en cambio, que el primer Principio coincida con el punto '0' QUE SEÑALA EL MOMENTO EN EL CUAL EL PENSAMIENTO EXPLORA AL ESQUEMA EN EXTENSIÓN.

Vamos a suponer ahora que un pensamiento sobre el sistema de la figura 18 produce en el horizonte de la significación continua el relieve que muestra la figura 19. El símbolo trian­gular, que se ha manifestado en el pensamiento, puede ser percibido, quizá, como "universal" e "intemporal", pero lo efectivo es que el pensamiento del símbolo registra una DURACION en el tiempo trascendente: mientras mas DURE el pensamiento sobre el sistema xx tanto más extensa será, analógicamente hablando, su dimensión, pues el sistema SUBSISTE en tanto el microcosmos PERMANECE

. 

 

FIGURA 18

 

 Hemos de dar, ahora, un paso importantísimo en la exposición al recordar la tesis del articulo 'B': "la facultad traductiva es una función de la potencia activa". Estudiamos, en el ci­tado artículo, que la potencia de una Relación está siempre REFERIDA a la esfera de con­ciencia y que tal referencia la faculta para tornar horizontal el plano de significación en el cual ha de ser notado el significado. Esto es, naturalmente, un efecto subjetivo. Pero, si suponemos que el significado cuyo relieve triangular se ha representado en la figura 19, se encuentra nive­lado en un plano de significación HORIZONTAL CON RESPECTO A LA ESFERA DE CONCIENCIA cabe preguntar ¿cuál es el lugar geométrico de la esfera de conciencia en el cuadrante analógico? Respuesta: su lugar esta FUERA DEL PLANO, en dirección perpendicu­lar a la figura 19. Para señalar tal DIRECCION, en la figura 19, tendríamos que agregar un tercer eje, (0z), ortogonal con los otros ejes y perpendicular al plano de significación.

En la figura 20 se ha indicado, en perspectiva, la DIRECCION de la esfera de concien­cia por medio del eje analógico 0z. Comprobamos, así, que la referencia a la esfera de con­ciencia nos conduce a un sistema de tres ejes (x, y, z) que determina una especie de "espacio analógico" compuesto por tres cuadrantes: uno es el ya descripto (yx) o "plano de significación y contexto"; otro, del cual no nos vamos a ocupar, es el (zy); y un tercer cuadrante es (zx), que aparece frontal en la figura 20, y al que denominamos "plano temporal".

 

 

FIGURA 19

 

 La razón de que el eje (0z) esté dirigido hacia la parte inferior de la figura 20 es que en dicho eje se debe representar analógicamente a los distintos niveles de Energía psíquica de los símbolos que emergen hacia la esfera de conciencia: LA ENERGIA DE UN SIMBOLO EN TRANSITO HACIA LA CONCIENCIA, SEGÚN SE VERÁ DISMINUYE CONTINUA­MENTE. En geometría analítica el eje (0z) es "negativo", vale decir, el valor que representa su "ordenada y" disminuye a medida que aumenta la distancia al origen (0); esta cualidad es con­servada en el cuadrante analógico de la figura 20 y por eso se ha indicado (-Ep) en correspon­dencia con la disminución de Energía que ha de experimentar todo símbolo que transite en di­rección (0z) hacia la esfera de conciencia.

 Con el fin de aprovechar al máximo las posibilidades analógicas de la figura 20 vamos a proponer una importante convención: denominaremos "esfera de conciencia" al espacio ana­lógico que se encuentra MAS ALLÁ del plano de significación horizontal. Este plano, que en la figura es (yx), es "horizontal" porque ha sido nivelado con referencia a la "esfera de con­ciencia", tomada como "centro de referencia de sí mismo". De acuerdo con tal convención, la esfera de conciencia es el espacio formado por la suma de los planos PARALELOS a (yx) que se encuentran MAS ALLÁ del plano (yx), en dirección (0z). Ahora bien ¿hasta dónde se ex­tiende el espacio análogo a la esfera de conciencia? Respuesta: ante todo hay que considerar que la esfera de conciencia se compone de dos regiones bien definidas y distintas: la "esfera de sombra" y la "esfera de luz". El espacio (x, y, z) que se extiende "mas allá" del plano horizon­tal corresponde a la "esfera de sombra" y culmina en un plano común al espacio analó­gico de la "esfera de luz", la cual se prolonga hasta la superficie exterior de la esfera de con­ciencia. En la figura 20, en su parte inferior, se presentó un sistema de tres ejes, correspondien­te a la "esfera de luz", REFERIDO HACIA LA ESFERA DE SOMBRA y, "mas acá" de ésta, a la estructura cultural.

 

 

FIGURA 20

 

El motivo de que ambos sistemas geométricos estén mutuamente referidos se debe a que, en la estructura cultural, el sujeto racional remite el pensamiento hacia la esfera de sí mismo de acuerdo a la referencia a sí mismo que propicia la potencia activa de la Relación pensada y a que, en la esfera de luz, el sujeto consciente "mira" hacia la estructura cultural, ha­cia el plano de significación horizontal que, justamente, esta nivelado con respecto a sí.

Por otra parte, el "plano común" a ambos espacios analógicos se denomina "UMBRAL DE CONCIENCIA" y se lo puede ver representado en la figura 21.

 En resumen, más allá del plano de significación (yx), en dirección (0z), se extiende el espacio analógico que guarda correspondencia conceptual con la esfera de conciencia, la cual se compone de dos regiones: la esfera de sombra y la esfera de luz. La "esfera de sombra", es­pacio inmediato a la estructura cultural, concluye en una capa superior, que se prolonga desde el "umbral de conciencia" hasta la superficie exterior, denominada "esfera de luz".

Consideremos ahora, en el ámbito de tal disposición espacial analógica, el "pensamiento de un sistema" de la estructura cultural del pasú.

De acuerdo con lo visto, el pensamiento puede ser "racional" y, ADEMÁS, "consciente". Especifiquemos ambos conceptos. El pensamiento es "racional", en primer lugar, cuando ocu­rre SOBRE la estructura cultural. En tal caso el sistema pensado solo manifiesta en el pensa­miento el relieve significado. Pero el significado es el fundamento del pensamiento: el relieve, que significa, es un símbolo que la potencia activa del esquema manifiesta en el con­texto de un lenguaje. Tal símbolo puede ser, por ejemplo, el triángulo representado SOBRE el sistema xx de la figura 20 y EN el plano de significación (yx).

Así, la figura 20 expresa analógicamente al "pensamiento racional". Mas, ¿cuándo un pensamiento ADEMÁS de racional es "consciente"? Respuesta: cuando en la POTENCIA de la Relación pensada existe una referencia a sí mismo: ENTONCES EL SÍMBOLO SIGNIFI­CADO ES IMPULSADO A "MOVERSE HACIA" LA ESFERA DE CONCIENCIA O ES­QUEMA DE SÍ MISMO. Observemos que en este "moverse hacia" tenemos presente dos de las notas de la "energía psíquica": el "movimiento" y la "dirección" (hacia). Cuando la potencia impulsa al símbolo hacia la esfera de conciencia se efectúa, en realidad, su ACTIVACION ENERGETICA: la "energía psíquica", o energía con que la potencia ha activado al símbolo, es tanto mayor cuanto mayor sea la referencia a sí mismo de la Relación pensada; más adelante se explicará el origen "conmocionante" de tal referencia. Analógicamente la energía psíquica (Ep) ha de DISMINUÍR en el sentido del eje (0z), con el cual guarda correspondencia conceptual.

 

 

FIGURA 21

 

Exponer el concepto de "pensamiento consciente", de tal modo que justifique la "expresión energética" requerirá aún de varias definiciones y comentarios. Observemos por el momento la figura 21, adonde se ha representado el caso en que el símbolo de la figura 20 ha dispuesto de suficiente energía como para trasladarse a la esfera de conciencia: el símbolo I, situado SOBRE el sistema pensado, TRANSITÓ POR LA ESFERA DE CONCIENCIA HACIA LA ESFERA DE LUZ Y SE MANIFESTÓ ALLÍ COMO I'. Los siguientes comenta­rios explicarán tal acción.

Primero - En las figuras 20 y 21 la esfera de conciencia se extiende "como espacio ana­lógico de representación" mas allá del plano horizontal (yx). En el nivel de dicho plano se en­cuentra el sistema xx QUE FORMA PARTE DE LA ESTRUCTURA CULTURAL. Pero, se­gún dijimos en otra parte, la estructura cultural es un substrato de las esferas afectiva y racio­nal, EN LAS CUALES SE HALLA INMERSA; dijimos también: "en lo profundo", "cerca de la memoria arquetípica", etc. Razonemos ahora del siguiente modo: si la estructura cultural se halla "en lo profundo" de las esferas afectiva y racional entonces inmediatamente MAS ALLÁ de ella se encuentra la extensión de estas esferas; pero acabamos de saber que MÁS ALLA de la estructura cultural, es decir, más allá del sistema xx, se extiende la esfera de conciencia. Es evidente, entonces, que la esfera de conciencia y las esferas afectiva y racional están COMPE­NETRADAS ENTRE SÍ más allá de cualquier plano de significación. El problema es ¿hasta dónde llega la triple compenetración de las esferas psíquicas? Respuesta: hasta el UMBRAL DE CONCIENCIA. El umbral de conciencia, en efecto, marca el límite de la compenetración: a partir del umbral Ψ está la "esfera de luz" en la cual hay "pura conciencia" pues constituye el asiento del sujeto consciente.

Ahora podemos explicar el origen del nombre "esfera de luz". Analógicamente, convie­ne considerar a la esfera de conciencia como formada por DOS ESFERAS concéntricas y con­secutivas, semejantes a dos capas de una cebolla. La primera es la que va desde el plano hori­zontal (yx), figura 21, hasta el umbral de conciencia Ψ, es decir, la región a la que recientemente atribuimos triple compenetración; a esta región se la denomina: ESFERA DE SOMBRA. La segunda es la que se extiende desde el umbral de conciencia Ψ hasta la superficie exterior de la esfera de conciencia, a la que llamamos "esfera de luz".

En resumen, la esfera de conciencia presenta una región inferior o "esfera de sombra" que es común a las esferas afectiva y racional, y una región superior o “esfera de luz” que es la única en la cual puede haber “pura conciencia”

SegundoSiendo que la estructura cultural esta INMERSA en las esferas afectivas y racional, por derivación de tal hecho, se suele señalar con acierto que determinado símbolo “EMERGIO A LA CONCIENCIA”. Con el mismo criterio diremos que la traslación de I a es “la EMERGENCIA de I”.

Esta alegoría se hará más patente si suponemos que el “umbral de conciencia” es análogo a una SUPERFICIE LIQUIDA: bajo ella esta la esfera de sombra y, más abajo aún la es­tructura cultural. Así, todo símbolo que se torna consciente debe EMERGER de dicha super­ficie líquida, como esos peces voladores que suelen SURGIR ante nuestra vista azorada para después hundirse nuevamente en la negrura del mar.

Tercero - El esquema del sistema xx es la verdad de un ente. Al ser "pensado" su po­tencia lo faculta para manifestar un relieve sobre un plano de significación horizontal. Tal re­lieve es el significado que fundamenta al pensamiento, el cual, por ser un término psíquico, tiene indudable naturaleza sémica. Por eso empleamos un SIMBOLO (I), en las figuras 19, 20 y 21, para representar el relieve significado por el sistema xx. Ahora bien: cuando el sistema xx es pensado sobre un plano de significación, de la verdad del ente sólo será vivenciado un "concepto", es decir, una tajada del esquema sémico; ver figuras 14, 15 y 16. Por lo tanto el símbolo I de la figura 19 ha sido manifestado por un "concepto" del sistema xx y cabe pregun­tar: ¿qué relación existe entre el símbolo I (relieve significado por el pensamiento) y el concep­to xx del cual procede? Respuesta: el símbolo I es la IMITACIÓN del concepto xx, su RÉ­PLICA.

Esta respuesta, desde luego, plantea nuevos interrogantes. Por ejemplo ¿cómo hay que entender dicha imitación simbólica? El signo I es ¿idéntico? ¿Semejante? o ¿igual? al concepto xx. Vamos a responder por partes a tales interrogantes. Ante todo el signo I, y en general cual­quier relieve significado, es IGUAL al concepto xx, en el sentido que guarda HOMOLOGÍA DEL MODO ESTRUCTURAL: si no existiese igualdad, el símbolo I podría significar algo distinto del concepto xx; pero en ese caso no seria un relieve significado del concepto xx pues este sólo puede significar lo que el concepto significa; el absurdo de esta posibilidad demuestra la necesidad de que todo relieve significado sea igual (homólogo) al concepto que significa.

Por otra parte, es evidente que una cosa es el símbolo I y otra el concepto xx; o sea: aunque sémicamente iguales ambos elementos no son idénticos, guardan algunas diferencias entre si. Las principales son las diferencias de dimensión, que se tornarán claras luego de re­cordar las determinaciones del concepto xx. Comencemos por la Relación xx: ésta posee ex­tensión, comprensión y potencia. El concepto xx tiene igual extensión pero menor comprensión que la Relación xx que traduce; por eso, analógicamente, mientras la Relación xx se representa como un barrote cilíndrico, el concepto es sólo una tajada de dicho cilindro (figura 16). La comprensión de una Relación es análoga al volumen del cilindro, de manera que la menor comprensión del concepto se expresa en el menor volumen de la tajada: siendo iguales en ex­tensión, concepto y Relación, EL MENOR VOLUMEN ES FUNCION DEL ESPESOR DE LA TAJADA. La menor comprensión, hay que tenerlo presente, indica que el concepto sólo puede expresar un aspecto de la verdad del ente. Con otras palabras: la comprensión de una Relación expresa cuán apto es su esquema para contener la verdad del ente, cuán cerca están sus cualidades simbólicas de coincidir con el designio; la menor comprensión del concepto causa que algunas de tales cualidades o notas queden excluidas de su significado, que el con­cepto exprese "un aspecto de la verdad del ente". Sólo yendo a lo profundo del concepto, al núcleo connotativo, es posible percibir la verdad bajo otro aspecto, con nuevas cualidades no comprendidas hasta ese momento: pero para ello es necesario NOTAR EL SIGNIFICADO EN OTRO LENGUAJE, VALE DECIR, EN OTRO PLANO DE SIGNIFICACION.

Consideremos ahora al símbolo I, manifestado por la potencia del concepto xx. Ambos elementos son sémicamente "iguales" aunque difieren en sus dimensiones. Si tenemos en cuenta que el símbolo I, de la figura 19, es efecto del CONCEPTO xx hemos de concluir que tanto la extensión como la comprensión del concepto, están igualmente presentes en el símbolo I: la extensión del concepto, en efecto, es denotada en el símbolo I por la DURACIÓN durante la cual se manifiesta en el pensamiento. La comprensión del concepto es función del espesor de la tajada e igual al volumen de ésta: podemos convenir en que el espesor del símbolo, y su vo­lumen, son iguales a los del concepto-tajada.

La extensión del concepto es igual a la duración del símbolo; la comprensión del con­cepto es igual a la comprensión del símbolo ¿cuáles son, pues, las diferencias de dimensión que impiden a concepto y símbolo ser idénticos? Respuesta: la diferencia radica en las dimen­siones potencia y connotación. La potencia del concepto es CAUSA de la manifestación del símbolo que lo imita; por eso el símbolo I no posee potencia sino ENERGIA, vale decir, mo­vimiento y dirección (hacia la conciencia). Y el símbolo I, o cualquier relieve significado equi­valente, no posee connotación puesto que sólo existe en su plano de significación horizontal.

En síntesis, el símbolo I es SEMEJANTE al concepto xx que lo produjo. No es "idéntico" porque el símbolo I es un relieve que sólo existe en el plano de significación hori­zontal que nivela a su contexto significativo en tanto que el concepto posee un núcleo conno­tativo que es común a muchos otros planos de significación oblicuos. También se diferencia en que, mientras el concepto es parte de un enlace estructural que le impide tener "movimiento", el símbolo I tiene "movimiento" y "dirección, en tanto tal energía le alcance para subsistir en el pensamiento o en las esferas psíquicas. A pesar de estas diferencias el símbolo I es semejante al concepto porque es estructuralmente homólogo a éste; en general, todo símbolo producido por la potencia de un concepto, a imitación suya, es homólogo con él, vale decir, posee el mismo modo estructural.

Cabe destacar que cuando el concepto xx manifiesta un símbolo (I), que lo imita estruc­turalmente, se comporta de manera análoga a un ACIDO NUCLEICO. El ARN o ADN, en efecto, posee un mensaje (o "CONCEPTO") codificado según la distribución de los NU­CLEOTIDOS que unen las cadenas AZUCAR-FOSFATO de la estructura molecular en doble hélice. Análogamente a la producción de (I) por el concepto-tajada xx, el ácido nucleico es también capaz de REPLICAR su mensaje en otra molécula que lo imite estructuralmente.

Cuarto - El símbolo I, y todo símbolo equivalente, se denomina "REPRESENTACION RACIONAL" de un concepto.

El símbolo I', y todo símbolo que emerge en la conciencia, se denomina "REPRESENTACION CONSCIENTE" de un concepto.

Quinto - Hemos de preguntar ahora ¿qué es una IMAGEN MENTAL? Respuesta: TODA REPRESENTACION QUE EMERJA A LA CONCIENCIA, O SE HALLE EN TRANSITO HACIA ÉSTA, ES PERCIBIDA COMO "IMAGEN". . "imagen" es, también, el producto de la FANTASÍA. En lo que resta de este artículo sólo nos ocuparemos de las imá­genes originadas en la estructura cultural, vale decir, de las representaciones conscientes, tales como el símbolo I' de la figura 21; en el siguiente artículo se explicará el origen de las fanta­sías.

Hay que analizar, pues, la respuesta "1°" para comprender sus alcances. En primer lu­gar nos dice que TODO SÍMBOLO QUE ABANDONE LA ESTRUCTURA CULTURAL, y se dirija hacia la conciencia, ES UNA IMAGEN; pero no nos dice que "TODOS" los símbolos que se manifiestan "SOBRE" la estructura cultural sean emergentes. Y no nos dice esto porque sólo algunas representaciones racionales, y no todas, poseerán suficiente energía como para emerger y tornarse conscientes. ¿Cuáles, de todas las representaciones racionales posibles, transitarán hacia la conciencia y serán percibidas como imágenes? Esta pregunta es equivalente a aquella que hicimos al comienzo: ¿cuándo un pensamiento, ADEMÁS de racional, es "consciente"? y la respuesta es la misma para los dos: Cuando en la potencia de la Relación pensada, existe una referencia a sí mismo, entonces la representación racional es impulsada a moverse hacia la conciencia, siendo percibida como imagen sémica del concepto que significa.

Recordemos de qué depende que los elementos de la estructura cultural estén o no refe­ridos a sÍ mismo: la referencia proviene del descubrimiento de sÍ mismo, hecho que marca el nacimiento de "la conciencia" como sujeto histórico del microcosmos; a partir de este hecho comienza a estructurarse un "esquema de sÍ mismo", o esfera de conciencia, con elementos procedentes de la estructura cultural, vale decir, con representaciones conscientes. Están, pues, referidos a sÍ mismos todos los esquemas de entes, tanto entes internos como externos, que sean "históricos" para el microcosmos. Pero NO están referidos a sí mismo los ESQUEMAS PREHISTORICOS, es decir, los que fueron estructurados antes del descubrimiento de sÍ mismo, y tampoco lo están los ESQUEMAS NO HISTÓRICOS, es decir, los esquemas de Principios. Estos esquemas, así como los Principios, sólo producen "REPRESENTACIONES RACIONALES PURAS", sin referencias a sí mismo y, por lo tanto, no dirigidas a la concien­cia.

Toda representación racional pura posee siempre energía mínima, insuficiente para abandonar la estructura cultural, el plano de significación, y dirigirse a la conciencia como imagen. En cambio las representaciones racionales producidas por esquemas con potencia re­ferida a sí mismo siempre poseen energía suficiente como para intentar la emergencia. Tal diferencia de energía en las representaciones racionales está causada, según se dijo, porque la potencia en unos esquemas está referida a sí mismo y en otros no: EL POR QUÉ LA PO­TENCIA REFERIDA A SÍ MISMO, PRODUCE MÁS ENERGÍA EN LA REPRESENTA­CIÓN QUE UNA POTENCIA PREHISTÓRICA O NO HISTÓRICA HAY QUE BUS­CARLO EN EL "EFECTO CONMOCIONANTE" QUE EL DESCUBRIMIENTO DE SI MISMO, Y TODA ALUSIÓN A ÉL, CAUSA EN EL MICROCOSMOS. En el siguiente co­mentario veremos con detalle la causa de tal "efecto conmocionante".

Sexto - La esfera de conciencia, y la "conciencia", se construyen, en efecto, a partir de un primer sacudimiento del microcosmos, de ese primer contacto con el designio de sí mismo que revela a la intuición la posibilidad de autonomía del microcosmos. La posibilidad que tiene el pasú de llegar a ser un microcosmos autónomo subyace en la potencia de su designio: el descubrimiento del designio de sí mismo permite intuir, en un relámpago que estremece todas las esferas, tal posibilidad potencial de autonomía; a esa intuición eterna se la ha bauti­zado tardíamente con el nombre de LIBERTAD. Esa intuición "despierta", metafóricamente hablando, a la potencia microcósmica: la posibilidad de autonomía, que se encuentra en ger­men, es entonces irreversiblemente incitada a desplegarse y a madurar en sí misma. Surge así un primer símbolo, reflejo primigenio de sí mismo, que se sitúa MAS ALLÁ de la estructura cultural, en una posición jerárquica que determina todas las futuras referencias del conocimien­to. Pero ese símbolo, al, cual se estructuran los posteriores elementos del esquema de sí mismo, ha surgido como producto de una conmoción primordial que no puede ser pasada por alto ni olvidada. El esquema de sí mismo es "memoria representativa" y la primera representa­ción que memoriza corresponde a una experiencia cuya impresión lacerante jamás podrá ser superada por otras experiencias posteriores. Hay, pues, un DOLOR ORIGINAL, subsumido en la esfera de conciencia, que perdura en toda su historia y constituye el fundamento de la CENTRALIDAD referencial de que la hace objeto la razón. Por eso la "voluntad instintiva" que mueve a la razón a funcionar, cuando interpreta los designios descubiertos y los refiere a sí mismo, a un "centro" de sí mismo conmovido permanentemente, introduce una determinación perturbadora en la potencia de los esquemas. Y esta determinación de la potencia es la que hace posible a ciertas representaciones racionales emerger hacia la conciencia.

El descubrimiento de sí mismo, la intuición de la posibilidad de autonomía microcós­mica, el surgimiento de la esfera de conciencia por la representación de esa intuición conmo­cionante, y el despliegue irreversible de la potencia microcósmica que tiende a concretar su autonomía u "objetivo microcósmico de la finalidad", son todos aspectos de una misma causa inevitable. Por esta causa el pasú no "podrá evitar" la conciencia: no es posible generar ningu­na fuerza en el microcosmos capaz de oponerse y "anular" la esfera de conciencia, por el con­trario, toda acción de la voluntad instintiva, toda operación de la razón, hace "crecer" el es­quema de sí mismo, da más complexión a la esfera de conciencia. En suma, NADA HAY MAS OPUESTO A LA CONCIENCIA QUE LA "INDIFERENCIA".

La intuición de la posibilidad de autonomía microcósmica ES EL PRINCIPIO DE UNA "AUTOINDIVIDUACION CONSCIENTE"; su nota principal es la DIFERENCIA, evidente e indudable, entre sí mismo y el mundo, entre micro y macrocosmos. De esta DIFE­RENCIA surge la conciencia y por eso en toda representación consciente NO PUEDE EXIS­TIR LA INDIFERENCIA DE SÍ MISMO. Tal como veremos más adelante, en la IDEA, obje­to del sujeto consciente, hay una PRIMERA INTENCION o DIRECCION hacia sí mismo que consti­tuye la DIFERENCIA REAL con el sujeto.

Tengamos presente que, a medida que la esfera de conciencia "crece", el SUJETO CONSCIENTE radica en ella su pensar e intenta desde allí ejercer el control total de la estruc­tu­ra psíquica. El sujeto "en" la esfera de conciencia es la manifestación mas elevada del alma del pasú, la cual ha intuido la posibilidad de autonomía y procura concretarla situándose en la po­sición mas favorable. Tal sitio, desde donde todo pensamiento apunta y contribuye a la in­divi­duación, puede ser entendido analógicamente como "la capa exterior de la esfera de con­cien­cia", o sea, la esfera de luz mas allá de Ψ en la figura 21. En resumen: mas allá del umbral de conciencia, adonde tienen lugar las representaciones conscientes, está la "esfera de luz", ASIENTO DEL SUJETO CONSCIENTE. Éste es quien aprehende las representaciones conscientes u otra clase de objetos ideales y quien, también y principalmente, es capaz de pro­mover el pensamiento DESDE la esfera de conciencia.

Séptimo - Examinemos ahora el tránsito de I a I', vale decir, la emergencia de I simboli­zada en la figura 21. La potencia activa de la Relación xx ha dotado al relieve significado I de suficiente energía como para emerger en la esfera de luz. Las notas principales de la energía psíquica, según vimos en el articulo "Esquema de sí mismo y energía psíquica", son "el mo­vimiento", "la dirección" y "la intensidad". Al movimiento, en el caso de las representaciones conscientes, lo hemos equiparado analógicamente con la acción de EMERGER. Nos falta, pues, interpretar "la dirección" y "la intensidad" que la potencia activa imprime a la energía de una representación consciente.

Ya sabemos por que la potencia "dirige" la representación de un esquema histórico ha­cia la esfera de conciencia: porque existe, en la potencia, la determinación de una referencia a sí mismo. En base a esto vamos a denominar INTENCIÓN a toda dirección de la energía psí­quica y PRIMERA INTENCIÓN a la dirección hacia la esfera de conciencia. Podemos decir, así, que I "emerge hacia la esfera de luz guiada por su primera intención".

Emergencia e intencionalidad son, entonces, dos notas energéticas de toda representa­ción consciente.

Ahora bien: que una representación intencionada hacia sí mismo "EMERJA" no signi­fica necesariamente que vaya a llegar a la esfera de luz como ocurre con el símbolo I de la figu­ra 21. Por el contrario sólo la INTENSIDAD de la energía asegura tal manifestación: si hay suficiente energía, si la intención es lo bastante intensa, entonces la representación atravesará el umbral de conciencia y se hará consciente; en caso contrario permanecerá en un nivel sub­consciente ¿De qué depende la intensidad de la energía psíquica? Respuesta: de la potencia activa. Según el grado de conmoción que el descubrimiento del designio particular, cuyo es­quema es xx, haya causado CON RESPECTO A SÍ MISMO, tan INTENSA será la energía de su representación, tan certera será la INTENCION y tan veloz será la EMERGENCIA.

Sin embargo, estas notas no alcanzan a explicar por sí solas el fenómeno de la represen­tación consciente en la esfera de luz. En física, el concepto de "energía" está asociado al con­cepto de "RESISTENCIA" o "GASTO", sin el cual aquella seria incomprensible. La "energía" no tendría sentido, en efecto, sin la posibilidad de su consumo. Si recordamos que "el concepto de energía significa la esfera de conciencia" tendremos que admitir que algo semejante a la RESISTENCIA ha de existir en la esfera de conciencia. Y realmente existe una OPOSICIÓN a la emergencia, que consume gran parte de la energía de las representaciones: tal resistencia se denomina "OPACIDAD INTRÍNSECA" de la esfera de sombra.

La opacidad intrínseca tiene su origen en la triple compenetración de las esferas de conciencia, afectiva y racional, en que consiste la esfera de sombra. De allí que la resistencia DISMINUYA UNIFORMEMENTE a medida que la representación se acerca al umbral de conciencia, para ser mínima luego de su manifestación en la esfera de luz. No es que en la esfe­ra de luz no exista también una resistencia; lo que ocurre es que, por estar mutuamente referi­das las esferas de luz y sombra, tal como se muestra en la figura 21, A PARTIR DEL UM­BRAL DE CONCIENCIA LA REPRESENTACIÓN DEBE ENFRENTARSE A UNA "RESISTENCIA INVERSA" A LA OPACIDAD INTRÍNSECA; vale decir: a partir del um­bral de conciencia existe una FACILIDAD para la emergencia de la representación.

Aunque será explicado en otro comentario por qué ello ocurre, hay que notar aquí que, al atravesar el umbral de conciencia, una representación tal como I de la figura 21 pasa de te­ner mínima energía (-Ep) bruscamente a tener máxima energía (+Ep).

También conviene advertir que el "consumo" de energía, que causa la opacidad intrínse­ca de la esfera de sombra en toda representación emergente, NO SIGNIFICA EN MODO AL­GUNO SU PÉRDIDA. En el microcosmos potencial, como en cualquier ente físico, debe cumplirse la ley de conservación de la energía. Con respecto a la energía psíquica la ley ana­lógica seria la siguiente:

 

Energía total de la esfera de sombra (Eps) + Energía total de la esfera de luz (Epl) = Constante (K)

 

o sea

 

(5)

 

Como la "energía psíquica" es una magnitud variable, la expresión analógica anterior nos dice que si uno de los sumandos "disminuye" el otro ha de "aumentar" proporcionalmente para que la suma permanezca constantemente igual a "K". La cantidad de energía constante "K" varía, naturalmente, de un pasú a otro. En un pasú particular, por ejemplo, rara vez puede ser alterado el valor de "K" de manera significativa a lo largo de la vida, pues el mismo depen­de fundamentalmente de factores genéticos hereditarios y en menor grado de la evolución que pueda lograr el sujeto anímico. Solo el virya, tal como veremos en la segunda parte, es capaz de desequilibrar la ley de conservación de la energía psíquica y recibir un aporte ilimitado de energía por medio del Vril.

Un símbolo emergente NO PODRÍA AFECTAR MÁS QUE A UNO POR VEZ A LOS SUMANDOS DE (5) puesto que transita primero por la esfera de sombra y luego por la esfera de luz, en ese orden. Esto quiere decir que la energía que el símbolo "pierde" por causa de la opacidad intrínseca en realidad es absorbida por la esfera de sombra y almacenado en ella. Re­sulta, entonces, que la disminución de energía del símbolo es sólo una "transformación inter­na" de la esfera de sombra que NI SIQUIERA AFECTA AL VALOR DE Eps, es decir, a la energía total de la esfera de sombra.

Octavo -Sabemos que, durante su emergencia, todo símbolo se "dirige" hacia la esfera de luz, La "dirección" es una nota de la energía psíquica a la que llamamos "intención": la "primera intención" de una representación la dirige hacia la esfera de conciencia o, más concre­tamente, hacia la capa superior de la esfera de conciencia, hacia la esfera de luz. ¿Qué determi­na esta "dirección" en la energía del símbolo? La "referencia a sí mismo" de la potencia activa. En este comentario vamos a explicar analógicamente a la "referencia a sí mismo" para demos­trar que la misma, en realidad, se compone de dos "referencias" básicas: una "racional" y otra "emocional". Comenzaremos, pues, por exponer las definiciones analógicas necesarias para fundamentar tal explicación.

 

 

FIGURA 22

 

En la figura 22 se han representado las tres esferas energéticas que constituyen la es­truc­tura psíquica del pasú. En la misma se ha destacado la "esfera de sombra" que, según sa­bemos, se conforma por la compenetración de las esferas afectiva y racional; la esfera de som­bra y la esfera de luz componen, a su vez, la esfera de conciencia. También se ha indi­cado el nivel Ψ del umbral de conciencia. 

Vamos a explicar ahora una importante definición, apoyándonos para su explicación en la figura 22. Se trata de la ORIENTACION ENERGETICA DEL CAMPO RACIONAL Y DEL CAMPO AFECTIVO. Ya sabemos que las esferas racional y afectiva deben considerarse como "espacios analógicos"; a partir de aquí vamos a suponer que tales espacios consisten en CAMPOS ORIENTADOS según la dirección de las flechas (3) y (4).

Esto debe entenderse así: TODO SÍMBOLO SITUADO EN LA ESFERA RACIO­NAL, PERO FUERA DE LA ESFERA DE SOMBRA, EXPERIMENTA UNA "FUERZA DE CAMPO" QUE LO IMPULSA EN DIRECCION AL CEREBRO; TODO SÍMBOLO SI­TUADO EN LA ESFERA AFECTIVA, PERO FUERA DE LA ESFERA DE SOMBRA, EXPERIMENTA UNA "FUERZA DE CAMPO" QUE LO IMPULSA EN DIRECCION AL CORAZÓN. ¿Y qué ocurre EN la esfera de sombra? Respuesta: Por ser producto de la compe­netración de las esferas racional y afectiva, cuyos campos tienen orientación inversa, LA ESFE­RA DE SOMBRA PRESENTA UN CAMPO DE ORIENTACIÓN NEUTRA. Con otras pa­labras: las orientaciones de los campos racional y afectivo se neutralizan en el campo mixto de la esfera de sombra.

En resumen, en las esferas de la estructura psíquica, en sus "espacios analógicos", he­mos definido un "campo orientado" que tiene la siguiente propiedad: todo símbolo emergente, por efecto de la "orientación de campo", resulta "orientado" en cada esfera por la cual se des­plaza.

Valiéndonos de la definición del "campo orientado" vamos a explicar analógicamente a la "referencia a si mismo" de la potencia activa.

Consideremos, por ejemplo, al símbolo I de la figura 21, que emerge hacia la esfera de luz. Por causa de la opacidad intrínseca de la esfera de sombra, el símbolo comienza a perder energía desde el primer instante de su movimiento. Pero la esfera de sombra se compone de las esferas racional y afectiva, compenetradas entre sí; la energía cedida ha de repartirse, pues, de manera proporcional entre ambas. ¿Proporcional con respecto a qué? vale decir ¿quién deter­mina el grado de energía que ha de recibir cada esfera? Respuesta: las referencias racional y afectiva QUE CONSTITUYEN LA REFERENCIA A SÍ MISMO.

Resulta así que la referencia a sí mismo ES UNA RELACIÓN ENTRE DOS MAGNI­TUDES VARIABLES, una racional y otra afectiva. Desde luego, lo de "variable" es una cali­ficación general, tomando en cuenta que las referencias racionales y afectivas VARÍAN de un esquema a otro; pero, en UN ESQUEMA PARTICULAR, las referencias son FIJAS, caracte­rísticas de la impresión que el ente haya causado en cada esfera durante la trascendencia de su designio. Diremos entonces que la "referencia a sí mismo" es una FUNCIÓN de las re­ferencias racional y afectiva, tal como, análogamente, decimos: la esfera de sombra es una FUNCIÓN de las esferas racional y afectiva.

La potencia activa del concepto xx, al dotar de energía al símbolo I, lo refiere a sí mismo en función de las referencias racional y afectiva. La magnitud de cada referencia refleja la medida en que el ente afectó a las esferas racional y afectiva y ES EN PROPORCIÓN A TAL MAGNITUD QUE EL SÍMBOLO CEDE ENERGÍA A LA ESFERA DE SOMBRA. Pero la esfera de sombra es un campo de orientación neutra ¿qué ocurre cuando el símbolo I descarga energía en las esferas (3) y (4) que lo constituyen? Respuesta: Se desequilibra la neutralidad del campo mixto y el símbolo I experimenta fuerzas que lo orientan en el sentido del campo (3) y del campo (4); estas fuerzas son también proporcionales a la magnitud de las referencias.

Vamos a distinguir tres casos, (a), (b), y (c), en los que el símbolo I manifiesta diferen­tes magnitudes en las referencias que determinan la dirección de su energía.

 

 

FIGURA 23

 

Caso (a): el símbolo I presenta máxima orientación hacia si mismo. En la figura 23 (a) se ha representado analógicamente el caso (a); allí se observa que, en efecto, la "referencia a si mismo" es una función de las referencias racional (3) y afectiva (4). También se ve que la "referencia a si mismo" consiste, correctamente, en una dirección hacia el umbral de conciencia (Ψ). Mas, concretamente ¿cuál es el caso (a)? Respuesta: Aquél en el cual un ente externo afecta de manera equilibrada a las esferas racional y afectiva; en ese caso las referencias con que la potencia activa determina la energía de I son equivalentes PERO OPUESTAS: como re­sultado de su acción la energía tiene siempre una dirección intermedia, a la que denominamos, para abreviar, "referencia a sí mismo".

El hecho de que las referencias (3) y (4) sean OPUESTAS debe interpretarse como que "LO RACIONAL SE OPONE A LO AFECTIVO" o que "LO AFECTIVO SE OPONE A LO RACIONAL" o, en consecuencia, que "LO AFECTIVO ES IRRACIONAL".

La dirección de la energía de I, su primera intención, es, entonces, una "resultante" de las referencias (3) y (4). Sin embargo esto no significa que las referencias se hayan fusionado irreversiblemente en un único movimiento: EN TODA REPRESENTACION CONSCIENTE, EL SUJETO CONSCIENTE DISPONE DE LA FACULTAD DE DESCOMPONER LA PRI­MERA INTENCIÓN EN SUS COMPONENTES, RACIONAL Y AFECTIVO, Y APER­CIBIRLOS POR SEPARADO.

Caso (b): el símbolo I está RACIONALMENTE DESEQUILIBRADO, según se indica en la figura 23 (b). Éste es el caso en el cual la referencia racional es predominante en la de­terminación de la dirección energética: ello implica que la energía será cedida en mayor medida a la esfera racional y, por lo tanto, QUE LA FUERZA DEL CAMPO RACIONAL SERÁ SU­PERIOR A LA DEL CAMPO AFECTIVO. ¿Cuál es su efecto? Respuesta: El símbolo I no se­guirá una trayectoria directa hacia la esfera de luz sino que se INCLINARÁ en dirección de la esfera racional. Si la desviación no es muy grande, el símbolo emergerá finalmente y se hará claro para el sujeto consciente; pero, observando la figura 22, comprobamos que si el símbolo se desvía lo suficiente PUEDE SALIR FUERA DE LOS LIMITES DE LA ESFERA DE SOMBRA. ¿Qué ocurre entonces? Respuesta: En el caso (b) el símbolo I penetra en la esfera racional y, según explicamos, "experimentará una fuerza que lo orientará en dirección al cerebro". Aquí por "cerebro" debe entenderse "el sujeto racional", cuyo asiento en el microcosmos es la me­moria arquetípica o cerebro. En el caso (b) extremo el símbolo I podría abandonar la esfera de sombra e ingresar en la esfera de percepción del sujeto racional, siendo nuevamente esquemati­zado, AHORA COMO ENTE INTERNO.

Caso (c): el símbolo I está AFECTIVAMENTE DESEQUILIBRADO, tal como se ob­serva en la figura 23 (c). Este caso es exactamente inverso que en el (b): la referencia afectiva es mayor que la racional y el símbolo cede más energía a la esfera afectiva; en consecuencia, su dirección se desvía de la esfera de luz y se “inclina” hacia la esfera afectiva. Igual que en (b), el símbolo emergerá si la desviación no es muy grande, pero en caso contrario abandonará la es­fera de sombra y se internará en la esfera emocional. ¿Qué ocurre entonces? Respuesta: "experimentara una fuerza que lo orientara hacia el corazón". Pero aquí por "corazón" debemos entender SUJETO AFECTIVO, vale decir, SUJETO IRRACIONAL: todo símbolo situado en la esfera afectiva se dirige hacia el SUJETO IRRACIONAL, CUYO ASIENTO EN EL MI­CROCOSMOS LO CONSTITUYE EL CHAKRA CORAZON.

Qué cosa es un "sujeto irracional" ya fue prácticamente explicado en el comentario 2º del articulo "E". Allí se demostró que el sujeto anímico es análogo a un haz de luz, un único haz-sujeto que, tras pasar por sucesivos filtros, se manifiesta como "racional", "cultural" y "consciente". El haz "racional" brota por la abertura central de una tapa análoga al microcos­mos, que cubre a un fanal, análogo al alma del pasú; pero, rodeando a tal abertura, hay otras perforaciones menores por las que también brotan haces de luz: ESTOS HACES, "NO RA­CIONALES", REPRESENTAN A LOS SUJETOS IRRACIONALES. Dijimos, allí, que esas aberturas secundarias correspondían a "chakras", o "centros", conectados con primitivos es­quemas impresos en el alma transmigrante.

Hay, así, en el microcosmos, más de un sujeto irracional; pero quien lleva el control del mismo es el sujeto anímico, racional, que se manifiesta en las estructuras de la psique y cuyas facultades y funciones hemos estudiado hasta ahora. El sujeto irracional del corazón, al que vamos a denominar SUJETO AFECTIVO, es el más poderoso de todos los sujetos irracionales porque a él se refiere la orientación energética de la esfera afectiva.

Por último, sin olvidar en ningún momento "qué es función de las referencias racional y afectiva", vamos a continuar atribuyendo a la "referencia a sí mismo de la potencia activa" la dirección energética de toda representación.

Noveno - Si la representación emerge, finalmente, en la esfera de luz, tal como se ve en la figura 21, será aprehendida allí por el sujeto consciente como "IMAGEN". En verdad toda representación consciente puede ser VISTA por el sujeto, es decir, percibida como "imagen", y por eso la esfera de luz debe ser considerada como la región de la IMAGINACIÓN.

Décimo - El contenido más completo de un pensamiento consciente es la IDEA. La IDEA, aparte de mostrar una IMAGEN que representa el relieve significado, revela lo SIG­NIFICADO al entendimiento. Las representaciones conscientes, CUANDO SON APREHENDIDAS POR EL SUJETO, se perciben como "ideas", o sea, imagen y significado: LAS IDEAS PUEDEN SER "VISTAS" Y ENTENDIDAS[1]. Por el contrario, las representa­ciones racionales, que ocurren SOBRE los sistemas de la estructura cultural, NO SON, RI­GUROSAMENTE HABLANDO, "IDEAS", PUES NO PUEDEN SER OBJETO DE UNA "VISIÓN" EIDÉTICA POR PARTE DEL SUJETO CONSCIENTE, SI BIEN SON "ENTENDIDAS" POR EL SUJETO CULTURAL. No obstante, para evitar confusiones, he­mos de denominar "ideas sin imagen" a las representaciones racionales e "ideas con imagen", o simplemente "ideas" a las representaciones conscientes.

Undécimo - La "esfera de sombra" es lo que, últimamente, los psicólogos han denomi­nado INCONSCIENTE. Si queremos equiparar los conceptos aquí expuestos con sus equiva­len­tes de la Psicología Analítica de C. G. Jung, podemos comenzar por asimilar el INCONS­CIENTE COLECTIVO PERSONAL a la MEMORIA ARQUETIPICA del modelo estructu­ral. No­tamos que la "memoria arquetípica" se encuentra en la región mas profunda de la estruc­tura psíquica: si observamos la figura 21 vemos allí a la esfera de luz la más elevada re­gión psíqui­ca donde se manifiesta el sujeto anímico; si "miramos desde allí" hacia la esfera de sombra advertimos que bajo ella está la estructura cultural, con el sistema xx cuyo plano de significa­ción se nivela con respecto a la esfera de luz, y, más abajo aún, recién se encuentra la "memoria arquetípica".

Naturalmente, al decir "debajo del umbral de conciencia" estamos ha­blando en términos energéticos; por ejemplo, "debajo del plano horizontal (xx)" significa "debajo de cero energía", es decir, en la región de la potencia.

Duodécimo - El más elevado asiento del sujeto es la "esfera de luz", a la que hemos identificado en el comentario nueve como "región de la imaginación". Al sujeto consciente le resulta natural, en efecto, percibir representaciones conscientes, es decir imágenes, en la esfera de luz. La nota principal de toda representación consciente es en la CLARIDAD, concepto que va­mos a exponer en detalle por constituir una clave para comprender al pensamiento consciente del pasú.

Comencemos por definir el término. La "claridad" se refiere, ante todo, a una propiedad que permite DISTINGUIR a unos objetos de otros y, en cada uno de ellos, sus cualidades. Sin embargo esta propiedad no pertenece a la esfera de luz como podría pensarse, es decir, no se trata de que "una cierta luz" se derrama sobre los objetos y los torna claros, sino que depende de los objetos mismos: es una propiedad objetiva. Naturalmente, los "objetos" que aparecen "claros" en la esfera de luz son "ideas", vale decir, imágenes que emergen a la conciencia pro­venientes de la estructura cultural. Pero una "imagen", para continuar con el ejemplo de la figu­ra 21, es sólo un símbolo, tal como I', que emerge hacia la esfera de luz. El símbolo I' es la manifestación del concepto xx, sobre el plano horizontal de la significación continua, que emerge por causa de la potencia activa del concepto xx, porque la potencia está referida a sí mismo. Por eso la substancia del símbolo i' consiste solo de energía psíquica (Ep).

Ahora bien, si "la claridad" de la imagen es una propiedad objetiva, y el objeto consiste sólo de energía psíquica, es evidente que la CLARIDAD ES FUNCIÓN DE LA ENERGÍA. Por esta propiedad es que resulta conveniente considerar a la energía psíquica como una espe­cie de LUZ. Entonces: a mayor energía más LUZ en el símbolo, y mayor posibilidad de emer­ger a la conciencia. La resistencia que ofrece la esfera de sombra al paso del símbolo, la opaci­dad intrínseca, consume parte de la energía, y ahora podemos decir: la opacidad intrínseca ABSORBE LA LUZ del símbolo emergente.

Pero, si "la claridad es función de la energía" ¿significa ello que el sujeto consciente ha de percibir a la imagen "aclarándose" a medida que se "acerca" a la esfera de luz? Antes de responder debemos asegurarnos de que se ha comprendido el problema. Pongámoslo en esta forma: si las representaciones racionales, es decir, las que ocurren SOBRE la estructura cultu­ral (I, figura 21), son COMPLETAMENTE OSCURAS, "sin imagen", y las representaciones conscientes (, figura 21) son COMPLETAMENTE CLARAS, "pura imagen" ¿se debe inferir de ello que las IMÁGENES se van "aclarando" a medida que se "acercan" a la esfera de luz? Respuesta: desde luego que NO. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que una representación involuntaria, es decir, una que surge imprevistamente en la conciencia, APARECE CON UN CIERTO GRADO DE CLARIDAD CARACTERÍSTICA: NO SE "VA ACLARANDO" A MEDIDA QUE APARECE. Esto significa que "la claridad" es una propiedad objetiva de la imagen que debe ser apreciada por el sujeto consciente EN LA ESFERA DE LUZ. En consecuencia, "claras", en mayor o menor grado, SÓLO PUEDEN SER LAS IMÁGENES QUE ATRAVIESAN EL UMBRAL DE CONCIENCIA.

La esfera de luz es "la región de la imaginación", el ámbito de manifestación de las imágenes conscientes, y, naturalmente, el asiento del sujeto consciente. Este sujeto, en el pasú, no es propenso a recibir percepciones de imágenes que no han alcanzado el umbral de con­ciencia; sólo a un sujeto altamente individualizado, que haya conseguido reducir a la concien­cia el contenido de la esfera de sombra, le será posible percibir el tránsito de la imagen desde la estructura cultural hasta su emergencia en la esfera de luz: los sujetos "normales", que esta­mos estudiando, perciben las imágenes únicamente en la esfera de luz, SALVO LOS CASOS DE PERCEPCIONES ONÍRICAS, HIPNÓTICAS, ETC.

La claridad es, entonces, una propiedad de las imágenes que denota su energía interna y que es apreciable para el sujeto desde el momento mismo en que percibe a la imagen, vale de­cir, desde que la representación atraviesa el umbral de conciencia y "aparece" ante el sujeto.

Para completar la noción de claridad hay que tener en cuenta que una idea sólo puede ser clara cuando se cumplen dos condiciones supuestas: la primera es "el contraste con la esfe­ra de sombra

" y la segunda "la diferencia con si mismo". Veamos en que consiste cada condi­ción.

En el articulo "B" del presente inciso se definió a la facultad traductiva del pensar ra­cional como una función de las potencias activas de las Relaciones que torna "horizontal" el plano de significación del pensamiento al referirlo al "centro de referencia" de la esfera de luz. En la figura 20 y 21 se representó, analógicamente, el plano de significación horizontal del concepto xx PARALELO al plano del umbral de conciencia. Dicha "horizontalidad" del pen­samiento significa que el sujeto consciente MIRA HACIA EL PLANO DE SIGNIFICACION en la medida en que tal plano está referido a la esfera de luz. Es decir, el sujeto consciente "mira" siempre hacia la esfera de sombra pues CONTRA ELLA SE CONTRASTAN LAS REPRESENTACIONES EMERGENTES. Toda imagen se le aparece de esta manera, al suje­to, más o menos clara CON RESPECTO A LA NEGRURA DE LA ESFERA DE SOMBRA. Y esta mayor o menor claridad es lo que permite, A POSTERIORI, DISTINGUIR una imagen de otra y, en cada una de ellas, sus cualidades. La claridad de una idea supone así, sin decla­rarlo expresamente, el negro fondo de la esfera de sombra contra el cual se contrasta toda re­presentación consciente.

En cuanto a la DIFERENCIA CON SÍ MISMO, que ya fue adelantada en el comentario Sexto, se establece por efecto de la PRIMERA INTENCIÓN que caracteriza a toda imagen. Según vimos, la primera intención es una de las notas de la energía, equivalente a la DI­RECCIÓN que guía al movimiento o emergencia de la imagen hacia si mismo. La primera in­tención de un símbolo, la dirección hacia sí, es percibida por el sujeto consciente como SU EVIDENCIA OBJETIVA. La percepción de un símbolo en la esfera de luz va siempre acom­pañada de su certidumbre: el sujeto consciente jamás duda de la percepción de un objeto ideal o de cualquier contenido sémico que se hace claro en la conciencia.

El caso es que la DIFERENCIA que es capaz de establecer un sujeto consciente entre una imagen y sí mismo, influye positivamente en la claridad de la idea: a mayor diferencia­ción de la representación por el sujeto mayor calidad objetiva de aquélla y, por lo tanto, mayor claridad de su evidencia. La claridad de una idea supone así, sin declararlo expresamente, que tal idea es un "objeto" más o menos diferenciado del sujeto consciente.

Decimotercero - Vamos a estudiar ahora uno de los fenómenos clave del pensamiento consciente, cuya formulación es la siguiente: TODO SÍMBOLO QUE EMERGE EN LA ES­FERA DE LUZ ACTÚA, FRENTE AL SUJETO, COMO EL REPRESENTANTE DE UN ARQUETIPO, VALE DECIR, EL SÍMBOLO SE DESPLIEGA EN UN PROCESO EVO­LUTIVO QUE TIENDE HACIA UNA PERFECCION FINAL O ENTELEQUIA: DURAN­TE DICHO PROCESO EL SÍMBOLO ENAJENA LA ATENCION DEL SUJETO.

Hay que observar que decimos "como el representante de un Arquetipo" y no "como un Arquetipo"; aclaremos esto. Por "Arquetipo", ante todo, se entiende a aquellos paradigmas que constituyen el "plano arquetípico" y a semejanza de los cuales se conforma en orden del "plano material". Éstos son, según se explicó en el inciso "finalidad y suprafinalidad", los "Arquetipos UNIVERSALES" del macrocosmos. Pero en el microcosmos, o cuerpo material del pasú, existe una réplica invertida del "plano arquetípico": la "memoria arquetípica" o cerebro. La memoria arquetípica está compuesta por "Arquetipos invertidos" que son, cada uno, el reflejo de los Arquetipos universales. Tal como se expuso en el inciso "Memoria arquetípica y razón" los Arquetipos universales no pueden ser conocidos racionalmente, vale decir, a través de la esfera sensorial, y, por lo tanto, son IRREPRESENTABLES para el sujeto consciente. No ocu­rre lo mismo con los Arquetipos invertidos pues las operaciones de la razón los actualizan en la estructura cultural como "Principios" o "símbolos arquetípicos" de una Relación: toda repre­sentación racional de una Relación (por ejemplo I, figura 21) puede emerger como "representación consciente" (I', figura 21) frente al sujeto consciente. Una "representación consciente" conforme a lo ya explicado largamente, es la emergencia en la esfera de luz de la IMITACION sémica de un concepto, es decir, de la verdad del ente notada en un lenguaje; lo que representa la representación es, entonces, la verdad del ente y lo que "vera" el sujeto cons­ciente, su idea, será la imagen del ente, la copia del esquema que la potencia activa de la Rela­ción manifestó como relieve en el horizonte de la significación continua. Pero el esquema del ente, al cual imita la representación, es un símbolo complejo, compuesto de símbolos arquetí­picos que representan, a su vez, a los Arquetipos invertidos de la memoria arquetípica. Quiere decir que una representación consciente, la imagen de un ente vista idealmente por el sujeto, representa en verdad al conjunto de símbolos arquetípicos que integran la subestructura del esquema. No resulta ahora difícil entender que toda representación consciente, o el símbolo en que ésta consiste, REPRESENTA EN REALIDAD A UNO O VARIOS ARQUETIPOS.

Mas tal representación de Arquetipos no es consciente, es decir, no será notada por el sujeto consciente, porque SÓLO EL ESQUEMA EN SU INTEGRIDAD ESTRUCTURAL HA SIDO INTENCIONADO POR LA POTENCIA ACTIVA y no así los símbolos arquetípi­cos que lo componen. Los símbolos arquetípicos, aunque fundamentan y conforman toda ima­gen, permanecen subsumidos en ella, integrados en la forma total sin destacarse; por ejemplo, la imagen de la rueda se compone de muchos símbolos arquetípicos: el circulo, el eje polar, el "rayo" o radio recto, el color, el movimiento, etc., que no son notados a menos que se efectúe una REFLEXIÓN a posteriori. Sin embargo la imagen de la rueda puede "rodar" frente al suje­to y éste sólo podrá detenerla haciendo uso de la voluntad, oponiendo energía volitiva a la energía intencionada de la imagen en movimiento. La imagen de una rueda, que rueda INVO­LUNTARIAMENTE en la imaginación, es un buen ejemplo del carácter arquetípico de tal re­presentación: su rodar, su movimiento, es la apreciación subjetiva del PROCESO ENTELE­QUIAL OBJETIVO, con que la imagen, símbolo arquetípico o conjunto de ellos, se despliega frente al sujeto consciente.

Pero no es necesario que la imagen esté en movimiento para demostrar que constituye un PROCESO; basta sólo con que permanezca en la esfera de luz, con que registre duración en el tiempo trascendente, para que el proceso se desarrolle: la persistencia de la imagen en la imaginación implica por ese solo acto la existencia de un proceso.  

Hasta aquí tratamos de mostrar el hecho de que toda representación consciente es un fenómeno activo, dueño de una dinámica propia que compite en fuerza con el sujeto conscien­te. Examinemos ahora la causa de tal hecho valiéndonos de la figura 21.

Vemos en ella parte del desarrollo analógico de un pensamiento consciente (el desarro­llo completo se estudiará en el próximo artículo). En un primer momento el pensamiento ocu­rre SOBRE la estructura cultural. El sujeto cultural vivencia la Relación xx y nota el significa­do en el contexto significativo de un lenguaje. Entiende así la verdad del ente como concepto xx, el cual se representa racionalmente en el plano de significación horizontal (xx). El símbolo I es la representación racional que imita al concepto xx, es decir, que es homólogo a éste. Pero I es una manifestación energética de la potencia activa y sus notas son: la emergencia (movi­mien­to), la primera intención (dirección hacia la esfera de luz) y la intensidad.

Si la energía es suficiente toda representación racional puede emerger hacia la esfera de luz. En la figura 21, se advierte, proyectada con líneas de puntos, la emergencia de I. Hay que notar, en este momento, que durante el tránsito por la esfera de sombra (o Ψ )la energía de I va disminuyendo debido a la resistencia que le opone la opacidad intrínseca. EL MÍNIMO valor de una energía (- Ep min.) es alcanzado en el nivel Ψ del umbral de conciencia al cual, sin em­bargo, atraviesa: toda la energía con que la potencia activa había dotado a I, energía referida intencionalmente a sí mismo, se consumió en el trayecto (o Ψ), es decir, fue cedida a la esfera de sombra de acuerdo con la ley de conservación de la energía estudiada en el comentario Sép­timo.

Llegamos así al momento en que ocurre la TRANSICIÓN ENERGÉTICA de toda re­presentación consciente: el instante en que el símbolo cruza el umbral de conciencia. El fenó­meno es el siguiente: antes del umbral de conciencia, en el último espacio de la esfera de som­bra adyacente a Ψ, el símbolo I posee mínima energía (-Ep min.) y máxima inercia emergente; después del umbral de conciencia, en el primer espacio de la esfera de luz adyacente a Ψ, el símbolo I' posee máxima energía (+Ep máx.). Al atravesar el nivel Ψ del umbral de conciencia ocurrió, pues, una importante "transición energética" en el símbolo I.

Para comprender este fenómeno debemos recordar la "expresión energética del pensa­miento del pasú": W. Tt = Ep. Esta expresión nos dice, en primer lugar, que "la energía (Ep) es función de la potencia (W)", y, en segundo lugar, que "LA POTENCIA SE PUEDE CON­VERTIR EN ENERGÍA Y LA ENERGÍA EN POTENCIA". Aplicada a un símbolo, tal como I, la expresión energética afirma que TODA DISMINUCIÓN DE LA ENERGÍA DURANTE LA EMERGENCIA DEBE REPUTARSE COMO UN AUMENTO DE SU "POTENCIA" PARA RECIBIR ENERGIA EQUIVALENTE.

Un símbolo emergente posee, pues, "potencia activa", aunque en forma INVERSA a una Relación. La potencia activa de la Relación es POSITIVA, capaz de dotar por sí misma al símbolo de la energía suficiente para emerger: la energía del símbolo proviene de una manifes­tación actual de la potencia activa. En cambio la potencia activa del símbolo emergente es NE­GATIVA, producto de la disminución de energía que ha cedido a la esfera de sombra durante el tránsito hasta Ψ: la potencia activa negativa de un símbolo predispone a éste para TOMAR la energía faltante. Y es esa potencia, replegada en el símbolo emergente, la que lo impulsa a desarrollar un proceso entelequial y la que causa la transición energética de (-Ep min.) a (+Ep máx.).

Cuando el símbolo I se encuentra en el nivel exacto de Ψ, es decir, en el plano del um­bral de conciencia, SU ENERGIA ES: CERO, Y SU POTENCIA: MÁXIMA. Al concluir la esfera de sombra desaparece la opacidad intrínseca y el símbolo deja de perder energía; al pe­netrar en la esfera de luz su potencia lo predispone para TOMAR energía. ¿De donde la TOMA? Respuesta: de la esfera de luz, vale decir, de la conciencia. Pero tal restitución de energía no se efectúa progresivamente, de manera análoga a la paulatina pérdida de energía experimentada en la esfera de sombra; por el contrario, al atravesar el umbral de conciencia, el símbolo TOMA DE UNA SOLA VEZ TODA LA ENERGÍA QUE LE DEMANDA SU POTENCIA NEGATIVA: por eso toda representación consciente "APARECE" CON "CLARIDAD" ANTE EL SUJETO. Pero en esta "aparición" el símbolo dispone ahora de energía propia e intenta desplegar frente al sujeto aquello que lleva en germen tras la forma simbólica.

De la potencia con que un símbolo atraviese el umbral de conciencia depende la región de la esfera de luz en la que haya de manifestarse. El símbolo I', por ejemplo, se estabiliza frente al sujeto consciente en el nivel Ψ1 (ver figura 21). El nivel de estabilización de toda re­pre­sentación consciente se alcanza en un solo movimiento que comienza en la estructura cultu­ral; en la figura 21, esto significa que el símbolo I emerge desde el plano de significación hasta el nivel Ψ1 EN UN SOLO MOVIMIENTO, progresivo hasta Ψ y brusco hasta Ψ1: EN EL NIVEL DE ESTABILIZACION ACABA LA EMERGENCIA Y COMIENZA EL PROCESO.

La estabilidad de una representación es vivenciada por el sujeto como la "aparición" de la imagen, como un símbolo que de pronto emerge y se hace claro en la conciencia. Pero tal estabilidad no indica quietud sino que señala sólo un cambio en la actividad del símbolo: a partir de allí comienza un proceso entelequial que puede enajenar completamente la atención del sujeto a menos de que éste disponga de suficiente energía, o sea: voluntad, como para con­trarrestarlo.

En la segunda parte de estos "Fundamentos......", al estudiar la Ética Hiperbórea, será considerado de importancia capital, y en base a ello se desarrollará toda una tipología humana, el momento de la estabilización del símbolo en la conciencia. Por eso conviene anticipar ahora que al "aparecer" el símbolo frente al sujeto se establece entre ambos una tensión dramática; en ese caso el pasú solo atina a reaccionar de una manera que le es caracterís­tica. Sin embargo, tras el encadenamiento de los Espíritus Hiperbóreos, existen tres clases de hombres sobre la Tierra: el pasú, el virya y el Siddha. Particularmente el virya, que puede ser "perdido" o "despierto", exhibe reacciones distintas a la del pasú. Una tipología basada en la actitud del sujeto consciente frente a un SÍMBOLO SAGRADO, que más adelante se definirá, es altamente reveladora sobre el grado de confusión estratégica que presentan los hombres, en particular quienes procuran liberarse del Gran Engaño. Y ese dato es imprescindible de cono­cer antes de elegir una vía hiperbórea de liberación. Esta necesidad justifica ampliamente el largo estudio analógico que hemos empleado para tornar inteligible el funcionamiento de la estructura psíquica del pasú.

Decimocuarto- El fenómeno psíquico que hemos simbolizado en la figura 21 puede interpretarse también desde el punto de vista psicológico. En ese caso hay que considerar que el sujeto cultural ha "pensado" el sistema xx: CUANDO EL SUJETO CULTURAL MIENTA EL SISTEMA XX EL CONTENIDO DEL PENSAMIENTO SE DENOMINA "JUICIO SINTETICO A PRIORI". Pero el mentar un sistema equivale, según ya vimos, a notar EL CONCEPTO DE UNA RELACION ENTRE PRINCIPIOS; vale decir: la facultad traductiva permite al sujeto cultural NOTAR LA RELACIÓN, COMO "CONCEPTO", EN EL CON­TEXTO SIGNIFICATIVO DE UN LENGUAJE. Y el significado que fundamenta el pensa­miento es un "relieve en el horizonte de la significación continua" o, sinónimamente, "un sím­bolo manifestado en el plano de significación horizontal"; esto último corresponde a la repre­sentación racional I de la figura 21. Pues bien: el símbolo I, que es homólogo al concepto xx, lo DENOTA en todo momento, aún cuando emerge a la conciencia, PERO EN LOS TÉRMI­NOS DEL LENGUAJE CONTEXTUAL. Es así que el símbolo I ES SIEMPRE UNA EX­PRESIÓN CONCEPTUAL, A POSTERIORI, DEL JUICIO SINTÉTICO A PRIORI EN QUE CONSISTE EL PENSAMIENTO DEL SISTEMA XX.

Todo símbolo o representación que emerge a la conciencia es significativo en un lengua­je contextual. Con otras palabras: todo símbolo, tal como I, denota un concepto, tal como xx, aún aquellos símbolos que representan a un MITO y cuyos lenguajes contextuales, según se verá mas adelante, son completamente desconocidos para el sujeto.

En resumen: un "juicio sintético a priori", mentado por el sujeto cultural, se transforma en un símbolo conceptual representativo, o PROPOSICIÓN, para el sujeto consciente. Desde el punto de vista del sujeto consciente, el símbolo , además de representar una imagen, denota el significado del concepto xx en el lenguaje contextual del plano horizontal (yx).

En el símbolo , entonces, hay una PROPOSICIÓN IMPLÍCITA EN EL SIGNIFICA­DO DENOTADO. El sujeto consciente, por causa de la barrera energética del umbral de con­ciencia, "ve" con claridad sólo la imagen , y percibe su significado en forma proposicional, ig­norando en principio la forma original del juicio sintético. Naturalmente, la forma proposicional del significado es adecuada para la expresión sociocultural que exige el objetivo macrocósmico de la finalidad: COMUNICAR el significado a los miembros de la comunidad cultural y PO­NER el sentido en los entes. Pero la ventaja que la forma proposicional implica para el objetivo macrocósmico, se transforma en desventaja, desde el punto de vista gnoseológico, para el ob­jetivo microcósmico de la finalidad. Esto se hará patente en cuanto advirtamos que LA FORMA PROPOSICIONAL DEL SIGNIFICADO DE TODA REPRESENTACIÓN ES UNA DESCRIPCIÓN ANALÍTICA A POSTERIORI DEL JUICIO SINTÉTICO A PRIORI.

Toda proposición, en efecto, DESCRIBE, en los términos de un lenguaje al juicio sin­tético mentado, vale decir, AL ESQUEMA DEL ENTE. Recordemos que la constitución del esquema en ningún momento fue analítica sino, por el contrario, puramente sintética: el desig­nio revelado a la razón SE APLICÓ SOBRE LA MEMORIA ARQUETÍPICA Y, de tal con­frontación, surgió la actualización de un ESQUEMA ESTRUCTURAL SINTÉTICAMENTE INTEGRADO, NO DESCOMPUESTO EN NINGUN MOMENTO. Sólo la limitación evo­lutiva del sujeto cultural causa que, a posteriori, el esquema sea notado en UN lenguaje y que, la "vivencia" del esquema, el juicio sintético a priori, sea DESCRIPTO CONCEPTUAL­MENTE: recién entonces se produce la descomposición analítica del esquema del ente, su "forma proposicional ". Ya sabíamos, digamos "extáticamente" que, todo concepto es una parte del esquema, o sea, un SÍMBOLO INCOMPLETO; ahora vemos, "dinámicamente", que toda representación supone un significado proposicional del concepto que significa y que, por eso, es también un "símbolo incompleto". De aquí la desventaja apuntada: al ignorar el juicio sintético a priori, al racionalizar su intuición, el sujeto consciente sólo dispone de una mera descripción conceptual como fundamento significativo de la representación consciente, lo que constituye una grave variedad de daltonismo gnoseológico.

Para mostrar de manera clara la imprecisión que la forma proposicional del significado introduce en el pensamiento consideremos el sistema xx ya estudiado. El mismo consiste de un par de Principios opuestos y de una Relación o esquema del ente; en el esquema existe, "como símbolo arquetípico", una réplica de los Principios Relacionados. Cuando el sujeto cultural "vivencia" el sistema xx ocurre el juicio sintético a priori pero, inmediatamente, tal vivencia es racionalizada por la facultad traductiva y del sistema xx sólo es notado el concepto xx en un lenguaje contextual: más el concepto xx ES PARTE DE LA RELACIÓN y no incluye, por su potencia pasiva, a los Principios. La representación del concepto xx, bajo su forma proposi­cional, sólo denotará al sujeto consciente UNA PARTE DE LA RELACIÓN, o esquema del ente, CON EXCLUSIÓN ABSOLUTA DE LOS PRINCIPIOS QUE ENLAZABAN Y SOS­TENÍAN AL ESQUEMA EN LA ESTRUCTURA CULTURAL. Pero al abstraer el esquema de sus soportes principales la Relación pierde su carácter de enlace y es intuida individualmen­te, no como el esquema del ente sino como el ente mismo: de allí que la descripción lingüística que supone el concepto consista en un análisis semiótico, es decir: un análisis semiótico del concepto xx TOMADO COMO EL TODO DEL ENTE. Queda claro, pues que una descom­posición semiótica del concepto con vistas a su descripción ha de ser incompatible con su COMPRENSIÓN, es decir, con la captación de su volumen analógico, de su complexión sé­mica. El efecto de esto es la DESUBSTANCIALIZACIÓN de la Relación por la extrema abs­tracción de que la ha hecho objeto la facultad traductiva: el sujeto cultural no percibe a la "Relación entre Principios" sino al "concepto" de la verdad del ente, al que representa proposicionalmente. Y el sujeto consciente percibe a la forma proposicional del significado como una descripción del ente consistente en un conjunto de símbolos, o propiedades, relacionados entre sí de acuerdo con la modalidad lógica del lenguaje. Pero estas "relaciones" de la proposición son insubstanciales pues la energía de la representación SE CONCENTRA EN LOS SIMBO­LOS QUE LA COMPONEN, símbolos que corresponden a primitivas propiedades del esque­ma: TODA PROPOSICIÓN, ENTENDIDA ÉSTA COMO LA DESCRIPCIÓN LINGÜÍSTI­CA DEL CONCEPTO DE UN ESQUEMA, TIENE UNA LEY ENERGÉTICA INVERSA A LA DEL SISTEMA QUE REPRESENTA Y DESCRIBE.

Esto es: mientras que en un sistema los Principios tienen potencia pasiva, y no son no­tados, y su Relación tiene potencia activa y es notada, en una proposición los términos tienen potencia activa y la relación potencia pasiva. Así, los términos, que suelen consistir en sujetos y predicados, tienen un evidente peso, una mayor substancia, que las relaciones que los ligan.

He allí la desventaja de percibir el significado como una descripción lingüística: la re­presentación consciente, como imagen del ente, puede aparecer ante el sujeto consciente muy nítida, clara, vívida, etc., pero su significado puede estar, a la vez, descompuesto analíti­camen­te en una descripción de los símbolos que constituyen la imagen SIN QUE RESULTE PARA NADA CLARA LA VALIDEZ DE LAS RELACIONES LINGÜÍSTICAS QUE LOS UNEN. La visión eidética del sujeto consciente, por ejemplo, podría recibir la imagen del ente y abs­traer sus propiedades con toda claridad EN TANTO OPERE CON LA FANTASIA SO­BRE LA COMPOSICION SÉMICA DE LA IMAGEN; mas si reparase en la proposición, que des­cribe lingüísticamente aquella imagen, no le aparecería tan clara la forma en que los términos, o propiedades, se relacionan.

Como conclusión hay que tener presente que un concepto, directamente mentado en la estructura cultural, SOBRE la Relación, ha de diferir notablemente de su descripción proposi­cional. Por eso no se debe confundir jamás a un concepto estructural CON SU DEFINICIÓN LINGÜISTICA: el concepto, aún cuando sólo corresponde a un aspecto del esquema sémico, es siempre vivenciado sintéticamente como subestructura; su representación, por el contrario, lo describe analíticamente en forma proposicional, LO "DEFINE" EN TÉRMINOS DE UN LENGUAJE. La forma proposicional, sin embargo, es perfectamente eficaz a los fines del ob­jetivo macrocósmico. Mas no debemos olvidarlo: LA PROPOSICIÓN, COMO EXPRESIÓN DESCRIPTIVA DE LA VERDAD DEL ENTE, ES TAMBIÉN UN "SÍMBOLO INCOM­PLETO".



[1] La palabra ειδος significa visión. En latín la raíz VID, de la cual se deriva IDEA, da origen a VIDERE = ver. “IDEA” es así , “VISION MENTAL”

G - El pasú, sujeto consciente.

En lo que llevamos estudiado sobre el pasú hemos expuesto siempre el desarrollo de su pensamiento en el mismo orden en que se manifiesta el sujeto anímico en el microcosmos, vale decir, en el orden de la "secuencia jerárquica": memoria arquetípica o estructura cerebral, me­moria conceptual o estructura cultural, memoria representativa o esquema de sí mismo. Natu­ralmente, el sujeto sigue tal orden porque las estructuras se constituyen de acuerdo a la se­cuencia jerárquica, pero esa situación de ningún modo se prolonga mas allá de la infancia. El sujeto es la manifestación del alma en las estructuras psíquicas y, por lo tanto, propende a al­canzar la perfección arquetípica, a imitar al Manú, es decir, trata de cumplir la finalidad del pasú. Con este propósito el sujeto se instala permanentemente en las estructuras superiores e intenta controlar desde allí la conducta del microcosmos; el objetivo, desde luego, es el de la finalidad: operar como sujeto consciente en el esquema de sí mismo o esfera de conciencia. Teóricamente un pasú "evolucionado" debería contar con un sujeto consciente capaz de "conocerse" y "conocer", de "saber de sí", "descubrir el designio en los entes" y "poner el senti­do". Por eso en este artículo seguiremos un orden inverso al empleado hasta aquí: partiremos de la hipótesis de que describimos el comportamiento de un pasú ejemplar, tan evolucionado que su esfera de conciencia se ha desarrollado lo suficiente como para permitir la actividad continua del sujeto consciente. Con tal convenio estudiaremos el pensamiento consciente DESDE LA ESFERA DE LUZ, vale decir, DESDE EL "PUNTO DE VISTA" DEL SUJETO CONS­CIENTE.

En el comentario Quinto del artículo anterior se declaró que toda imagen mental puede proceder de la estructura cultural o bien ser "producto de la FANTASIA". Vamos a explicar ahora como produce el sujeto consciente las fantasías que imagina.

Para que la explicación no resulte muy compleja es conveniente comenzar por observar las analogías que existen en la producción de imágenes por parte de ambos sujetos. En efecto, mientras que el sujeto cultural produce en la estructura cultural las representaciones que serán percibidas como imágenes en la esfera de luz, el sujeto consciente, por su parte, también es capaz de producir representaciones EN LA ESFERA DE CONCIENCIA cuyas imágenes son símbolos propios del esquema de sí mismo. Es decir: el sujeto consciente puede generar por sí mismo imágenes en la esfera de conciencia, SIN QUE INTERVENGA PARA ELLO el sujeto cultural y la estructura cultural: tales imágenes se denominan FANTASÍAS.

Así, el sujeto consciente es capaz de percibir imágenes en la esfera de luz, "representaciones conscientes", tal como se explicó en el artículo anterior, y de imaginar fanta­sías. Nos preguntaremos, entonces, que es una fantasía y que diferencia guarda con una repre­sentación consciente.

Para responder a lo primero observemos lo siguiente. Una representación consciente puede emerger por dos causas: 1º - el sujeto racional descubre el designio de un ente externo y lo interpreta racionalmente, PRODUCIENDO un esquema equivalente en la estructura cultu­ral; si tal esquema esta referido a sí mismo, una representación del esquema del ente emergerá inmediatamente hacia la esfera de luz, consistiendo esa emergencia en la noticia, el conoci­miento inmediato, que el sujeto consciente recibirá del ente externo. 2º - el sujeto cultural perci­be a un sistema de la estructura cultural como vivencia: tal sistema es el producto de un descu­brimiento antiguo, vale decir: el ente, cuya verdad se esquematizó, ya no impresiona la sensi­bilidad del sujeto racional; sin embargo, al ser vivenciado por el sujeto cultural, se PRO­DUCE una representación homóloga del esquema, que emerge hacia la esfera de luz.

Con esta aclaración queremos destacar que toda representación consciente es siempre una PRODUCCIÓN de los sujetos racional o cultural. PERO EL ESQUEMA DE SÍ MISMO, O ESFERA DE CONCIENCIA SE VA CONSTRUYENDO CON REPRESENTACIONES CONSCIENTES A LAS QUE MEMORIZA ESTRUCTURALMENTE PARA QUE CONS­TITUYAN "LA HISTORIA DEL MICROCOSMOS".

Estos elementos estructurales "históricos" del esquema de sí mismo son los que evoca el sujeto consciente cuando se "representa una fantasía". Por eso, en tanto las representaciones conscientes son PRODUCCIONES SÉMICAS realizadas por los sujetos racional y cultural, las fantasías son REPRODUCCIONES CONSCIENTES que el sujeto consciente efectúa VOLITI­VAMENTE sobre el esquema de si mismo.

La capacidad y eficacia que el sujeto consciente demuestra para producir imágenes his­tóricas de sí mismo y percibir las representaciones producidas en otras estructuras se denomina FACULTAD DE IMAGINAR O "IMAGINACION". Del mismo modo como el sujeto racio­nal es capaz de descubrir el designio de los entes porque dispone de una FACULTAD COGNOCITIVA RACIONAL, y el sujeto cultural puede notar la verdad del ente en el contexto significativo de un lenguaje, como “concepto”, merced a que dispone de una FACULTAD TRADUCTIVA, así también el sujeto consciente puede "ver" la imagen del ente, a la vez que lo com­prende racionalmente, porque dispone de la FACULTAD DE IMAGINAR. Pero esta facultad no se reduce sólo a percibir representaciones de entes producidas en la estructura cultural: el sujeto consciente puede imaginar entes conocidos o desconocidos, presentes o pasados, exis­ten­tes o inexistentes, reales o ideales, etc.; los segundos términos expresan las REPRODUC­CIO­NES efectuadas por la fantasía.

Si la "imaginación" es la principal facultad del sujeto consciente, la "fantasía" es su grado superior. Frente a la representación consciente de un ente, por ejemplo, que el sujeto consciente percibe como imagen y significado, la fantasía puede MODIFICAR tal imagen, agregar o quitar cualidades, e inclusive confrontarla con otra imagen puramente ideal. Pero este ejemplo nos permite advertir el carácter esencialmente VOLITIVO de la fantasía. Una repre­sentación consciente, en efecto, "aparece" frente al sujeto consciente ya intencionada hacia sí mismo es producto de otra estructura; en cambio la fantasía requiere la acción directa del sujeto consciente para manifestarse: es producto de su VOLUNTAD "sobre" la esfera de conciencia. Además, cuando la representación se estabiliza en la esfera de luz e inicia su proceso entelequial tenderá a enaje­nar la atención del sujeto consciente a menos que este disponga de voluntad suficiente como para ejercer su control: a esta acción volitiva, necesaria para DETENER el proceso, hay que agregar mas energía, si es que la fantasía pretende MODIFICAR la imagen del ente que repre­senta la representación consciente.

Vayamos ahora a la segunda pregunta ¿qué diferencia existe entre una fantasía y una re­presentación consciente? Aparte de la diferencia ya apuntada, de que la representación es "imaginación productiva" y la fantasía "imaginación reproductiva", conviene comparar los as­pectos energéticos, racional, e inteligible de una fantasía y de una representación consciente. En el comentario "Primero", que sigue, se hará un estudio comparativo entre el aspecto ener­gético de una representación y una fantasía. En el comentario Segundo se explicará el meca­nismo por el cual toda fantasía acaba siendo una imagen racional e inteligible.

Primero - Desde el punto de vista energético una representación consciente "aparece" frente al sujeto consciente cuando se estabiliza, luego de la transición energética. Tiene enton­ces máxima energía, dirigida a germinar y madurar su contenido. En el pensamiento consciente hay, así, una imagen del ente que, por estar referida a sí mismo, por su primera intención, apa­rece como objeto evidente e indudable: un OBJETO IDEAL, representante de un ente real, de su verdad. La voluntad del sujeto puede detener el proceso u, OPONIENDO SUFICIENTE ENERGIA, anular a la imagen AL QUITAR DE ELLA LA ATENCION: la imagen "aparece" frente al sujeto consciente porque está intencionalmente referida a sí mismo; si el sujeto no atiende VOLUNTARIAMENTE a su espectáculo la imagen es impotente para mantenerse en escena y DESAPARECE DEL PRESENTE: queda estructurada en el esquema de sí mismo como recuerdo histórico.

Cuando el sujeto consciente REPRODUCE fantasiosamente una imagen, ésta NO DI­FIERE SÉMICAMENTE de una representación consciente y en cambio DIFIERE ENERGÉ­TICAMENTE de la misma. Veamos como es esto. El requerimiento de una imagen original, o la evocación de una conocida, que el sujeto consciente procura concretar en el esquema de si mismo, causa la emergencia de la fantasía. Pero tal "emergencia" es casi instantánea por ser un fenómeno que ocurre exclusivamente en la esfera de conciencia. Ahora bien, la "aparición" actual de la fantasía también se efectúa, como en el caso de las representaciones conscientes, con "máxima energía"; pero, la energía de las representaciones proviene de la potencia activa de las Relaciones ¿quién aporta, pues, la energía de las fantasías? Respuesta: la esfera de luz o "conciencia".

Para entender esta respuesta hay que recordar que la "energía psíquica" es la fuerza que dispone la voluntad para actuar. En la estructura cultural, el sujeto cultural, al animar un sis­tema, es quien produce VOLITIVAMENTE la representación emergente. La "potencia activa" de la Relación es en realidad la DISPOSICIÓN POTENCIAL para actuar que posee el sistema vivo, animado por el alma; con otras palabras: hay una reserva volitiva del alma pronta a ser utilizada por el sujeto conforme a la disposición potencial de tal o cual Relación particular. Recordemos que definimos a las "facultades" como "disposiciones" del sujeto; dijimos, por ejemplo, "el sujeto cultural DISPONE de la facultad traductiva". Pues bien: LAS FACULTA­DES SON "DISPOSICIONES ACTIVAS" DETERMINADAS POR LAS DISPOSICIONES POTENCIALES DE LAS ESTRUCTURAS VIVAS. Podemos explicarlo, también, mediante una alegoría: digamos que, por ejemplo, tenemos la "disposición activa", la voluntad, de traba­jar esta piedra; queremos hacer de ella la representación del Führer y pensamos en esa foto, tomada en uno de los "mágicos Congresos de Nuremberg": en ella se lo ve descender de una gigantesca escalera de mármol, vestido con el uniforme de gala de la S.A. y la capa suavemente desplegada por la brisa; la foto ha podido detener para la Historia uno de los instantes de ma­yor gloria hiperbórea de todo el Kaly Yuga: el enviado de Cristo-Lucifer mostrándonos el ca­mino del honor y la inmortalidad, haciendo posible que el rostro del vil enemigo se descubra frente a nuestra confusión; tenemos pues, la "disposición activa" de tallar esta piedra para retratar esa imagen de gloria tal es nuestra voluntad! pero ¿nos permitirá la "disposición potencial" de la piedra cumplir nuestro propósito?; ¿no es acaso demasiado pequeña?: habrá entonces que hacer una representación a escala; ¿y su grano? ¿Permitirá expresar con claridad el gesto ca­rismático del Führer? ¿Habrá que pensar en ello; y su dureza? ¿Cederá ante nuestros golpes formativos? ¿O nuestras herramientas son inadecuadas para modelar esta piedra? habrá que en­sayar, probar la factibilidad de nuestro proyecto; etc.; vemos así que una cosa es la "disposición activa" para hacer y otra la "disposición potencial" de la materia para recibir el hecho. En general puede afirmarse que la disposición activa de una facultad está determinada por la disposición potencial de la estructura en la cual se aplica; en la alegoría no basta con la voluntad de representar al Führer en ESA piedra: hay que verificar si la piedra ACEPTA la conformación propuesta; si es muy pequeña no se podrá emplear el tamaño natural, si es muy dura no se podrá tallar, si es muy blanda se romperá, etc.; al final la disposición activa, la vo­luntad, se ADAPTARÁ a la disposición potencial de la piedra, estructura material, y surgirá una representación del Führer; pero tal imagen estará inevitablemente determinada por las di­mensiones de la piedra, por la calidad de la materia prima.

Del mismo modo la disposición activa del sujeto cultural, su voluntad, determinada por la disposición potencial de la Relación animada, su potencia activa, produce una representa­ción de la verdad del ente que depende inevitablemente de las dimensiones del esquema. Y de manera semejante el sujeto racional aplica su disposición activa, su voluntad, en la memoria arquetípica para actualizar los Arquetipos invertidos y construir la estructura cultural: pero tal disposición activa estará siempre determinada por una "disposición potencial" de los Arqueti­pos para interpretar con mayor o menor fidelidad el designio del ente.

Considerando estas aclaraciones la respuesta anterior no debe ofrecer dudas. La dispo­sición activa de su facultad de imaginar permite al sujeto representar una fantasía: pero tal imagen estará inevitablemente determinada por una "disposición potencial" de la esfera de con­ciencia, o esquema de sí mismo, es decir, "estructura de sí mismo", que es quien en definitiva aporta la energía. De aquí que la energía de la fantasía provenga "de la esfera de luz o 'con­ciencia'". Pero se puede completar esta respuesta destacando que, si bien la energía de la fan­tasía es aportada por la esfera de luz, ello ocurre POR REQUERIMIENTO DEL SUJETO CONSCIENTE, POR DISPOSICION DE SU FACULTAD DE IMAGINAR. Mas esto ya lo sabíamos ¿en qué forma completa la respuesta anterior?: advirtiendo que las fantasías son imágenes esencialmente sostenidas por el sujeto consciente, producidas volitivamente por sí y para sí; y al estar constituidas, como todo término psíquico, por símbolos arquetípicos, pueden llegar a desplegarse en procesos entelequiales que tienen, como ningún otro fenómeno psíqui­co, la posibilidad de enajenar la atención del sujeto consciente y enervar su voluntad; esta po­sibilidad se expondrá en el articulo "H".

Continuemos ahora con el estudio energético de las fantasías. Dos imágenes, una repre­sentación consciente y una fantasía, pueden ser sémicamente homólogas y poseer, ambas, ener­gía máxima. Sin embargo DIFERIRÁN ESENCIALMENTE EN UNA NOTA DE LA ENERGÍA. Y esto debe ser así porque sino el sujeto consciente no sabría distinguir la imagen de un ente real de una fantasía ideal, no sabría diferenciar el plano de los entes reales del plano de los objetos imaginarios. La diferencia radica, según se dijo, en una nota de la energía: en la "primera intención" o dirección hacia sí mismo que posee la energía de toda representación consciente. Las fantasías, en efecto, NO POSEEN LA PRIMERA INTENCIÓN puesto que no han sido referidas hacia sí mismo sino que, por el contrario, se encontraban estructuradas en el esquema de sí mismo y de allí emergieron en la esfera de luz, requeridas por el sujeto conscien­te.

El sujeto ha puesto a la fantasía en la esfera de luz y la ha referido a un objeto ideal, a una idea. Por ser energética la fantasía debe tener una intencionalidad, pero la misma apunta no a sí mismo sino a una idea del sujeto: la fantasía REVISTE a tal idea, la conforma imagi­nariamente y se sostiene en ella. El sujeto consciente viene a ser, así, el soporte esencial de las fantasías pues se desdobla voluntariamente para reproducirlas. Este desdoblamiento voluntario del sujeto EN la fantasía, esta presencia intima del sujeto en el objeto imaginario, hace que en todo momento exista conciencia del carácter puramente ideal de la imagen percibida.

Algo muy diferente ocurre cuando la imagen es una representación consciente: esta emerge frente al sujeto provista de una primera intención que la evidencia como representante de un ente y como objeto PARA el sujeto consciente. Pero tal objetividad óntica es A POS­TERIORI del conocimiento racional pues la comprensión del esquema ha sido obtenida pre­viamente, A PRIORI, por el sujeto cultural.

La primera intención de la imagen, contenida en el pensamiento del sujeto consciente, DICE INDUDABLEMENTE QUE SE TRATA DEL ESQUEMA DE UN ENTE; la vivencia del esquema experimentada previamente por el sujeto cultural DICE A PRIORI DE QUE ENTE SE TRATA.

Supongamos ahora que el sujeto consciente distingue con claridad la imagen de un ente y SABE, por la primera intención, que se trata de un objeto ideal de conocimiento ¿qué ocurre si el sujeto desea SABER COMO SABE EL OBJETO? En ese caso el sujeto debe REFLE­XIONAR SOBRE el objeto, vale decir, debe REFLEJARSE EN el objeto, situarse momentá­neamente en él y, desde él, APERCIBIR al sujeto como objeto. En esta inversión de la relación sujeto-objeto el sujeto consciente puede verse a sí mismo viendo, conocerse conociendo, puede "saber como sabe" el sujeto del objeto. Pero tal invasión del objeto por parte del sujeto cons­ciente introduce irreversiblemente una alteración en su composición energética: se superpone a la primera intención una "segunda intención" dirigida hacia el sujeto.

Mas, las imágenes de entes con segunda intención, ya no son tan claramente objetivas: se tornan cada vez mas subjetivas y terminan por provocar la desconfianza del sujeto. Lo que sucede es que UNA PROLONGADA REFLEXION DEL SUJETO, SOBRE UN MISMO OBJETO CONDUCE A SU SUBJETIVACION, A LA IMPOSIBILIDAD DE DISTINGUIR CON CLARIDAD LO QUE REALMENTE PERTENECE AL ENTE Y LO QUE HA SIDO PUESTO EN EL OBJETO POR LA IMAGINACION: CUANDO ELLO OCURRE EL SU­JETO, IMPOTENTE PARA CONFIRMAR LA REALIDAD DEL ENTE, DESCONFÍA Y DUDA DE TODO EL MACROCOSMOS.

Para que la reflexión del sujeto consciente no ocasione la subjetivación del objeto, el hombre debe cultivar el ejercicio de la fantasía. Sus imágenes, en efecto, no poseen primera intención pues no proceden directamente del mundo y, además, el sujeto sabe desde el princi­pio que se trata de objetos imaginarios. La reflexión sobre un objeto de la fantasía, por un su­je­to que no pierde de vista en ningún momento el mundo de los entes reales, es la manera más segura de conocer el microcosmos y de afirmar el macrocosmos, evitando la confusión entre ambos o la negación de uno de ellos.

Naturalmente, esta opción de reflexionar solo sobre objetos ideales producto de la fan­tasía entraña una condición: no es apto para sujetos volitivamente débiles. Existe aquí, como en todas las vías del conocimiento superior -en el sentido en que "superior" es el conocimiento consciente con respecto al racional- un peligro: el peligro de que la energía intima del objeto ideal supere a la voluntad del sujeto y despliegue SOBRE ÉL (y no FRENTE A ÉL como las representaciones conscientes) su proceso entelequial. Esta posibilidad, como ya se adelantó, será expuesta en el artículo "H".

Segundo - Sabemos ya que las representaciones conscientes son racionales a priori, por percepción del sujeto racional, e inteligibles a priori, por percepción del sujeto cultural. La percepción de la imagen que obtiene el sujeto consciente es, pues, a posteriori de la percep­ción, racional e inteligible, de la verdad del ente que representa. Pero las fantasías no parecen estar en el mismo caso pues son reproducciones que el sujeto consciente realiza en la esfera de luz sin intervención de las restantes estructuras psíquicas. La cuestión es ¿las fantasías no son racio­na­les e inteligibles como las representaciones conscientes? Respuesta: las fantasías no son ra­cionales e inteligibles a priori; sin embargo, en el momento mismo que el sujeto consciente reflexiona sobre ellas, las toma por "objetos ideales" y las dota de "segundas intenciones", se tornan racionales e inteligibles. ¿Cómo puede ocurrir esto? Es lo que explicaremos a conti­nuación, paso a paso.

Comencemos por recordar que el sujeto anímico actúa simultáneamente en las tres es­tructuras mnémicas ya estudiadas: en la memoria arquetípica como sujeto racional o razón, en la estructura cultural como sujeto cultural y en la esfera de conciencia como sujeto consciente. Normalmente, el sujeto consciente se halla ligado sólidamente al sujeto cultural y a la razón, actuando cada uno en su estructura.

Entonces, sin olvidar que el sujeto anímico constituye una unidad, aún cuando se mani­fiesta simultáneamente en tres estructuras distintas, vamos a explicar la relación causal que liga a esa triple manifestación. En principio notemos que, de acuerdo al estudio analógico del pensamiento consciente, el contenido simbólico de toda representación ha de proceder de la estructura cultural. Las fantasías, por otra parte, emplean como "materia prima" elementos sémicos que, si bien proceden del esquema de sí mismo, no son mas que símbolos arquetípicos que alguna vez emergieron y se estructuraron en la esfera de conciencia. Pero esta composición sémica no basta para que la fantasía sea racional e inteligible a priori: para ser "racional" la fantasía debe someterse a la segunda operación de la razón; y para ser "inteligible" la fantasía, como contenido del pensamiento consciente, ha de tener el fundamento de un "significado". El problema es: si las fantasías son objetos ideales reproducidos exclusivamente en la esfera de conciencia ¿qué relación causal entre el sujeto consciente y los sujetos cultural y racional efec­túa que la fantasía se torne racional e inteligible a posteriori de su aparición? Respuesta: Ante todo hay que destacar que es LA DISPOSICIÓN QUE asume el sujeto consciente al pensar lo que LLAMA a la razón y motiva su RESPUESTA, la que siempre acaba por determinar la FORMA del pensamiento, tornando RACIONAL cualquier idea. Esto ocurre así porque LA RAZÓN RESPONDE A LA INTERROGACIÓN. Pero con "interrogación" no nos referimos a ninguna cuestión lógica pues "la lógica" es la modalidad estructural del lenguaje que elige la facultad traductiva del sujeto cultural para notar la verdad del ente en un contexto significativo, vale decir, la lógica es una propiedad del pensar racional que interviene a posteriori del acto de la razón. La interrogación a que aludimos es simplemente UN MOVIMIENTO DEL SUJETO CONSCIENTE: AQUELLA FLEXION QUE EL SUJETO CONSCIENTE REALIZA VO­LUNTARIAMENTE PARA DIRIGIRSE HACIA UN OBJETO IDEAL.

En el estado mental del pasú, o virya perdido, la razón responde a casi todos los mo­vimientos realizados por el sujeto consciente con operaciones de interpretación esquemática; vale decir: la razón interpreta operativamente la impresión que el objeto ideal causa en el suje­to consciente y construye un esquema equivalente, racionalizando la fantasía; dicho esquema, vivenciado por el sujeto cultural produce una representación que emerge y SE SUPERPONE A LA FANTASÍA, tornándola, a posteriori, racional e inteligible.

En resumen, cuando el sujeto consciente se enfrenta a un objeto ideal con segunda inten­ción, ocurre el siguiente fenómeno. El sujeto consciente genera un MOVIMIENTO COG­NOSCITIVO referido al objeto ideal; dicho movimiento es interpretado como una interroga­ción formal por la razón la cual establece instantáneamente una interconexión bioeléctrica en la estructura celular del cerebro (o, lo que es lo mismo, establece relaciones en la memoria arquetípica y actualiza un esquema en la estructura cultural) como respuesta solidaria; tal in­terconexión particular, por la correspondencia biunívoca entre estructuras, se transfiere a la estructura cultural adonde se plasma topológicamente sobre sus elementos, es decir, se "iluminan" las Relaciones involucradas; queda así formalizada una ruta lógica que, recorrida por el sujeto cultural, constituye la inteligencia misma del objeto considerado; de esa actividad del sujeto cultural, de ese "pensar SOBRE los sistemas de la estructura cultural" surge la re­presentación racional que luego emerge hacia la esfera de luz y se SUPERPONE a la imagen del objeto ideal, transformando a la fantasía en una completa representación consciente.

Pero tal "representación" no sólo es racional e inteligible, según se vio, sino que además ha sido sémicamente reconstruida a imitación de las Relaciones vivenciadas por el sujeto cul­tural, se decir, en función de las aserciones lógicas del lenguaje: por eso el conocimiento que el sujeto obtenga de una fantasía a posteriori será siempre invariablemente conceptual. De esto hay que extraer la conclusión de que una fantasía, aún la más sublime, aún aquélla que más distanciada parece estar de los entes del macrocosmos, SÓLO SERÁ VISTA SINTÉTICA­MENTE EN UN PRIMER MOMENTO por el sujeto consciente: luego, a posteriori de esa primera visión en la cual la fantasía se evidencia como objeto puramente ideal, la reflexión del sujeto consciente causará la racionalización e inteligibilización que conduce finalmente a su confusión con una representación consciente equivalente. 

Lo expuesto en el comentario Trece del articulo 'F' nos permitirá observar este fenóme­no con mas precisión. Digamos, pues, que en un primer momento el sujeto consciente PERCI­BE la fantasía. Al reflexionar sobre ella el sujeto se flexiona, se mueve, se dirige a la fantasía, causando la reacción de la razón. La razón "responde" a la "interrogación" del sujeto conscien­te interpretando arquetípicamente a la fantasía y transfiriendo su esquema a la estructura cultu­ral; allí el sujeto cultural anima un concepto estructural de tal esquema y produce su represen­tación consciente. Por "animar un concepto" hay que entender "pensar un juicio sintético a priori"; es decir: el sujeto cultural dispone un "juicio" sobre la fantasía y produce su represen­tación en la conciencia. Pero la representación de un concepto implica su definición en los términos de un lenguaje, su descripción proposicional. Cuando la representación emerge a la conciencia, casi instantáneamente luego de la percepción de la fantasía, se superpone a su imagen, la ENMASCARA conceptualmente. Entonces la fantasía se torna súbitamente signifi­cativa para la APERCEPCIÓN del sujeto consciente.

La APERCEPCIÓN de la fantasía no sólo evidencia la relación sujeto objeto para el sujeto conscien­te, sino que la encuentra fundada sobre un significado claramente conceptual, sobre una des­crip­ción semiótica, sobre una definición proposicional. Tal es la apercepción, a posteriori, de la fantasía: el sujeto la encuentra "significativa", la "entiende", porque la ve, a posteriori, a tra­vés del velo de su descripción analítica. No hace falta insistir demasiado en que la compren­sión "racional" de una fantasía constituye, en realidad, su ocultamiento tras una máscara cultu­ral: cuando el pasú "entiende" conceptualmente una fantasía ello significa que la misma está cubierta con un símbolo que la representa, e interpreta analíticamente, frente a la apercepción del sujeto consciente. Y dicho símbolo o descripción no sólo enmascara y deforma la imagen de la fantasía sino que mutila y altera definitivamente sus propiedades e introduce toda suerte de desviaciones gnoseológicas.

PARA EL PASU no existe, pues, mas vía superior de conocimiento que LA QUIETUD DEL SUJETO CONSCIENTE. Sólo un sujeto inflexible, en efecto, podrá evitar la reacción de la razón ante la fantasía y conseguirá PERCIBIRLA como tal: POR ESO TODAS LAS ES­CUELAS ESOTÉRICAS Y RELIGIOSAS DE LA SINARQUÍA PROPONEN A "LA CON­TEMPLACION PASIVA" COMO MÉTODO DE CONOCIMIENTO METAFÍSICO. El virya, es decir, aquél que es expresión del espíritu encadenado, por el contrario, no desdeñará jamás la acción anímica; y ello no le impedirá percibir las fantasías en toda su luz; ¿cómo?: primero adoptando una ACTITUD GRACIOSA LUCIFÉRICA, que será explicada en la Se­gunda Parte, y luego descubriendo en sí mismo al Yo Infinito.

 

H - El mito y el símbolo sagrado.

En el artículo anterior, en el comentario Doce, estudiamos que toda representación consciente, al estabilizarse energéticamente y aparecer frente al sujeto, intenta desarrollar un proce­so entelequial. Ello se debe a que, por estar conformada por símbolos arquetípicos, se compor­ta de manera análoga a la proyección en el plano material de los Arquetipos universales y, como tal, tiende a la entelequia. Este proceso es en realidad, sólo la continuación del movi­miento iniciado en los Arquetipos invertidos en la memoria arquetípica por la razón; puede hablarse, con propiedad, de un solo fenómeno divido en varias fases:

Fase 1 - actualización de los Arquetipos invertidos como esquemas del ente; Fase 2 - representación racional (del es­quema del ente) sobre la Relación; Fase 3 - emergencia de la representación consciente; Fase 4 - desarrollo del proceso entelequial frente al sujeto consciente.

Naturalmente, la fase 4 es siem­pre interrumpida por la voluntad del sujeto, para mantener el control de la conciencia, una vez que ha obtenido suficiente conocimiento de la representación por su visión eidética. La capaci­dad del sujeto consciente de actuar volitivamente para desviar la atención de una representa­ción es señal de una elevada evolución en la estructura psíquica del pasú pues tal afirmación del sujeto sólo puede darse en un esquema de sí mismo de gran complejidad estructural: en un esquema de sí mismo que, justamente, se ha integrado con representaciones que han completa­do su ente­lequia en ausencia del sujeto y forman parte, aunque DESCONOCIDA, de la histo­ria del mi­crocosmos.

Estamos, entonces, en que un sujeto consciente altamente evolucionado, ha de ser capaz de evitar el proceso entelequial de las representaciones, proceso que éstas intentan desarrollar por ser, más allá de la imagen que representan, símbolos arquetípicos en plena actualidad. Sin embargo existe un tipo de representación, a la que hasta ahora no hemos estudiado, ante cuya ELEVADA ENERGÍA el sujeto consciente, aun "el mas evolucionado", no sólo es volitiva­men­te ineficaz sino que corre el riesgo de quedar irreversiblemente fragmentado o ser definiti­va­mente disuelto. Tan peligroso tipo de representación se denomina MITO y su imagen SÍM­BOLO SAGRADO. El mito y el símbolo sagrado serán objeto de extenso estudio en la Segun­da parte, en la cual se expondrá la manera de evitar el peligro mencionado y se explicará por qué es necesario, a pesar de todo, tratar con ellos. Aquí vamos a explicar el origen arquetípico de los mitos: es el mejor momento para hacerlo pues su manifestación en la conciencia guarda estrecha relación causal con la reproducción, por el sujeto consciente, de ciertas fantasías.

Recordemos el objetivo macrocósmico de la finalidad del pasú: ser postor de sentido en los entes. Para que pueda cumplir con tal finalidad el Demiurgo ha superpuesto a la finalidad entelequial de los entes una suprafinalidad para el pasú: un designio que debe ser descubierto y racionalizado en un lenguaje cultural y devuelto al ente mediante la expresión del signo.

No vamos a repetir lo ya estudiado en otros artículos; sólo resumiremos lo necesario para facilitar la explicación. En los entes, entonces, existen dos términos: uno universal que representa al Arquetipo universal y otro particular que responde al designio demiúrgico. Cuan­do el ente impresiona la esfera sensorial del pasú, la razón elimina, por comparación con la memoria arquetípica hereditaria, al término universal, es decir, confronta al Arquetipo uni­ver­sal del macrocosmos con el Arquetipo invertido del microcosmos. Así queda descubierto el designio como aquello del ente que trasciende la esfera sensorial y es interpretado esquemáti­camente por la razón. El designio es "la verdad" del ente y su esquema un enlace de la estructu­ra cultural al que llamamos Relación entre Principios. El Principio, o nudo, al que se enlaza la Relación o esquema del ente es, naturalmente, la actualización del Arquetipo invertido elimi­nado durante su descubrimiento. Mas un Principio, o símbolo simple, no puede ser jamás re­presentado porque su potencia pasiva no posee referencia a sí mismo; sin embargo una réplica suya puede integrar el esquema del ente en calidad de elemento sémico, en cuyo caso se deno­mina: "símbolo arquetípico". Y estos símbolos arquetípicos que componen las representacio­nes son los que impulsan, sin perder la integridad estructural de la imagen esquemática, el pro­ceso entelequial frente al sujeto consciente.

Pero regresemos al designio. Quizá por el tratamiento crítico que hemos hecho en este libro sobre la obra del dEMIURGO no se haya evidenciado lo suficiente la importancia que éste ha designado al ser-para-el-hombre de los entes, al designio revelador de su omnipotencia creativa. Si esto es así vamos a corregir aquí ese error afirmando que el designio de los entes constituye un acto de extrema gravedad en la ejecución del Plan evolutivo del Universo: un macrocosmos designado en todos sus entes y un microcosmos que evoluciona descubriendo los designios y poniendo sentido en los entes es motivo de su Placer. Las estructuras de los entes materiales, se van transformando por la acción colectiva del hombre en superestructuras de objetos culturales, en superestructuras en las que los objetos están ligados por el amor, por el impulso evolutivo hacia la perfección final. La espera del Demiurgo está puesta justamente en esa transformación amorosa del Universo que consiste en el descubrimiento continuo de su obra. Con esto queremos significar que el designio de los entes es la Palabra del Demiurgo. Su Verbo creador, su Logos espermático, su Poder plasmador, ha sido aplicado allí, en cada de­signio, con la intención de concretar la más elevada empresa: conseguir que el microcosmos ponga sentido continuo en el macrocosmos mientras el Plan evolutivo se desarrolla, impulsado por la Voluntad de su Conciencia-Tiempo, hacia la entelequia Maha Pralaya.

Por consiguiente la suprema importancia con que el Demiurgo ha designado a los entes prevee que, a través de estos, el hombre acceda a la entraña de su Plan. No se debe creer, desde luego, que el hombre sólo conoce de los entes una mera apariencia, tal como pretende la inge­nuidad racionalista de muchos pensadores. En realidad cada designio es parte del Plan que contiene, paradójicamente, a todo el Plan: es la Voluntad del Demiurgo que el hombre conozca y admire su Plan.

Así, cuando el ente interesa la sensibilidad, ese formidable mensaje cósmico que es el designio, PENETRA COMPLETO, ES DESCUBIERTO TOTALMENTE POR LA RAZON, E INTERPRETADO POR ELLA. ¿Qué ocurre, entonces? ¿Por qué el hombre ignora habi­tualmente gran parte de un conocimiento que ya posee? Respuesta: porque el descubrimiento del designio corresponde al objetivo macrocósmico de la finalidad el cual exige, también, que la verdad revelada PUEDA SER EXPRESADA SOCIOCULTURALMENTE. Vale decir, para cumplir con la finalidad no basta con descubrir el designio: hay que poder expresarlo con un signo cultural, un signo que debe estar comprendido por un lenguaje comunitario. A fin de lograrlo el demiurgo ha dispuesto que LA TOTALIDAD DEL DESIGNIO pueda ser interpre­tado y esquematizado por la razón, permitiendo que en el microcosmos se refleje la totalidad del plano arquetípico del macrocosmos; ésta es, por supuesto, la memoria arquetípica o cerebro donde la razón aplica el designio para confrontarlo con los Arquetipos invertidos y construir el esquema.

Si recordamos ahora cuanto se ha dicho en el inciso anterior sobre el esquema típico xx la respuesta se hará más clara aún. Pues, si bien el esquema xx contiene TODA la verdad del ente, el sujeto cultural sólo nota una parte de ella como concepto xx de un lenguaje. Y la repre­sentación correspondiente, según vimos, es una imagen homóloga del concepto, un relieve significado notado en el plano de significación horizontal de un lenguaje. Pero, aunque la fa­cultad traductiva del sujeto cultural disponga de la posibilidad de notar el esquema del ente en todos los planos de significación oblicuos, SÓLO LO HARÁ EN AQUELLOS CONTEXTOS SIGNIFICATIVOS PERTENECIENTES A LENGUAJES SOCIOCULTURALES, de acuerdo con el objetivo macrocósmico de la finalidad; desde luego: la evolución de las culturas permite que permanentemente se vayan notando "nuevos" aspectos de la verdad del ente; pero jamás, en toda la historia del pasú, éste ha llegado siquiera a acercarse a una aprehensión completa de la verdad del ente y mucho menos a expresarla culturalmente.

Es hora que nos preguntemos que tiene todo esto que ver con los mitos. Respuesta: los mitos son aspectos desconocidos de la verdad de ciertos entes, que resultan sorpresivamente notados por el sujeto cultural como efecto de las flexiones que el sujeto consciente realiza para conocer a ciertas fantasías. Por supuesto, lo explicaremos paso a paso.

Ya estudiamos que un esquema contiene infinidad de aspectos desconocidos, de mo­mento, para el sujeto cultural. La respuesta nos dice que tales facetas pueden constituirse en mito por causa de las fantasías. Antes de encarar la descripción de este fenómeno debemos saber más sobre AQUELLO QUE PERMANECE OCULTO en el esquema de un ente, en su verdad.

En principio si el designio es TODA la verdad del ente, si nada más podría llegar a sa­berse de el porque el Demiurgo nada ha reservado para sí, salvo el secreto único de los Arque­tipos universales que el hombre no debe conocer "pues se convertiría en Dios", debemos asu­mir que en el mismo designio, en su constitución íntima existe un orden jerárquico, una escala de valor análoga a las octavas musicales cuyas notas resuenan de manera diferente de acuerdo a la calidad del oyente. Lo repetimos, en el designio no está sólo aquel aspecto que el hombre habitualmente conoce del ente sino UNA ESCALA DE FASES FORMATIVAS QUE VAN DEL DEMIURGO AL ENTE. Particularmente nos interesan las fases que parten desde el Ar­quetipo universal, invisible para el hombre, y llegan hasta la apariencia más exterior del ente, AQUÉLLA QUE, JUSTAMENTE, PRIMERO ES CONOCIDA POR EL SUJETO CULTU­RAL. Pero el Arquetipo universal es, en cierto modo, DIOS EN EL ENTE o EL DIOS DEL ENTE. La primera operación de la razón elimina el Arquetipo universal y descubre el designio del ente, el ser-para-el-hombre del ente, que consiste en un mensaje, una Palabra del Demiurgo que revela TODO sobre el ente...SALVO EL ARQUETIPO UNIVERSAL, EL DIOS DEL ENTE, EL TÉRMINO DIVINO DE LA ESCALA REVELADA. Sin embargo en la memoria arquetípica existen copias invertidas de todos los Arquetipos universales y, al eliminar del ente su Arquetipo, la razón actualiza en la estructura cultural el Arquetipo invertido correspondien­te COMO NUDO o PRINCIPIO. Por eso los Principios, aunque irrepresentables en la imagi­nación, representan para el entendimiento, para la intuición racional, A LOS DIOSES DE LOS ENTES EN EL MICROCOSMOS. Así, por ejemplo, los números y las notas musicales para los pitagóricos; o los principios desconocidos cuya manifestación era, por ejemplo, el fuego, el agua, el aire, el logos, etc., para otros filósofos antiguos. Pero el objetivo macrocós­mico de la finalidad exige que el significado sea proyectado por la expresión como signo sobre los entes, como el "sentido" puesto en los entes: cuando la proyección de símbolos arquetípicos, que representan a Principios, no es advertida por causa del daltonismo gnoseológico suele ocu­rrir que los Principios son reconocidos en los entes externos e introyectados como propiedades del macrocosmos. O sea los Principios del microcosmos, proyectados sobre los entes del mundo, son redescu­biertos y confundidos con "principios universales del macrocosmos". Se trata, desde luego, de una simple miopía mental que conduce a las más absurdas e inverificables teorías: la realidad de los números, por ejemplo, es propia del microcosmos y tarea inútil es tratar de derivar de ellos el orden del mundo; sólo el conocimiento de los Arquetipos universales brindaría esa posibili­dad pero tal saber está vedado para el sujeto anímico del pasú; el virya, en cambio, por dispo­ner de un Espíritu infinito, aunque, confuso, TIENE LA POSIBILIDAD METAFISICA DE CONTEMPLAR EL DEMENCIAL ESPECTÁCULO DEL PROCESO ENTELEQUIAL CÓSMICO...Y DE OPERAR CONTRA ÉL; PARA ESO WOTAN LE ENTREGÓ LAS RUNAS QUE PERMITEN RESIGNAR LOS DESIGNIOS.

Vayamos ahora al esquema del ente e indaguemos: si el designio entraña una gama de notas que van desde el Demiurgo al ente, de la cual se ha eliminado el término universal del Arquetipo universal ¿cómo interpreta la razón esta ausencia?, vale decir, ¿compone el esquema dejando un vacío o lo completa de alguna forma? Respuesta. En cierto modo ya lo hemos ade­lantado cuando expusimos que las Relaciones se enlazan CON TODOS LOS PRINCIPIOS QUE INTERVIENEN EN SU ESQUEMA SÉMICO. Dijimos entonces, en el articulo "D" del inciso anterior, que si bien un Principio, por su potencia pasiva, es irrepresentable para el suje­to y sistemáticamente irreductible, sin embargo su forma sémica puede estar integrada en el esquema como uno de los elementos esenciales de su subestructura; en tal caso se denomina: SÍMBOLO ARQUETÍPICO y se diferencia del Principio homólogo en la potencia y en la cua­lidade estructural; un Principio posee potencia pasiva y es un nudo de la estructura cultural; un símbolo arquetípico posee potencia activa y es PARTE de la subestructura interna de una Relación que es, a su vez, enlace de la estructura cultural. Es decir: un símbolo arquetípico, homólogo a un Principio, puede integrar el esquema de éste como elemento esencial de su subestructura interna. La respuesta buscada es, al fin: LA RAZÓN INTRODUCE EN EL ES­QUEMA DEL ENTE, EN AQUEL LUGAR DEL DESIGNIO QUE CORRESPONDE AL DIOS DEL ENTE, ES DECIR, AL ARQUETIPO UNIVERSAL SUPRIMIDO, UN "SÍMBOLO ARQUETÍPICO" HOMÓLOGO DE AQUEL PRINCIPIO QUE SE ACTUALI­ZÓ CUANDO FUE ELIMINADO EL ARQUETIPO UNIVERSAL.

Esto significa que en todo esquema de un ente externo existe, en algún lugar de su es­tructura, un símbolo arquetípico que ocupa el sitio del Arquetipo universal, del Dios del ente. Y no es difícil advertir que tal lugar está primero en el orden jerárquico del designio y, por lo tanto, último en el orden del conocimiento humano. Con términos de la analogía estructural podemos decir que la facultad traductiva del sujeto cultural tendría que acceder A UN PLANO DE SIGNIFICACIÓN DE MÁXIMA OBLICUIDAD para notar el símbolo arquetípico del Dios del ente. Pero si ello ocurriese, significaría que el símbolo ha sido notado EN EL CON­TEXTO DE UN LENGUAJE ABSOLUTAMENTE NO SOCIOCULTURAL, ES DECIR, DESCONOCIDO PARA EL RESTO DE LA COMUNIDAD CULTURAL. En ese caso el sujeto se enfrentaría con la revelación del Dios del ente como CONCEPTO de un lenguaje desconocido al que no podría entender ni comprender. Claro que, normalmente, el sujeto cultu­ral del pasú rara vez se aparta de la seguridad gnoseológica que le brindan los lenguajes socio­culturales y, desde luego, teme y evita conocer POR SÍ MISMO aquella parte aún oculta de la verdad del ente.

Podemos entender mejor, ahora, aquella respuesta sobre los mitos: "son aspectos desco­nocidos de la verdad de ciertos entes" ¿Por qué "de ciertos entes" y no de TODOS los entes? Porque nos estamos refiriendo tácitamente a los mitos CONOCIDOS, vale decir, aquellos que alguna vez se manifestaron y de los cuales tenemos noticias. En rigor de la verdad, TODO ESQUEMA guarda en su interior un símbolo arquetípico del Dios del ente. Pero a nosotros nos conviene recurrir a aquellos ejemplos de mitos que son evidentes y significativos por su periódica aparición en la Historia de la humanidad. Para ello, aunque podríamos extendernos en múltiples ejemplos, vamos a considerar solamente a LAS FUERZAS DE LA NATURA­LEZA, el frío, el calor, el viento, la luz, la oscuridad, etc., y a LOS ANIMALES, el águila, el león, el pez, etc.

Estos entes son por todos conocidos pues existen, en todas las culturas, conceptos com­partidos colectivamente que los comprenden. Sin embargo, más allá del contenido de tales conceptos socioculturales, en una connotación insólita, cada tanto se manifiesta el símbolo arquetípico del Dios del ente como un concepto notado en el contexto de un lenguaje que es incomprensible para el entendimiento vulgar: sólo para algunas elites iniciáticas el lenguaje del mito ha llegado a ser habitual; pero ese es otro tema. Aparece así un Dios Hielo, un Dios Fuego, un Dios Viento, un Dios de Luz, un Dios de Tinieblas, etc., o bien un Dios Águila, un Dios León, un Dios Pez, etc.

Los mitos son producidos, entonces, por manifestaciones de los símbolos arquetípicos del Dios del ente. Pero los símbolos arquetípicos son SÍMBOLOS SIMPLES, irreductibles como sus Principios homólogos, y los Dioses por ellos representados son también "Dioses simples". Toda la complejidad formal que suelen presentar los mitos se debe a que han sido adornados de leyenda para neutralizar su poder. Con la leyenda, que naturalmente pertenece al lenguaje común, se aprisiona el mito dentro de limites conocidos y seguros, y se lo degrada al nivel de comprensión del vulgo: en lugar de avanzar en el conocimiento desde lo inferior a lo superior, respetando la escala jerárquica, se rebaja lo superior a lo inferior y se lo cubre de costra cultural. Sobre esta actitud vulgar hacia los mitos se tratará ampliamente en la Segunda Parte. Agreguemos únicamente que, según es evidente, LOS MITOS NO SON HEREDITA­RIOS: LO QUE SE HEREDA ES LA MEMORIA ARQUETÍPICA CON LA CUAL SE CONSTRUYEN LOS MITOS. Naturalmente, estos "mitos" son los que la Psicología Analíti­ca de C. G. Jung identifica como ARQUETIPOS COLECTIVOS PERSONALES. Los mitos no deben ser confundidos con los "Arquetipos colectivos universales" o "MITOS", que son propios del macrocosmos: los MITOS corresponden a un tipo de Arquetipos Manú cuyo proceso se desa­rrolla en las superestructuras de hechos culturales y que aquí solemos denominar, también, "Arquetipos Psicoideos".

Estudiemos, a continuación, el fenómeno de producción de un mito desde el punto de vista del sujeto consciente. La causa de su emergencia radica, tal como adelantamos, en ciertas fantasías; comencemos, pues, por su examen. Hay que dejar bien en claro, ante todo, que las fantasías proceden de la esfera de sombra al igual que las representaciones conscientes. Tal como se observa en la figura 21 la esfera de conciencia se compone de la esfera de luz y de la esfera de sombra; las representaciones conscientes con símbolos que emergen desde la estruc­tura cultural como imágenes en la esfera de luz, frente al sujeto consciente; pero las fantasías se originan en el esquema de si mismo o esfera de conciencia. Naturalmente, esto implica que las fantasías PODRÍAN proceder también de la esfera de luz: pero ello ocurre solamente en los casos de una elevada evolución del microcosmos, cuando el sujeto consciente se halla altamen­te individualizado y la esfera de sombra ha sido notablemente consciencializada o reducida a esfera de luz. Pero en el caso general que estamos considerando, del pasú en el momento del encadenamiento espiritual, la esfera de luz o conciencia es apenas una finísima capa superficial sobre la esfera de sombra: como parte del esquema de sí mismo, esta capa no posee suficiente material simbólico para configurar las imágenes habituales de las fantasías. Por el contrario, la esfera de sombra es un estructura pletórica de símbolos pues en ella se encuentra representada permanentemente gran parte de la historia del microcosmos.

Las fantasías emergen de la esfera de sombra, es decir, del INCONSCIENTE, "a re­querimiento del sujeto consciente": esto también debe quedar en claro. Las fantasías son un producto de la voluntad del sujeto consciente y, por ello, están referidas a él, a diferencia de las representaciones conscientes cuya primera intención las refiere únicamente a sí mismo. El contenido de una fantasía es, por definición, IRREAL; en esto también se diferencian de las representaciones conscientes, que siempre representan a entes externos -y a veces a entes inter­nos, pero tan reales como los externos. Pues bien: cuando más irreal sea el contenido de una fantasía, cuanto menos corresponda con hechos o entes reales, más EXTRAÑEZA provocará a la razón su interpretación.

Es comprensible: la razón está habituada INSTINTIVAMENTE a operar con entes ex­ternos, a descubrir a sus designios y a interpretarlos arquetípicamente; pero con este "operar" la razón progresa en el conocimiento de la realidad siguiendo un patrón evolutivo insalvable: primero se debe saber, por ejemplo, que es un color antes de clasificarlo por septenas, es decir, primero hay que llegar A LA IDEA DEL COLOR, abstrayendo tal cualidad de la realidad, antes de descubrir su pluralidad; del mismo modo podemos afirmar que sin conocer previa­men­te al caballo, sin diferenciar su entidad de la realidad, nadie lo hubiese jamás monta­do; ni tampoco podría nadie entender el significado de una palabra escrita sin conocer previa­mente los signos de las letras. Este orden inevitable, que debe seguir la razón para progresar en el conocimiento de la realidad, es el que se ve alterado por la irrealidad de la fantasía.

Pero las fantasías, por otra parte, son un grado superior de la facultad de imaginar y constituyen, en el microcosmos, el instrumento de la CREACIÓN. Por una fantasía, que repre­senta un hecho evidentemente irreal, el sujeto consciente puede anticipar un hecho real, supe­rando el orden progresivo y sistemático que la razón impone al conocimiento. Es sabido que muchas teorías fantásticas han sido verificadas empíricamente, que muchos hechos imaginados ocurren realmente y que infinidad de fantasías son, LUEGO, verificadas por la realidad. Sin embargo, que las fantasías lleguen a corresponderse en algún momento con la realidad, no es ni mucho menos su rasgo distintivo; por el contrario lo habitual en ellas es que parecen com­placerse en escandalizar a la razón. Si hemos mencionado su contribución a la invención de las teorías, o a la anticipación de hechos, es sólo para mostrar que, aún cuando la razón sea sobre­pasada en primera instancia por las fantasías, se encuentra familiarizada con ellas en virtud de las verificaciones o descalificaciones a que finalmente las somete.

Si se ha comprendido que toda fantasía, en la medida de su irrealidad, provoca una perturbación en la razón, habremos adelantado bastante en la explicación. Recordemos que, frente a la fantasía, las flexiones del sujeto consciente dirigidas a conocerla son interpretadas por la razón como una interrogación, a la cual responde cotejando la IMPRESIÓN que la fan­tasía ha causado en el sujeto con los Arquetipos de la memoria arquetípica. De esa aplicación surge un esquema que se transfiere a la estructura cultural, adonde el sujeto cultural lo vivencia y torna inteligible como concepto de un lenguaje. La representación consciente de dicho concep­to se superpone y confunde con la fantasía. Como efecto de tal enmascaramiento la fantasía pierde gran parte de su carácter irreal y se transforma en un objeto racional e inteligible, adap­tado a la visión sociocultural del sujeto consciente. Claro, esto en el mejor de los casos, cuando el contenido de irrealidad es fácilmente asimilado por la razón. Pero ¿qué ocurre cuando la fantasía alude a hechos u objetos cuya evidente irrealidad resulta absolutamente injustificable para la razón? Respuesta: la razón resulta perturbada en grado sumo por la presencia de un ser extraño, que no se deja interpretar con los Arquetipos habituales, correspondientes al orden progresivo del conocimiento de lo real. El ser de fantasía requiere, para su esquematización, que la razón afecte Arquetipos poco conocidos o, quizá, completamente desconocidos, es decir, Arquetipos que nunca antes fueron vistos INDIVIDUALMENTE en los designios de los entes (recordemos que en cada designio están TODOS los Arquetipos, aunque combinados de dife­rente manera). La actualización de tales Arquetipos insólitos en la estructura cultural configura el esquema de la fantasía: concluye allí la operación de la razón. Le toca ahora al sujeto cultu­ral vivenciar y tornar inteligible al esquema de la fantasía.

Hagamos un alto en la explicación para poner en claro la manera en que el esquema de la fantasía se transfiere a la estructura cultural. Hay que destacar, ante todo, que el hecho de que la fantasía constituye para la razón un ser extraño, no implica necesariamente que su es­quema haya de ser estructurado "como el esquema de un ente" en la estructura cultural. Esto podría ocurrir en alguna ocasión, pero lo más probable es que el esquema de la fantasía SE TRANSFIERA COMO "ACTIVACIÓN DEL ASPECTO OCULTO" DE UN ESQUEMA EXISTENTE. El motivo es que las fantasías, aun cuando su grado de irrealidad sea muy gran­de, siempre aluden en alguna medida a la realidad óntica, a hechos o entes cuyos esquemas ya están integrados en la estructura cultural. En este caso, lo que ocurre es que ciertos Arquetipos insólitos, correspondientes con propiedades de la fantasía, se actualizan en un esquema ya existente, pero en un sitio remoto de "la escala formativa que va del Demiurgo al ente". Con otras palabras: aquellos Arquetipos insólitos, propios de la fantasía, ACTIVAN CIERTOS SÍMBOLOS ARQUETÍPICOS DE UN ESQUEMA EXISTENTE, UBICADOS EN UN PLANO SIGNIFICATIVO DE MÁXIMA OBLICUIDAD.

Con el fin de otorgar definitiva claridad al estudio de los mitos vamos a referirnos, a partir de aquí, a un ejemplo concreto: la fantasía consistirá en la imagen de UN PEZ; UN GRAN PEZ PROVISTO DE FORNIDOS BRAZOS Y ENORMES ALAS, DE AVE, DES­PLEGADAS. Las conclusiones a que arribemos, basadas en la fantasía del "pez alado", po­drán ser extendidas, desde luego, a todo mito.

Consideremos, pues, que "el pez emerge del agua e inicia un majestuoso vuelo", vale decir, emerge del inconsciente, de la esfera de sombra, y se presenta ante el sujeto consciente que es quien lo ha requerido sin saberlo. A la perplejidad inicial sigue la inflexión del sujeto consciente hacia el objeto fantástico con intención cognoscitiva. Y a esa flexión del sujeto responde instantáneamente la razón, interpretando arquetípicamente al ser de la fantasía. Natu­ralmente, el fundamento de la interpretación racional será el designio del pez, ya conocido, esquematizado y estructurado. Si, la fantasía se corresponde en gran medida con el esquema del pez, mas ¿en qué parte del designio íctico existen signos antropomorfos, brazos y alas? Sin dudas en la parte superior de la escala formativa, muy cerca o en el mismo lugar del símbolo arquetípico del Dios del ente. Pero estos símbolos, que YA ESTÁN en el esquema del pez, se encuentran alejados del término monádico del pez, de aquel aspecto del pez considerado "real" por la cultura porque coincide con la forma de salmones y merluzas. Por eso el proceso es el siguiente: la razón, extrañada por la fantasía del pez, explora el esquema del pez y activa un símbolo remoto de su subestructura que no corresponde a la imagen de un pez real pero que ocupa un lugar en la escala formativa del designio, es decir, que pertenece a la verdad del ente-pez. Recordemos que el contenido del designio es un Plan cuya composición consta de una escala formativa arquetípica. De esta manera concluye la operación de la razón; le toca ahora al sujeto cultural vivenciar y tornar inteligible al esquema de la fantasía.

La operación de la razón, en respuesta a la interrogación del sujeto consciente, ha cau­sado que en la estructura cultural se "ilumine" el sistema del pez. Observemos ahora como reacciona el sujeto cultural.

La actualización de un sistema, su "iluminación", motiva al sujeto para experimentar su vivencia: hemos visto que, en estos casos, el sujeto cultural se sitúa SOBRE el sistema, con el fin de vivenciar el esquema de la Relación. Pero el sujeto cultural ¿de donde procede? ¿Cómo llega hasta el sistema iluminado? Respuesta: indudablemente, salvo casos de anormalidad ex­trema, el sujeto cultural se encuentre SOBRE LA ESTRUCTURA HABITUAL (ver articulo "G" del inciso anterior), EN EL PLANO DE SIGNIFICACIÓN HORIZONTAL DEL LEN­GUAJE SOCIOCULTURAL. Para "llegar" al sistema iluminado el sujeto cultural se desplaza horizontalmente por la estructura cultural SOBRE EL PLANO DEL LENGUAJE HABI­TUAL. Pero este "llegar" al sistema sobre un plano horizontal implica que el esquema será notado en su contexto, es decir, que será experimentado como concepto del lenguaje habitual. En nuestro ejemplo, el sujeto cultural notará el concepto habitual de pez, que solo es un aspecto del esquema-pez, de la verdad del pez.

En principio, entonces, el sujeto cultural produce la representación racional de un pez, símbolo homólogo al concepto estructural de del pez. Y como la potencia activa de la Relación refiere toda representación a sí mismo, el símbolo del pez emerge a la conciencia y se superpo­ne a la fantasía del pez alado. Desde luego, todo esto ocurre muy rápidamente. Ahora bien, "EL SÍMBOLO" del pez, que emerge como representación consciente, si bien expresa la ima­gen habitual del pez, SE ENCUENTRA SOSTENIDO, FUNDAMENTADO, POR "EL SIGNIFICADO PROPUESTO".

Recordemos que, cuando el sujeto cultural experimenta la vivencia del concepto estruc­tural, el pensamiento consiste en un juicio sintético (a priori) sobre el pez. La representación del concepto es un símbolo fundado sobre un significado PROPUESTO por la facultad traduc­tiva. Por eso el símbolo del pez, que emerge y se superpone a la fantasía-pez, se compone de la imagen habitual del pez y de la PROPOSICIÓN SIGNIFICATIVA del concepto pez.

Retomemos el punto de vista del sujeto consciente. Frente a él se encuentra un objeto ideal HACIA EL QUE SE HA DIRIGIDO SU ATENCIÓN. Surge entonces la representación consciente del pez y, en un movimiento casi inadvertible, ENMASCARA al objeto ideal. En­tonces ocurre el siguiente efecto: el sujeto descubre "de pronto" que el objeto es significativo, lo reconoce como "pez", ENTIENDE EL SIGNIFICADO "COMO SI OYERA UNA PRO­POSICIÓN QUE DICE: ES UN PEZ".

Aquí vamos a interrumpir la explicación para hacer una advertencia. Si el pasú es "duro de mollera", vale decir, si su esfera de conciencia no está muy desarrollada, se contentará con una primera aproximación racional de la fantasía; si es que realmente logra imaginar alguna. Esta primera aproximación es la que recién hemos visto: a la fantasía de un pez alado la razón opuso la imagen de un pez real. Ante un caso semejante muchos serán los "mentecatos" que aceptarán con indiferencia que el objeto ideal corresponde efectivamente con un pez real, apartando con prudencia la atención de tan perturbadora imagen. Como a esta clase primitiva de personas jamás se manifestará un mito vamos a suponer, para continuar con la explicación, que el pasú de nuestro ejemplo presenta una gran evolución de la esfera de conciencia. Sin embargo no podemos dejar de señalar que la actitud más común es la de no avanzar demasiado en el conocimiento de las fantasías y que la manifestación del mito corresponde, por el contra­rio, a los casos de mas fértil imaginación.

El sujeto consciente descubre, pues, que el objeto ideal ES UN PEZ. Sin embargo esta respuesta no satisface: el enmascaramiento racional no es completo y, tras la imagen del pez, se advierte algo extraño, un contenido no contemplado en el significado proposicional. Las pro­piedades de la fantasía que no alcanza a cubrir la definición del pez son, evidentemente, los brazos y las alas: en la descripción proposicional del pez, es decir, en el significado de la re­presentación, no hay brazos ni alas; por consiguiente estas partes de la fantasía carecen, de momento, de significado. Pero toda representación consciente representa a un concepto, vale decir, a un símbolo incompleto ¿podrían existir en el RESTO del esquema los miembros bus­cados, brazos y alas? Respuesta: Tal como ya se adelantó, el esquema consiste en la interpre­tación del designio e incluye a las escalas formativas arquetípicas en su composición sémica; por lo tanto, puede afirmarse que en su subestructura están TODOS los símbolos, incluso los brazos y las alas del pez.

Aquí vamos a interrumpir nuevamente la explicación para hacer otra advertencia. Hay una función de las facultades de los sujetos que podría intervenir en el caso anterior y solucio­nar el problema DISOCIANDO aquellas partes de la fantasía que exceden a la descripción proposicional. Antes de continuar con el fenómeno del mito debemos comprender y descartar tal posibilidad. Las facultades del sujeto anímico cumplen con la "función de asociar" de ma­nera característica, según la estructura en la que éste se manifieste. Observaremos a continua­ción, en que consiste la "función de asociar" para la razón, el sujeto cultural y el sujeto cons­ciente.

El sujeto racional o razón dispone de la facultad cognoscitiva racional. Las operaciones que la razón efectúa con los entes las ejerce con su facultad racional mediante las funciones de asociar y disociar: la COMPARACIÓN, es decir, la primera operación, es una ASOCIACIÓN entre el ente y la memoria arquetípica para causar la DISOCIACIÓN del Arquetipo Universal; la INTERPRETACIÓN, es decir, la segunda operación, es la ASOCIACIÓN del designio con la memoria arquetípica para construir el esquema; etc.

El sujeto cultural dispone de la facultad traductiva. Por medio de la misma es capaz de notar el significado del esquema, en el contexto significativo de un lenguaje, como "concepto estructural" o "tajada" de la Relación. Pues bien, como ejemplo de la función de ASOCIAR sólo vamos a mencionar algunas operaciones que la facultad traductiva permite ejercer al suje­to. Siempre EN EL MISMO PLANO CONTEXTUAL DE UN LENGUAJE, en efecto, el su­je­to puede ASOCIAR CONCEPTOS: por CONTIGUIDAD (o ley de falsa connotación); por SEMEJANZA FORMAL (o ley de homonimia); por SEMEJANZA DE SIGNIFICADO (o ley de sinonimia); por HOMOLOGÍA ESTRUCTURAL (o ley de reducción sistemática); por ORDINALIDAD (o ley de causalidad); por CARDINALIDAD (o principio de valor); por CONTRASTE U OPOSICIÓN (o ley dialéctica); etc. Como vemos, la función de asociar es una herramienta de gran complejidad y alcance para la facultad traductiva. Su complemento, la función de DISOCIAR, hace posible, por otra parte, la ABSTRACCIÓN ESTRUCTURAL, vale decir, la NOTACIÓN de cierta forma sistemática particular dentro de un sistema general de conceptos.

Pero la función de asociar es también propia de la facultad de imaginar. Por su inter­medio el sujeto consciente puede ASOCIAR IDEAS, DISOCIARLAS, Y ABSTRAER CUALIDADES dentro de una misma idea. Sin embargo, teniendo presente la unidad esencial del sujeto anímico, hay que considerar a la "ASOCIACIÓN" como UNA ÚNICA FUNCIÓN que se va ampliando a medida que evolucionan las estructuras de la psique. Con otras pala­bras, hay que considerar que, EN CADA FACULTAD, SE AGREGA A LA FUNCIÓN DE ASOCIAR QUE LE ES PROPIA EL ALCANCE DEMOSTRADO EN LA ESTRUCTURA INMEDIATAMENTE INFERIOR: así, la función de asociar, disponible al sujeto cultural, AGREGA a sus posibilidades de vincular conceptos en la estructura cultural también las po­sibilidades de que disponía el sujeto racional de vincular Arquetipos en la memoria arquetípi­ca. Y la función de asociar, propia de la facultad de imaginar, pone a disposición del sujeto consciente, ADEMÁS DE LA ASOCIACIÓN DE IMÁGENES, la posibilidad de vincular símbolos arquetípicos, conceptos, afectos, etc. Esto se comprobará mejor si tenemos presente que el más elevado pensamiento que pueda mentar el pasú, el pensamiento consciente, tiene como contenido a la IDEA, la cual se compone de IMAGEN y SIGNIFICADO: la "imagen", que es la "representación" de un concepto estructural, se fundamenta en un significado de forma "proposicional", es decir, en una descripción conceptual definida en un lenguaje habi­tual. El sujeto consciente puede, entonces, asociar no sólo lo formal imaginado sino también lo funda­mental conceptuado; y esto último puede hacerlo del mismo modo con que la facultad traducti­va asociaba conceptos: por contigüidad, semejanza, homología, etc. Pero hay más aún. La es­tructura cultural ocupa parte del espacio analógico de las esferas AFECTIVA y racional, quie­nes se encuentran compenetradas entre sí y forman la esfera de sombra. Hasta ahora hemos estudiado la estructura cultural desde el punto de vista racional PERO NO HAY QUE OLVI­DAR QUE CADA ELEMENTO SUYO, CADA PRINCIPIO, CADA RELACIÓN, CADA SISTEMA, POSEE UN CONTENIDO AFECTIVO ESENCIAL. En toda idea, como compo­nente de la "primera intención", que dirige la representación "INTELIGIBLEMENTE" hacia sí mismo, hay una REFERENCIA AFECTIVA que apunta "IRRACIONALMENTE" hacia el corazón. Tal referencia afectiva es ESENCIAL de toda idea, vale decir, no puede ser eliminada sin destruir el ser del objeto ideal; por consiguiente es percibida por el sujeto consciente como una propiedad objetiva, como una NOTA EMOCIONAL característica. Por eso dijimos más atrás que el sujeto consciente tiene la posibilidad de "asociar afectos": porque la distinción de las notas emocionales características de las ideas puede constituir el motivo de su asociación. Naturalmente, lo afectivo depende siempre de la valoración particular, de tal modo que la aso­ciación de ideas "por su nota emocional característica" podría involucrar casos sin validez ge­neral: por ejemplo, "el dos de julio de 1981, junto a la estatua de Palas Atenea", asociación de ideas que no significa nada salvo para aquélla que justo ese día y en ese lugar recibió su primer beso de amor... Por el contrario, existen ideas universales cuya vinculación produce una conno­tación afectiva que hace posible asociarlas por su nota emocional pero cuya INTENSIDAD varía particularmente de un pasú a otro: por ejemplo, "madre e hijo", ideas cuyo contenido emocional concomitante es característico de cada pasú, más allá de la obvia vinculación genea­lógica que denotan ambos conceptos; o "lágrimas" y "dolor", "día" y "feliz", etc. 

Hemos de continuar, ahora, la explicación sobre el origen de los mitos, luego de excluir la posibilidad de que en nuestro ejemplo intervenga la "función de asociar" PARA VINCULAR, A LA IMAGEN DEL PEZ, LA IMAGEN DE UNOS BRAZOS Y ALAS. Si tal cosa ocurrie­ra, si la fantasía fuese descompuesta por el sujeto consciente en un conjunto de ideas asocia­das, jamás podría producirse la manifestación del mito. La explicación se basa, pues, en el su­puesto de que, frente a la insuficiencia de la primera aproximación racional, la imagen del pez real que NO contiene significado conceptual para los brazos y las alas, el sujeto consciente mantiene su actitud interrogante.

¿Qué sucede, entonces? Respuesta: el sujeto cultural se compenetra más profundamente del concepto, procurando dar con símbolos que describan y otorguen significado a los brazos y alas de la fantasía. En esta fase el fenómeno debe ser observado con mucho detalle. Por ejemplo, de la respuesta se infiere que, en esa compenetración con el concepto estructural, en ese internarse en su profundidad, el sujeto cultural va produciendo UN FLUJO DE RE­PRESENTACIONES CONSCIENTES, cada una mas "ajustada" formalmente a la fantasía que la anterior. Como consecuencia de este flujo de imágenes, que se superponen una tras otra a la fantasía, el sujeto consciente advierte que el objeto ideal cambia permanentemente frente a su visión eidética, se aclara, se torna a cada instante más significativo. Y en esta apercepción dejamos, por ahora, al sujeto consciente.

Pero la razón, desde el momento en que iluminó al esquema del pez, YA SEÑALÓ AL SÍMBOLO ARQUETÍPICO QUE CORRESPONDE CON EL PEZ ALADO DE LA FAN­TASÍA. Si tal símbolo se encuentra dentro del esquema del pez, pero fuera del concepto habi­tual del pez real ¿por qué el sujeto cultural no trata inmediatamente de notarlo, haciendo uso de su facultad traductiva, en lugar de penetrar en lo hondo del concepto del pez real? Respuesta: Porque el sujeto cultural es reacio a pasar del plano de significación del lenguaje habitual a otro plano extremadamente oblicuo. El motivo es que tales planos son propios de lenguajes completamente desconocidos: desde el punto de vista del sujeto cultural ello implica que el significado buscado ha de ser notado en un contexto ignoto. Si se toma en consideración el temor que lo desconocido suele inspirar a todo sujeto cognoscente se estará en condiciones de comprender la reacción morosa del sujeto cultural; su facultad traductiva le permite tornar ho­rizontal el contexto desconocido: pera ello significa encontrarse de pronto en otro mundo, mundo no sólo desconocido sino evidentemente diferente de la realidad corriente. Y cuando se trata del mundo de los mitos, del contexto en el cual se afirma el significado del mito y en el cual el mito adquiere toda la potencia, hay que asumir que un simple indicio de su cercanía basta para causar el pánico del sujeto cultural.

No obstante el terror que inspira su visión, los mitos suelen ser notados en un contexto en el cual alcanzan, desde luego, máxima peligrosidad "porque se los puede ver como realmen­te son". Pero no hay que creer que el sujeto puede permanecer, aún paralizado de espanto, mu­cho tiempo frente a su presencia pues, o bien sucumbe volitivamente ante "un nuevo Dios", allí, en su mundo, o bien regresa a la seguridad del contexto habitual.

En el ejemplo que estamos estudiando, el sujeto cultural ha evitado notar el símbolo señalado por la razón y se ha compenetrado, con profundidad, en el concepto del pez real. Mas, "en lo profundo del concepto", esta el "núcleo connotativo", esa región de la cual partici­pan todos los conceptos del esquema del pez. Desde el núcleo connotativo es posible vislum­brar cualquier contexto común y, si así lo requiere la facultad traductiva, tornar horizontal el plano de algún concepto particular. Vamos a suponer, pues, que el sujeto cultural, al internarse en lo profundo del concepto, percibe la connotación del símbolo señalado. Esta posibilidad no es remota si se observa que dicho símbolo ha sido activado intencionalmente por la razón, vale decir, ha sido dirigido hacia sí mismo, con preferencias sobre los otros Arquetipos de la escala del designio; en otras palabras: dicho símbolo ha sido recientemente "destacado" por causa de la extrañeza que la fantasía produjo a la razón: desde el punto de vista potencial existe, así, una predisposición para que sea notado.

La vivencia profunda del concepto del pez CONNOTA en el sujeto cultural un concepto desconocido. El sujeto cultural, valiéndose de su facultad traductiva, torna horizontal el plano de significación de tal concepto y lo nota en su contexto. De esa manera descubre al Dios del ente, al símbolo arquetípico invertido que representa al Arquetipo universal del pez. Pero lo descubre EN UNA DE SUS FASES, BAJO SU ASPECTO MÍTICO, es decir, DESCUBRE A UN "DIOS PEZ". Y como tal, el Dios pez posee, no sólo brazos y alas, sino también corona, tridente, trono coralino, etc.; o sea: todo un contexto marino, un mundo propio en el cual su existencia tiene significado pleno.

A esta altura de la explicación hemos de hacer una importante aclaración. En efecto, sea que el mito haya sido connotado por el concepto habitual o sea que haya sido notado como concepto oblicuo, lo importante es que, cuando el sujeto cultural nota al mito en su contexto, pueden ocurrir dos fenómenos: que la potencia activa del mito domine a la voluntad del sujeto cultural o que la voluntad del sujeto cultural domine al mito. El caso que estamos estudiando corresponde al segundo fenómeno, pero vamos a comentar también el primero por ser causante de un tipo bastante frecuente de locura.

Primero - En principio hay que advertir que los "mitos", en tanto que símbolos arquetí­picos, ocupan un lugar, en el esquema, equivalente al que los Arquetipos que representan ocu­paban en la escala formativa o Plan del designio demiúrgico. Los mitos son, entonces, símbo­los bien trabados, que rara vez habrán de manifestarse por su cuenta. Y el contexto mítico es siempre un mundo desconocido e irreal, que sostiene pocos puntos de contacto con la realidad sociocultural.

De manera que la posibilidad que examinamos puede considerarse extrema, pues lo normal es la no manifestación del mito. Sólo la EXTRAÑEZA o el desconcierto de la razón, por causa de una fantasía o por cualquier otro motivo, incluso uno patológico, harán que el mito quede señalado y se destaque para la notación del sujeto cultural.

Observemos el primer fenómeno: la potencia activa del mito le permite dominar al suje­to cultural. ¿Cómo puede ser esto posible? Respuesta: Aunque en la Segunda Parte se verá en detalle, adelantemos que su visión produce una parálisis volitiva en el sujeto cultural, el que se ve compelido a identificarse con el mito y a acompañarlo en su proceso; claro, porque el mito es un símbolo arquetípico, se comporta como un Arquetipo, intentando desplegar su potencia formativa. Sin embargo acá no nos interesa tanto el CÓMO sino QUÉ ocurre cuando el sujeto cultural es FAGOCITADO[1] por el mito.

Para responder a tal interrogante digamos que, desde el punto de vista de la conducta, se está frente a un caso grave de locura; y, desde el punto de vista psicológico, que se verifica la ausencia del sujeto consciente. Es comprensible: la fagocitación del sujeto anímico por el mito se efectúa en la estructura cultural, que se halla bajo la esfera de sombra, es decir, en lo más profundo del inconsciente; en ese nivel, como "sujeto del mito", como "Dios viviente" (en su contexto), se concreta el término del sujeto anímico. No hay ya sujeto consciente ni conciencia alguna y, por el contrario, la estructura psíquica se ha reducido a lo inconsciente. ¿Qué ocurre, a todo esto, con el sujeto anímico? A los fines de esta breve explicación hay que considerar que, tras la fagocitación, EL SUJETO "ES" EL MITO. Se trata, desde luego, de una desvia­ción muy seria de los objetivos de la finalidad del pasú: el sujeto anímico, expresión del alma en las estructuras psíquicas, en lugar de impulsar el desarrollo de un sujeto histórico, que permita alcanzar la más alta armonía al microcosmos para así poner el máximo sentido en los entes del macrocosmos, se comporta como el Dios de UN ente. Toda la energía volitiva que el sujeto anímico disponía para desplegarse evolutivamente en complejas estructuras con esque­mas de miles, o millones, de entes, ahora se emplea para impulsar el proceso formativo de UN ente, para ser el Dios de UN ente. Para seguir con el ejemplo propuesto debemos imaginar que el sujeto anímico, transformado en Dios pez, se encuentra vivenciando, con el mismo grado de inteligencia de un pez, un mundo oceánico de características oníricas, fantásticas, míticas, en el cual su comportamiento es natural.

Naturalmente, un sujeto en tales condiciones ha de expresar una conducta grotesca, de­mencial, incomprensible aún para los psiquiatras. Basta pensar que en un caso de locura seme­jante el enfermo difícilmente consiga articular palabra del lenguaje sociocultural PUESTO QUE EL SUJETO SE ENCUENTRA RADICADO PERMANENTEMENTE EN EL PLANO CONTEXTUAL DEL MITO, EN EL MUNDO DONDE EL MITO TIENE SU SIGNIFICA­DO. Pero lo más notable es que quizá el enfermo exprese signos QUE SÓLO TIENEN SEN­TIDO EN AQUEL MUNDO DEL MITO. Por desgracia una demencia de este tipo siempre hace del hombre un imbécil; pero a dicho mal casi siempre se debe sumar la imbecilidad de­mencial de los terapeutas, quienes suelen ignorar dogmaticamente el funcionamiento estructural de la psique.

Segundo - Del enfrentamiento con los mitos no siempre sigue irremediablemente la lo­cura: por el contrario, el primer fenómeno indica claramente la necesidad de la DEBILIDAD VOLITIVA del sujeto anímico para desarrollarse. Un sujeto "normal" dispone invariablemente de suficiente energía como para evitar el hechizo del mito.

Si tal es el caso, si se trata de un sujeto "normal", entonces puede ocurrir el segundo fenómeno. Pero, si el sujeto es capaz de dominar la situación, si consigue abandonar al mito y a su contexto alucinante y regresar, por ejemplo, al plano del lenguaje habitual ¿por qué ha­blamos de "fenómeno"? ¿Acaso la mera notación del mito, el atisbo fugaz de su significado oculto, bastan para producir una consecuencia fenoménica? Respuesta: En efecto, el solo hecho de que el sujeto cultural establezca un contacto con el mito, por fugaz que este sea, genera la representación de un SÍMBOLO SAGRADO; la emergencia de los símbolos sagrados consti­tuye, PARA EL SUJETO CONSCIENTE, el "fenómeno del mito". La respuesta será clara si tenemos presente todo lo que sabemos sobre la figura 21. Allí se ha mostrado un CASO GE­NERAL de representación consciente (I’): en general, el sujeto cultural concibe un símbolo representativo (I) cada vez que anima un concepto tajada (xx). Consecuentemente, en el CASO PARTICULAR de que el concepto comprenda a un mito, el fenómeno ha de ser análo­go al que describe la figura 21. Vale decir: la representación racional del concepto "mito" ha de ser el "símbolo sagrado".

De acuerdo con lo estudiado el símbolo sagrado, en tanto que la representación racional de un concepto, emergerá también hacia la esfera de luz como idea, es decir, imagen y signifi­cado; por supuesto, tal "imagen" corresponde formalmente al símbolo sagrado y, como todo símbolo, su complexión substancial estará constituida por la energía psíquica con todas sus notas. La potencia activa del concepto-mito determina la dirección de la energía del símbolo emergente por su referencia a sí mismo; el símbolo sagrado tiene, así, "primera intención", mas ¿cómo está compuesta esta referencia a sí mismo del concepto-mito? vale decir ¿a qué caso, de los estudiados en el comentario Octavo del articulo 'F', responde la emergencia del símbolo sagrado? Respuesta: El caso es, sin dudas, el (c), aquél en que la referencia a sí mismo se compone de un referencia afectiva, IRRACIONAL, de gran magnitud y de una referencia ra­cional débil; es este caso, el símbolo se inclina hacia la esfera afectiva, hacia el corazón, hacia el sujeto irracional. Pero lo interesante aquí es entender porque el símbolo sagrado emerge según el caso (c). Y el motivo es el siguiente: la razón, al interpretar el designio de un ente externo, por ejemplo un pez, refiere con respecto a si mismo la potencia del esquema del pez; los com­ponentes de esta referencia son: fijos y característicos de cada esquema, pues dependen de la impresión con que los entes afectan las esferas racional y afectiva al ser conocidos; pero, no obstante que PARA TODO EL ESQUEMA existe una referencia a sí mismo en función de las referencias racional y afectiva FIJAS, los componentes de la referencia a sí mismo PUEDEN VARIAR CON CADA CONCEPTO DEL ESQUEMA; el grado de tal variación está en rela­ción directa con la evolución de la facultad traductiva del sujeto cultural: la variación se pro­duce CADA VEZ QUE EL SUJETO NOTA UN CONCEPTO DE UN LENGUAJE NO HABITUAL O SIMPLEMENTE DESCONOCIDO; la ley es: CUANTO MÁS DESCONO­CIDO SEA EL LENGUAJE CONTEXTUAL, EN QUE ES NOTADO UN CONCEPTO, TANTO MAYOR SERÁ LA MAGNITUD DE LA REFERENCIA AFECTIVA, IRRACIONAL, QUE INFLUIRÁ EN LA DIRECCIÓN DEL SÍMBOLO HO­MÓLOGO EMERGENTE; por el contrario, cuando el lenguaje es habitual, las referencias (3) y (4) son equilibradas y componen una referencia a sí mismo del caso (a), capaz de dirigir la energía del símbolo emergente directamente a la esfera de luz.

El mito, por ser notado en el lenguaje contextual de un plano de máxima oblicuidad, causa una referencia afectiva de gran magnitud que inclina, según vimos, al símbolo sagrado hacia la esfera afectiva y el sujeto irracional. Cuando estudiemos el comportamiento autónomo del mito, en el próximo articulo, se pondrá en evidencia la importancia que reviste el hecho de que el símbolo sagrado pertenezca al caso (c).

En lo que sigue, partimos de la hipótesis de que el símbolo sagrado emerge en la esfera de luz y se presenta frente al sujeto consciente. El término de esa emergencia es la fantasía, a la que el símbolo sagrado SE SUPERPONE, del mismo modo que lo hace cualquier símbolo o representación consciente para responder a la flexión cognoscitiva del sujeto consciente.

Regresemos ahora al punto de vista del sujeto consciente y hagamos un resumen de lo ocurrido hasta aquí. En principio el sujeto percibe directamente a la fantasía del pez alado; las flexiones que realiza para comprenderla provocan la reacción de la razón y su respuesta condu­ce al sujeto cultural a notar el concepto del pez real y a producir su representación racional; casi instantáneamente emerge la imagen del pez real y se superpone a la fantasía; el sujeto consciente apercibe entonces que la fantasía ES un pez, pero, simultáneamente, intuye que la descripción es incompleta; al mantener su atención reflexiva dirigida a la fantasía, con el obje­tivo de comprender los brazos y las alas, que aún carecen de significado (racional), el sujeto consciente "obliga" al sujeto cultural a profundizar en el concepto-tajada del pez real; se pro­duce, así, un flujo de imágenes del pez real que, en procesión, se van superponiendo a la fan­tasía y ocasionan, al sujeto consciente, la apercepción de que la fantasía se va tornando cada vez mas significativa. En este punto habíamos quedado.

Observemos que ese mayor significado que el sujeto consciente apercibe en la fantasía, a cada instante, implica una denotación cada vez menor del pez real y cada vez más aproxima­da al pez alado. Sin embargo, hasta aquí, el fenómeno no difiere en nada del enmascaramiento racional de las fantasías que estudiamos en el comentario Segundo del articulo anterior.

Por supuesto, cuando la situación cambia radicalmente es en el momento en que emer­ge, en la esfera de luz, el símbolo sagrado: ENTONCES LA FANTASÍA DEJA DE IN­TER­VENIR EN EL FENÓMENO Y SE AUSENTA DEFINITIVAMENTE DEL PLANO OB­JETIVO. ¿Por qué? Respuesta: Porque el enmascaramiento por un símbolo sagrado resulta energéticamente insuperable para cualquier objeto ideal. Ahora bien, toda representación consciente, aun aquella que enmascara a una fantasía, intenta desplegar en un proceso la po­tencia de sus símbolos arquetípicos, proceso que, según vimos, enajena la atención del sujeto consciente y pone a prueba su fuerza volitiva: EL SÍMBOLO SAGRADO, COMO TODA REPRESENTACIÓN QUE ENMASCARA A UNA FANTASÍA, INICIA UN PROCESO ENTELEQUIAL AUTÓNOMO EN EL INSTANTE MISMO QUE IRRUMPE EN LA ES­FERA DE LUZ. Pero hay una diferencia entre ambos procesos, una esencial y peligrosa dife­rencia: mientras que toda representación esta referida a sí mismo, al esquema de sí mismo, es decir, a la esfera de conciencia, el símbolo sagrado se presenta en la esfera de luz REFERIDO AL SUJETO CONSCIENTE; ocurre así porque el símbolo sagrado se ha montado, de entrada, sobre una fantasía, sobre un objeto ideal sostenido esencialmente por el sujeto. Esto se enten­derá mejor si recordamos que toda fantasía representa objetos, o situaciones objetivas, IRREALES, sin existencia en el mundo exterior; tales objetos irreales, "objetos de la fantasía" o "fantasmas", sólo pueden existir en la mente como productos del sujeto consciente. El sujeto consciente sostiene la existencia de la fantasía, por más evidentemente irreal que sea su conte­nido, y por eso el símbolo sagrado, que se superpone a ella, que de ella recibe su fundamento, resulta también esencialmente apuntalado por el sujeto consciente, referido a éste.

Resulta clara la diferencia apuntada: toda representación consciente, por su primera intención, esta referida a sí mismo; las fantasías, en cambio, no poseen primera intención, son producto del sujeto consciente, "CREACIONES", y están sostenidas por éste; el símbolo sa­grado, cuya emergencia tuvo como origen la apercepción de una fantasía, se manifiesta frente al sujeto consciente, EN SUSTITUCIÓN DE LA FANTASÍA, como objeto de apercepción; en consecuencia: sostenido por él y referido a él. Esta diferencia referencial, que hemos tratado de aclarar, implica un efecto diametralmente opuesto al causado por los procesos entelequiales. Si el objeto ideal es una representación, referida a sí mismo, SU PROCESO SE DESARROLLARA FRENTE AL SUJETO, COMO ESPECTÁCULO; y el sujeto consciente, como espectador, podrá ATENDER o no a tal espectáculo: si desea conocer pondrá atención en el proceso, mas su energía volitiva le ha de permitir interrumpirlo retirando la atención, quitándolo del presen­te. Por el contrario, INTENTARÁ DESPLEGAR SU PROCESO SOBRE ÉL, INVOLUCRÁNDOLO COMO AUTOR Y NO COMO MERO ESPECTADOR.

Naturalmente, un símbolo sagrado puede ser también dominado volitivamente por el sujeto consciente; pero tal posibilidad es efectivamente remota para el pasú y sólo un tipo de virya, el "gracioso luciférico"  conseguirá realmente detener su proceso; la relación que se esta­blece entre un símbolo sagrado y el sujeto consciente del virya, o "Yo", se denomina TEN­SIÓN DRAMÁTICA y será objeto de profundo estudio en la Segunda Parte. Pero aquí esta­mos considerando al pasú: a un tipo ejemplar de pasú altamente evolucionado cuyo compor­tamiento y constitución psíquica nos permitirá posteriormente comprender la doble naturaleza del virya, es decir, NOS PERMITIRÁ DESCUBRIR, EN EL MICROCOSMOS MORTAL, EL ALMA INMORTAL Y, CAUTIVO EN EL SENO DEL ALMA INMORTAL, AL ES­PÍRITU ETERNO. Por eso, en este y en el próximo artículo, supondremos que el sujeto cons­ciente del pasú NO CONSIGUE dominar al símbolo sagrado.

¿Qué ocurre entonces? Para mostrarlo de manera mas gráfica podemos decir que el sujeto consciente, que se hallaba en plena apercepción de la fantasía, comprueba de pronto que la imagen ha "cobrado vida" y se ha independizado de su voluntad. Vale decir: el símbolo, que representa al mito, se convierte en su personificación activa; amenaza desplegarse y fagocitar al sujeto; y el sujeto, que no advierte la transición entre fantasía y mito, experimenta la eterna situación del creador cuya obra escapa a su control y se individualiza. Una situación semejante ha sido proyectada en mil obras literarias, desde los "maestros" que iluminan y modelan la mente de discípulos (sus "obras"), quienes luego se independizan y traicionan a los maestros, hasta esos Dioses primitivos cuyas creaturas, sean hombrecillos de barro o ángeles, se revelan e intentan disputarse el poder. Pero, en verdad, despojando al fenómeno de todo ARGUMEN­TO MÍTICO, es decir, de las costras culturales, puede verse que la oposición creatura-creador tiene su origen en la tensión dramática entre el símbolo sagrado y el sujeto consciente.

Una fantasía, un objeto irreal cuya existencia depende de la voluntad del sujeto, se torna autónomo en un instante y amenaza peligrosamente apoderarse de la voluntad del sujeto ¿qué ha pasado en realidad?: Que el sujeto consciente NO ADVIERTE LA SUSTITUCIÓN DE LA FANTASÍA POR EL MITO y cree presenciar un mismo fenómeno en su continuidad pro­cesual. Mas la fantasía, el objeto producido por el sujeto consciente, ha dejado efectivamente de intervenir en el fenómeno desde el instante en que el símbolo sagrado emergió en la esfera de luz. Y resulta, al fin, que el sujeto es víctima de un engaño: no es creador ni mucho menos del monstruo que intenta devorarlo. La falsificación, como vimos, ha sido efectuada por el símbolo sagrado; si hay un culpable del engaño, sin dudas esta aquí, DETRÁS DEL SÍMBO­LO SAGRADO. Pero ¿qué es un símbolo sagrado?: NO SÓLO "LA REPRESENTACIÓN DEL MITO" SINO EL TERMINO DE UNA PROCESIÓN DE FORMAS QUE ARRANCA EN EL ARQUETIPO UNIVERSAL, "QUIEN ESTÁ, SEGÚN SABEMOS, SOSTENIDO POR LA VOLUNTAD DEL DEMIURGO". He aquí al culpable DETRÁS del símbolo sagra­do: mito o símbolo arquetípico, Arquetipo invertido, designio demiúrgico, Arquetipos univer­sales, Demiurgo El Uno. En el principio de la serie arquetípica, alentando el desenvolvimiento del símbolo sagrado, esta el Demiurgo: ¿por qué? ¿Para qué? Respuesta: EL DEMIURGO HA PREVISTO, EN SU PLAN, LA ACTIVIDAD QUE LOS SÍMBOLOS SAGRADOS HA­BRÁN DE DESPLEGAR EN EL MICROCOSMOS Y ES SU INTERÉS QUE TALES SÍMBOLOS SE MANIFIESTEN AL SUJETO CONSCIENTE. Desde luego, esta respuesta sólo puede significar una cosa: LOS SÍMBOLOS SAGRADOS DEBEN CONTRIBUIR A CONCRETAR EL OBJETIVO MICROCÓSMICO DE LA FINALIDAD. ¿Cómo? Otorgan­do al sujeto consciente la posibilidad DE SUPERAR LA CRISIS. La posibilidad de emplear al símbolo sagrado como puente metafísico sobre el abismo de la crisis será expuesta, también, en el próximo articulo.

Lo importante ahora es comprender que los símbolos sagrados desde el momento en que se produce la emergencia, trascienden el plano físico del microcosmos y PARTICIPAN DEL PLANO METAFÍSICO DEL MACROCOSMOS. (Por eso los símbolos sagrados son los úni­cos signos metafísicos válidos, los verdaderos fundamentos de toda Metafísica; contrariamente, se debe negar el título de "Metafísica" a toda ciencia cuyo objeto no sea el conocimiento de los símbolos sagrados; y, por ultimo, la más elevada Metafísica es la Gnosis Hiperbórea, porque los símbolos sagrados constituyen para ella el principal objetivo de su indagación). Esta "participación metafísica" significa que el símbolo sagrado representa tanto al mito, o símbolo arquetípico, estructurado en el esquema del microcosmos como un Arquetipo psicoideo del macrocosmos: su "verdad" es una verdad trascendente. Mas ¿por qué tal trascendencia sólo es posible CUANDO EL SÍMBOLO SAGRADO EMERGE, es decir, cuando se hace consciente, y no antes? Respuesta: Porque sólo entonces, cuando "hay símbolo sagrado", "representación de un mito", se da el caso de que un símbolo arquetípico, situado al principio de la escala for­mativa del designio, sea ACTIVADO ENERGÉTICAMENTE POR SEPARADO: al actuali­zar el símbolo sagrado se desengancha un eslabón de la cadena; pero tal eslabón sólo puede existir por separado si PARTICIPA de un Arquetipo universal y es sostenido por éste. Hemos visto que el mito puede fagocitar al sujeto cultural mientras se encuentre en su contexto esque­mático y en tanto el sujeto manifieste debilidad volitiva; pero si el sujeto se retira a su contexto habitual el mito no significa nada; incluso el sujeto podría ignorar toda la vida, y esto es lo más común, la existencia de los mitos estructurados. Pero, si un mito es representado fuera de su contexto, ello equivale a separar el primer eslabón de una cadena evolutiva que va del Ar­quetipo universal al ente, vale decir, EQUIVALE A ACTUALIZAR EN EL MICROCOS­MOS UN ARQUETIPO UNIVERSAL EN EL PRIMER INSTANTE DE SU DESPLIEGUE EVOLUTIVO. De modo que el símbolo sagrado, al emerger de la esfera de luz y sustituir a la fantasía como objeto de apercepción del sujeto consciente, ESTÁ PONIENDO AL SUJETO CONSCIENTE NO EN UN MERO CONTACTO CON EL MITO ESQUEMÁTICO SINO CON UN ARQUETIPO UNIVERSAL, Y, A TRAVÉS DE ÉL, CON EL DEMIURGO. Es cierto entonces que todo símbolo sagrado, cualquiera sea su signo, desde el complejo Zeus olímpico hasta la abstracta cruz, representan al Dios del Universo, a El Uno, al Demiurgo cósmico: el símbolo sagrado, en un trasfondo metafísico que hay que trascender, participa, o es la manifes­tación revelada, de la Voluntad de El Uno. 

La Voluntad del Demiurgo, presente tras los símbolos sagrados, explica por qué su aparición frente al sujeto consciente no causa jamás una locura del tipo descripto como "primer fenómeno". Aquí, por el contrario de una regresión formal al mundo primitivo del mito, se co­rre el "peligro" de convertirse en "representante de Dios en la Tierra", profeta, enviado divino, reformador social, héroe, hombre del destino etc.; vale decir, se corre el peligro de que el sujeto anímico se identifique con una función colectiva y cese de evolucionar como individuo. Tal el "peligro" que corre EL SUJETO CONSCIENTE si es fagocitado por el símbolo sagrado; pero en este caso se trata de una locura "legal", necesaria para los objetivos micro y microcósmicos de la finalidad del pasú. Esto será demostrado en la Segunda Parte, aunque conviene adelantar que para el virya, cuyo interés declarado consoste en liberar su Espíritu Hiperbóreo, no existe peligro más grande que la identificación del sujeto con un mito colectivo: EN SU CASO ello implica en verdad algún tipo de trastorno mental, desde la disolución del sujeto consciente hasta su fragmentación esquizofrénica.

No podemos acabar este artículo sin mencionar al pasú de nuestro ejemplo. Su fantasía del pez alado se convirtió, de repente, en un Dios pez autónomo; a partir de ese hecho la actitud del pasú será típica: o se identificará con el mito y se convertirá, para la comunidad, en su representante viviente, o le adorará, sin identificarse completamente, y se transformará en su profeta. En este último caso REVELARÁ a la comunidad el símbolo sagrado del Dios pez EXPRESANDO SU SIGNO; y, en la medida en que los miembros de la comunidad introyec­ten el signo y accedan al símbolo sagrado, al contacto con el mito, el mito reinará no adentro sino afuera, como Mito, vale decir, como Arquetipo psicoideo. Desde luego, al adorar al Mito, al Dios pez, a Dagón, la comunidad adora en realidad al Demiurgo, al Dios Uno, cumpliendo con su finalidad macrocósmica.



[1] Ver nota al pie de página.

I - Comentarios complementarios sobre el mito y el símbolo sagrado.

Primero - Comportamiento autónomo del mito.

Cuando la referencia afectiva de un símbolo sagrado es de magnitud muy grande, caso (c), determina a la referencia a sí mismo a desviarse del umbral de conciencia       y a diri­girse a la esfera afectiva. Entonces el símbolo no emerge en la esfera de luz, frente al sujeto consciente, tal como se ha supuesto en el articulo anterior, y pueden ocurrir dos casos: que el símbolo sagrado abandone la esfera de sombra y penetre en la esfera afectiva, o que permanez­ca en la esfera de sombra. Veamos ambos casos.

1er. caso: al penetrar en la esfera afectiva, el símbolo sagrado resulta "orientado" hacia el corazón, adonde se integra al esquema afectivo allí existente; en consecuencia el símbolo pasa a ser dominio del sujeto afectivo, que es absolutamente irracional. El sujeto anímico evolutivo -en cualquiera de sus manifestaciones estructu­rales, "razón","cultural","consciente"- será siempre impotente para operar sobre un símbolo si­tuado en el corazón, y más aún si el sujeto irracional se ha identificado con el. El pasú experi­menta, así, una especie de dependencia irracional HACIA LA ESENCIA del símbolo sagrado, vale decir, hacia lo que este representa y expresa.

Este caso constituye uno de los Principios de la Estrategia Psicosocial y, como tal, ha sido ampliamente explotado por la Sinarquia de todos los tiempos para ejercer un control POR EL CORAZÓN de las masas: las grandes religiones organizadas, por ejemplo, se sirven de este Principio para dominar, mediante símbolos sagrados COR-diales, conCOR-dantes con el objetivo macrocósmico, a sus feligresías; y éstas responden irracionalmente, PERO DE MA­NERA ESTRATÉGICAMENTE PREVISIBLE.

Aparte de la dependencia general a símbolos sagrados políticos, religiosos, etc., el pri­mer caso explica también situaciones particulares importantes. Por ejemplo, el enamoramiento vulgar del pasú, que no debe ser confundido con el A-mort de los Siddhas y viryas, tiene su origen en un símbolo sagrado, el de la mujer arquetípica, el "anima" de C. G. Jung, que se ha instalado en el corazón y se ha vitalizado con energía del sujeto irracional. El "enamoramiento" ocurre cuando el pasú proyecta inconscientemente, sobre cierta mujer, el símbolo del anima y lo reconoce luego, lo introyecta, identificado con la mujer de carne: el pasú cree, así, haber descubierto materializada a la mujer ideal. Sucede entonces un fenómeno clásico: el sujeto anímico evolutivo es eficaz para actuar racionalmente en toda situación salvo aquélla en que intervenga la amada de carne; en este último caso, frente a la mujer amada, se produce la ener­vación volitiva del sujeto anímico evolutivo y la conducta del pasú pasa a estar regida por las determinaciones irracionales del corazón.

2do. caso: Si el símbolo sagrado permanece en la esfera de sombra, es decir, en el in­consciente, COMO REPRESENTANTE AUTÓNOMO DE UN MITO, ello sólo puede ocurrir porque ha sido sostenido por UN SUJETO IRRACIONAL, sea el del corazón o cualquier otro.

El caso debe ser considerado como si el alma, además del sujeto anímico evolutivo, se manifestara EN EL SÍMBOLO SAGRADO y lo animara individualmente. Recordemos que algo similar ocurre con los chakras, que son también complejísimos símbolos donde el alma se manifiesta en una pluralidad de sujetos irracionales: la diferencia radica en que los chakras conforman la estructura astral del microcosmos, vale decir, están ligados, enlazados entre si, y los símbolos sagrados, por el contrario, disponen de relativa autonomía en la esfera de con­ciencia.

Naturalmente, un símbolo sagrado en la esfera de sombra, animado por un sujeto irra­cional, sólo puede ser una fuente de perturbaciones anímicas, volitivas psíquicas, etc.: está más allá del sujeto cultural, que es "ciego" para las imágenes, no posee la facultad de imaginar, pero más acá del sujeto consciente pues permanece oculto en la esfera de sombra como un "mito viviente", como un verdadero demonio interior, aunque sólo se trate de la representación autónoma de un mito. Siempre acechando al sujeto anímico evolutivo, tratará de dominarlo y tomar el control del microcosmos; y no habrá manera de prevenirlo porque su comportamiento será absolutamente irracional: emergerá en sueños o en la vigilia, o bien obsesionará in­conscientemente al sujeto, pero en todos los casos causará algún grado de neurosis. Digamos, por último, que muchos símbolos sagrados animados irracionalmente, como los del 2do caso, suelen ser reducidos por el psicoanálisis.

Segundo - Estudio energético de la emergencia del símbolo sagrado.

Consideremos ahora el caso en que el símbolo sagrado emerge efectivamente frente al sujeto consciente, de manera semejante al símbolo I' de la figura 21. De manera semejante PERO NO IGUAL, porque todo símbolo sagrado se caracteriza por una cualidad que no poseen los sím­bolos homólogos de conceptos habituales, tales como I'. Y esa cualidad es la siguiente: EL NIVEL DE ESTABILIZACIÓN ENERGÉTICA (Ψ1) DE TODO SÍMBOLO SAGRADO ES EL QUE CORRESPONDE A LA MÁXIMA ENERGÍA (E máx.).

Para esta explicación nos remitimos a lo dicho en el comentario decimotercero del articulo "F". Allí se vio que todo símbolo que atraviesa el umbral de conciencia efectúa una "transición energética" entre un nivel mínimo (E min.) y un nivel máximo (E máx.): en el nivel exacto del umbral de conciencia (Ψ) la energía es cero. Pues bien, el nivel máximo de energía es EL MÁS CERCANO AL UMBRAL DE CONCIENCIA y en ese nivel, levemente por en­cima de (Ψ), SE SITÚA TODO SÍMBOLO SAGRADO. Con el fin de visualizar el fenóme­no, recordemos que el umbral de conciencia es análogo a una superficie liquida, tal como un lago o el mar: la máxima energía con que un símbolo sagrado se manifiesta en la esfera de luz equivale, no a un pez volador que emerge y gana determinada altura para después sumergirse nuevamente, analogía que alcanza a todo símbolo NO SAGRADO o representación conscien­te, sino mas bien A ALGO QUE FLOTA, A UN MADERO, por ejemplo, cuya forma se ha hecho patente de pronto, ante nuestra vista, realzándose nítidamente sobre superficie liquida.

Recordemos que el tránsito de un símbolo se compone de "emergencia", hasta (Ψ1), y " proceso", a partir de Ψ: en (Ψ1) concluye la emergencia y comienza el proceso entelequial. Por tal motivo la figura analógica para el símbolo sagrado, EN EL NIVEL DE ESTABILIDAD ENERGÉTICA (Ψ1), corresponde a "algo que flota", vale decir, a un ejemplo "estático"; en la Segunda Parte veremos que al "Proceso" del símbolo sagrado le corresponde la figura analógi­ca de un globo que se infla, vale decir, un ejemplo dinámico.

Lo importante es comprender que cuando al símbolo sagrado emerge con máxima energía NO POSE POTENCIA ACTIVA, vale decir, ES TODO ACTO, "ACTUS PURUS", COMO UN DIOS. Por eso el irrumpir con gran claridad frente a la visión del sujeto conscien­te, su luz acaba por resultar cegadora e irresistible. Y la perplejidad que tal aparición causa en el sujeto es aprovechada por el mito para iniciar su proceso entelequial; pero esta fase del fenómeno será estudiada en la Segunda Parte.

En el artículo anterior consideramos, como ejemplo, el caso en que un símbolo sagrado emerge ESPONTÁNEAMENTE como efecto de la apercepción de cierta fantasía. Vimos allí que el símbolo se superpone, inicialmente, a la fantasía para luego sustituirla definitivamente en la objetividad del sujeto consciente. Mas ahora sabemos que todo símbolo sagrado se ma­nifiesta en la esfera de luz con máxima energía, apenas emergiendo del umbral de conciencia, y nos preguntamos ¿cómo ocurre dicha superposición si, por ejemplo, el símbolo I' de la fantasía se encuentra en un nivel energético diferente al del símbolo sagrado? Respuesta: la fantasía se desplazó hacia el símbolo sagrado hasta confundirse con él; para ello recibe energía DEL SÍMBOLO SAGRADO, quien se comporta, PARA EL SÍMBOLO, como un efectivo sujeto dominante. Sin embargo el sujeto consciente jamás consigue notar tal desplazamiento por ocu­rrir éste FRENTE A SU HORIZONTE DE VISIÓN. Para explicarlo analógicamente supon­gamos que, mientras observamos a un niño, se descorren las nubes y sale el sol JUSTO POR DETRÁS SUYO, de tal suerte que sólo percibimos un violento resplandor que nos ciega y juego no podemos distinguir ya su figura. Pues bien: inútil será que luego el niño nos jure que, DURANTE EL FENÓMENO, RETROCEDIÓ VARIOS PASOS; no lo habremos notado, CONFUNDIDO COMO ESTABA, el niño con el sol. De manera semejante la fantasía RE­TROCEDE frente la visión eidética del sujeto hasta confundirse con el símbolo sagrado, pro­duciendo la ilusión de que es ella misma quien se tornará súbitamente luminosa y animada.

 

J - Símbolo sagrado y Metafísica Hiperbórea.

"Metafísica" es la ciencia cuyo objeto de conocimiento es EL SER DEL ENTE. Si re­cordamos que en el inciso Finalidad y Suprafinalidad se expuso que en  todo ente físico, exterior, existe un SER EN SI, o Arquetipo universal, y un SER-PARA-EL-HOMBRE o designio, se comprenderá lo aceptado de la denominación "Metafísica" con que calificamos a esta Primera Parte, puesto que el "designio" constituye su objeto de estudio mas importante. Sin embargo, la Sabiduría Hiperbórea otorga al vocablo "Metafísica" un significado más específico y trascendente que el mero estudio del designio demiúrgico, aunque esta última tarea sea la que efectivamente viene realizando la Metafísica tradicional.

Para evitar confusiones vamos a definir a la METAFÍSICA HIPERBÓREA como AQUELLA CIENCIA CUYO OBJETO DE CONOCIMIENTO SON LOS SÍMBOLOS SA­GRADOS; en consecuencia: TODO SÍMBOLO SAGRADO ES LA REPRESENTACIÓN DE UNA VERDAD METAFÍSICA. Empero la definición no será completa sino señalamos su principal condición: SÓLO SE CONSIDERAN "OBJETOS METAFÍSICOS" LOS SÍMBO­LOS SAGRADOS QUE EMERGEN POR EL UMBRAL DE CONCIENCIA Y SE EN­FRENTAN AL SUJETO CONSCIENTE, caso (a). A poco que se medite sobre esta condición se comprobará que la misma hace de la Metafísica Hiperbórea a UNA CIENCIA PROPIA DE LA ESFERA DE LUZ, es decir, UNA CIENCIA DE LA CONCIENCIA. Pero no hay que confundirse: el que tal ciencia sea "propia" de la esfera de luz no implica que su ámbito de observación sea exclusivamente la esfera de luz; no dijimos ”su objeto de conocimiento es la esfera de luz” sino “su objeto de conocimiento son los sím­bolos sagrados QUE EMERGEN EN LA ESFERA DE LUZ”. ¿Cuál es la diferencia? que, tal como se dijo en el articulo "H", un símbolo sagrado es "no sólo la representación del mito, sino el término de una procesión de formas que arranca en el Arquetipo universal, quien está, según sabemos, sostenida por la Voluntad del Demiurgo". Vale decir: que un símbolo sagrado, por haber sido separado de la estructura del designio, PARTICIPA ACTIVAMENTE DE UN ARQUETIPO UNIVERSAL. La Metafísica Hiperbórea, entonces, es una ciencia "propia de la esfera de luz" pero cuyo objeto de conocimiento, el símbolo sagrado, hace posible la transcen­dencia del microcosmos pues extiende su ámbito de observación al plano arquetípico del ma­crocosmos. Por supuesto, la Metafísica Hiperbórea sólo puede ser practicada por los viryas y Siddhas ya que nada parecido al conocimiento de los Arquetipos universales está permitido al pasú. Si aquí hemos adelantado su definición, antes de estudiar que es un virya y un Siddha, ello se debe a que nos conviene dar la explicación como corolario de los artículos anteriores sobre el mito y el símbolo sagrado. En verdad sólo en la Segunda Parte se expondrá y aplicará la Metafísica Hiperbórea del símbolo sagrado.

Pero, si al pasú le está vedada la posibilidad de trascender los símbolos sagrados ¿qué sentido tiene su aparición? ¿Por qué el Demiurgo ha previsto su emergencia? Respuesta: por un motivo operativo. Es el Demiurgo, a través de los Arquetipos universales, quien se propone OPERAR SOBRE EL PASÚ EN DETERMINADOS MOMENTOS DE SU HISTORIA; y tal operación es posible porque los Arquetipos universales se manifiestan en los símbolos sagra­dos y éstos participan de aquéllos. He aquí las posibilidades operativas: el símbolo sagrado ha emergido como representación de un mito, como efecto de la racionalización de una fantasía; o bien ha sido EN-SEÑADO por un instructor cultural y el pasú lo ha APRENDIDO: lo ha to­mado el sujeto cultural como impresión sensible y lo ha percibido el sujeto consciente como representación consciente, vale decir, como símbolo sagrado emergente en la esfera de luz; o, también, el símbolo sagrado PUEDE HABER SURGIDO DE LA SUPERESTRUCTURA DEL HECHO CULTURAL EXTERIOR Y HABER SIDO CAPTADO COMO "DESCUBRIMIENTO"; etc. En cualquier caso, sin que influya la manera como el símbolo sagrado ha llegado a ser conocido por el pasú, lo efectivo es que, al "aparecer" en la esfera de luz, indefectiblemente participará de un Arquetipo psicoideo que ejercerá su acción sobre el sujeto. Ahora bien, ¿cuáles son esos "momentos determinados" de la historia del pasú en los cuales emergen los símbolos sagrados que permiten la operación de los Arquetipos psicoideos, es decir, durante los cuales la voluntad del sujeto resulta dominado por una voluntad trascendente, por un patrón de conducta colectivo? Respuesta: tales "momentos" propios de la historia del pasú (pero que no son ajenos a la Historia de su comunidad sociocul­tural puesto que existe un cierto paralelismo entre la estructura cultural y las superestructuras de hechos culturales, que se estudiará en la Segunda Parte), SON MOMENTOS DE CRISIS. Los símbolos sagrados tienen por función tender un puente sobre la crisis, RELEVANDO AL SUJETO ANÍMICO EVOLUTIVO, AL ALMA, POR UN INSTANTE O POR UN TIEMPO MÁS PROLONGADO, DEL CONTROL DEL MICROCOSMOS: pero ello ocurre, natural­mente, cuando el sujeto carece de voluntad para imponerse al proceso entelequial del símbolo sagrado; justamente, los "momentos de crisis" son aquellos en los que el sujeto anímico está desfalleciente, quizá desesperado, sintiendo que se hunde irremediablemente en las tinieblas de una situación insuperable.

Podemos definir a la crisis como LA IMPOSIBILIDAD DEL SUJETO ANÍMICO EVOLUTIVO PARA REDUCIR RACIONALMENTE UNA SITUACIÓN CONCRETA. Con términos de la analogía estructural, y considerado que tal situación concreta irreductible es equivalente a un ente que impresiona traumáticamente la esfera sensorial, la crisis se produce cuando el designio es esquematizado en un caso (c) extremo, vale decir, cuando la referencia afectiva es de muy grande magnitud. En tal caso, la referencia a sí mismo, con que la potencia activa dirige la representación al ser vivenciado el esquema por el sujeto cultural, será intensamente emocional, irracional, orientada hacia el corazon. Como consecuencia la representación del ente traumático, vale decir, de la situación concreta, EMERGE MUY LEJOS DEL SUJETO CONSCIENTE ( por su inclinación (c) en la esfera de sombra), lo que es percibido por este como POCO CLARO; O NO EMERGE EN ABSOLU­TO Y SE DIRIGE DIRECTAMENTE A LA ESFERA AFECTIVA Y DE ALLÍ AL CORA­ZÓN. Es entonces cuando EL SUJETO CONSCIENTE APELA A SU FACULTAD DE IMAGINAR PARA HALLAR LA RESPUESTA QUE LA RAZÓN LE NIEGA

Pero una cosa es imaginar, sin imposición alguna, y otra SUPLIR CON LA IMAGI­NACIÓN LO INCOMPRENSIBLE, obligado por la circunstancia concreta, por la "presión del ente". Así como de las tinieblas no surge la luz tampoco un sujeto perturbado puede pro­ducir una imagen esclarecedora: lo que ocurre es que, frente al sujeto consciente, emerge una fantasía tan incomprensible como el concepto del ente traumático cuya representación se des­vió hacia el corazón. Y esa fantasía sin sentido al ser apercibida por el sujeto consciente, es decir, al ser racionalizado, es la que desencadena finalmente el fenómeno del mito y el símbolo sagrado que describimos en el articulo "H", poniendo como ejemplo la imagen del pez alado. Claro que si, en lugar de su imaginación, el pasú recurre a un sacerdote y este le dice que medi­ta sobre tal o cual símbolo o le rece a una Deidad, o recurre a cualquier otro procedimiento semejante que tenga por termino "el sujeto consciente frente al símbolo sagrado" el resultado será el mismo: un Arquetipo psicoideo intentara fagocitar al sujeto consciente y tomar el con­trol del microcosmos.

En síntesis, la crisis es el efecto que una situación irrazonable, o directamente irracio­nal, produce en el sujeto consciente; ESTE PERCIBE, ENTONCES, QUE SE QUIEBRA LA CONTINUIDAD DE SU HISTORIA, VALE DECIR, QUE AMENAZA FRACTURARSE EL HILO MISMO DE LA CONCIENCIA, DE LA ESFERA DE LA CONCIENCIA. Pero el esquema de sí mismo, la esfera de conciencia, no se puede romper sin que ello implique la locura o la muerte: en todo caso sucede la disolución de la conciencia, el regreso al estado fetal. Para tender un puente sobre el abismo de la crisis, para unir las orillas de la historia y permitir la continuidad del sujeto histórico, están los símbolos sagrados: ellos participan de los Arquetipos psicoideos y éstos se manifiestan frente al sujeto en crisis; lo fagocitan, lo suplan­tan, y sostienen al microcosmos el tiempo necesario; y a veces, cuando la Historia lo requiere, permanentemente.

Los símbolos sagrados ayudan así a cumplir el objetivo de la finalidad del pasú. El ob­jetivo macrocósmico requiere que el pasú desarrolle el sujeto histórico, lo que solo puede ocurrir si, conjuntamente, se desarrolla la esfera de conciencia, la historia del microcosmos que consiste en su racionalización permanente: PERO LA HISTORIA NO PUEDE INTERRUM­PIRSE, DEBE SER "CONTINUA" PORQUE ES UN CORRELATO DE LA "SIGNIFICACIÓN CONTINUA" QUE FUNDAMENTA EL PENSAR RACIONAL. De aquí que toda fisura provocada por la crisis en la continuidad histórica del microcosmos sea atenuada, suavizada, por el símbolo sagrado, es decir, transformada en un mero punto de inflexión. El objetivo macrocósmico, por otra parte, exige la formación de una cultura que preserve el senti­do puesto en los entes; por eso el pasú evoluciona en comunidades socioculturales que se desa­rrollan al hilo de una Historia. La crisis, entonces, puede ser también colectiva: un abismo, un límite fatal, presentido por todos a la vez. Como en la conciencia, aquí tampoco puede produ­cirse una ruptura definitiva sin que ello implique la fragmentación o la disolución social; natu­ralmente, ello sólo puede ocurrir cuando los miembros de la comunidad son volitivamente im­potentes para torcer el rumbo de la Historia y se encaminan colectivamente hacia el desastre. Pero en ese caso, cuando el momento actual parece no presentar continuidad con el hilo histó­rico de un pueblo, cuando ni mirar hacia atrás ni hacia adelante representan orientación alguna y sólo la realidad del abismo que se abre a los pies parece existir, en ese caso sólo la potencia de un Arquetipo psicoideo, de un Mito, podrá construir el puente salvador: un líder, un sacer­dote, un profeta, una religión, una meta colectiva de cualquier tipo, etc, son distintas formas del milagro. Y todas estas formas no son más que manifestaciones del Arquetipo psicoideo: porque el lider, el sacerdote, el profeta, el legislador, el rey, o cualquier meta colectiva, no son más que símbolos sa­grados personificados o codificados en un lenguaje habitual, símbolos sagrados que participan activamente del Mito y que hacen posible que el Mito se posesione colectivamente de la co­munidad, que tome el control y dirija el rumbo de la Historia.

A veces, en los momentos de crisis social, son DOS O MÁS los Arquetipos psicoideos que se presentan como salvadores, generando grupos antagónicos dentro de la misma comuni­dad o entre comunidades culturalmente diferenciadas: así, no es difícil que haya lucha efectiva por el predominio de un líder, una religión, una meta, etc. Pero ello no es anormal dentro de los planos del Demiurgo y, por el contrario, es parte de su juego. Porque, atención con este principio: EN LAS COMUNIDADES PASÚ, LA GUERRA ES EL MODO COMO LOS ARQUETI­POS RESUELVEN SU CONFLICTO. Esta "guerra", desde luego, no tiene nada que ver con la guerra esencial por la liberación del Espíritu que libran viryas y Siddhas contra las huestes sinárquicas del Demiurgo y sus representantes de la "raza elegida”.

Para terminar, vale la pena destacar que los símbolos sagrados JAMÁS DEJAN DE CUMPLIR SU FUNCIÓN OPERATIVA EN LA CONCIENCIA O EN LA HISTORIA SO­CIOCULTURAL DEL PASÚ: el sujeto consciente, si es volitivamente débil, si se encuentra "abismado" por la crisis, SIEMPRE SERÁ FAGOCITADO POR EL SÍMBOLO SAGRADO, es decir, EL PASÚ SIEMPRE SE IDENTIFICARÁ CON EL MITO. Por el contrario, tal como se estudiará en la Segunda Parte, el encadenamiento del Espíritu Hiperbóreo en el pasú viene a alterar ese comportamiento, ocurriendo que el virya, por ejemplo, tenga la posibilidad de evitar el dominio del mito, del Mito, e, inclusive, que invierta el sentido del símbolo y lo emplee como "objeto de conocimiento". Pero ¿qué se puede "conocer" por medio de un símbo­lo sagrado, de la representación de un mito? Respuesta: el plano arquetípico del macrocosmos, el cual constituye, en tanto sea accesible a la indagación del sujeto, EL ORBE METAFÍSICO POR EXCELENCIA.

En efecto, el símbolo sagrado, al que anteriormente definimos como análogo a "algo que flota", es en realidad semejante a un ICEBERG, del cual el sujeto consciente sólo percibe inicialmente un octavo de su volumen, estando los siete octavos restantes sumergidos en la esfera de sombra y, por participación, proyectándose al plano arquetípico, al cielo metafísico. La Metafísica Hiperbórea, que definimos al comienzo de este articulo, es la ciencia que estudia la manera de operar con los símbolos sagrados sin ser fagocitados por ellos. En la Segunda Parte vamos a recurrir frecuentemente a los conceptos de la Metafísica Hiperbórea: será allí cuando quedará en claro que debe entenderse por "verdad metafísica", de la que, dijimos, el símbolo sagrado es su representación

LA CONCIENCIA: TIEMPO TRANSVERSAL

 

A - La autonomía óntica del microcosmos actual.

El inciso anterior "Funcionamiento de la esfera de la conciencia del pasú", no podrá ser completo sin incluir un estudio sobre el tiempo inmanente. Sin embargo, debido a su impor­tancia capital para la comprensión del encadenamiento espiritual, hemos preferido tratar este tema por separado. Lógicamente, aquí habrá que remitirse a muchos artículos y explicaciones anteriores ya que "el tiempo", al que vamos a estudiar en último lugar por motivos de metodo­logía, constituye en realidad el fundamento de la conciencia, vale decir, la base sobre la que se apoya gran parte de lo ya visto.

Comencemos, pues, por el principio, es decir, por la obra del Demiurgo. El placer del Demiurgo, el "Bien", consiste en el descubrimiento significativo permanente de su obra; para ello ha designado, junto a la finalidad entelequial de los entes, una suprafinalidad destinada a brindar el descubrimiento significativo. Pero ¿quien ha de efectuar tal descubrimiento, hacia quién apunta la suprafinalidad? Respuesta: Hacia un ente autónomo capaz de descubrir el de­signio en todo ente y poner, luego, el sentido en todo ente: ésa es la finalidad del animal-hom­bre o pasú. Pero esa finalidad, LLEGAR A SER un ente autónomo postor de sentido, el pasú ha de alcanzarla tras larga evolución. En anteriores artículos hemos mencionado que el proceso evolutivo del pasú habría de culminar con el desarrollo de la esfera de conciencia, es decir, con la construcción de un esquema de sí mismo que obrase como asiento del sujeto consciente. Este sujeto, por constituir la más elevada expresión del sujeto anímico evolutivo, o alma, exige que el esquema de sí mismo sea lo mas perfecto posible, que refleje completamente la estructu­ra del microcosmos: solamente cuando el esquema de sí mismo coincida hasta en sus menores detalles con el microcosmos, lo que equivale a decir que el sujeto consciente es capaz de "pensar" al microcosmos, de pensarse a sí mismo racionalmente, será posible alcanzar la auto­nomía óntica propuesta como finalidad del pasú. Por motivos de simplicidad explicativa divi­dimos la finalidad en dos objetivos: alcanzar la "autonomía óntica" y ser "postor de sentido"; al primero lo llamamos "objetivo microcósmico" y al segundo "objetivo macrocósmico".

Al estudiar el objetivo microcósmico, por las mismas razones de simplicidad, nos he­mos referido exclusivamente a la culminación del proceso evolutivo del pasú, vale decir, a la formación de la esfera de conciencia animada por el sujeto consciente, pero, en una considera­ción mas rigurosa, habría que afirmar que dicho objetivo abarca toda la historia evolutiva del pasú. Esto se verá mejor si aclaramos que tal "historia evolutiva" es el desarrollo formal del Plan evolutivo con que el Arquetipo Manú se despliega a través del hombre: tomando al pasú en cualquier punto de su evolución, es decir, en cualquier fase formal del Plan evolutivo, el objetivo microcósmico ESTÁ SIEMPRE HACIA ADELANTE EN EL SENTIDO DE LA EVOLUCIÓN, APUNTANDO HACIA LA ENTELEQUIA Y, EN EFECTO, HACIA LA AUTONOMÍA ÓNTICA.

Una vez restituido el sentido esencialmente evolutivo que debe expresar el objetivo mi­crocósmico vamos a ocuparnos de su finalidad ultima: la autonomía óntica del microcosmos. Sabemos, en efecto, que la finalidad del pasú es una posibilidad abierta para LLEGAR A SER un ente autónomo, mas ¿qué ocurre cuando tal posibilidad se concreta? ¿Qué significa SER UN ENTE AUTÓNOMO? Daremos una respuesta, pero no ha de creerse que, por el hecho de des­cribir una entelequia, nos estamos ocupando de algo inexistente: por el contrario, se cuentan por millones quienes han completado el Plan evolutivo del pasú y ahora, tranquilamente, se encuentran sirviendo a la Sinarquía de los Siddhas Traidores, integrando las filas de la Jerar­quía Blanca; tales son, por ejemplo, los "Maestros de Sabiduría" que desde hace unos siglos operan políticamente en Occidente procedentes de Chang Shambalá.

No hay que insistir demasiado, pues ya ha sido suficientemente aclarado, que el pasú debe cumplir una misión importantísima en la obra del Demiurgo. Pero, hasta donde es ex­cepcional este papel, único entre los entes designados, sólo se hará evidente si reflexionamos sobre la posibilidad de autonomía que implica la concreción de su finalidad entelequial. En efecto, cualquier ente que culmina su proceso, aún cuando alcance la perfección suprema, no es otra cosa que la expresión de los Arquetipos universales; éstos le sostienen y se manifiestan en él, cumpliendo la Voluntad del Demiurgo. Los entes subsisten en el tiempo trascendente y en él cumplen su proceso, COMO TODO LO QUE EN EL MUNDO ES SUCESIVO; mientras el pasú evoluciona, mientras su cuerpo es un microcosmos potencial, ES TAMBIÉN SUCE­SIVO EN EL TIEMPO TRASCENDENTE y se encuentra sostenido permanentemente por el Arquetipo Manú. Entonces no se diferencia mayormente de los restantes entes sucesivos. Sin embargo, esta situación cambia completamente cuando el pasú concreta su entelequia y se transforma en microcosmos actual: en tal caso adquiere una característica excepcional, única, que lo diferencia esencialmente de todo ente sucesivo, es decir, adquiere la autonomía óntica. Esto no quiere decir que el microcosmos actual "deja de estar sostenido por el Arquetipo Manú" sino que, por haber alcanzado la entelequia, el pasú es el mismo Arquetipo Manú y, a partir de entonces, comienza a existir como ente autónomo.

Examinemos brevemente como llega el pasú a convertirse en ente autónomo. El pasú, como todo ente, ha sido designado por el Demiurgo; pero, en instancias inferiores de su evo­lución, sólo se revelan a su razón los designios de entes externos, con los cuales construye la estructura cultural; no obstante llega el día en que, con un sacudimiento esencial, sobreviene la intuición de la posibilidad de la autonomía óntica: el ente, conocedor de entes, comienza a co­nocerce a si mismo y de esa turbadora revelación surge el símbolo fundamental de la esfera de conciencia; una nueva estructura se va enlazando en torno a ese primer símbolo y se conforma así el esquema de sí mismo, la historia del microcosmos que debe acabar, por fuerza, descri­biendo al designio propio; y el sujeto anímico evolutivo, al animar el esquema de si mismo como sujeto consciente, va animando también sucesivamente los elementos del designio pro­pio; el final de este proceso de autodescubrimiento, teórico, pero que puede efectivamente ser alcanzado una vez en la vida o en alguna vida, ocurre cuando el sujeto consciente es capaz de pensar el esquema de si mismo y el esquema de si mismo es la interpretación del designio propio; en ese momento el sujeto se compenetra de todo el microcosmos Y ESTE SE ILUMI­NA COMO CORRESPONDE A TODO SISTEMA: el microcosmos pasa a ser el contenido de un pensamiento, equivalente a un "sistema vivenciado por el pensar racional", es decir, EL MICROCOSMOS ÍNTEGRO ES UNA VIVENCIA DEL ALMA: en resumen, el sujeto apercibe una representación que es si mismo: el microcosmos; y el microcosmos es entonces un acto puro de conciencia, una pura perfección paradigmática, una entelequia del Arquetipo Manú, UN ENTE AUTÓNOMO. ¿Por qué "ente autónomo"? Respuesta: porque el microcos­mos actual es PURA CONCIENCIA Y "LA CONCIENCIA" ES TIEMPO; o, con otras palabras: CONCIENCIA Y TIEMPO SON PALABRAS SINÓNIMAS. Quiere decir que la reducción racional del microcosmos por el sujeto consciente causa en este la existencia de un "tiempo propio", inmanente, independiente del tiempo trascendente del macrocosmos.

En consecuencia, la autonomía óntica del microcosmos actual es una AUTONOMÍA TEMPORAL, concepto que ya habíamos adelantado en el articulo "C" del inciso anterior: "el cuerpo del pasú es un microcosmos potencial; será un microcosmos actual cuando se transfor­me en un ente autónomo, es decir, CUANDO SE INDEPENDICE DE SU SINCRONIZA­CIÓN CON LOS PROCESOS DE LOS RESTANTES ENTES DEL MACROCOSMOS". Recordemos que POR PERMANECER en el tiempo trascendente, o Conciencia del Demiurgo, el micro comos tiene todos sus movimientos internos sincronizados con los movimientos ex­ternos del macrocosmos: "los relojes atómicos, biológicos y psicofisiológicos del pasú están sincronizados con los relojes cósmicos que regulan los movimientos de los entes según patro­nes universales de razón". Por eso decíamos en dicho artículo, sintetizando: "el pasú se va transformando en ente autónomo a medida que cumple el "objetivo microcósmico de la finali­dad": construir un esquema de sí mismo, o esfera de conciencia, de tal perfección que, al ser reflexionada por el sujeto consciente, racionalice completamente al microcosmos. La concien­cia, análogamente al aspecto Poder del Demiurgo, ha de poder aplicarse, compenetrarse, di­fundirse, etc., en el microcosmos y sincronizar sus movimientos internos con sus propios relo­jes patrón, o sea, ha de poder desincronizarlo del macrocosmos evitando participar del tiempo trascendente, ha de sustraerlo de su PERMANENCIA en él”.

Aunque ya se ha puesto en claro que la autonomía óntica del microcosmos forma parte esencial de su designio, es decir, es efecto de la Voluntad del Demiurgo, todavía podría pre­guntarse ¿para qué? Vale decir: ¿para qué el Demiurgo propone en el designio microcósmico la posibilidad de su autonomía? Respuesta: esta pregunta carece de sentido porque la autono­mía NO ES UN FIN EN SÍ MISMA sino una consecuencia NECESARIA e inevitable de la fi­nalidad entelequial. Con otras palabras: la autonomía temporal es EFECTO de una CAUSA FINAL que se llama "conciencia-tiempo"; evidentemente, nos referimos a la conciencia de la entelequia, es decir, conciencia del microcosmos. Pero la respuesta definitiva es, desde luego, hermética: la autonomía óntica del microcosmos ocurre cuando éste refleja perfectamente al macrocosmos, cuando sus estructuras son homólogas y están análogamente vitalizadas. Esto quiere decir que un microcosmos actual sólo puede serlo si representa perfectamente al macro­cosmos, ESTRUCTURALMENTE Y ANÍMICAMENTE; o sea; SOLO SI LA COMPLE­XIÓN DEL ALMA DEL PASÚ, AL ANIMAR EL MICROCOSMOS, ES ANÁLOGA A LA COMPLEXIÓN DEL DEMIURGO AL ANIMAR EL MACROCOSMOS. Por eso, si el Demiurgo exhibe un "aspecto" sucesivo, producto del Aliento, cuya fluencia llamamos Con­ciencia-Tiempo o tiempo trascendente del macrocosmos, el pasú ha de manifestar un "aspecto" semejante en el microcosmos, SI ES QUE ASPIRA A CONCRETAR SU ENTELEQUIA: y ese aspecto microcósmico no es otro que EL SUJETO CONSCIENTE EN LA ESFERA DE CONCIENCIA. Vemos así que el "tiempo propio del microcosmos", y, en consecuencia la "autonomía óntica", ES UNA CONDICIÓN ESENCIAL PARA LA ACTUALIZACIÓN ARQUETÍPICA DEL MICROCOSMOS.

 

B - Descripción temporal del ente autónomo.

Hemos visto que resulta inconcebible un microcosmos entelequial sin que el alma guar­de una perfecta correspondencia formal con el Demiurgo. Así, en el microcosmos, ha de mani­festarse un aspecto conciencia-tiempo, análogo a la Conciencia-Tiempo del macrocosmos: el microcosmos, para ser tal, debe alcanzar una autonomía temporal, debe independizarse del tiempo trascendente del macrocosmos. Mas, ¿cómo un ente, que hasta entonces permanecía en el tiempo trascendente, puede situarse fuera de él y evitar ser arrastrado por su fluencia irresis­tible? Respuesta: Para entenderlo hay que considerar el siguiente principio: EL TIEMPO TRASCENDENTE ES ISÓTROPO PARA TODO ENTE QUE ES PERMANENTE O SU­CESIVO EN ÉL, PERO ES ANISÓTROPO PARA TODO OTRO TIEMPO INMANENTE, EN EL SENTIDO DE SU SUCESIÓN. Lo primero quiere decir que todo ente, permanente o sucesivo, existe con carácter fenoménico EN el tiempo trascendente y está determinado por él: si es permanente, esta determinado por su duración y si es sucesivo por su desarrollo proce­sual. Lo segundo nos dice que el tiempo trascendente, no obstante ser isotrópico para todo ente, es capaz DE COEXISTIR CON OTRO TIEMPO SIN SUPERPONERSE CON EL SENTIDO DE SU TRANSCURRIR; VALE DECIR, EL TIEMPO TRASCENDENTE ES ANISOTRÓPO EN EL SENTIDO SUCESIVO DE TODO TIEMPO COEXISTENTE.

Este principio nos va a permitir responder a la pregunta anterior: Cuando el microcos­mos, que es un ente sucesivo en el tiempo trascendente, es abarcado por la conciencia de su alma, se torna sucesivo en la dirección de un "tiempo propio", es decir, su suceder ocurre en el flujo inmanente de la corriente de conciencia: entonces sobreviene necesariamente la autonomía óntica porque el tiempo trascendente es anisótropo en la dirección del tiempo inmanente. Natu­ralmente, la anisotropía del tiempo trascendente no implica un defecto de la Conciencia del Demiurgo sino que constituye el modo como Él permite la coexistencia del microcosmos actual y la consumación de su finalidad entelequial: al obtener la autonomía óntica, al convertirse en microcosmos actual, el pasú PONE EL MÁXIMO SENTIDO POSIBLE EN LA OBRA DEL DEMIURGO. LA RELACIÓN COEXISTENTE ENTRE MICROCOSMOS Y MACRO­COSMOS SE DENOMINA ARMONÍA: LA CONCIENCIA DE LA ARMONÍA, POR PARTE DEL MICROCOSMOS VIVIENTE, CONSTITUYE EL MAYOR DESCUBRI­MIENTO POSIBLE Y TAMBIÉN EL MAYOR BIEN; EQUIVALE A VIVENCIAR UN "ESQUEMA DE SÍ MISMO" DEL DEMIURGO. Evidentemente, el objetivo último de la fi­nalidad es impresionar con la magnitud colosal de la obra y despertar la admiración del micro­cosmos por su Creador.

Tampoco debe creerse que con la anisotropía del tiempo trascendente, al permitir la coexistencia autónoma del microcosmos actual, el Demiurgo asegura la eternidad de sus criatu­ras. El microcosmos actual, así como otras complexiones dévicas que aquí no estudiaremos, ES INMORTAL PERO NO ETERNO: el pasú puede sobrevivir a la muerte física, vale decir, a la desintegración orgánica del microcosmos, transformando a éste en ente autónomo; pero, aún cuando su cuerpo físico sea inmortal, jamás gozará de la eternidad que el Demiurgo y los Espíritus poseen como carácter esencial ¿Por qué? Respuesta: porque la condición de la eterni­dad es la NO SUCESIÓN y el microcosmos actual fundamenta su autonomía, y su inmortali­dad, en un "tiempo propio" que, en tanto que tiempo, es esencialmente sucesivo. Por el contra­rio, la eternidad no implica sucesión de instantes sino un solo instante siempre presente, que no obstante, abarca y sobrepasa al tiempo sucesivo. Aunque parezca una paradoja increíble, se trata de una tenebrosa verdad: aún cuando el pasú haya conquistado la inmortalidad del cuerpo físico, y se comporte como ente autónomo con respecto al tiempo trascendente, SU MICROCOSMOS TENDRÁ FATAL DISOLUCIÓN SIMULTÁNEAMENTE CON EL PRALAYA MACROCÓSMICO. Y, tras la disolución de todo ente sucesivo, durante la noche de parabrahman, solo El Uno existirá en la eternidad. Los Espíritus Hiperbóreos también son eternos y luego veremos que importancia reviste dicho carácter para el encadenamiento a la materia.

El por qué de un ente autónomo, es decir, independiente del tiempo trascendente, ha de finalizar su existencia en el momento que concluye el tiempo trascendente, no podrá ser com­prendido sin una adecuada descripción de dicho tiempo del macrocosmos. Sin embargo, una descripción tal sólo se ha efectuado en el libro "Física Hiperbórea", el cual se va a editar sepa­rado de los "Fundamentos...". Aquí, pues, solo podemos mencionar algunas características, ya que una explicación rigurosa requiere el empleo del QUANTUM ARQUETÍPICO DE ENER­GÍA definido en la "Física". Por ejemplo, conviene destacar que el tiempo trascendente no sólo presenta la extraña cualidad, ya señalada, de ser isotrópico para los entes permanentes y suce­sivos y anisotrópico para otros tiempos sucesivos, sino que también es continuo y discontinuo a la vez. Ello se debe a que el espacio real se compone esencialmente de quantos arquetípicos, los cuales poseen, cada uno, un "punto indiscernible". Resulta así, que en cualquier porción del espacio, por pequeña que sea, existe siempre una región coordenable, propiamente espacial, que constituye el principio de la extensión continua, y un "punto indiscernible", no acotable, propiamente temporal, que es el mismo punto que podría localizarse en cualquier lugar del Universo: este punto indiscernible constituye el principio y el fin del tiempo trascendente. Todo ente situado en el espacio existe en el tiempo trascendente porque sucede en él, pero no existe en el punto indiscernible que posee en su seno porque tal punto es común a todos los entes existentes en cualquier región del espacio: el punto indiscernible es denominado; tam­bién, EL OJO DE ABRAXAS. De esta manera, todo ente sucesivo, por ejemplo, ES Y NO ES en cada momento de su acontecer: pero su ser es sucesivo y su no ser es permanente. El fin de todo ente, del ente particular y del ente universal, está presente en cada instante del tiempo trascendente: y de esta finalidad no escapan ni siquiera los entes autónomos o inmortales como el microcosmos actual del pasú. Por eso se dice que la sola percepción del aspecto sucesivo o fenoménico de los entes constituye una ILUSIÓN, ya que su fin, la nada que alcanzará al con­cluir el tiempo sucesivo, que es igual a la nada inicial, anterior al tiempo sucesivo, se encuen­tra siempre presente en los entes, expuesta a la mirada aguda.

Según vemos, LA ESENCIA DE LA CONCIENCIA ES EL TIEMPO: el tiempo tras­cendente manifiesta la macro Conciencia de El Uno; el tiempo inmanente expresa la concien­cia del microcosmos. Si existe el tiempo inmanente, si el pasú ha desarrollado un sujeto cons­ciente en la esfera de conciencia, entonces el tiempo trascendente será anisótropo en esa direc­ción y el microcosmos podrá convertirse en ente autónomo. El tiempo inmanente será, así, un "tiempo propio" del microcosmos, el cual, necesariamente, tendrá carácter INTERNO, dado que fuera del microcosmos transcurre el tiempo trascendente.

El microcosmos actual subsiste en su propio tiempo inmanente, cuyo fluir brota del sujeto consciente en una sucesión de instantes que se pierde en la interioridad del ente, en una dirección no surcada por el tiempo trascendente. Debido a esta autonomía DESDE EL INTE­RIOR DEL ENTE, que alcanza el microcosmos actual con respecto al tiempo trascendente, TAMBIÉN SE INDEPENDIZA DEL ESPACIO, adquiriendo la libertad de ubicarse en cual­quier sitio sin ser condicionado por el tiempo trascendente. En resumen; la entelequia del pasú, el microcosmos actual, todo conciencia, todo tiempo inmanente, es independiente del tiempo y del espacio del macrocosmos: tal el grado de libertad que implica la AUTONOMÍA ÓNTICA. Cabe destacar que, en un ente autónomo, el tiempo inmanente ha de progresar indefinidamente en la interioridad del microcosmos, en la dirección de su transcurrir, sin que ello guarde relación con el tiempo trascendente, exterior, del macrocosmos. Por eso, CUANDO EL MICROCOS­MOS ACTUAL ACTÚA VOLUNTARIAMENTE SOBRE EL MACROCOSMOS, ES EL MOMENTO EN QUE EL MACROCOSMOS ADQUIERE MÁXIMO SENTIDO, cumpliendo así el obje­tivo de su finalidad. Este es el caso, por ejemplo, de los Maestros de Sabiduría de la Jerar­quía Blanca, quienes periódicamente suelen actuar en el mundo con sus cuerpos entelequiales en lo que denominan: "misiones para favorecer el desarrollo de los Planes cósmicos".

 

C - La doble temporalidad del microcosmos potencial.

Hemos aclarado ya que la "autonomía óntica", que caracteriza a un microcosmos actual, es fundamentalmente una autonomía "temporal", producto de un elevado grado de conciencia. Pero "nuestro propósito es mostrar la estructura psíquica del pasú en el momento previo al encadenamiento espiritual", según declaramos en los primeros incisos. En dicho "momento" especifico de su historia el pasú, desde luego, no era "microcosmos actual" sino POTENCIAL, aunque su evolución apuntaba hacia tal entelequia. Y, como "microcosmos potencial", no obstante su manifiesta falta de desarrollo, el pasú había construido una incipiente esfera de conciencia (figura 11b) animada por el correspondiente "sujeto consciente".

En términos temporales la diferencia entre microcosmos actual y potencial es la siguien­te: en el microcosmos actual el sujeto consciente ha sido capaz de pensarse a sí mismo, ha "vivenciado" el esquema de sí mismo, y, por subsistir en un "tiempo propio", se ha tornado ente autónomo; en el microcosmos potencial el sujeto consciente está localizado sobre un esquema incompleto de sí mismo y, por lo tanto, sólo es inmanente a la esfera de conciencia; en otras palabras: el "tiempo propio", que es esencial al sujeto consciente, sólo es inmanente a la esfera de conciencia; fuera de ella el sujeto conciente es incapaz de abarcar otras estructu­ras del microcosmos. Pero, aquello que quede fuera de la conciencia del sujeto, es decir, fuera de la dirección del tiempo propio, será inevitablemente objeto del tiempo trascendente, su existencia sucederá en él. Por eso en el microcosmos potencial, tal como ya fue explicado en otro articulo, "los relojes atómicos, biológicos y psicofisiológicos, del pasú, están sincronizados con los relojes cósmicos que regulan los movimientos de los entes según patrones universales de ra­zón"; en el microcosmos potencial, salvo la esfera de conciencia, toda otra estructura subsiste en el tiempo trascendente.

En el microcosmos potencial, entonces, coexisten dos naturalezas temporales: el tiempo propio, inmanente, en la esfera de conciencia y el tiempo trascendente en las restantes estruc­turas del microcosmos. Naturalmente, estos tiempos coexisten sin interferirse debido a la ani­sotropía del tiempo trascendente, que impide a este transcurrir en la misma dirección del tiem­po inmanente. El microcosmos potencial es así un ente que sucede en el tiempo trascendente pero en cuya entraña, en una hondura insondable, coexiste el tiempo inmanente de la conciencia. La esfera de conciencia, fuente del tiempo inmanente, es un núcleo de efectiva autonomía temporal, pero, por constituir una estructura integrada a la organicidad microcósmica, no podrá alcanzar conjuntamente la efectiva autonomía espacial del ente: por ahora es sólo interioridad del ente, un abismo en la intimidad del microcosmos, una conciencia de entes externos que no consigue conciencializar a sí mismo.

De este microcosmos potencial, dotado de un núcleo de tiempo inmanente pero que participa, en ciertas estructuras, del tiempo trascendente, nos vamos a ocupar exclusivamente a continuación.

Comencemos por destacar una importante consecuencia: si sólo la esfera de conciencia sucede en el tiempo inmanente, entonces las restantes estructuras de la psique subsisten en el tiempo trascendente. Especialmente debemos atender al hecho de que la estructura cultural permanece, y crece, en el tiempo trascendente. Pero la estructura cultural viene a cumplir la función de "limite inferior" de la esfera de conciencia, puesto que hemos definido a ésta como "un espacio analógico que se extiende sobre el sistema vivenciado". En la figura 22 el arco xx representa analógicamente tal "limite inferior", vale decir, el comienzo de la esfera de con­ciencia; recordemos que la esfera de conciencia se compone de "esfera de sombra" y "esfera de luz". Siempre refiriéndonos a la figura 22, es cómodo imaginar al tiempo inmanente como una corriente de manantial cuya fuente se encuentra exactamente en el arco xx: el tiempo surge de xx y corre hacia Ψ, inundando la totalidad de la esfera de conciencia. Analógicamente, bajo esta alegoría, se debe ver la terminación esencialmente sucesiva del sujeto anímico evolutivo, al que, justamente, denominamos "sujeto consciente".

El el arco xx de la figura 22 corresponde al nivel del símbolo I de la figura 21, el cual se encuentra sobre el plano de significación horizontal del concepto xx: a partir de xx "comienza la esfera de conciencia". Ahora bien, el tiempo inmanente corre de xx a Ψ1, según dijimos: pero esta es la "dirección que siguen las representaciones emergentes hacia la esfera de luz, tales como I'. Es evidente, pues, que toda emergencia de un símbolo en la esfera de conciencia sucede en el sentido del tiempo inmanente. Las notas principales de la energía psíquica, en que consiste todo símbolo emergente, son: movimiento, intensidad y dirección; al movimiento lo hemos llamado "emergencia" y a la dirección "intención". Sin embargo, por se­guir el sentido del tiempo inmanente, de xx a Ψ1, a la dirección de todo símbolo emergente se la denomina: INTENCIÓN TEMPORAL. Este concepto ya había sido adelantado en el articu­lo 'A' del inciso anterior. Allí, en efecto, se dijo: "Sabemos ya cuando se inicia la conciencia pero lo que más nos interesa es conocer que modificaciones introduce su presencia en el pensar racional; vale decir ¿qué dimensión o característica del pensar nos demuestra inequívocamente que se trata de una "conciencia" y no de ningún acto psíquico? Respuesta: la intención tempo­ral del pensamiento". Y, más adelante: "El pensamiento de una Relación puede adquirir, por la referencia a sí mismo de su dimensión potencia, caso (c), una "intención temporal" determina­da; y eso lo convierte en "consciente". Estos comentarios, y otros por el estilo, que se hicieron en artículos anteriores han de quedar ahora completamente aclarados al conocerse la naturaleza del tiempo inmanente.

Consideremos nuevamente la "expresión energética del pensamiento del pasú": W. Tt = Ep; esto es: la potencia activa del concepto xx (W) por el tiempo trascendente o "duración de la vivencia sistemática" (Tt) es equivalente a la energía psíquica (Ep) del símbolo I.

Sabemos que la Relación xx subsiste en el tiempo trascendente y que, al ser vivenciada por el sujeto cultural, el substrato de su potencia activa causa la energía del símbolo I que imita al concepto xx; si la potencia activa esta referida a sí mismo entonces el símbolo I emer­gerá dirigido hacia Ψ1, es decir, su energía tendrá el carácter de "primera intención": ahora sa­bemos, también, que la primera intención apunta en la dirección del tiempo inmanente. De acuerdo a la definición dada, es evidente que el pensamiento de todo símbolo emergente, su aprehensión por el sujeto, ha de constituir una "conciencia de", ya que ello no puede ocurrir mas que en la esfera de conciencia, tal como se había adelantado.

Una interpretación temporal de la "expresión energética" nos va a permitir responder a un difícil interrogante. En efecto, si la conciencia transcurre en un tiempo propio, al cual no interfiere el tiempo trascendente debido a su anisotropía esencial ¿cómo es que el sujeto cons­ciente toma conciencia de la temporalidad trascendente de los entes externos? La respuesta hay que buscarla en la "expresión energética", en la determinación intencional que la potencia activa introduce a la energía de todo símbolo emergente que procede de la estructura cultural: mientras la potencia activa (W), que se encuentra en el primer miembro de la expresión, TIENE LA DIRECCIÓN DEL TIEMPO TRASCENDENTE (Tt), por el cual está multiplica­do, por el contrario la energía equivalente (Ep) demuestra una DIRECCIÓN TRANSVERSAL a la de (Tt); tal "dirección transversal" es la que indica la primer intención, casos (a), (b) o (c). Si considerásemos, sólo a título analógico, a los términos de la expresión energética como magnitudes vectoriales, diríamos que el vector energía (Ep) "ROTÓ" de la dirección del tiem­po trascendente a la del tiempo inmanente.

Resulta así que, aunque los tiempos trascendente e inmanente coexistan sin interferirse, existen ciertos ENTES INTERNOS, o "SÍMBOLOS PSÍQUICOS", capaces de PERMANE­CER en la dirección del tiempo trascendente o rotar temporalmente y SUCEDER a la dirección del tiempo inmanente: los símbolos que permanecen en el tiempo trascendente son, desde luego, los Principios y Relaciones, vale decir, los sistemas de la estructura cultural; los símbo­los que suceden en el tiempo inmanente, POR CAUSA DE LA POTENCIA ACTIVA DE LAS RELACIONES, son las representaciones de conceptos, tales como I' (figura 21), que emergen con primera intención hacia el umbral de conciencia Ψ. La expresión energética des­cribe la relación de causa y efecto que vincula al símbolo homólogo I' y al concepto xx. Una primera aproximación a la respuesta buscada es, entonces, que: todo símbolo emergente, cuya substancia es la energía psíquica (Ep), contiene un dato que revela al sujeto consciente la existencia del tiempo trascendente. Es fundamental destacar la siguiente propiedad: dicho dato permanece invariante durante la rotación temporal de la energía (Ep) y se mantiene en la suce­sión inmanente de la emergencia.

Hay que aclarar que "el tiempo trascendente" revelado al sujeto consciente por tal dato del símbolo emergente corresponde siempre a una DURACIÓN ORIGINARIA del ente exter­no, duración que ha sido interpretada por la razón como propiedad sémica del esquema. Esto quiere decir que, cuando el esquema es vivenciado por el sujeto cultural, y su potencia produce una representación consciente, la duración originaria se ha de transferir invariablemente al símbolo emergente como un dato pronto a ser notado por el sujeto consciente.

En consecuencia, la conciencia de la duración originaria del ente externo procede de un dato del símbolo emergente, es decir, de una propiedad objetiva a posteriori, y no de una in­tuición a priori del tiempo como pretende Kant.

El microcosmos potencial participa del tiempo trascendente del macrocosmos y posee un tiempo propio, inmanente a la esfera de conciencia; ambos tiempos coexisten sin interfe­rirse Y SON REALES; ambos pueden ser conocidos como sucesión pura, sin referencia a ente alguno, por el sujeto consciente: el tiempo inmanente por AUTOSCOPÍA de su propia esencia, y el tiempo trascendente, tal como se demostrará más adelante, por intuición de la extensión irrelevante de la significación continua. Pero el hecho de que efectivamente pueda ocurrir la intuición pura del tiempo no implica que ésta deba constituir el fundamento a priori de la tem­poralidad de los entes; por el contrario, la conciencia de la duración de un ente en el tiempo trascendente procede de una propiedad objetiva de su representación, propiedad que refleja aquella duración originaria, vale decir, es un dato a posteriori.

Como primera aproximación obtuvimos que el sujeto consciente conoce el tiempo tras­cendente indirectamente, por un dato propio de la representación consciente. Para completar la respuesta debemos indagar, pues, sobre la naturaleza de tal dato.

El dato temporal el sujeto consciente lo recoge del símbolo emergente; mas ¿qué es un símbolo emergente? Respuesta: una estructura cuya substancia consiste en energía psíquica (Ep). Pero toda estructura determina una forma: el símbolo emergente es, también, una forma substancialmente energética. Esto se comprueba analógicamente en la figura 19, adonde el símbolo I, homólogo al concepto xx, se ha representado arbitrariamente como una forma trian­gular. Considerando esta definición podemos afirmar que el dato buscado, por cuyo interme­dio el sujeto consciente conoce el tiempo trascendente, es la EXTENSIÓN FORMAL de todo símbolo emergente. Con el fin de aclarar la cuestión vamos a remitirnos al estudio analógico del articulo "F" del inciso anterior.

Ante todo, recordemos que "el tiempo trascendente aumenta en el sentido de la dimen­sión extensión (ver figura 18)". La extensión" del concepto xx, en efecto, constituye una medi­da del tiempo trascendente que, además, SE CONSERVA INVARIANTE en el símbolo ho­mo­logo I', aún cuando su energía (Ep) haya rotado temporalmente: LA INVARIANCIA DE LA DIMENSIÓN EXTENSIÓN ES EL DATO QUE REVELA AL SUJETO CONSCIENTE UNA "DURACIÓN" ORIGINARIA EN EL TIEMPO TRASCENDENTE. Esto ya lo había­mos adelantado en el comentario tercero de citado articulo: "Consideremos ahora el símbolo I, manifestado por la potencia del Concepto xx. Ambos elementos son sémicamente homólogos aunque difieren en sus dimensiones. Si tenemos en cuenta que el símbolo I, de la figura 19, es efecto del concepto xx hemos de concluir que TANTO LA EXTENSIÓN COMO LA COM­PRENSIÓN DEL CONCEPTO ESTÁN IGUALMENTE EN EL SÍMBOLO I: la extensión del concepto, en efecto, es denotada en el símbolo I POR LA DURACIÓN durante la cual se manifiesta en el pensamiento; la comprensión del concepto es función del espesor de la tajada e igual al volumen de ésta: podemos convenir en que el espesor del símbolo, y su volumen, son iguales a los del concepto tajada". "LA EXTENSIÓN DEL CONCEPTO ES IGUAL A LA EXTENSIÓN DEL SÍMBOLO Y LA COMPRENSIÓN DEL CONCEPTO ES IGUAL A LA COMPRENSIÓN DEL SÍMBOLO".

La extensión del símbolo revela al sujeto consciente, según hemos visto, la duración originaria del ente externo, vale decir, revela sólo aquella cantidad de tiempo trascendente que corresponde a la percepción sensible del ente externo o a la rememoración de su esquema; entonces, cabe preguntar ¿cómo podría percibir el sujeto consciente la sucesión pura del tiem­po trascendente, desligada de toda referencia óntica? Con otras palabras ¿puede experi­men­tarse la conciencia de una intuición pura del tiempo trascendente, a pesar de su anisotro­pía? Respuesta: El sujeto consciente, en ausencia de toda representación, puede intuir la su­cesión del tiempo trascendente debido a su paralelismo con la significación continua que fun­damenta el pensar racional. En la figura 21 se advierte que el Plano de significación (STt) del lenguaje habitual es horizontal y paralelo al umbral de conciencia Ψ hacia donde el sujeto consciente tiene centrada su atención; pero, además, el plano de significación (STt) es extenso en direc­ción (o Tt), es decir, en el sentido del tiempo trascendente: todo esto nos indica que, aunque en el contexto del lenguaje habitual no sea notado ningún concepto ("concepto vacío"), la percep­ción de la significación continúa como pura extensión sistemática, su duración sin relie­ve, equivale a la intuición consciente del tiempo trascendente.

D - Estudio analógico del tiempo inmanente.

En el inciso anterior, al describir el "espacio analógico" de la esfera de conciencia, distinguimos tres cuadrantes analógicos: el (yx) o "plano de significación y contexto"; el (zy); y el (zx) "que aparece frontal en la figura 20 y al que denominamos PLANO TEMPORAL". En la figura 21 el plano temporal (Ψ Tt) nos permite apreciar el perfil extenso del símbolo I y su proyección hasta el nivel de estabilización (Ψ1), como I'. Sin embargo, para observar con deta­lle las relaciones temporales analógicas, conviene considerar la figura 24, en la que se ha dibu­jado el plano temporal (Ψ Tt) por separado.

Vamos a destacar los detalles más salientes de dicha figura antes de interpretar el fenó­meno que representa. Observemos, en primer término, el sistema xx que está alineado por su extensión con el eje del tiempo trascendente: en el interior del perfil cilíndrico se ve en líneas de puntos el espesor del concepto xx, es decir, de una TAJADA de la Relación xx notada en un plano de significación perpendicular al dibujo. Recordemos que la dimensión "comprensión" del concepto xx es equivalente al volumen de la tajada; o sea: "la comprensión es función del espe­sor.

Sobre el sistema xx, por otra parte, vemos en color rojo el perfil extenso del símbolo I. El mismo es una REPRESENTACIÓN RACIONAL del concepto xx, producido por su poten­cia activa de acuerdo con la expresión W. Tt = Ep; esto significa que la energía (Ep), en que consiste substancialmente el símbolo I, ha rotado temporalmente. Naturalmente, la rotación de la energía (Ep) se debe a la referencia de sí mismo, tal como fue estudiado en los casos (a), (b) y (c); pero ésa es otra cuestión. La energía (Ep) dirige, así, al símbolo

 

 

FIGURA 24

 

 I en dirección del um­bral de conciencia Ψ, vale decir, en el sentido del tiempo inmanente. Por eso el eje (o Ψ), 

que en la figura 21 sólo correspondía a los distintos niveles de la energía psíquica de la esfera de conciencia, ahora representa también la variación del tiempo inmanente (Fig. 24).

El tiempo inmanente "brota como corriente de manantial del nivel xx", vale decir, se inicia en el eje analógico (ox). La emergencia de I, pues, que se dirige hacia Ψ guiada por la primera intención, sucede netamente en el tiempo inmanente, se desliza por la corriente del TIEMPO TRANSVERSAL hasta manifestarse con claridad en la esfera de luz. Que el tiempo inmanente es un tiempo transversal, propio del microcosmos, se comprueba en la figura 24, observando la perpendicularidad que guarda su transcurrir con respecto al tiempo trascendente (Tt).

Desde el punto de vista analógico, la forma total del símbolo I'; tal como se ve en la fi­gura 21, denota otras cualidades tales como la imagen o el significado proposicional, cualida­des todas muy importantes pero que no nos interesa considerar en el análisis temporal. En cambio las dimensiones extensión y comprensión, del símbolo I', revisten considerable valor por la significación temporal que pueden revelar al sujeto consciente. Estas dimensiones son, justamente, las que muestran el perfil de I', graficado en el plano temporal de la figura 24: la "extensión del símbolo I', corresponde a la longitud del perfil; y a la "comprensión", "que es función del espesor", es denotada por el espesor geométrico del perfil. Por motivos que pronto quedarán en claro, es conveniente suponer que el símbolo I' es homólogo a su concepto xx de gran comprensión, caso que podemos representar por medio de un perfil de gran espesor. Esta nueva situación se muestra en la figura 25

Vamos a interpretar temporalmente, el fenómeno de la representación consciente I'. Para ello comencemos por recordar que el sujeto consciente integra la esfera de luz y mantiene su atención dirigida hacia el umbral de conciencia Ψ: ÉSTA ES LA ACTITUD "NORMAL" DEL PASÚ, según el grado evolutivo con que lo venimos estudiando. En tal hipótesis, el sím­bolo I' emerge frente al sujeto consciente dirigido hacia sí mismo por la primera intención. En el nivel Ψ1, se estabiliza energéticamente e intenta desplegar su proceso; si el sujeto consciente es volitivamente eficaz, su atención DETENDRÁ al símbolo en el nivel Ψ1, caso que exami­namos

 

 

FIGURA 25

 

aquí. Pero ¿qué significa DETENER al símbolo I' en el nivel Ψ1, desde el punto de vista temporal? Respuesta: Que el sujeto consciente RETIENE al símbolo como objeto de su aten­ción. Si así no ocurriera, si el sujeto consciente no lo retuviese frente a sí, el símbolo desapare­cería de la visión eidética para integrarse al esquema de sí mismo, en algún sitio de la esfera de conciencia.

Esto se hará claro si recordamos que en el articulo "E" del inciso anterior comparamos al sujeto anímico evolutivo con un haz de luz, el cual, al atravesar sucesivos filtros, conforma­ba los sujetos propios de las estructuras psíquicas del microcosmos: el sujeto racional, el suje­to cultural y el sujeto consciente. Bien que se mire esta alegoría, resalta inmediatamente que al comparar el sujeto anímico con un haz de luz estamos otorgando a este un neto carácter fluyen­te y sucesivo. Ahora sabemos que "el tiempo inmanente es la esencia de la conciencia" y que transcurre "en dirección transversal" a la del tiempo trascendente; nos preguntamos ¿concuerdan estas características con aquella alegoría óptica? Respuesta: Sí. Y ello se demues­tra mediante la siguiente interpretación. Al atribuir fluencia al sujeto anímico evolutivo, al su­ponerlo "semejante a un haz de luz", CONSIDERAMOS TÁCITAMENTE QUE LOS TRES SUJETOS QUE CONFORMA JERÁRQUICAMENTE SON SUCESIVOS, ES DECIR, TEMPORALES. Sin embargo, los dos primeros sujetos, racional y cultural, por animar estruc­turas funcionalmente sincronizadas en el tiempo trascendente del macrocosmos, participan del orden macrocósmico al desenvolverse en una sucesión de actos dirigidos en el sentido del tiempo trascendente; esto es: el fluir de los sujetos racional y cultural, luminoso si se quiere, acaece paralelamente con el transcurrir del tiempo trascendente. SIN QUE PUEDA ESTA­BLECERSE UNA DIFERENCIA DE DIRECCIÓN ENTRE AMBOS. Quiere decir que, aún cuando aceptamos que LA ESENCIA DEL SUJETO ANÍMICO EVOLUTIVO "COMPLETO" ES TEMPORAL, no habría manera de establecer diferencia alguna entre la temporalidad inmanente de los sujetos racional y cultural, y la sucesión del tiempo trascenden­te; y a tal indiferencia la denominamos, con razón, INCONSCIENTE; "inconsciente" es el modo en que ocurre la acción de los sujetos racional y cultural. Por eso se afirma sólo que "la esencia de la conciencia es el tiempo", aludiendo al suceder transversal del sujeto consciente, aunque, tal como se desprende de la alegoría del haz de luz, el sujeto anímico completo sea esencialmente temporal.

El segundo filtro que intercepta el haz de luz, amarillo, era análogo a la estructura cultu­ral: la luz que los atravesaba formaba un pequeño haz color verde, equivalente al sujeto cons­ciente. Pues bien, si imaginamos que dicho haz resultante SE DESVÍA DE SU DIRECCIÓN ORIGINAL, INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE ATRAVESAR EL FILTRO AMARILLO, YA TENDREMOS LA IMAGEN ALEGÓRICA DE UN SUJETO CONSCIENTE, CONS­TITUÍDO ESENCIALMENTE POR UNA SUBSTANCIA QUE FLUYE EN DIRECCIÓN TRANSVERSAL A LA DEL HAZ ORIGINAL. Esta imagen, que corresponde analógicamen­te con el concepto de tiempo inmanente transversal expuesta anteriormente, puede observarse en la figura 26, en el haz "G" análogo al sujeto consciente.

A pesar de que la alegoría es por demás evidente, cabe destacar que las relaciones ana­lógicas entre el carácter temporal de la conciencia y la naturaleza lumínica del haz "G" llegan tan lejos que hasta coinciden en la extraña propiedad de ser "continuo y discontinuo". El por­que el tiempo trascendente, y todo tiempo, es continuo y discontinuo a la vez se explica en el libro Física Hiperbórea; pero conviene advertir aquí que, en efecto, la luz puede comportarse en forma "continua" como ONDA y en forma "discontinua" como CORPÚSCULO O QUANTO.

 Al estudiar la figura 26, hay que tener en cuenta que la desviación del haz lumínico "G", con respecto a la dirección que llevaban los haces "E" y "F", REPRESENTA analógicamente la dirección propia del tiempo inmanente, la cual es transversal a la del tiempo trascendente. Pero el haz "G", análogo al sujeto consciente, se refleja en el espejo curvo "D", ANÁLOGO A LA SUPERFICIE EXTERIOR DE LA ESFERA DE LUZ ¿qué significado hay que extraer de este hecho? Respuesta: Ante todo, que el sujeto consciente, cuya esencia es absolutamente sucesiva, OBSERVA POR REFLEJO LA ESTRUCTURA CULTURAL ("C"); vale decir, el sujeto consciente "mira hacia la estructura cultural", hecho que ya conocíamos del inciso ante­rior. Sin embargo, la alegoría nos dice más aún. Si el sujeto consciente no se reflejase, en cierto momento de su acaecer, NO HABRÍA POSIBILIDAD DE CONTENIDO CONSCIENTE ALGUNO: el sujeto SE ALEJARÍA TEMPORALMENTE de todo símbolo emergente, de toda representación, de toda imagen, EN DIRECCIÓN OPUESTA A SU APARICIÓN; seria como si el sujeto consciente, entregado extáticamente a su fluir, DIESE LA ESPALDA A LOS SÍMBOLOS REFERENTES AL MUNDO, y éstos pujasen inútilmente por darle alcance.

Debemos sacar de esta alegoría dos conclusiones. La primera es que, aún cuando la esencia de la conciencia sea el fluir temporal, el sujeto consciente ha de oponerse a su propia fluencia para "mirar hacia atrás" y recoger los símbolos emergentes. La segunda es que esta reflexión intencional, que procura aprehender contenidos sémicos, sólo tiene sentido si tales contenidos existen; es decir, que "la conciencia" sólo puede ser "conciencia de algo": sin contenido, el sujeto consciente se desarrolla en una absoluta fluencia temporal que lo lleva hacia el futuro; pero ese tránsito hacia el todo y la nada final sólo puede efectuarse en un éxta­sis hiperconsciente que es, por eso mismo, inconsciente del mundo. Mas cuando existe el sím­bolo emergente, la representación del ente producida por el sujeto cultural o racional, entonces el sujeto consciente se coloca "de espaldas" al sentido de su fluir temporal para "tomar con­ciencia" del mismo: y sólo así hay verdadera "conciencia", pues se trata de la "conciencia de" un contenido sémico. Naturalmente, cuando el sujeto consciente se halla motivado para reque­rir material simbólico del esquema de sí mismo o "memoria representativa" con el fin de for­jarse una fantasía, ocurre el mismo proceso: el sujeto "mira" hacia el umbral de conciencia, es decir, se enfrenta al símbolo emergente "dando la espalda" a su propio acaecer temporal.

Es importante advertir que en esta reflexión que el sujeto consciente efectúa sobre su propio sentido, para enfrentarse a los símbolos emergentes, manifiesta una preeminencia del futuro que condiciona inevitablemente todo acto consciente. El sujeto consciente, en efecto, al RETENER el símbolo frente a sí, en realidad lo ha esperado un instante y por eso lo aprehende DESDE EL FUTURO: aunque ese instante sea infinitesimal, no es posible desconocer que el sujeto consciente, situado en su propio instante de aprehensión, constituye el futuro del símbo­lo, un futuro que al convertirse en presente se denomina "conciencia del símbolo".

Durante la retención el símbolo se encuentra en el presente del sujeto consciente y por eso se denomina "conciencia presente" a su aprehensión. Pero, si bien el sujeto consciente se enfrenta al símbolo "dando la espalda" a su propia fluencia temporal, tal fluencia no deja por eso de existir y de impulsar al símbolo hacia el pasado: el símbolo emergente sucede en el tiempo inmanente y su corriente trata de arrancarlo de la presencia del sujeto consciente. En la retención ocurre, pues, una puja dialéctica entre la atención del sujeto consciente,

 

FIGURA 26

 

puesta en retener presente al símbolo, operando "desde el futuro", y la corriente del tiempo inmanente que lo arrastra hacia el pasado. Que el presente es una neutralidad subjetiva producto de una confrontación dialéctica es algo que se comprueba en el hecho de que, al quitar la atención, es decir, la oposición puesta en el símbolo, ésta se pierde inmediatamente en el pasado. Y tal confrontación sólo es posible porque el sujeto consciente, para retener al símbolo, ha debido reflexionar sobre su propio transcurrir situándose "de espal­das", como lo muestra analógicamente en la figura 26 la reflexión de "G" en el espejo "D": el sujeto consciente, vuelto al revés del tiempo inmanente, no puede menos que oponerse a un símbolo que avanza en la dirección de su atención. Así, la retención es el producto sintético de un acto de oposición que ABRE, subjetivamente, una brecha en la serie de instantes del tiempo inmanente: la conciencia PRESENTE del símbolo.

El carácter dialéctico de la retención puede también inferirse de la figura 24, observan­do que la dirección del tiempo inmanente va desde el eje xx hacia la esfera de luz, es decir, en dirección inversa al "mirar" del sujeto consciente, quien centra su atención en el umbral de conciencia Ψ. Es evidente allí que el símbolo I' se enfrenta al sujeto consciente. Pero el senti­do de la flecha Ti indica el futuro del sujeto consciente, futuro al que este "vuelve la espalda" para aprehender a I'. Y, por el contrario, la dirección de Ti indica el pasado de I', la región a la que irá el símbolo cuando el sujeto quite su atención y éste desaparezca del presente. Resulta claro, entonces, que la retención de I' en un "presente" es producto de la oposición que el suje­to consciente efectúa desde el futuro inmanente para detenerlo; I', por su parte, sucede en el tiempo inmanente y ese transcurrir lo impulsa hacia el futuro inmanente que resulta así, por su oposición, el pasado subjetivo del sujeto consciente.

En resumen, al "mirar" hacia el umbral de conciencia, en dirección opuesta a su fluencia esencial, el sujete consciente considera al pasado inmanente como si fuese una especie de futuro, toda vez que "espera" percibir sucesos procedentes de esa dirección. Pero en esa dirección, que es una especie de futuro subjetivo, sólo esta el mundo intermediario de la estructura cultural y, más allá, el mundo exterior, el macrocosmos y el tiempo trascendente. De aquí que al percibir los símbolos emergentes, el sujeto consciente cometa el error gnoseológico de tomar el dato de la duración originaria del ente en el tiempo trascendente, es decir, la extensión, por una aprehensión efectiva del tiempo. En consecuencia, aunque la anisotropía del tiempo trascendente permite la fluencia inmanente de la conciencia, ocurre el absurdo hecho de que el sujeto consciente se identifica con el tiempo trascendente a partir de la dimensión extensión del símbolo emergente. Pero esto lo explicaremos paso a paso valiéndonos de la figura 25.

Para comenzar, observemos que todo sujeto consciente dispone de la curiosa posibili­dad DE VIVENCIAR EL PRESENTE DESDE DOS PERSPECTIVAS DIFERENTES. Se­gún se explicará enseguida, se trata de dos actitudes que el sujeto consciente puede adoptar frente A UN MISMO símbolo emergente durante su retención.

Es posible, en efecto, que el sujeto consciente perciba el símbolo I', como objeto en el tiempo, DESDE LA PERSPECTIVA DE SU EXTENSIÓN O DESDE LA PERSPECTIVA DE SU COMPRENSIÓN. En el primer caso la extensión del símbolo I' reflejará la duración original del ente en el tiempo trascendente: la conciencia presente de I' será entonces EX­TENSIVA y por eso en la figura 25 hemos señalado con las iniciales S.P.E. el lugar geométri­co analógico del S-ujeto en P-resente E-xtensivo. En el segundo caso la comprensión del sím­bolo I' permitirá la aprehensión de tiempo inmanente, tiempo en el que verdaderamente sucede la emergencia de I': la conciencia presente de I' es, entonces, COMPRENSIVA y por eso he­mos señalado con iniciales S.P.C. el lugar geométrico analógico del S-ujeto en P-resente C-omprensivo. Vamos a explicar ambos casos para exponer la conciencia del tiempo trascendente y la conciencia del tiempo inmanente, y mostrar que sólo la ultima constituye un conocimiento cierto sobre la naturaleza del tiempo, sobre el carácter dialéctico del presente subjetivo.

 

E - El sujeto consciente en presente extensivo S.P.E.

Aún cuando el pasú haya desarrollado el sujeto consciente, existe una fase primitiva de la evolución en la que los contenidos conscientes se refieren exclusivamente a entes externos: en tal caso se dice que "la conciencia del pasú está orientada hacia el mundo". Naturalmente, el sujeto consciente no puede realmente exteriorizarse en el mundo, asomarse directamente al macrocosmos, debido a la anisotropía del tiempo trascendente que le impide suceder en el. Para una esencia crónicamente transversal el acceso al mundo exterior sólo es posible indirec­tamente por medio de representaciones de los entes externos. Esa es, justamente, la función que cumple EL MUNDO INTERMEDIARIO DE LA ESTRUCTURA CULTURAL, que se en­cuentra entre la esfera de conciencia y la esfera sensorial: por su intermedio sólo podrán conver­tirse en objetos conscientes aquellos entes que previamente hayan sido racionalizados y es­quematizados. Mas, no obstante esa intermediación racional que mantiene al sujeto consciente perpetuamente aislado de la presencia fáctica de los entes, que los conforma culturalmente y que propone el significado como "verdad del ente" en los términos de un lenguaje, es decir, no obstante recibir sólo un aspecto del designio del ente, el sujeto consciente del pasú concentra su atención exclusivamente en el mundo exterior. En pocas palabras: la conducta constituye la motivación principal de sus actos conscientes. A esta fase primitiva de la evolución correspon­de PERMANENTEMENTE un "sujeto consciente en presente extensivo" (S.P.E.). Cualquier pasú, por supuesto, no importa cual sea su grado evolutivo, si posee sujeto consciente estará en condiciones de experimentar ALTERNATIVAMENTE el presente extensivo; sin embargo, aquí ponemos la condición de que ello ocurra "permanentemente" porque nos ocupamos del caso típico del pasú previo el encadenamiento espiritual.

Un pasú con S.P.E. conoce hasta cierto punto la verdad de los entes y puede conducirse racionalmente en el mundo, en concordancia con el objetivo de su finalidad. Sin embargo, en cuanto al tiempo trascendente del macrocosmos, el S.P.E. comete un grave error gnoseológico. Veamos. La extensión de I ocurre, según se ve en la figura 18 y siguientes, PARALELA­MENTE con el transcurso del tiempo trascendente. Es aquí que la extensión guarda una razón, una RATIO, es decir, una proporción, con el tiempo trascendente: tal razón se denomina DU­RACIÓN y corresponde a la duración originaria real del ente esquematizado; recordemos que I puede representar al esquema de cualquier ente y no sólo a una forma triangular. La extensión del símbolo I, según explicamos, sólo REFLEJA mediante un RATIO aquella duración origi­naria, vale decir, es un dato indirecto de la temporalidad del ente. Pues bien: el error del S.P.E. consiste en CONFUNDIR la conciencia de la extensión con la aprehensión real y afectiva de la duración trascendente. En la figura 25 se ve que el símbolo I' se encuentra frente al S.P.E. en el aspecto analógico de la esfera de conciencia, vale decir, donde sólo existe el tiempo inma­nente: la percepción de la extensión sólo puede brindar una representación de la duración ori­ginaria pero jamás un acceso directo al tiempo trascendente.

¿Qué consecuencias provoca esta confusión del S.P.E.? Respuesta: Que el sujeto cons­ciente creerá percibir directamente el tiempo trascendente cuando en realidad sólo cuenta con datos extensivos de los entes; esta creencia conducirá a la suposición absurda de que el tiempo trascendente es esencialmente análogo a la extensión, es decir, que es continuo, lineal, etc.: por eso se le descompondrá en instantes ANÁLOGOS a los puntos del espacio extensivo, o se identificará estos instantes con dichos puntos. El tiempo trascendente seria, así, una sucesión de instantes, todos iguales entre si, que se corresponden biunívocamente con los puntos del espacio: la "duración" de un ente espacial consistiría en una especie de "extensión temporal" que surge de la aplicación del espacio puntual del ente sobre el tiempo instantáneo DURANTE un lapso determinado de su existencia. Desde luego, nada de esto es cierto pues, como se de­muestra en el libro Física Hiperbórea, el tiempo trascendente es algo muy distinto de una su­cesión lineal de instantes.

La extensión de la representación I' sólo puede aportar al sujeto consciente un dato indi­recto sobre la duración original del ente representado: al confundir este dato indirecto con una "conciencia del tiempo" se comete un grave error gnoseológico. Pero el error es mayor aún cuando a tal "conciencia (falsa) del tiempo" se le atribuye una vinculación directa con la pre­sencia de la representación: entonces se cree percibir, en la extensión, la duración DEL PRE­SENTE. Mas este "presente" subjetivo es una ilusión y el tiempo del que parece surgir, y al que remite, un tiempo falsificado, inventado por el S.P.E.

Observemos la figura 25. El símbolo I' emerge frente al S.P.E. y ésta lo percibe en ex­tensión. Toma así "conciencia" de la duración y cree percibir el presente. Pero el presente real es un espacio dialéctico, según vimos producido sobre el tiempo inmanente. El presente subje­tivo derivado de la extensión no es dialéctico sino emergente: comienza y termina junto con la representación puesto que depende de su extensión; por eso el presente subjetivo tiene una duración real variable: es tan corto o tal largo como la impresión que afecta la conciencia. La ilusión del S.P.E. consiste en creer que el presente es una claridad, una "conciencia", experi­mentada sobre la implacable y oscura sucesión del tiempo: "antes" de la duración (extensión) de la representación esta la oscuridad; "después" de la duración también. El antes y el después de la emergencia de I' son "momentos" irreales, creados por el S.P.E. para otorgar continuidad al tiempo falsificado. La representación queda, así, ligada subjetivamente en ambos extremos de su extensión con dos momentos irreales: una especie de "pasado" antes de la emergencia; y una especie de "futuro" después de la misma. Por supuesto, que la intuición de este tiempo falso es sumamente oscura y que lo único claro en cualquier punto de la serie de instantes solo es el presente subjetivo de la representación emergente.

Evidentemente, el tiempo extensivo es la reconstrucción que el S.P.E. efectúa del tiem­po trascendente, figurándose como seria su transcurrir en caso de que la anisotropía no le im­pidiese trascender la esfera de conciencia. Sin embargo el único dato indirecto, que refleja de algún modo el tiempo trascendente lo constituye la extensión, medida de la duración originaria: todo lo demás, el antes y el después, es supuesto, agregado por el S.P.E. El "tiempo", en el que se cree transcurre I', y sobre el que se advierte con claridad el presente de su presencia extensa, es en verdad un tiempo inexistente, falsificado: no es posible a la conciencia, cuya esencia es el tiempo inmanente transversal, conocer directamente el tiempo trascendente. Si ello fuese, por otra parte, posible, si el tiempo trascendente fuese capaz de suceder isotrópicamente y abarcar completamente la integridad del microcosmos, entonces no podría existir la conciencia del pasú ni ninguna otra conciencia fuera de la del Demiurgo.

F – El sujeto consciente en presente comprensivo S.P.E.    

Supongamos que el sujeto consciente ha retenido el símbolo emergente I' tal como se ve en la figura 25. Entonces, si en lugar de atender a la extensión experimenta la comprensión del símbolo, será posible que aperciba su propia esencia temporal, es decir, la sucesión del tiempo inmanente, y el carácter dialéctico del presente real. Para ello será necesario situarse en otra perspectiva, diferente del enfrentamiento extensivo del S.P.E., con el fin de aprehender com­prensivamente al símbolo. Esta nueva situación se ha señalado analógicamente en la figura 25 con las letras S.P.C.

Ahora bien, la COMPRENSIÓN es una dimensión de los conceptos análoga al volu­men de la tajada xx: la "comprensión" indica cuán cerca está el concepto de coincidir con la verdad del ente, es decir, el volumen de la tajada indica cuán cerca está el concepto, en térmi­nos sémicos, de coincidir con el esquema del ente o Relación. Como toda representación racio­nal, tal como I, es homóloga al concepto que significa, su dimensión comprensión es necesa­riamente equivalente, según se explicó en el inciso anterior (articulo "F", comentario Tercero). Entonces ¿qué significa "experimentar la comprensión del símbolo"? Respuesta: aprehender su estructura; tomar conciencia, no de la mera apariencia que denota la extensión, sino de su complexión sémica. Para ello es preciso situarse en una perspectiva justa, que permita COM­PRENDER de un solo golpe de vista, es decir, en un solo acto cognoscente, la estructura del símbolo. Esto es: el sujeto consciente debe situarse, no frente al símbolo, sino A LA PAR de éste; viéndolo, NO COMO EMERGENTE, SINO COMO CIRCULANTE. En otras palabras: aún estando retenido en el presente, la observación comprensiva del S.P.C. debe darse a la par del símbolo, advirtiendo la dirección de su tránsito, es decir, comprobando que la emergencia sucede en el tiempo inmanente.

Hay que afirmar enérgicamente que no es posible comprender a ningún símbolo o repre­sentación consciente sin un efectivo cambio de perspectiva del sujeto consciente: no existe aquí un "principio de relatividad" que permita, por ejemplo, girar el símbolo con la fantasía y "encarar la comprensión de frente". Esto es imposible porque SIEMPRE, en todos los casos posibles, el aspecto frontal del símbolo es extensivo para el sujeto consciente. Para experimen­tar su comprensión se requiere indefectiblemente un movimiento del sujeto consciente que lo sitúe A LA PAR del símbolo retenido.

La primera intención dirige I' hacia sí mismo y, por lo tanto, su emergencia sucede en el tiempo inmanente. Al surgir en la conciencia, es decir, al atravesar el umbral de conciencia Ψ, el símbolo es retenido "desde el futuro" por el sujeto consciente, quien se sitúa luego en posi­ción favorable para su comprensión. Entonces, el símbolo I' es el contenido concreto, claro y definido, de un pensamiento consciente. En dicha conciencia, el S.P.C. ha de ser capaz de efectuar las siguientes distinciones:

Primero: ante todo experimenta la certidumbre objetiva del símbolo, es decir, hay eviden­cia patente de que el símbolo constituye un OBJETO diferente del S.P.C.

Segundo: en tal objeto, como una fuerza particular que apunta hacia sí mismo, percibe la PRIMERA INTENCIÓN.

Tercero: apercibe, también, la propia ATENCIÓN puesta en la retención, la cual es una especie de SEGUNDA INTENCIÓN que refiere al símbolo hacia el sujeto cognoscente.

Cuarto: capta, así, el momento PRESENTE como producto de una tensión dialéctica: la primera intención y la segunda intención se revelan como fuerzas claramente opuestas.

Quinto: COMPRENDER es percibir la estructura del símbolo, es decir, aprehender su esencia: esta posibilidad superior de conocimiento está vedada al S.P.E., quien sólo percibe una apariencia exterior, tanto más racional cuanto más reflexiva sea su indagación (ver inciso anterior, articulo 'G', comentario Segundo).

Sexto: finalmente, el S.P.C. puede apercibir su propia esencia sucesiva, es decir, el TIEM­PO INMANENTE. Pero tal apercepción, por ser comprensiva, se efectúa sin referencia alguna al tiempo trascendente, cuyo dato para el conocimiento indirecto es la extensión. Quiere decir que el S.P.C. es capaz de apercibir al tiempo inmanente en forma absoluta; de aquí que a la disposición del sujeto consciente para apercibir el tiempo inmanente se la denomine: FACUL­TAD DE AUTOSCOPIA CRÓNICA.

EL VIRYA PERDIDO: UN PASÚ CON LINAJE HIPERBÓREO.

 

En el último inciso hemos completado, aunque en forma ciertamente elemental, la ex­posición de los principales conceptos que la Sabiduría Hiperbórea afirma sobre el pasú, ese animal-hombre que habitaba la Tierra a la llegada de los Siddhas Traidores. Fue necesario expo­ner tales conceptos para explicar, quizá por primera vez en esta lengua exotérica, el Misterio del encadenamiento del Espíritu a la evolución de la materia. Sabemos ahora lo que el pasú es, conocemos las estructuras en las que se manifiesta subjetivamente su alma transmigrante: en consecuencia, sabemos que esto que el pasú es EL ESPÍRITU NO ES. Hemos dado, pues un paso importante hacia una visión inteligible del Misterio. El siguiente paso nos conducirá di­rectamente al núcleo del Misterio, es decir, al encadenamiento espiritual.

 

A - La herencia del virya.

Recordemos uno de los primeros párrafos del inciso "Traición y encadenamiento espiri­tual": "...la traición de los Siddhas Traidores se consumó PARA SERVIR A UN FIN ESPE­CIFICO: EL ENCADENAMIENTO DE LOS ESPÍRITUS-ESFERA AL PLANO MATE­RIAL. Volvemos pues a plantear aquella pregunta con la cual presentamos el modelo analó­gico del Espíritu-esfera: ¿cómo se encadena a la materia, a lo efímero de la vida, a las varia­ciones de la naturaleza, a los ciclos de vida y muerte, cómo se encadena, repetimos, un Espíritu eterno a esa ilusión?". Ahora que conocemos, analógicamente, que es un Espíritu (y también un pasú), vamos a explicar como pudo ser encadenado a la materia. A continuación se alude a la "clave genética del sistema Kármico" como un método consciente en plasmar, en la sangre del pasú, "una imagen del origen del Espíritu Hiperbóreo": "Así se constituye en la memoria de sangre el "recuerdo del origen", el cual es una auténtica herencia perpetua del Manú-Siddha Traidor; y se plasma en la sangre y no en cualquier otra substancia porque la "fuerza plasma­dora" empleada es la pasión: pasión en el maithuna o, si se quiere, amor".

"La clave del sistema consiste, entonces, en plasmar una imagen del origen en la sangre del pasú con lo cual éste adquiere una herencia divina y pasa a ser virya. Sólo cabe reiterar que tal donación no tiene ningún carácter bondadoso sino que apunta al encadenamiento de los Espíritus revertidos. Puede considerarse, para mayor claridad, que la "plasmación del origen" es la primera parte de un plan en dos etapas, la segunda de las cuales seria el encadenamiento propiamente dicho. La creación de la Minne tendría así el único objeto de facilitar la liga del Espíritu con la materia...". De estos párrafos, que estamos citando de un inciso anterior, se desprende el aterrador hechos que los viryas descienden genéticamente de seres divinos, Dioses extraterrestres, PERO QUE NO SON AMADOS POR ELLOS. Por el contrario, sus ancestros divino no vacilan en someterlos al despiadado sistema evolutivo de las reencarnaciones Kármi­cas basado en el dolor, y el sufrimiento, en el aprendizaje por el método de premios y castigos, es decir, de acción y reacción. Pero la mayoría de los viryas ignoran que en su ser existe una dualidad esencial. Y quizás sea, en muchos casos, mejor que así suceda: de otro modo, de sa­ber DE QUIEN DESCIENDEN, seguramente enloquecerían sin remedio. Por un lado, como pasú, el virya es animal-hombre, vale decir, UN HIJO DEL DEMIURGO; por otra parte, como depositario de una imagen del origen en la memoria de la sangre, el virya es también di­vino, vale decir, UN HIJO DE LOS SIDDHAS (TRAIDORES) HIPERBÓREOS. Como hijo del Demiurgo, su finalidad es alcanzar la autonomía óntica, la entelequia humana, para admi­rar, con el máximo sentido posible, Su Obra; ésa es la verdadera finalidad del pasú, quien, en tanto, suele creer que existe para otra cosa; pero tal ilusión se desvanece invariablemente cuando "al final de un Gran día de Manifestación" sobreviene "la noche de Brahma", el mahapralaya en el que toda la creación material es fagocitada por la nada succionante de un Final que es igual al Principio; y en esa nada, naturalmente, acaba todo,  los pasúes o viryas junto con toda clase de manifestaciones monádicas. Esta finalidad fatal de la naturaleza huma­na no es, desde luego, demasiado atractiva. Mas, como hijo de los Siddhas Traidores, el virya tampoco consigue avizorar un futuro benigno: sus antepasados divinos le ocultan, valiéndose de toda suerte de artimañas, el hecho y el derecho de la descendencia; pero, si por algún motivo extra Kármico, el virya llegase a percibir en la memoria de la sangre el recuerdo del origen, si llegase a sospechar que "algo en él no es de aquí", entonces se enfrentaría al odio y al despre­cio más terribles por parte de sus "divinos" antepasados; pero ellos no tratarían de destruirlos sino que emplearían sus increíbles poderes para sumirlo en una intensa ilusión máyica, es de­cir, para hundirlo aun más en la confusión estratégica; por este lado, pues tampoco puede espe­rar otra cosa que la disolución final del Pralaya cósmico, toda vez que los Siddhas Traidores no están dispuestos a entablar NINGÚN TRATO PARTICULAR con los viryas, es decir, nin­guno que pueda apartarlos del Karma.

Ante panorama tan sombrío ¿qué salida le queda al virya, que esperanza, puede alentar, de escapar a los Planes demenciales del Demiurgo y los Siddhas Traidores? Respuesta: La li­beración del Espíritu Hiperbóreo. Esto es: la única posibilidad de escape consiste en que el virya remonte su recuerdo hiperbóreo hasta el origen y se transmute en Divino Hiperbóreo, DESENCADENANDO al Espíritu cautivo, vale decir, que PROCURE LA "NORMALIDAD" DEL ESPÍRITU ESFERA REVERTIDO. Para que tal posibilidad se concrete efectivamente es necesario que el virya actúe en el marco de una ESTRATEGIA HIPERBÓREA, cuestión que se estudiará en la Segunda Parte: allí se describirá la ACTITUD GRACIOSA LUCIFÉ­RICA que debe adoptar el virya como postura estratégica básica de liberación espiritual. En lo que resta de la Primera Parte nos ocuparemos de un importante tema que debe ser aclarado previamente: el encadenamiento espiritual.

 

B - El Yo del virya y el Yo infinito.

Recordamos lo dicho anteriormente: los Siddhas Traidores han concebido "un plan en dos etapas", la primera de las cuales radica en la clave genética y la segunda en el encadena­miento espiritual. Debemos, pues, comenzar por la primera fase.

La clave genética, la herencia del origen, transforma al pasú en un virya. La mejor ma­nera de aclarar este hecho es preguntar si existe alguna diferencia evidente que demuestre tal transformación; o sea: ¿cuál es el efecto de la clave genética en el virya, el primero y perma­nente, que lo convierte en un ser diferente del pasú? Respuesta: La aparición del YO. En efec­to, en el pasú, lo más parecido al Yo es el sujeto consciente, el cual jamás dice "yo soy", ni aún cuando anima a un ente autónomo: el pasú una vez alcanzada la perfección entelequial o du­rante la evolución de la esfera de conciencia, actúa siempre en concordancia con el objetivo de la finalidad, poner sentido en los entes, producir cultura, etc. El sujeto consciente, de acuerdo con el objetivo microcósmico, cuando más se desarrolla tanto más se imbuye del carácter orgánico del macrocosmos, tanto más admira a la Obra y al Creador. Con otras palabras: cuanto mayor sea el nivel de conciencia del sujeto consciente del pasú, tanto más orientado hacia el macrocosmos se encuentran sus referencias exteriores. Un sujeto consciente altamente desarrollado esta "armónicamente" referido al Demiurgo y ello le impide definitivamente manifestarse como un Yo o, tan siquiera, experimentar un egoísmo espiritual semejante al del virya. ¿Mas como se caracteriza, entonces, un Yo? Respuesta: Por la certeza esencial de que la propia entidad es algo único, indestructible, inimitable y, desde luego, diferente del Demiurgo Jehová-Satanás, o como quiera que este se llame, y NO CREADO POR EL. Quien experimente esta certeza esencial es muy probable que sea un virya perdido. "Mi vivencia es la del Yo, el sentirme Yo" declara Miguel Serrano. Y continúa de este modo: "...es errado y peligroso pretender que nuestras vivencias sean compartidas por los demás. Una cosa que se podría tomar por simple, la vivencia del Yo, de sentirse Yo, podría parecernos natural y bien generalizada. Sin embargo, cada vez que he consultado a otros si ellos se sienten Yo, exclusivamente Yo, en medio del Universo, no he tenido éxito en traspasar esa aguda vivencia, encontrándome como frente a un muro impenetrable. Y en el rostro de los consultados, casi siempre una expresión de sorpresa, de desconcierto. Extrañamente, ellos no habían tenido esa vivencia. Ése no era su diapasón. (La sensación del Yo es un signo que señala al virya despierto). Al extremo que he llegado a pensar que en el mundo, únicamente yo me siento Yo."

Pero, si el Yo es algo diferente del sujeto consciente, si surge en el pasú por causa de la clave genética y es la evidencia de su transformación en virya ¿qué es, entonces, el Yo? Res­puesta: EN TODO VIRYA, EL YO ES LA MANIFESTACIÓN DEL ESPÍRITU ENCADE­NADO. Por supuesto, nos referimos al Yo antes definido, al Yo de Miguel Serrano, al Yo de la absoluta identidad individual. Esta respuesta nos obliga a realizar una inmediata aclaración para evitar una confusión bastante probable: LA RESPUESTA NO NOS DICE QUE EL YO "ES" EL ESPÍRITU; SÓLO NOS ASEGURA QUE ES "SU MANIFESTACIÓN". ¿Qué sig­nifica esta aclaración, qué agrega a la respuesta anterior? Respuesta: La aclaración apunta a evitar que se confunda el Yo con UNA EXPRESIÓN DIRECTA DEL ESPÍRITU, cuando sa­bemos ya, de los primeros incisos, que "el Espíritu encadenado no sabe que lo está". El Yo, efectivamente, es tenido por la forma más pura de "conciencia" y puede parecer contradictorio que por una parte se lo vincule al Espíritu, como evidencia del encadenamiento, y por otra se afirme que el Espíritu ignora su encadenamiento ¿cómo, si el Yo es conciencia, ignora el Es­píritu su situación? Justamente, porque esta pregunta constituye un error, se aclaró que "el Yo es la MANIFESTACIÓN del Espíritu encadenado" y no la expresión del Espíritu mismo. Aunque la distinción propuesta parece demasiado sutil, se torna inmediatamente clara cuando apelamos a los conceptos analógicos sobre el Espíritu obtenidos con la ayuda del Modelo de la Esfera.

En el inciso "El Espíritu-esfera revertido" vimos que el Yo Absoluto, de la "normalidad", se trasladaba al Yo Infinito de la "anormalidad" del Espíritu. El Yo infinito se sintetizaba en un "polo infinito", en el que convergían todas las proyecciones de los puntos exteriores de la esfera: el "polo infinito" se encuentra necesariamente en el infinito y, por eso, las proyecciones del Vultus Spiritus, el Rostro espiritual, traspasan el espacio cósmico del macrocosmos en todas direcciones. Resulta, así, que "entre el Espíritu-esfera y el Yo Infinito, ha de estar COMPLETO el mundo de los entes finitos, es decir, el macrocosmos "INTERIOR"; o, en otras palabras, el Yo Infinito sobrepasa POR EL INFINITO al mundo de los entes finitos; es como si, en la figura 8, TODO LO FINITO ESTUVIESE ENTRE EL CIRCULO VIOLETA (polo infinito expandido) Y EL CIRCULO VERDE (Rostro espiritual)". En el inciso siguiente se completaba ese concepto: "EL ESPÍRITU ESFERA REVERTIDO IG­NORA SU SITUACIÓN PORQUE ENTRE EL Y SU YO INFINITO SE INTERPONE EL ABSOLUTO DESORDEN DEL "ORDEN ARQUETÍPICO" O "PLANO MATERIAL"; EL ESPÍRITU REVERTIDO SE OPONE ESENCIALMENTE A DICHO "ORDEN" Y, TAL OPOSICIÓN, CREA UNA BARRERA DE INCOMUNICACIÓN CON SU PROPIO YO IN­FINITO QUE SE ENCUENTRA "MAS ALLÁ DEL PLANO MATERIAL"; POR OTRA PARTE EL YO INFINITO, DESDE EL INFINITO, SOLO "VE" LA SUPREMA ILUSIÓN DEL ORDEN ARQUETÍPICO, A "MAYA", AL "MIRAR" HACIA EL ROSTRO ESPIRI­TUAL. Tal el drama del Espíritu revertido que se llama: CONFUSIÓN ESTRATÉGICA".

Consideremos ahora el siguiente concepto de la Sabiduría Hiperbórea, cuyo significado ha de revelar finalmente el Misterio del encadenamiento espiritual: EL YO PARTICULAR DEL VIRYA SE OCASIONA POR LA REFLEXIÓN DEL YO INFINITO EN LA IMAGEN DEL ORIGEN, CUYO RECUERDO PERSISTE EN LA MEMORIA DE LA SANGRE. Lógica­mente, se requiere de varios comentarios para explicar tan importante concepto.

Primero: El concepto precedente es conocido con el nombre sintético de "ENCADENAMIENTO ESPIRITUAL" y debe entenderse que a él se alude toda vez que se mencione tal nombre. El "encadenamiento espiritual" es el segundo acto del Misterio Mayor llamado Traición Blanca de los Siddhas Traidores; el primer acto ha sido, naturalmente, la confusión y desorientación original de los Espíritus Hiperbóreos, Misterio que hemos explica­do analógicamente como "reversión de los Espíritus-esfera".

Segundo: Por otra parte, el "encadenamiento espiritual" se produce como efecto del "plan en dos fases" de los Siddhas Traidores, cuya primera fase consiste en la clave genética. De acuerdo a lo ya visto, podemos describrir de manera más completa dicho plan: La primera fase, la clave genética, introduce en la memoria de la sangre una "imagen del Origen", la cual consti­tuye una herencia perpetua que se trasmite biológicamente en las razas de viryas perdidos; como toda terminación psíquica la "imagen del Origen" tiene carácter sémico y, por eso, la Sabiduría Hiperbórea la denomina Símbolo del Origen; en la Segunda Parte se verá que la proyección exterior, significativa, del Símbolo del Origen es el misterioso Signo del Origen, del cual se deriva por deformación y mutilación, entre otros, la swástica Hiperbórea. La segunda fase del plan, el encadenamiento espiritual, se cumple cuando el Yo infinito, reflejado parcial­mente en el Símbolo del Origen, ocasiona el Yo particular del virya.

Tercero: En el Símbolo del Origen, del virya perdido, sólo se refleja una ínfima parte del Yo Infinito, el cual consiste en la síntesis polar de las infinitas "miradas" proyectadas en todas las direcciones del espacio (ver figuras 7 y 8). En el articulo "H" se explicará analógicamente este hecho.

Cuarto: Se entiende mejor, ahora, a la luz del concepto de encadenamiento espiritual, la afirmación anterior de que "el YO del virya es la MANIFESTACIÓN del Espíritu encadena­do" y que la misma no debe confundirse con una EXPRESIÓN DIRECTA del Espíritu. El Espíritu revertido, en efecto, ES ETERNO y, por lo tanto, NO SUCESIVO; esta cualidad esencial lo mantiene absolutamente apartado del tiempo trascendente del macrocosmos, en el cual ocurren los entes finitos y sucesivos. Mal podría, entonces, acaecer una "expresión directa del Espíritu" en el virya perdido, es decir, en el macrocosmos potencial: un ente que efectiva­mente sucede en el tiempo trascendente. Por el contrario el Yo del virya es una "manifestación del espíritu", pero una manifestación indirecta que se realiza cuando alguna de las infinitas mi­radas descubre, en un ente finito, el Símbolo del Origen y se reflejan en él. No es pues, el Es­píritu quien se "expresa" en el Yo sino que, por el contrario, su manifestación ocurre SIN QUE EL ESPÍRITU LO SEPA. Es evidente: si el Yo del virya participa del Yo Infinito, ha de pade­cer su misma incomunicación, es decir, la desorientación anormal causada por la Traición Blanca. "El Espíritu-esfera revertido ignora su situación porque entre el y su Yo Infinito se interpo­ne el absoluto desorden del plano material"; etc.

C - Objetivo del plan de los Siddhas Traidores.

En numerosas oportunidades hemos mencionado el objetivo del encadenamiento espiri­tual: los Siddhas Traidores pretendían completar la evolución del animal-hombre o pasú para que éste cumpliese con su finalidad de producir cultura y poner sentido en el mundo. El pasú se hallaba, en ese entonces, evolutivamente estancado, sin conseguir desarrollar la esfera de conciencia. La clave genética apuntaba, pues, hacia tal objetivo.

En el momento del encadenamiento, el pasú había adquirido el nivel evolutivo que muestran las figuras 11 y 11b: la esfera de conciencia era sumamente elemental, aunque cier­tamente existía, al igual que el sujeto consciente que la animaba. Sin embargo esta situación cambio radicalmente, el pasú desarrolló a breve plazo su esfera de conciencia y se transformó en un gran productor de cultura, cuando la clave genética posibilito la aparición del Yo del virya perdido.

Resumiendo, el objetivo del plan de los Siddhas Traidores coincidía TEÓRICAMENTE con el objetivo microcósmico de la finalidad del pasú: desarrollar completamente la esfera de conciencia. Pero, según hemos visto, el desarrollo completo de la esfera de conciencia con­duce a la autonomía óntica; y en esto difería PRÁCTICAMENTE el plan de los Siddhas Trai­dores con el Plan evolutivo del Demiurgo: ELLOS SÓLO IBAN A PERMITIR ALCANZAR LA AUTONOMÍA ÓNTICA, EL MICROCOSMOS ACTUAL, A AQUELLOS QUE SE HUBIESEN INCORPORADO PREVIAMENTE A LA JERARQUÍA OCULTA DE LA HERMANDAD BLANCA. Quienes no cumpliesen esta ultima condición serian destruidos o sumidos perpetuamente en la confusión.

De todas maneras, el animal-hombre de la tierra fue definitivamente transmutado por la acción concreta del Manú-Siddha-Traidor, es decir, por la inclusión hereditaria del Símbolo del Origen en la memoria de la sangre. Como se ha dicho, posteriormente la esfera de concien­cia se desarrolló en gran medida y los viryas fueron capaces de construir grandes civilizacio­nes, muchas de las cuales ya nadie recuerda.

 

D - La función de la sangre en la clave genética.

La sangre, desde luego, interesa todas las estructuras del microcosmos porque su distri­bución conforma la contraparte física del cuerpo astral, es decir, del vehículo sutil del alma. El sujeto anímico evolutivo, aunque se manifieste en estructuras especificas, en realidad proviene de la sangre, de determinadas funciones que la sangre ejecuta en las distintas estructuras del microcosmos. Es por la sangre, por una sangre astral que la ciencia de occidente aun descono­ce, que el alma se manifiesta como sujeto en las estructuras psíquicas del pasú; y en esa san­gre, como herencia Hiperbórea de los Siddhas Traidores, se encuentra depositado el Símbolo del Origen. Tal como se expuso en el inciso "Traición y Encadenamiento Espiritual" la clave genética ha hecho posible que en la sangre se conserve el recuerdo del ente increado y que, por él, el pasú se transforma en virya, ENCADENANDO al sujeto consciente el Yo, vale decir, la manifestación del Espíritu Hiperbóreo. Pero debemos advertir aquí que será imposible para todo virya perdido COMPRENDER la clave genética sin una previa iniciación tántrica de la Sabiduría Hiperbórea; en la Segunda Parte, no obstante, daremos una idea de tal iniciación EN UNA DESCRIPCIÓN ANALÓGICA que tiene la virtud de echar bastante luz sobre la clave genética. También es posible hallar muchos comentarios sugestivos en la novela de divulga­ción "La extraña aventura del Dr. Arturo Siegnagel" y en los libros de Miguel Serrano. Empe­ro, si bien no conviene entrar en los incomprensibles detalles de la clave genética, es impres­cindible señalar en qué consiste su técnica: en el maithuna, vale decir, en el acto sexual entre el Manú y los miembros de la especie humana. El maithuna constituye para el pasú, aparte de la ejecución de su función procreativa, UN MODO DE CONOCIMIENTO SENSI­BLE: en efecto, durante el apareamiento el cónyuge es un ente externo que impresiona inten­samente la esfera sensorial y aporta a la razón el descubrimiento de un designio humano. El esquema de tal designio, obtenido por la vía del contacto sexual, posee su potencia activa refe­rida en gran medida hacia la esfera afectiva; esto es: todo pensamiento sobre este esquema producirá con­ceptos cuyas representaciones corresponden al caso (c) extremo, vale decir, repre­sentaciones que se orientaran hacia el corazón y jamás se harán conscientes; ésta es la razón por la que el pasú no es consciente, por ejemplo, de las fases formativas del microcosmos po­tencial, o hijo, procreado, a pesar de que sus símbolos se encuentran en el esquema del desig­nio conyugal. Pues bien, a pesar de que la intencionalidad afectiva predominante en la potencia activa se efectúe normalmente en las parejas pasú, cuando el maithuna es realizado por el Manú el caso es bastante diferente.

 

E - Los Siddhas Traidores modifican el designio humano.

En todo ente existe una finalidad y una suprafinalidad: la primera es el término del Ar­quetipo universal y la segunda el término particular del designio demiúrgico. El microcosmos potencial del pasú, en tanto que ente, está también sostenido por un Arquetipo universal, Manú, el cual es incognoscible debido a los motivos expuestos en el inciso "Memoria Arque­típica y Razón". El término particular equivalente es el "designio humano" que hemos mencio­nado, al estudiar la formación de la esfera de conciencia, como "el descubrimiento de sí mismo". El tema del designio humano es un antiguo Misterio conocido como DESTINO DE LA MÓNADA HUMANA; así, el designio de un pasú particular, expresa el destino de su mó­nada, destino que ha sido concebido por el Demiurgo y, en cuyo Plan, existen muchos símbo­los complementarios del Arquetipo universal. En este "designio humano", en un punto de la serie formativa que integra su plan, está designado el momento preciso en que el pasú efectua­rá el descubrimiento de sí mismo y dará comienzo a su historia, es decir, a la esfera de con­ciencia. En ese momento, y en todos los casos subsiguientes en que experimente semejante percepción, ocurre una INTUICIÓN DE LA AUTONOMÍA ÓNTICA, la cual, naturalmente, es a menudo interpretada como mera diferenciación sujeto-objeto. La posibilidad de autonomía óntica causa una impresión altamente conmocionante que es interpretada por la razón como esquema del designio propio y traducida por el sujeto cultural como el símbolo cuya emergen­cia da lugar a la formación de la esfera de conciencia: EL SÍMBOLO DE LA AUTONOMÍA ÓNTICA ES EL PRIMERO EN EMERGER CON ENERGÍA TRANSVERSAL; PERO ESA EMERGENCIA PRIMORDIAL NO LA EFECTÚA "EN" EL TIEMPO TRASCENDENTE PUES EL SUJETO CONSCIENTE AÚN NO EXISTE, SINO QUE ES EL MISMO SUJETO QUIEN, POR CAUSA DE LA PRIMERA INTENCIÓN CONMOCIONADA, SE DIRIGE HACIA UNA ZONA SUPERIOR DE LA PSIQUE Y ALLÍ COLOCA AL SÍMBOLO COMO "CENTRO DE REFERENCIA A SÍ MISMO"; A PARTIR DE ESTE SÍMBOLO SE ESTRUCTURA LUEGO EL ESQUEMA DE SI MISMO O HISTORIA DEL MICROCOS­MOS.

Con estas aclaraciones queremos demostrar que el designio humano, como destino mo­nádico, es un Plan particular que se aplica SOBRE el Plan universal del Arquetipo EN el mi­crocosmos; por eso el esquema del designio humano, por ejemplo el obtenido de la práctica del maithuna, si bien no contiene el Plan completo del Arquetipo universal, tiene, en cambio, mu­chas referencias al mismo. Las estructuras físicas que inspira el Arquetipo universal, por otra parte, están como es sabido codificadas en los ácidos nucleicos del cromosoma humano; pero tales estructuras no son sino una ínfima parte del Plan en que consiste un Arquetipo Manú.

Ahora bien, la falla evolutiva del pasú, que motivo la intervención, acorde con el De­miurgo, de los Siddhas Traidores, radicaba en la escasa evolución de su esfera de conciencia; pero, según acabamos de ver, tal evolución depende en gran medida del descubrimiento de sí mismo, es decir, DE QUE EL DESIGNIO PROPIO REVELE EN ALGÚN MOMENTO LA POSIBILIDAD DE AUTONOMÍA ÓNTICA; entonces, es evidente que en esa fase del Plan ha de haberse producido la más importante intervención de los Siddhas Traidores. Y, en verdad así ha ocurrido. Los Siddhas traidores, ante la im­posibilidad de modificar de algún modo los Arquetipos universales, que están sostenidos direc­tamente por la Voluntad de El Uno, decidieron operar sobre el designio humano, modificando permanentemente el destino del hombre: por ese camino esperaban conseguir un rápido desa­rrollo de la esfera de conciencia del pasú, objetivo que definitivamente se cumplió.

 

F - Técnica de la clave genética.

En pocas palabras vamos a describir la técnica empleada en la clave genética. Ella se basa en el maithuna entre un miembro de la especie humana, del cual van a descender pueblos y naciones, con un Siddha Traidor encarnado en un cuerpo actualizado del Arquetipo Manú. PERO EN ESE CUERPO, SI BIEN EL TÉRMINO UNIVERSAL CORRESPONDE AL ARQUETIPO MANÚ, EL TÉRMINO PARTICULAR NO PUEDE, CIERTAMENTE, CO­RRESPONDER AL DESIGNIO DEMIÚRGICO PORQUE EL DESIGNIO ES EL DESTI­NO MONÁDICO Y EN DICHO CUERPO NO EXISTE NINGUNA MÓNADA SINO UN SIDDHA TRAIDOR, ES DECIR, UN ESPÍRITU HIPERBÓREO. De ese modo, el Manú-Siddha Traidor, administra al pasú, durante el maithuna, el conocimiento de un designio mo­dificado EN EL CUAL EL SÍMBOLO DE LA AUTONOMÍA ÓNTICA HA SIDO SUSTI­TUÍDO COMO INDUCTOR DE SÍ MISMO POR EL SÍMBOLO INCREADO DEL ORI­GEN. Pero el símbolo de la autonomía óntica no ha sido eliminado sino sustituido, en su fun­ción de inducir el descubrimiento de sí mismo, por el Símbolo del Origen, pasando a revistar como mero complemento del Símbolo del Origen.

El motivo de tal sustitución obedece a la segunda fase del plan de los Siddhas Traido­res, es decir, el encadenamiento espiritual; porque aquí, en la sustitución del símbolo de la au­tonomía óntica por el Símbolo del Origen, SE APRECIA MEJOR QUE EN NINGÚN OTRO ACTO LA GENIALIDAD INFERNAL DE LOS SIDDHAS TRAIDORES: EN EFECTO, DESDE ENTONCES, EL VIRYA YA NO TENDRÍA "QUE DESCUBRIR", COMO EL PASÚ, EL SÍMBOLO DE LA AUTONOMÍA ÓNTICA PARA INICIAR LA FORMACIÓN DE LA ESFERA DE CONCIENCIA SINO QUE EL SÍMBOLO DEL ORIGEN "SERIA DESCUBIERTO" POR EL ESPÍRITU ESFERA REVERTIDO Y ÉL, SIN SABERLO, DE­SARROLLARÍA PODEROSAMENTE LA ESFERA DE CONCIENCIA. La iniciativa evolutiva seria, así, cedida el Espíritu encadenado, al Yo, en tanto que el alma, que le serviría de asiento, recibiría la evolución; y el hombre semidivino, el virya, habría de exhibir la perma­nente dualidad interior del alma y el Espíritu.

Retomando la descripción de la técnica empleada en el maithuna aclaremos lo expresa­do en F, sobre que los Siddhas Traidores al modificar el designio modificaban permanentemen­te el destino del hombre. Esta afirmación se debe al siguiente hecho: durante el maithuna, el designio del Manú-Siddha Traidor es irradiado sobre el microcosmos del pasú de tal manera que la sustitución del Símbolo del Origen queda plasmada, también, en la sangre del pasú, COMO CARÁCTER ADQUIRIDO. Así, el designio propio del pasú pasa a ser modificado definitivamente, a imitación del designio del Manú. En consecuencia, la técnica de la clave genética CAUSA UNA MUTACIÓN GENÉTICA EN EL PASÚ. Esto conviene entenderlo bien porque hay quien cree erróneamente que "de la copula de los Ángeles con las hijas de los hombres" surgieron los viryas, lo que es inexacto pues ya vimos que, durante el maithuna, se produce una mutación del pasú, mutación que es necesariamente hereditaria. El virya no es, entonces, el fruto híbrido del comercio carnal entre los "Ángeles" y los hombres, sino el des­cendiente de una Manú-Siddhas Traidor y DE UN PASÚ TRASMUTADO PREVIAMENTE EN VIRYA POR EFECTO DE LA MAGIA SEXUAL O TÉCNICA DE LA CLAVE GE­NÉTICA.

El virya recibe, pues, una doble herencia: divina por parte de su ancestro Hiperbóreo y mutante por parte del pasú Gran Antepasado. Sin embargo, como efecto del Kaly Yuga mu­chas comunicaciones de viryas han cometido el "pecado racial" de mezclar su sangre semidivi­na con la sangre del animal-hombre o pasú, introduciendo en su temperamento una fuerte ten­dencia animal, es decir, involutiva. Porque, hay que afirmarlo, ese valioso componente divino que puede convertir al hombre en un Dios o en un Demonio, el Símbolo del Origen, debe ser preservado por la sangre pura: tanto la técnica de la clave genética de los Siddhas Traidores, es decir, los planes de Chang Shambalá, como la Estrategia Hiperbórea de Retorno al Origen, de los Siddhas de Agartha, exigen el racismo como medio de conservar la herencia extraterrestre: solo los Sabios de Sion, los Jefes de la Raza Elegida del Demiurgo Jehová-Satanás, procuran por todos los medios degradar los linajes Hiperbóreos de la Tierra. Que es una Estrategia Hi­perbórea de los Siddhas Leales y porque los hebreos actúan se ese modo son interrogantes que se responderán con detalle en la Segunda Parte.

Finalmente, cabe agregar que el símbolo del Origen, al reflejar el Yo Infinito, señala el comienzo de la historia del microcosmos o conciencia: el esquema de si mismo se estructura, entonces, en torno al Símbolo del Origen. Pero, al emerger el Símbolo del Origen, lo hace transversalmente, transportado por el sujeto consciente que así se manifiesta por primera vez; y, como el Símbolo del Origen refleja al Yo Infinito y manifiesta un Yo EN el virya, se entien­de que desde un primer momento el sujeto consciente y el yo se encuentran identificados, con­fundidos profundamente. Mas la confusión entre lo anímico y lo espiritual es una condición necesaria en el Plan de los Siddhas Traidores, para que el Espíritu impulse la evolución del alma.

 

G - Localización del Yo en el virya.

El plan de los Siddhas Traidores tenia como objetivo desarrollar la esfera de concien­cia del pasú; para ello, en una primera fase, plasman el Símbolo del Origen en la memoria de la sangre; la segunda fase se cumple automáticamente cuando el Espíritu revertido se refleja, sin saberlo, en el Símbolo del Origen y ocasiona un Yo. Evidentemente es el Yo el responsable del desarrollo de la esfera de conciencia, es decir, de cumplimiento del objetivo del plan, y ello no podría hacerse de otra manera que por intermedio del sujeto consciente, que es quien anima la esfera de conciencia: el asiento del Yo, su residencia natural, no ha de ser otro, pues, que el sujeto consciente. Mas, para que así ocurra, el Símbolo del Origen debería estar permanente­mente SOBRE el sujeto consciente. Cabe preguntar ¿como podría ocurrir eso sin que el sujeto consciente advierta objetivamente y racionalice al Símbolo del Origen? Respuesta: El Símbolo del Origen es un ENTE INCREADO, es decir, NO CREADO POR EL DEMIURGO, QUE ES QUIEN CREÓ TODOS LOS ENTES; por lo tanto, NO EXISTE NINGÚN ARQUETIPO UNIVERSAL QUE CORRESPONDA CON EL MISMO en el plano arquetípico del macro­cosmos y, en consecuencia, TAMPOCO EXISTE SU COPIA INVERTIDA EN LA MEMO­RIA ARQUETÍPICA DEL MICROCOSMOS: la razón es, al fin, incapaz de interpretar al Símbolo del Origen porque el cerebro no dispone de elementos arquetípicos con que racionali­zarlo. Quiere decir que el Símbolo del Origen NO EXISTE para el sujeto racional ni para el sujeto cultural porque ellos NO PUEDEN RELACIONARLO CON SUS RESPECTIVAS ESTRUCTURAS. Sólo el sujeto consciente del virya, quien está en contacto permanente con el Símbolo del Origen, podría APERCIBIRLO en el trasfondo noológico del YO: PERO TAL APERCERCIÓN NO SERÁ JAMAS RACIONAL PORQUE CARECE DE SIGNIFICADO, PORQUE NO PROCEDE DE LA ESTRUCTURA CULTURAL SINO DE LA SANGRE.

Sabemos que el significado es el fundamento del pensamiento: toda representación consciente, toda imagen, aún las fantasías apercibidas, se fundan en el significado racional propuesto por el sujeto cultural en un lenguaje horizontal. Pero ¿cómo se apercibe el Símbolo del Origen, que carece de significado racional? Respuesta: si el sujeto consciente llegase a apercibir el Símbolo del Origen, COMO UN PENSAMIENTO, sólo tomaría conciencia del Yo como objeto: OCURRE ASÍ PORQUE EL CONTENIDO DEL SÍMBOLO DEL ORI­GEN ES EL YO. En ese caso el sujeto consciente se disociaría del Yo, y en una suerte de superreflexión, lograría apercibir al Yo objetivamente, es decir, el alma tomaría cuenta del Espíritu.

Pero, desde el punto de vista de la Sabiduría Hiperbórea, no interesa tanto lo que expe­rimenta el sujeto consciente, el alma, al apercibir el Símbolo del Origen, sino lo que siente el Yo en un caso semejante: SI EL YO LOGRASE APERCIBIR EL SÍMBOLO DEL ORIGEN EN EL CUAL SE REFLEJA Y DEL CUAL PROCEDE, SI CONSIGUIESE TAN SOLO INTUIRLO, SABRÍA EN EL ACTO QUE "NO ES DE AQUÍ" E INTENTARÍA ORIEN­TARSE HACIA EL ORIGEN, REMONTANDO LA MEMORIA CONTENIDA EN LA SANGRE, CAUSAR ESTA APERCEPCION DEL YO ES EL OBJETIVO DEL "CANTO DE A-MOR DE LOS SIDDHAS"; ESTRATEGIA DE LOS SIDDHAS DE AGARTHA QUE SE ESTUDIARÁ EN EL PRÓXIMO INCISO.

Es importante destacar que la intuición del Símbolo del Origen por parte del Yo, ese despertar, esa chispa de luz que despide al Espíritu, afecta al sujeto consciente con la sensa­ción de una nostalgia infinita, un "como recuerdo de otro mundo", una reminiscencia de felici­dad perdida, edén, paraíso, cielos conocidos y olvidados, divinidades y terrores insospechados hasta entonces y que anonadan al alma. Por eso la reacción anímica es típica, intentando obs­truir el recuerdo de sangre del Yo, degradando por todos los medios racionales a su disposición la intuición divina del Origen. Y el Yo, SIEMPRE, tendrá que luchar con el alma, con esa ex­presión del Demiurgo, antes de acceder al Origen e intentar revertir, volver a la normalidad, al Espíritu-esfera revertido, al Espíritu Hiperbóreo QUE ES ÉL MISMO.

 

H - Estudio analógico del encadenamiento espiritual.

La clave genética ha trasmutado al pasú en virya y le ha dotado de una herencia divina: el Símbolo del Origen en la memoria de la sangre. Mas, por el Símbolo del Origen, el Espíritu resulta encadenado a la evolución del pasú, ahora virya perdido: lo que para el espíritu constituye un supremo mal para el pasú representa el más grande bien. Se trata, desde luego, de un Mis­terio terrible, al que hay que aproximarse con mucha prudencia y valor. Un modo de aproxi­mación que puede resultar altamente sugestivo consiste en emplear el Modelo de la Esfera, que vimos en los primeros incisos, y vincularlo al esquema analógico del pasú: tendremos así la posibilidad de representar gráficamente al virya perdido en un sistema que guarda rigurosas correspondencias conceptuales con el Misterio del espíritu encadenado.

El cuerpo del pasú es un microcosmos potencial, sucesivo en el tiempo trascendente; por lo tanto su transcurrir ocurre dentro del macrocosmos, donde la potencia formativa del plano arquetípico sostiene su evolución. Esta situación se ha representado en la figura 27; compárese con las figuras 9, 11 y 11b.

Supongamos ahora que al pasú de la figura 27 se le ha incorporado el Símbolo del Ori­gen por causa de la clave genética ¿Cuál es el efecto? Respuesta: Recordemos que las miradas del Espíritu-esfera revertido (ver figuras 5 y 6) atraviesan todo el espacio cósmico, es decir, "el mundo de los entes finitos", para encontrarse en el polo infinito (ver figura 7 y 8) donde se realiza la síntesis del Yo infinito.

 

 

FIGURA 27

 

Esta situación habría de permanecer inalterable para el Yo infinito puesto que el Espíritu-esfera es ETERNO y, por lo tanto, NO SUCESIVO en el tiem­po trascendente. Sin embargo, al sobrevenir el Pralaya, cuando El Uno concluya su Día de Manifestación y se disuelva el orden material, entonces el Espíritu-esfera podrá reorientarse puesto que entre el y su Yo infinito ya no se interpondrá el mundo de los entes finitos. Mas, hasta tanto ese día no llegue, el Espíritu-esfera habrá de permanecer en la desorientación abso­luta.

Pero, he aquí que los Siddhas Traidores introducen en el macrocosmos el Símbolo in­creado del Origen y algunas de las infinitas miradas se reflejan en él procurando orientarse hacia el Origen. De ese modo, en el Símbolo del Origen se sintetiza un Yo que participa del Yo Infinito. Hasta aquí la respuesta a la pregunta anterior.

En la figura 28 se muestra la intersección del pasú con un polo infinito expandido del Yo infinito, por efecto de la clave genética. Se comprueba así que el virya participa en alguna medida del Yo infinito.

Para estudiar con más detalle tal participación conviene observar la figura 29, en la cual se ha representado solamente el Espíritu-esfera y la estructura psíquica del pasú; no hay que olvidar, por supuesto, que esta situación acontece en el ámbito del macrocosmos.

Vemos allí que la esfera de luz se ha señalado con un trazo más grueso (comparar con la figura 22) y que en su interior, sobre una LÍNEA CÓNCAVA AB, se reflejan algunas mira­das del Espíritu-esfera. Analógicamente, la línea AB corresponde al perfil del Símbolo del Origen: es CÓNCAVA porque "LA ORIENTACIÓN DE LA GNOSIS ESPIRITUAL ESTA SIGNADA POR LO CÓNCAVO", según se explicó en el inciso "El Espíritu-esfera Normal". Pues bien, SOBRE la línea AB se manifiesta el Espíritu como el Yo del virya, un Yo que tien­de espontáneamente a confundirse con el sujeto consciente debido a que el Símbolo del Origen AB se sitúa siempre en la esfera de luz por determinación de la clave genética.

 

I - El encadenamiento espiritual introduce el infinito en el microcosmos.

El macrocosmos es un mundo de entes finitos y sucesivos. Ni en el plano arquetípico ni, aún, en la memoria arquetípica del microcosmos existe un Arquetipo infinito. Mucho menos aun hay algún designio que lo revele: el infinito, pues, es un conocimiento escencialmente vedado al pasú. Sin embargo, por la intervención de los Siddhas Traidores, el Signo del Origen ha venido a causar la manifestación del Espíritu-esfera en el microcosmos y la participación del Yo infinito en la evolución del pasú; en consecuencia ha ocurrido este incomprensible hecho: EL VIRYA ES UN ENTE FINITO QUE PARTICIPA DEL INFINITO.

Pero, siendo así ¿en qué lugar del microcosmos, en que estructura, en cual dimensión, dónde, en fin, hay que buscar ese infinito interior del virya? Respuesta: El infinito actual, real, completo, sólo puede estar en el Yo Infinito; por lo tanto, sólo puede ser hallado cuando el Yo del virya trasciende la finitud del sujeto consciente, del alma, del esquema de sí mismo, y se sabe ajeno a la evolución, un reflejo de la eternidad del Espíritu. Sólo entonces, luego de tal liberación, después de que el Gran Engaño ha quedado roto, es posible el tránsito impensable entre lo finito y lo infinito; sólo entonces es posible la reversión del Espíritu esfera revertido, la vuelta a su normalidad.

 

 

FIGURA 28

 

 

FIGURA 29

 

Para aclarar esta respuesta hemos de distinguir exactamente entre "el yo perdido" (o "dormido") y "el Yo despierto" que constituyen los dos modos de actuar del Yo del virya. De ellos sólo el Yo despierto es capaz de acceder gnósticamente al infinito de su propia esencia COMO CULMINACIÓN DE UNA ESTRATEGIA HIPERBÓREA. El otro, el Yo perdido, jamás se sabrá infinito porque se halla temporalizado, identificado con el sujeto consciente; primero debe liberarse, despertar del Engaño, antes de concebir siquiera la trascendencia es­piritual, la mutación de virya en Siddha. Por eso la Sabiduría Hiperbórea califica a los viryas como "perdidos" o "despiertos", atendiendo a la calidad de su Yo empírico.

El Yo Infinito es INSUBSTANCIAL, síntesis polar del Espíritu. El símbolo del Origen, por otra parte, es SUBSTANCIAL como toda terminación psíquica: es un elemento sémico de substancia energética. Pero el Yo Infinito, al reflejarse en el Símbolo del Origen, genera el Yo del virya que puede ser substancial o insubstancial de acuerdo a su condición de "perdido" o "despierto".

La clave genética de los Siddhas Traidores apunta a producir, en el pasú, un Yo lo más substancial posible, es decir, una hipóstasis del Yo infinito: de ese modo queda atenuada su infinitud. Se obtiene así un Yo perdido cuya total actividad puede ser aprovechada para impul­sar la evolución del alma. El Yo perdido surge en el seno del sujeto consciente, confundido con éste, como una hipóstasis del Yo Infinito denominada PERSONA. Es decir: tras la personali­dad del virya, en su persona, alienta un Yo perdido que es hipóstasis del Yo Infinito, reflejo del Espíritu eterno. Solamente quien efectúe el tránsito inverso, desde la mera personalidad hasta el Yo perdido substancial, y quien trascienda esa hipóstasis que se asienta en el Símbolo del Origen y llega hasta el Símbolo mismo, tendrá la posibilidad cierta de acceder al infinito actual, al Espíritu.

Pero el descubrimiento interior de esa posibilidad de liberación estaba prohibida desde un principio al virya, quien aún no se llamaba de ese modo. Tal como se explicará en la Segunda Parte, al exponer la Estrategia "O" de los Siddhas, la intervención de Cristo-Lúcifer alteró de­finitivamente los planes de los Siddhas Traidores y dejó abierto un camino para la liberación de los Espíritus cautivos. Desde entonces, quien logra incluirse en la Estrategia "O" de los Siddhas, puede optar por aplicar una de las siete vías de Liberación de la Sabiduría Hiperbórea para hallar y seguir el sendero inverso que conduce al Vril: "a este, al hombre semidivino que lucha contra el Demiurgo y sus aliados para liberar al Espíritu cautivo, y que sigue, para ello, el sendero inverso de la sangre pura, sólo a éste le fue dado el nombre de virya". Este virya es, desde luego, el "el virya despierto", poseedor de un Yo despierto insubstancial, capaz de aprehender el Símbolo del Origen en la sangre pura y escuchar la Canción de A-mort de los Siddhas. EL MOTIVO DE ESTOS "FUNDAMENTOS DE LA SABIDURÍA HIPERBÓ­REA" ES, JUSTAMENTE, OTORGAR AL VIRYA PERDIDO LOS ELEMENTOS NECE­SARIOS PARA INTENTAR LA TRASMUTACION EN VIRYA DESPIERTO, ES DECIR, PARA QUE BUSQUE A SU YO DESPIERTO Y SE DESCUBRA INFINITO, INSUBS­TANCIAL, UN REFLEJO DEL ESPÍRITU ETERNO. Porque sólo el virya despierto puede intentar con éxito la reversión del Espíritu-esfera revertido, operación que si se efectúa DESDE el microcosmos le puede transmutar, a su vez, en Siddha inmortal, con su cuerpo de puro VRAJA, indestructible en el plano físico. Esta maravillosa operación, objeto de la ini­ciación Hiperbórea, no obstante estar este libro dirigido a los viryas perdidos, será descripta teóricamente más adelante para que estimule y fundamente el anhelo de liberación espiritual de todo virya.

Aunque el Yo perdido es una hipóstasis del Yo Infinito, y se encuentra permanentemente confundido con el sujeto consciente, no es infrecuente UNA INTUICIÓN TRASCENDEN­TAL DEL INFINITO pues, a despecho del objetivo de la clave genética, con el encadenamien­to espiritual el infinito ha venido a instalarse en el interior del microcosmos. Pero tal intuición, que proviene del Espíritu, es decir de lo eterno, se presenta en la esfera de luz como mera fan­tasía y acaba siendo racionalizada por la flexión apercibida del sujeto conciente-Yo perdido (ver inciso "Func. de la Esf. de Conc.", art. "G", Segundo). Ello ocurre porque el Yo, QUE ES ESENCIALMENTE ATEMPORAL, ES DECIR, NO SUCESIVO Y MUCHO MENOS HISTÓRICO, se encuentra sumido en el sujeto histórico consciente, conformando con este la persona del virya perdido; en esa hipóstasis el Yo pierde el poder abarcador de la eternidad y se ciñe al presente inmanente, volcando en esa franja dialéctica del tiempo sus propias intui­ciones metafísicas; mas, la intuición del infinito no puede ser un "símbolo sagrado" pues no participa de ningún Arquetipo universal: de allí la imposibilidad de la razón para interpretarla y la solución, incomprensible, del "infinito potencial" a la que siempre arriba.

En el virya perdido la reducción de la intuición del infinito da lugar al CONCEPTO del infinito potencial, es decir, a una tajada sémica de una Relación de la estructura cultural. El procedimiento es el siguiente: la razón establece una Relación entre Principios unitarios; tal Relación puede ser posteriormente equiparada, por operaciones sistemáticas del sujeto cultural, a cualquier objeto cultural o ideal extenso; pues bien: en dicha Relación existen conceptos, es decir, significados contextuales en ciertos lenguajes habituales, por ejemplo, idiomático, alge­braico, geométrico, lógico, etc., que proponen LA POSIBILIDAD DE DIVIDIR INTERMI­NABLEMENTE LA EXTENSIÓN O AUMENTARLA INDEFINIDAMENTE AGREGAN­DO SIEMPRE UNA NUEVA UNIDAD. Por supuesto que esta indefinición racional es sólo un significado proposicional y nada tiene que ver con el infinito actual, real, del Yo Infinito: la falta de fin de toda suma o división interminable sólo demuestra la imposibilidad del sujeto para superar la duración que insumiría REALMENTE tal operación interminable; (descontando los "limites" del cálculo infinitesimal que sólo son supuestos, jamás alcanzados efectivamente por una operación continua). Naturalmente, este infinito sistemático e inalcan­zable no puede ser mas que "potencial" puesto que consiste en la "posibilidad", encerrada en el concepto, de no alcanzar nunca el fin. A partir de aquí, todos los viryas perdidos que han inten­tado superar al infinito potencial, buscando el transfinito, han acabado en la frustración o en la locura debido a su desconocimiento de los Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea; nuestra ciencia, en efecto, enseña el camino hacia el infinito actual, el cual no es, ni puede ser, un mero concepto sino la más elevada vivencia espiritual: el infinito actual es incomprensible, vale decir, es inabarcable por la razón; sólo puede ser vivenciado por el Yo despierto, su pro­pia esencia.

En síntesis, el virya perdido debe convencerse de que es imposible alcanzar el infinito ac­tual partiendo del concepto de infinito potencial: el infinito actual no es algo a lo que se va a llegar el término de una operación, a la que paradójicamente se considera "interminable" o po­tencial, un llegar a ser, una posibilidad; eso es como atribuir un carácter evolutivo o sucesivo al infinito, como creer que se trata de un acontecimiento futuro hacia el que se progresa, UN FIN EN EL SIN FIN, UNA "FINALIDAD" EN EL SENTIDO TELEOLÓGICO QUE EL DEMIURGO HA DETERMINADO PARA TODOS LOS ENTES; vale decir, el infinito po­tencial, posible, es, contra todos los intentos por disimularlo, solo un infinito futuro, proyecta­do en el tiempo, un infinito irreal. Pero en el futuro de todo tiempo no esta el infinito sino el Pralaya, el fin de un ciclo y el comienzo de otro. El error proviene de pensar el infinito con un Yo perdido, contaminado de tiempo inmanente, permitiendo así que la razón interprete y pro­ponga su concepto, es decir, que la razón CONCIBA lo que es esencialmente INCONCEBI­BLE. Porque al infinito actual no se llega ya que siempre es: es real en todo momento porque es perfecto fuera del Tiempo; el está siempre presente, desde su eternidad, en el Yo puro del virya, sobre el Símbolo del Origen, en la pureza de la sangre. Hasta el hay que llegar, mas este "llegar" no es temporal ni espacial sino ESTRATÉGICO o, si se quiere, GNÓSTICO: a esto se refiere la Sabiduría Hiperbórea cuando habla de "llegar al Vril", "llegar al infinito", "llegar al Yo despierto", etc.; no a un tránsito espaciotemporal sino a un SALTO ESTRATÉGICO HACIA EL SÍMBOLO DEL ORIGEN, acto que se denomina "PURIFICACIÓN SANGUÍ­NEA" y ya es principal objetivo de la iniciación hiperbórea. En el "llegar" estratégico no inte­resa CRONOS, el tiempo, sino KAIROS, la oportunidad de atacar al enemigo y ganar la eter­nidad: porque kairos es a la vez momento y eternidad, el momento en el que el guerrero muere y gana la eternidad del Valhala, por eso kairos sólo puede consistir en un punto de apoyo desde el cual se atraviesa el espacio y el tiempo HACIA la eternidad: SÓLO UN YO PERDIDO QUE ACTÚA EN EL KAIROS JUSTO PUEDE "LLEGAR" AL INFINITO ACTUAL, AL YO INFINITO.

A esta altura es conveniente releer el párrafo siguiente, tomado de nuestra obra de divul­gación "La Extraña Aventura del Dr. Arturo Siegnagel":

"Hay un sentido hiperbóreo común en los hechos que protagonizan los viryas de nuestra historia, pero este sentido, esta intención, esta tendencia a la mutación, NO ES UNA CATE­GORÍA LÓGICA SINO ESTRATÉGICA. No puede aprehenderse con la razón pues no es racional; pero tampoco es irracional. Hay aquí otra paradoja, lo que es JUSTO Y NECESA­RIO, ya veremos enseguida porque.

"Una Estrategia es un MEDIO, o la planificación de los medios, para obtener un FIN. En la guerra, la Estrategia es el conjunto total de medidas que deben disponerse para obtener el éxito, o sea "imponer nuestra voluntad al enemigo". Para los viryas hiperbóreos es CLARO Y PATENTE que existe una guerra cósmica y que todos estamos comprometidos en ella. La CONFUSIÓN DE SANGRE que padecen los viryas perdidos es también una ACCIÓN DE GUERRA, una ACCIÓN TÁCTICA SATÁNICA, para impedir el DESPERTAR, el RE­GRESO AL ORIGEN y la LIBERACIÓN DEL GRAN ENGAÑO. Por eso decimos que TODA ACCIÓN DE LOS VIRYAS HIPERBÓREOS ES UNA CATEGORÍA ESTRATÉ­GICA y que, en tanto no se posea una clara visión de las Estrategias en juego, no es posible INTERPRETAR tales acciones.

"Cuando un pueblo se encuentra colectivamente identificado con una filosofía o religión, llegando hasta el extremo de regular la vida diaria de acuerdo a normas, preceptos o leyes emanados de tal filosofía o religión, decimos que las mismas constituyen un "modo de vida" para quienes la practican. Así decimos "el budismo es un modo de vida" o "rigen su vida por el Decálogo de Moisés" o "los neoplatónicos vivían de acuerdo a la filosofía estoica" etc. De ma­nera análoga puede considerarse que LA ESTRATEGIA ES EL MODO DE VIDA DEL VIRYA HIPERBÓREO.

"Y si, cuando vemos un monje mendicante de la India meditar durante largas horas y cu­mplir todos los ritos budistas, decimos "vive todos los minutos de su vida de acuerdo a su re­ligión y ella está siempre presente en él"; también, análogamente, debemos decir "el virya hi­perbóreo vive todos los minutos de su vida de acuerdo a la Estrategia Hiperbórea y ella está siempre presente en él indicándole el sendero del retorno".

"Para tornar más claras estas afirmaciones consideremos brevemente los hipotéticos pasos que seguiría un virya perdido para hallar el sendero del retorno. Se hará así evidente que tales pasos no son otra cosa que MOVIMIENTOS TÁCTICOS, es decir, categorías estratégicas:

"II - Inicialmente el virya se encuentra PERDIDO. Contribuye a perpetuar ese estado la Estrategia Satánica cuya táctica principal se basa en la CONFUSIÓN; en crear confusión o aumentar la existente.

"Debe tenerse presente aquí la siguiente regla: PARA LA SINARQUÍA "LA CULTURA" ES UN ARMA ESTRATÉGICA.

"El virya busca ORIENTARSE y para ello se pone en ALERTA. Esta es la primera cate­goría estratégica incorporada a la vida corriente. El permanente estado de ALERTA le condu­cirá finalmente a dudar de la realidad, de su apariencia sensible y a desconfiar de la razón y de lo racional, que se revelarán como cómplices del Gran Engaño. En esas condiciones es posible DESPERTAR, convertirse en VIRYA DESPIERTO, mediante la experimentación de una NOSTALGIA por OTRO MUNDO.

"Ese mundo primordial que se intuye, y que atrae con la fuerza del retorno, es la patria del espíritu y su RECUERDO ESTÁ CONTENIDO EN LA SANGRE. Había sido OLVI­DADO y ese olvido ocasionó la pérdida de orientación, la confusión, y lo transformó en VIRYA PERDIDO. Pero al experimentar la Minne, el recuerdo de sangre, se abrirán otros ojos que nunca duermen, distintos a los ojos físicos que sólo ven la ilusión y se asumirá un PER­MANENTE ESTADO DE ALERTA, necesario para no ceder a la Estrategia enemiga y caer en una nueva y mayor confusión.

"Si esto ocurriese el virya es ya un SUJETO ESTRATÉGICO del cual puede decirse: "todos sus movimientos apuntan a un único fin"; "nada puede apartarse de su ruta", "su valor e intrepidez no conocen limites"; en fin, "es un VIRYA DESPIERTO".

"El virya despierto irá implacablemente al combate contra los ELEMENTALWESEN sin EVALUAR EL RESULTADO PROBABLE DE SU LUCHA, es decir, SIN PROYECTARSE EN EL TIEMPO. Sólo le interesara la acción en sí, en la medida que ésta contribuya a exaltar su virtud heroica o mística hasta un grado tal que todo retorno a la vida corriente, al Gran En­gaño, se haga insoportable. Ese límite humano que sólo puede ser alcanzado cuando se ha des­pojado la mente de todo dogma, de toda moral, de todo deseo material, de todo lazo con el mundo, esa cumbre primordial a la que sólo puede treparse en el fragor del combate, esa altura espiritual inaccesible para quien posea una pizca de materialidad evolutiva, de dualidad, o de oposición a la dualidad, ese punto de NO RETORNO a que aluden estas sentencias y muchas otras es, con toda precisión, producto de la SANGRE PURA.

"Pero cuando se habla de IMPUREZA SANGUÍNEA jamás debe confundirse este concep­to con el de IMPUREZA RACIAL, en el sentido de mezcla de razas, mestizaje o bastardiza­ción. Es cierto que el mestizaje étnico ocasiona una CONFUSIÓN GENÉTICA y que ésta in­crementa la CONFUSIÓN ESTRATÉGICA del virya, pero se trata tan sólo de una parte del problema y, diríamos, la menor, La IMPUREZA SANGUÍNEA es un concepto esotérico de la Sabiduría Hiperbórea que se refiere al CONTENIDO GNÓSTICO de la sangre y, desde luego, a OTRA SANGRE, distinta del mero plasma linfático o de la hemoglobina. Debemos tener presente, entonces, que la PUREZA RACIAL es un factor favorable pero que este por sí mismo nada asegura en cuanto a la PUREZA SANGUÍNEA. Y de nada vale, por ejemplo un pueblo racialmente puro como el CELTA si está totalmente dominado por la Estrategia Sinár­quica.

"Por eso cuando el virya despierto decide ir al combate para PURIFICAR SU SANGRE esta actitud, por sí sola, lo independiza de su grado de mestizaje étnico y genético.

"Diferente es el caso de la mutación colectiva, adonde si es importante el factor racial pues una COMUNIDAD DE SANGRE puede ser guiada CARISMÁTICAMENTE por un líder o Führer. De este caso se trata ampliamente EN NUESTRA OBRA "TRATADO DE ESTRA­TEGIA PSICOSOCIAL DE LAS S.S."

"Los viryas despiertos se hallan vinculados carismáticamente entre sí, debido a su origen común, por un lado sincronístico que llamamos ÁUREA CATENA o CORDÓN DORADO. Es un vínculo NO FÍSICO inaprensible para la razón, por lo que desistimos momentáneamente de explicarlo, aunque más adelante volveremos a hablar de él. Por ahora diremos solamente que al virya despierto, aquél que ha SENTIDO la Minne y remonta la ÁUREA CATENA ha­cia el origen, posee INCIPIENTEMENTE una condición que lo COLOCA MAS ALLA de cualquier calificación racial o encasillamiento social. No decimos que esta condición lo vuelve SUPERIOR sino que lo COLOCA FUERA de todo patrón de medida. Esta condición se de­nomina LINAJE HIPERBÓREO y remite a un concepto de RAZA DEL ESPÍRITU totalmente desconocido para el común de la gente a causa de la feroz ocultación de que ha sido objeto. (Hablar de una "Raza del Espíritu" es tocar uno de los mas terribles Misterios cual es el que se refiere a la llegada al Sistema Solar de los Siddhas Hiperbóreos y de la TRAICIÓN cósmica perpetrada por una parte de ellos. Volveremos sobre esta historia). Decíamos que la condición de poseer linaje hiperbóreo los viryas despiertos la poseen INCIPIENTEMENTE. ¿Que que­remos decir con linaje hiperbóreo incipiente? Veamos primero una interpretación VULGAR de la frase "linaje incipiente", antes de responder de acuerdo a la Sabiduría Hiperbórea:

"La palabra "linaje" se refiere al ascendente familiar, o sea los vínculos de sangre, y éstos se poseen o no, sin alternativa. Por otra parte "incipiente" significa "que empieza" de modo que si decimos "Pedro, de la familia Pérez, tiene un linaje incipiente" queremos significar "Pedro EMPIEZA a tener linaje de los Pérez" lo que sólo puede referirse a alguna CARAC­TERÍSTICA de los Pérez que los distingue y que se DESTACA nítidamente en los miembros de la estirpe, es decir un PERFIL FAMILIAR HEREDITARIO que COMIENZA a manifes­tarse en Pedro o que Pedro representa incipientemente.

"Por lo tanto hablar de LINAJE de una persona no consiste en aludir al mero hecho de pertenecer a tal o cual familia, sino que implica todo un universo de razas, cualidades y estilos que tienden a conformar un TYPO familiar bien definido. Opina JAIME DE MAHIEU al res­pecto: "La existencia de tal TYPO no puede negarse en los linajes homogéneos. El mismo len­guaje corriente lo admite cuando recurre a la expresión "aire de familia". La historia conoce linajes de artesanos, campesinos, industriales, artistas, estadistas, jefes de guerra, etc. EL LI­NAJE ES, POR LO TANTO, UN CONJUNTO BIOPSÍQUICO HEREDITARIO DIFE­RENCIADO[1]

"RESULTA pueril destacar estos conceptos que hasta pocos siglos atrás eran unánime­mente conocidos, pero a los que la bolchevización universal comenzada con la Revolución Francesa ha suprimido de la "cultura occidental". (Para la Sinarquía "la cultura" es un arma estratégica"). Sin embargo todavía es posible observar que en aquellos dominios no masifica­dos de la actividad humana, es decir donde es imprescindible contar con

alguna habilidad AR­TESANAL, continúan imponiéndose las leyes del linaje. "En el orden humano, -dice Jaime de Mahieu- es bien conocido, aunque puesto en duda por los negadores de la herencia de los ca­racteres adquiridos, que varias generaciones son necesarias para formar un buen obrero en ciertos oficios difíciles, la cristalería por ejemplo. Tenemos mas confianza, a este respecto, en el testimonio y, sobre todo, en la práctica de los industriales que afirman la realidad del fenó­meno, que en las aserciones de los teóricos cientificistas. Además ¿no se contradecían a sí mismos esos transformistas del siglo pasado que, mientras negaban la herencia de los hábitos, fundaban su teoría de la evolución de las especies en una modificación paulatina de las gene­raciones bajo el efecto del medio, modificación ésta que no podía efectuarse sino merced a la transmisión hereditaria de los progresos realizados?".

"Sabemos ahora que un linaje puede ser incipiente EN UN INDIVIDUO si éste repre­senta débilmente las características del TYPO familiar. Es un concepto que incluye la idea de DESARROLLO o EVOLUCIÓN: hay un TYPO y un sendero, la diferenciación biológica ha­cia el TYPO. Es decir un SER y un LLEGAR A SER. Por eso la REALIZACIÓN DE LA TENDENCIA familiar es la mejor adaptación de un miembro a la figura del "tipo" o al "Arquetipo" metafísico que lo soporta y del cual (el tipo) es su expresión visible. 

"Vamos a responder ahora la pregunta sobre el incipiente linaje hiperbóreo que posee un virya despierto empleando conceptos de la Sabiduría Hiperbóreo. El linaje hiperbóreo no reconoce TYPOS. Sin embargo, análogamente al caso del linaje familiar, existe una TEN­DENCIA en el virya que lo impulsa hacia una REALIZACIÓN. Esta TENDENCIA emerge de la sangre pura, de la Minne, y la REALIZACIÓN hacia la que apunta se obtiene por un cami­no inverso, marchando para atrás, buscando el origen hiperbóreo del Espíritu. No hay aquí, como en el caso de Pedro Pérez, un llegar a ser algo determinado, la conformación de un TYPO; por el contrario, en el camino inverso, ocurre la DISOLUCIÓN DE TODO TYPO culminando el proceso en una súbita INDETERMINACIÓN ONTOLÓGICA. Marchando por el sendero inverso del retorno se accede FINALMENTE a un estado INCREADO que sólo puede calificarse como de POSIBILIDAD PURA. Es la REALIZACIÓN DE LA TENDEN­CIA hiperbórea (Minne) de la sangre pura que se llama Espíritu o Vril. Esta REALIZACIÓN implica la MUTACIÓN definitiva del virya despierto en Siddha inmortal y su LIBERACIÓN del orden material que rige la creación. El espíritu o Vril es INDESCRIPTIBLE y es prudente referirse a él como POSIBILIDAD PURA. Sin embargo el único concepto de EXISTENCIA que posee la Sabiduría Hiperbórea corresponde al Vril. Es decir que nada espiritual tiene existencia fuera del Vril y que todos los estados psíquicos intermedios deben ser reputados como ilusorios. Nada existe fuera del Vril porque obtener el Vril es ESTAR FUERA DE TODO. Y "TODO" es el Universo del Uno, del Demiurgo ordenador de la materia cuya exis­tencia TODO lo impregna y cuya voluntad SOPORTA las cosas del mundo concreto.

"Por estas razones, para la Sabiduría Hiperbórea el PASÚ no existe pues su ALMA es una proyección de la mónada hipostática que el Demiurgo PENSÓ y EMANÓ. La evolución sólo brinda un desarrollo ilusorio DEL SUJETO CONSCIENTE que jamás puede sobrepasar a su propio Arquetipo o la ultima mónada. El alma del pasú puede aparecer como "muy evolucio­nada" y hasta "grande", o "muy santa", pero es pura ilusión; su "existencia" está sujeta a los Grandes Ciclos Cósmicos y tiene fatal disolución en el PRALAYA o MAHAPRALAYA. Al culminar uno de estos Grandes Ciclos de manifestación evolutiva de la materia o MANVAN­TARA se produce la FAGOCITACIÓN de todo lo "creado" por parte del Gran Engañador y significa el fin de todos los Maestros, Gurúes, Choans, Rishis, etc.

"Todo virya debe tener siempre presente la siguiente regla estratégica: "NO HAY AL­TERNATIVA POSIBLE DE EXISTENCIA FUERA DE LA CONQUISTA DEL VRIL". Es decir no hay OTRA alternativa para existir, aparte de la mutación".

A pesar de que el Yo perdido es sólo una hipóstasis del Yo Infinito, y que el infinito actual sólo llega a él como intuición metafísica, su presencia se hace sentir con tal intensidad que generalmente determina la persona del virya. En la personalidad del virya se transmuta así una característica que depende directamente del infinito, de cuán cerca esté su persona del Yo despierto, es decir, de su pureza de sangre. A esta característica se la denomina: "CONCIENCIA DE LA TERMINACIÓN DEL ENTE" y puede formularse así: A MAYOR CONCIENCIA DE LA TERMINACIÓN DEL ENTE MAS DEPENDENCIA AL DESIG­NIO, ES DECIR, MENOR PUREZA SANGUÍNEA: MAYOR DISTANCIA ESTRATÉGI­CA ENTRE EL YO PERDIDO Y EL YO DESPIERTO. E, inversamente: A MAYOR CONCIENCIA DE LA INCOMPLETUD DEL ENTE MENOR DEPENDENCIA AL DESIGNIO DEMIURGICO, ES DECIR, MAYOR PUREZA SANGUINEA: MENOR DISTANCIA ESTRATEGICA ENTRE EL YO PERDIDO Y EL YO DESPIERTO. Por ejemplo, el pasú se diferencia claramente del virya perdido por dicha característica: mientras al pasú el ente se le aparece siempre terminado, completo en su finitud, al virya el ente le parece siempre incompleto, mera apariencia que oculta al ser o realidad imperfecta; mientras al pasú, a medida que el sujeto consciente evoluciona, el ente le parece cada vez más perfecto, en virtud de una mayor conciencia de la representación de su esquema, es decir, de su verdad, AL VIRYA, a medida que aumenta su pureza sanguínea, EL ENTE LE RESULTA CADA VEZ MÁS SOSPECHOSO.



[1] Fundamentos de biopolítica – Pág. 60 – CENTRO EDITOR ARGENTINO – Bs. As. 1.968

 

Surge de este hecho la curiosa consecuencia de que una gran inteligencia racional, es decir, una gran capacidad para interpretar la verdad del ente en numerosos lenguajes contextua­les, no es indicadora en modo alguno de una "mayor espiritualidad" sino que, por el contrario, ella indica una gran determinación del sujeto anímico evolutivo sobre el Yo perdido; a menos, claro, que tal racionalidad sea sólo una propiedad estructural independiente del Yo, por la pu­reza de sangre: el virya, en ese caso, continuará encontrando tanto más sospechosos a los entes cuantos más conceptos de los mismos le revele la facultad traductiva del sujeto cultural.

El virya despierto, por otra parte, no sólo es capaz de aprehender al infinito actual sino también de APLICARLO para sus fines estratégicos: en ello consiste, por ejemplo, la FUN­CIÓN CERCO, que será expuesta más adelante, la cual permite aplicar en todo ESPACIO DE SIGNIFICACIÓN MACROCÓSMICA un CERCO INFINITO, es decir, UN CERCO SO­BRE EL CUAL SE HA PROYECTADO EL POLO INFINITO; se obtiene así una PLAZA, un área liberada en el macrocosmos fuera del control del Demiurgo, dentro de la cual se sitúa el virya despierto, microcosmos potencial, para desplazarse estratégicamente hacia el Valhala.

 

J - El Cordón Dorado.

Vamos a destacar un concepto ya visto, que tomaremos del párrafo de "La Extraña Aventura del Dr. A. Siegnagel", citado precedentemente: "Los viryas despiertos se hallan vin­culados carismáticamente entre sí, DEBIDO A SU ORIGEN COMÚN, por un lazo sincronís­tico que llamamos AUREA CATENA o CORDÓN DORADO. Es un vínculo NO FÍSICO inaprensible para la razón". Aunque este concepto sólo será comprendido cabalmente cuando se conozca la Estrategia "O" de los Siddhas Hiperbóreos, que expondremos en la Segunda Parte, conviene efectuar aquí algunas aclaraciones.

En primer lugar, confirmamos lo que parece obvio: la vinculación carismática entre viryas "POR SU ORIGEN COMÚN" se debe a la presencia en éstos, en su memoria de la san­gre, del Símbolo del Origen. Sin embargo, hay que hacer aquí una observación muy impor­tante: la "vinculación carismática" no ocurre POR CAUSA del Símbolo del Origen sino que, por el contrario, se trata de un fenómeno ACAUSAL. O, si queremos hacerlo aún mas simple, digamos que la vinculación carismática y el Símbolo del Origen forman parte del mismo fenó­meno. Este paradójico hecho puede ocurrir porque el Símbolo del Origen, aunque NO ES un Arquetipo universal, ES EL MISMO SÍMBOLO EN TODOS LOS VIRYAS. Por eso la vin­culación carismática jamás podrá ser reputada como un fenómeno de campo de fuerza, seme­jante a la electricidad, al magnetismo, la gravedad, o cualquier otro fenómeno de "fuerzas de acción a distancia".

Los viryas, en cambio, sean perdidos o despiertos, se encuentran todos sincronística­mente conectados por el origen común, formando esta conexión un lazo acausal, independiente del tiempo trascendente y del espacio. Y cabe destacar que, a pesar de que la mayoría de los viryas perdidos lo ignora, el Cordón Dorado otorga la maravillosa posibilidad de adquirir, por la sangre pura, el más alto nivel que haya alcanzado otro virya en cualquier parte del mundo. Claro que tal posibilidad sólo podrá ser aprovechada por aquel que se sitúa en el espacio estra­tégico de una Mística.

Para dar mayor claridad a este tema vamos a transcribir aquí el inciso "La Mística Hi­perbórea, motor mágicosocial", tomado de nuestra obra "Tratado de Estrategia Psicosocial de la SS". Sólo resta advertir que el mismo tema, pero desde otro punto de vista, será nuevamente tratado en la Segunda Parte.

 

"Inciso IV, La Mística Hiperbórea, motor mágicosocial".

"El misticismo es una actitud del hombre hacia la Divinidad; actitud que conduce a una experiencia interior última denominada ÉXTASIS MÍSTICO (o UNIO MÍSTICA) en la que se establece el vínculo personal entre el hombre y Dios. Para que la actitud mística concluya en el éxtasis místico y se concerte la experiencia interior trascendente debe intervenir un agente mediador denominado CARISMA. Recordemos que el místico no es "iniciado" y por lo tanto profano, pero la experiencia trascendente que persigue y obtiene pertenece al orden mas excel­so de la gnosis esotérica, por lo que el CARISMA debe allanarle, como en la iniciación, todos los obstáculos (racionales, morales, biológicos, etc.) que se interpongan entre él y la Divini­dad. El agente carismático interviene de manera aparentemente gratuita y contingente sobre determinados místicos resultando esta intervención tan incomprensible e inescrutable que al­gunos pensadores profanos lo atribuyeron al capricho de Dios, llamándolo justamente "don de Dios" o "gracia divina". Pero la Sabiduría Hiperbórea, cuyos pálidos reflejos sobreviven en al­gunas tradiciones esotéricas, afirma que el AGENTE CARISMÁTICO está perpetuamente presente en un plano "absolutamente trascendente" al mundo inmanente de la materia y se de­nomina PARACLITO. Es lo que la teología cristiana ha denominado Espíritu Santo incluyéndolo equivocadamente como una de la "personas" de la trinidad, es decir un aspecto de YAHVEH-SATANÁS. La Kábala judía también pervierte el carácter absolutamente trascen­dente del PARÁCLITO ligándolo a la inmanencia panteísta de Jehová-Satanás".

"Ya veremos en la Segunda Parte una definición más profunda del Paráclito; por ahora continuemos releyendo el inciso transcripto.

"La Sabiduría Hiperbórea enseña que el Paráclito, o "agente carismático", está vinculado simpáticamente a la sangre, a un CONTENIDO REMINISCENTE que ésta posee en algunos seres y que se denomina MINNE: la herencia del Símbolo del Origen. De allí la aparente falta de "lógica mundana en la manifestación del agente carismático pues sólo interviene en aquellos místicos que han "sentido la reminiscencia" que otorga la Minne  sanguinea. Es que no todos pueden sentir la Minne y muchos que la sienten no saben que sienten.

"Sentir la Minne es acceder a su contenido gnóstico y esto sólo se logra cuando, inmer­so en el torrente misterioso de la sangre, se produce el reencuentro con una verdad olvidada, es decir hecha inconsciente. Este reencuentro no es necesariamente un recuerdo sino la reminis­cencia de la propia divinidad perdida y la certeza intima de pertenecer a otro orden de existen­cia espiritual para el cual la materia es odiosa y la realidad del mundo esencialmente maligna. A la reminiscencia sobreviene inmediatamente una nostalgia infinita que sólo puede mitigarse con la esperanza del regreso.

"La Minne, entonces, no es tanto el recuerdo como la reminiscencia y aún la nostalgia que se debe experimentar íntimamente como acto previo al éxtasis místico, al que se llega por me­diación carismática del PARÁCLITO. Por eso la Sabiduría Hiperbórea sostiene un concepto más amplio del carisma en el sentido de ATRIBUTO PERSONAL que puede ser conquistado y desarrollado en beneficio propio y de la raza. El carisma personal sería en este caso "el efecto sensible producto de la intervención acausal del agente carismático o Paráclito, en el éxtasis místico, éxtasis que sólo es posible experimentar si previamente se ha vivenciado la Minne sanguínea, esa nostalgia". A partir de este concepto existe toda una técnica secreta, que permite desarrollar el carisma personal, fundada en la posibilidad de acceder a la Minne mediante el "Principio Hiperbóreo de la Purificación de la Sangre". Este principio alude a la SANGRE ASTRAL complemento sutil de la sangre física e intermediaria entre el Espíritu y el cuerpo físico. Según dicho principio la Minne no está presente en todos los seres antropomorfos sino en aquellos "descendientes" de la Raza Cósmica Hiperbórea, de Cristo-Lúcifer únicos que me­recen el calificativo de hombres semi-divinos o viryas. Pero, aun en éstos, existen diversos grados de impureza en la SANGRE ASTRAL que obstaculizan o impiden el acceso a la Minne y a su nostalgia liberadora. Es preciso entonces purificar la sangre astral para que se manifieste el "recuerdo contenido" de la Minne. Esto se logra por medio de Técnicas Secretas que con­templan la posibilidad de conocer exactamente si el hombre es de linaje hiperbóreo (virya) y, de ser así, que grado de impureza en la sangre astral le oscurece el "recuerdo contenido" de la Minne.

"La Sabiduría Hiperbórea afirma que si un Siddha desea durante el Kaly Yuga o Edad Oscura reconocer el linaje hiperbóreo en razas degradadas y degeneradas por la "IMPUREZA DE SANGRE", con vistas a su purificación y regeneración, sólo dispone de siete vías posibles una de las cuales requiere la efectiva posesión del GRAAL. Las Técnicas Secretas, que son siete también, una para cada vía, hacen posible la purificación de la sangre astral hasta un grado tan elevado que pueden provocar la transmutación del VIRYA en SIDDHA, es decir del hombre semi-divino en Divino Hiperbóreo inmortal.

"En otro orden, es también posible desarrollar el carisma personal de un líder para que, en la conducción de un pueblo, ejerza sobre la masa del pueblo esa fascinación carismática de los grandes jefes. Incluso una élite dirigente podría ser dotada carismáticamente si se cuenta con alguna vía para la selección de los VIRYAS y se aplica la Técnica Secreta.

"Aclaremos ahora un difundido error que consiste en relacionar analógicamente el ca­risma personal con el magnetismo físico, en la creencia que éste se comporta como aquél. En esta burda analogía cientificista el hombre carismático posee un "campo de fuerza" intenso que es percibido por otros hombres merced a la "interferencia de campos" que se produce al si­tuarse en su vecindad. Se dice entonces que tal hombre posee "magnetismo personal" y el ca­risma, como las fuerzas de acción a distancia de la física, queda asociado a la noción de magni­tud y extensión espacial. Nada de esto enseña la Sabiduría Hiperbórea pero afirma en cambio que el carisma personal que un líder "trasmite" colectivamente a la masa en realidad es percibido por cada uno en particular merced a un fenómeno de sincronía. Ésta es la razón por la que el carisma personal, por más intenso que sea, nunca es infalible sino que sólo afecta a aquéllos que por su linaje espiritual y grado de pureza sanguínea, es decir por la calidad de su Minne, pueden percibirlo en mayor o menor medida. Pero esta percepción no es meramente sensible sino eminentemente trascendente y espiritual, como corresponde a una superior virtud personal, que eso es el carisma y no una fuerza ciega y engañosa.

Disponemos ahora de un concepto mejor definido sobre lo que es un místico (de linaje hiperbóreo o virya). La Sabiduría Hiperbórea asegura que todo virya, por muy impura que este su sangre, posee condiciones místicas potenciales susceptibles de ser "despertadas" y orienta­das convenientemente en beneficio del individuo y de la raza.

"Este "despertar" del misticismo puede ser inducido por el carisma personal de un jefe (FÜHRER), líder o gurú, especialmente dotado. De hecho todos los fundadores de religiones y aún los fundadores de simples órdenes religiosas, por ejemplo, dispusieron de un gran carisma personal que les permitió reunir en torno suyo a gentes de la más variada condición la cual se sentía "arrebatada" hacia la nueva fe.

"Este carisma, que poseen en alto grado los líderes y que parece ser elemento indispen­sable para garantizar el éxito en la conducción de comunidades y la fundación de organizacio­nes colectivas perdurables, es el principio sobre el que se asienta una Mística. En efecto, una Mística Hiperbórea, o simplemente "Mística", es siempre la percepción colectiva de un caris­ma que a su vez puede estar sustentado en la presencia de un líder visible o dimanar de un pe­queño grupo de personas ocultas. Pero, cualquiera sea el caso, la vinculación carismática entre viryas siempre tiene por centro la sangre, el Símbolo del Origen que constituye la herencia común del linaje hiperbóreo. Aclaremos ahora quienes pueden desarrollar un centro carismá­tico.

"Cuando se habla de la esotérico y lo exotérico, suele decirse que lo segundo es la ex­presión profana de lo primero. Así una religión es el aspecto exterior, profano, EXOTÉRICO, de una DOCTRINA SECRETA ESOTÉRICA, interna, iniciática, guardada celosamente por sacerdotes o gurúes de quienes dimana el carisma percibido por los fieles, al que se denomina MÍSTICA.

"Pero, si bien esto es un hecho cierto en la perpetuación de las religiones, en el comien­zo del movimiento religioso quizás haya actuado un solo líder (Mahoma, Jesús, Manes, San Francisco de Asís, etc.) poseedor de un poderoso carisma y expositor de una Verdad revelada. Atraídos intelectualmente por esta Verdad pero, fundamentalmente, persuadidos en su creduli­dad por el carisma personal los hombres se agrupan armónicamente junto a ese CENTRO DE PODER que es el líder.

"En estos y en todos los casos la Mística es expresión de un carisma que, percibido por muchos, actúa como agente aglutinante u ordenador en torno al OBJETO de la Mística (líder, iglesia, doctrina, patria, etc.). Veamos un ejemplo. Un ejército puede estar muy bien equipado y organizado pero demostrar un comportamiento mediocre en las operaciones. La presencia de un jefe carismático revertirá esta situación introduciendo una Mística adecuada al fin de elevar el rendimiento operativo que asegure la victoria. Para ello apelará en principio al patriotismo o a la fe. No importa demasiado, en realidad, el contenido conceptual de su arenga discursiva y oratoria pues la Mística predispone a los hombres a creer y por otra parte, como ya vimos, en la función guerrera (y sacerdotal) "la forma predomina sobre el ser". Por eso el jefe presentará bien claro el estandarte a seguir y el ejemplo a imitar. Se exaltara la figura de un héroe legen­dario, un Dios de la guerra o una Virgen de los ejércitos, divinidad a la que hay que imitar y de la que se espera protección. Se fijarán consignas, se cantarán himnos, se emprenderán avances o desfiles, se diseñarán uniformes y distinciones, banderas y escudos, y otras infinitas variantes de la "determinación formal".

"En poco tiempo se observará un cambio asombroso. El ejército de ayer, de moral du­dosa y desconfiable eficacia, se ha transformado en una máquina de guerra, en una estructura orgánicamente disciplinada cuyo rendimiento operativo es inmensamente superior. Tal el be­neficioso efecto obtenido al realizar la función del mando en el "marco" de una Mística.

"Pero, por otra parte, la Mística así vista es algo claramente morfológico, cuya percep­ción ocasiona experiencias de orden trascendente. Esto es aludir al carácter semiótico que la Mística presenta en cuanto FORMA sensible e inteligible pues, como el símbolo, la Mística revela su SER a quien es capaz de aprehenderla. Por ello decimos que: "la Mística es una FORMA sostenida por un SER llamado CARISMA".

Páginas atrás definimos a la Mística como "la percepción colectiva de un carisma que a su vez puede estar sustentado en la presencia de un líder visible o dimanar de un pequeño grupo de personas ocultas". En beneficio de la posterior exposición conviene establecer clara­mente que se entiende por "percepción colectiva de un carisma" en esta definición.

"El carisma es la expresión del Paráclito o Espíritu Santo y SÓLO EXPERIMENTA­BLE SU RECUERDO a partir de la Minne sanguínea. Esto significa hablar de una experiencia absolutamente trascendente e INDIVIDUAL a la cual llamamos ÉXTASIS MÍSTICO y a la que no es posible ni imaginar relacionada con LO COLECTIVO en cuanto este concepto alude a lo relativo a "cualquier reunión de individuos", tal como lo define el Diccionario Sopena. ¿Qué queremos decir entonces al hablar de PERCEPCIÓN COLECTIVA del carisma? Res­puesta: Que, en el "marco" de la Mística las experiencias carismáticas individuales, diferentes y únicas en sí mismas, coinciden sincronísticamente en tiempo y espacio. Lo que no significa en absoluto que tales experiencias sean COLECTIVAS en el sentido con que denominamos a las EXPERIENCIAS COMUNES o fenómenos cuya percepción, una y la misma, es comparti­da por muchos tales como la observación de un eclipse o la audición de una melodía.

"La Sabiduría Hiperbórea denomina "vinculación carismática" al hecho de la coinci­dencia carismática en el marco de la Mística y ésta es la única concesión que hace en cuanto a lo COLECTIVO”.

"Por lo tanto, cuando en el marco de una Mística se establece la "vinculación carismá­tica" entre los hombres, que no es otra cosa que la "percepción colectiva del carisma" antes mencionada, deberá interpretarse este hecho dando a LO COLECTIVO la dimensión concep­tual de COINCIDENCIA ESPACIO TEMPORAL DE INDIVIDUOS en lugar de la más co­rriente idea de masa o muchedumbre”. Somos conscientes de la dificultad que entraña esta dis­tinción por lo que trataremos de esclarecer aun más la cuestión en el próximo inciso V.

"Recordemos por ahora la tesis del inciso III. Allí demostramos que en las funciones sacerdotal y guerrera "LA FORMA PREDOMINA SOBRE EL SER". De ello se infiere que "mediante un adecuado manejo de la forma puede determinarse el ser" en la función sacerdotal o guerrera, posibilidad que constituye el principio del control de grupos humanos en la Estra­tegia Psicosocial. Ahora bien: siendo por definición la Mística "UNA FORMA QUE REVE­LA AL SER, EL CARISMA", se comprende que la Mística es el instrumento FORMAL ade­cuado para operar sobre las comunidades humanas en el objetivo de "fijar" cualitativamente las funciones sacerdotal o guerrera o simplemente para "evocar" un arquetipo colectivo determina­do. Por ello la Mística, tal cual la hemos definida aquí, es el sistema empleado tradicionalmen­te por los grandes Guías Hiperbóreos de la humanidad, por ejemplo, el Führer, quien logro producir la "vinculación carismática" en la totalidad del pueblo alemán".

Otro párrafo de la misma obra puede contribuir a esclarecer aun más el fundamental tema de la vinculación carismática del Cordón Dorado.

 

" b - TESIS- Recordemos el último concepto del INCISO IV.

"Hemos establecido un hecho: la Mística es una estructura morfológica continente cuyo contenido, ontológico, es un ser llamado carisma. Y el carisma o agente carismático, según vimos, es la expresión del Paráclito o Espíritu Santo el cual, como así también Dios en tanto el Espíritu Santo es Dios mismo, se ma­nifiesta en un plano absolutamente trascendente al plano inmanente de la materia. El Paráclito por lo tanto es inexperimentable e inapresible en el plano físico, y si su expresión, el carisma, es perceptible para algunos hombres ello es solamente en virtud del recuerdo contenido de la Minne. Lo que significa hablar de una experiencia individual dado que la Minne es algo personal", diferente de una persona a otra. La "vinculación carismática" de más de un hombre, varios o muchos es lo mismo, sólo puede darse en el marco de una Mística.

"Pero la "vinculación carismática" entre viryas que se experimenta en el marco de una Mística es, según vimos, un fenómeno sincronístico y acausal, vale decir, un fenómeno que NO OCURRE POR CAUSA de interacciones de campos de fuerza (magnético, eléctrico, gravita­torio, etérico, astral, estructurador de forma, pránico, akázico, etc.) pues ello equivaldría a admitir relaciones causales en los fenómenos de carisma colectivo entre viryas.

"Sin embargo la hipótesis de los campos de fuerza o magnetismo colectivo es la más aceptada, incluso dogmáticamente, en la moderna psicología de masas y la razón de ello es que los mencionados campos parecen poseer existencia real y generar en parte diversos fenómenos de psicología colectiva. Pero dichos fenómenos colectivos CAUSADOS por campos de mag­netismo animal o humano nada tienen que ver con la "vinculación carismática" manifestada a los hombres en virtud de una Mística.

"Para la Sabiduría Hiperbórea no existe el hecho de la masa de hombres (VIRYAS), ni aún en plena muchedumbre. Siempre, solos o reunidos, cercanos o lejanos, los VIRYAS per­manecen UNO en el misterio de la sangre y si algún lazo existe entre ellos éste es el de la ÁUREA CATENA, el cordón dorado, sincronístico no causal, del Símbolo del Origen, que liga, fuera del determinismo material del universo, a la raza divina de CRISTO-LUCIFER. Por ello la "vinculación carismática" es trascendente e individual, hombre por hombre, VIRYA POR VIRYA, y si involucra a un número de hombres en el marco de la Mística, éstos no de­ben ser considerados de ningún modo masa o muchedumbre. Sin embargo la Sabiduría Hiper­bórea acepta que en animales o animales-hombre (pasú) ocurren fenómenos de campo de fuer­za debido a la unidad genética de todo lo existente dentro del continuo espacio tiempo en que se ma­nifiesta la acción ordenadora de Jehová-Satanás el Demiurgo de la materia. Lo importante es comprender ahora que en tanto se considere a las masas o muchedumbres desde el punto de vista cuantitativo y causal, sujetas a fenómenos psicológicos de campo de fuerza o magnético, estamos cometiendo un grueso error desde la perspectiva hiperbórea y corriendo un riesgo esotérico por cuanto las "fuerzas colectivas" que actúan en las poblaciones animales o de ani­males-hombres (pasú) son de neto orden satánico o demoníaco, técnicamente denominadas en ocultismo "proyecciones arquetípicas en la luz astral" o egrégoros, es decir arquetipos colecti­vos vitalizados y "liberados" fuera del hombre y fuera de los hombres pero con capacidad para actuar sobre los hombres.     

"Esta errónea concepción ha tomado tal auge en las ciencias políticas y sociales que, aún en Alemania, y lo que es peor hasta en el Partido Nazi, había quienes no "VEÍAN" hiper­bóreamente al pueblo como el conjunto de VIRYAS que son sino que VEÍAN, sinárquicamen­te, masa y muchedumbre.

"Pero sin visión hiperbórea no puede haber comprensión de la misión del FÜHRER que es conducir al pueblo, como un solo VIRYA, hacia la mutación colectiva del fin del KALY YUGA, haciendo efectiva la promesa de liberación de CRISTO-LUCIFER y trasmutando al hombre en superhombre, al VIRYA en SIDDHA inmortal, en un despertar colectivo que sin embargo será personal y secreto porque se dará en los 7 cielos y más allá del cielo, para cada uno.

La visión sinárquica del hombre-masa en cambio brinda una idea de rebaño que sólo puede conducir a una concepción colectivista de la sociedad y del estado, tal como ocurre con los socialistas y marxistas o una democracia liberal en donde el estado, controlado por oligar­quías políticas y mafias económicas, se asienta en las masas sufragistas, cuyas mayorías no ejercen ningún control real sobre su destino histórico y son simplemente reducidas a "clases" sometidas.

en que se halla inmerso y a su individuación definitiva, reintegrándose al Yo despierto en el selbst. Es el fin del Kaly Yuga o Edad Oscura.

La visión sinárquica significa continuar en el orden causal, sujetos a la ley de evolución y a las pautas del progreso material en que se fundamenta la civilización occidental. Significa la inmersión cada vez mayor del individuo en lo colectivo, marchando la historia hacia una sociedad futura mecánicamente compleja en la que el hombre desaparecerá como tal en una atrofia metafísica de su yo, objetivo indispensable para cumplir el fin de la visión sinárquica que es el Gobierno Mundial. "Pero en este súper gobierno imperará el orden de la colmena: un gigantesco hormiguero mundial regido por una jerarquía endógama probablemente hebraica. ¿El Dios mundial?: Jehová-Satanás".

 

EL VIRYA DESPIERTO: EN BUSCA DEL PRINCIPIO DEL CERCO

 

A - Teoría analógica del virya despierto.

En la Segunda Parte se explicará en detalle el modo como un virya perdido puede trans­formarse en virya despierto, modo que consiste básicamente en una actitud del Yo perdido denominada "graciosa luciférica". Aquí vamos a explicar, analógicamente, que se espera obte­ner con tal actitud y nos referiremos, para ello, al esquema de la figura 29.     

La línea cóncava AB representa al Símbolo del Origen; sobre la cual se refleja el Yo Infini­to. Pero, según vimos en "I", existe una hipóstasis del Yo Infinito llamada "Yo perdido" que se identifica y confunde con el sujeto consciente, conformando la persona del pasú: esta hipósta­sis, el Yo perdido, no puede estar en otro lugar de la figura que directamente sobre la línea AB. A este Yo perdido, substancial y temporalizado, es al que se busca trascender por medio de la actitud graciosa luciférica. ¿Buscando qué? El Yo despierto, insubstancial y atemporal, que es un puro reflejo del Yo Infinito, vale decir, del Espíritu Eterno. ¿Y adónde puede ser represen­tado, en la figura 29, el Yo despierto? Para hallar la respuesta debemos advertir, ante todo, que, POR SU CARÁCTER INSUBSTANCIAL, EL YO DESPIERTO NO PUEDE ESTAR EN LA ESFERA DE CONCIENCIA PUES LA MISMA ES ÍNTEGRAMENTE ENER­GÉTICA, ES DECIR, SUBSTANCIAL. Convengamos, entonces, que el Yo despierto se en­cuentra FUERA DE LA ESFERA DE CONCIENCIA, EN UN PUNTO LLAMADO SELBS.

En la figura 30 se ha representado el selbst mostrándolo analógicamente como un FOCO en el cual se concentra el reflejo del Yo Infinito sobre el Símbolo del Origen AB. El selbst, que es análogo a un foco mas que a un "centro", refleja sintéticamente al polo infinito como "Yo despierto". Así, el virya despierto se define también como "aquél que ha trasladado su Yo al selbst".

Según veremos en la Segunda Parte, a medida que se va ocupando el selbst, se genera en su torno una nueva esfera llamada EHRE. Tal esfera es netamente hiperbórea, propia de los hombres semidivinos o viryas. ¿Y qué contiene tal esfera, aparte del centro-foco selbst, asiento del Yo despierto? Respuesta: VOLUNTAD EGOICA. Ehre, en efecto, es una esfera de volun­tad: MAS ESTA VOLUNTAD NO ES UNA ENERGÍA QUE PROVIENE DEL MICRO­COSMOS, NI TAN SIQUIERA DEL MACROCOSMOS, SINO UN APORTE EXTRA EFECTUADO POR UN AGENTE CARISMÁTI­CO CONOCIDO COMO "PARÁCLITO". Por eso la voluntad del virya despierto se denomi­na "graciosa": porque la GRACIA del Paráclito lo ha dotado de una fuerza sobrehumana y he­roica. Aunque todo esto será explicado claramente en la Segunda Parte, podemos adelantar la naturaleza del Paráclito: ES EL CONTACTO TRASCENDENTE CON LA VOLUNTAD DEL INCOGNOSCIBLE, ES DECIR DEL DIOS HIPERBÓREO. Pero este "contacto", desde luego, solo puede efectuarlo el Yo despierto desde el selbst.

En la figura 31 podemos observar a la esfera Ehre, de voluntad egoica, rodeando al selbst. Comprobamos allí que Ehre se trata de una esfera ABIERTA POR LA PARTE SU­PERIOR, y que el hueco se denomina VRIL. Tal como veremos, al estudiar la Teoría del Siddhas Berserkir, el Vril es el último paso que le queda por dar al espíritu encadenado antes de obtener la definitiva liberación: CUANDO EL YO DESPIERTO CONSIGUE, DESDE EL SELBST, MIRAR HACIA EL SÍMBOLO DEL ORIGEN Y, POR REFLEJO, VE AL ES­PÍRITU ESFERA REVERTIDO, ENTONCES ESTÁ EN CONDICIONES DE EFECTUAR LA ORIENTACIÓN ESTRATÉGICA DEL ESPÍRITU, ES DECIR, TORNAR EL ESPÍRI­TU REVERTIDO A SU NORMALIDAD. Puede, así, trasmutarse en Siddha inmortal em­pleando EL PODER DEL VRIL. Mas esta operación será explicada analógicamente en otro articulo.

Por ultimo, es claro ahora que, debido a la dualidad esencial alma-Espíritu, en el virya existen dos núcleos de sí mismo: una es el esquema de sí mismo animado por el sujeto cons­ciente, cuya esencia es temporal; y otro es el selbst, animado por el Yo despierto, un sujeto atemporal. El sujeto consciente revela al alma transmigrante e inmortal LA CONCIENCIA DE SÍ MISMO en el microcosmos. El Yo despierto revela al Espíritu Eterno LA GNOSIS DEL SELBST en el microcosmos.

 

 

 

FIGURA 30

 

 

FIGURA 31

 

 

B - Estructura psíquica del virya despierto.

Con la incorporación de la esfera de voluntad egoica Ehre al esquema psíquico básico del pasú, tal como se ve en la figura 31, ha quedado completo el esquema psíquico del virya. Recordemos que el esquema psíquico del pasú representado en las figuras 11 y 11b respondía a una sistemática de círculos excéntricos, en la cual la esfera (2) de conciencia cumplía un papel central. En la figura 31 comprobamos que la esfera (2) continúa siendo central mientras que las esferas afectiva (4), racional (3) y Ehre (1) son excéntricas y; además, que todas ellas determinan ciertos recintos al intersectarse entre sí. Mas, de acuerdo con lo visto en el inciso Sistemática de círculos excéntricos: "Si los círculos excéntricos son sostén de conceptos sim­ples, una combinatoria de círculos formará RECINTOS conteniendo conceptos complejos o sea específicos". Con el fin de poner a los círculos y recintos de la figura 31 en relación de correspondencia con los conceptos estudiados, lo que nos permitirá resumir sistemáticamente todo lo visto hasta aquí, hemos desarrollado en la figura 32 un esquema de la estructura psí­quica del virya.

 

 

FIGURA 32

 

En este artículo nos vamos a ocupar de describir conceptualmente la figura 32 a partir del siguiente parámetro de analogía: LA VOLUNTAD. Comencemos, pues, por el primer círculo excéntrico (1) que representa a la esfera de voluntad egoica Ehre. Se halla abierto por arriba para señalar el punto absoluto (0) adonde lo divino hace contacto con lo hu­mano, adonde la Gracia del Paráclito se transforma en voluntad graciosa. Sobre el punto (0) una lengua de fuego o cresta indica la presencia del Paráclito.

El circulo (2) corresponde a la esfera de conciencia, en la cual actúa el sujeto conscien­te; por tal razón se ha señalado a la "voluntad consciente" como a la fuerza que permite actuar a este sujeto.

La intersección de los círculos (1) y (2) determina el recinto (9), en el que están conte­nidos el arco AB del Símbolo del Origen y, sobre él, el Yo perdido. Esto significa que, aún cuando el Yo perdido es una hipóstasis, confundida con el sujeto consciente de la esfera de luz, también requiere para SU PROPIA ACTIVIDAD el aporte de la voluntad egoica. Se com­prende, observando la figura 32, que si la voluntad egoica disminuye, si se reduce el circulo (1), también se enervará la actividad del Yo perdido pues el recinto (9) será cada vez menor. Así, "a menor voluntad egoica menor capacidad del Yo para actuar"; tal consecuencia es cla­ramente nietzscheana.

Los recintos (5), (6), (7) y (8) conforman, según sabemos, la esfera de sombra (ver figu­ra 22). Analicemos el concepto que corresponde a cada uno. Los círculos (3) y (4) se intersec­tan entre sí sobre el área del círculo central (2), conformando el recinto triangular (5). Tal re­cinto, el único de triple implicación, representa al espacio que contiene a la estructura cultural: con "xx", junto al lado inferior, se ha señalado la presencia horizontal de un sistema xx. En el recinto (5), en el nivel estructural xx, tiene término el sujeto cultural y, por eso, se indica con "voluntad cultural" a la fuerza que emplea dicho sujeto para actuar.

El recinto (7), formado por los círculos (2) y (3), es análogo a la región de la esfera de sombra donde tienen lugar los casos (b), es decir, aquéllos símbolos emergentes con inclina­ción hacia la esfera racional (ver figura 23).

El recinto (8), formado por los círculos (2) y (4), es análogo a la región de la esfera de sombra donde tienen lugar los casos (c), es decir, aquellos símbolos emergentes con inclina­ción hacia la esfera afectiva (ver figura 23).  

Es evidente que, salvo el recinto (6), todos los restantes sectores se encuentran incluidos en el área de la esfera de conciencia. Con otras palabras: los recintos (9), (5), (7) y (8) corres­ponden a alguna forma de conciencia puesto que la involucran en sus regiones. Por el contra­rio, la combinación de las esferas afectiva (4) y racional (3) produce algo, en el recinto (6), QUE NO ES CONCIENCIA EN ABSOLUTO, pero que ROZA A LA CONCIENCIA POR UN LADO (xx). Esto es: la "voluntad instintiva" del sujeto racional o razón. Para mayor clari­dad conviene recordar que la estructura cultural se encuentra en correspondencia biunívoca con la memoria arquetípica o cerebro; es decir que, bajo el nivel del sistema xx (recinto 5), se en­cuentra el cerebro (recinto 6).

En efecto, el lado xx que separa los recintos (5) y (6) es análogo a la frontera que separa la estructura cultural (5) y la memoria arquetípica (6). Entonces, en el recinto (6), tiene su término el sujeto racional o razón, el cual actúa por medio de la voluntad instintiva. Esta vo­luntad, apuntada hacia lo orgánico, hacia la vida, hacia el mundo, es la fuerza que emplea la razón para interpretar los designios de los entes y actualizar sus esquemas en el recinto (5).

Resumiendo, como el recinto (6) está substancialmente formado por las esferas afectiva (4) y racional (3), ocurre que la voluntad instintiva será hallada, cuando menos, RAZONABLE o AMABLE, aunque en todos los casos CIEGA de conciencia.

 

C - En busca del principio del cerco.

En éste y en los siguientes artículos vamos a referirnos a técnicas y modos estratégicos de operar que fueron de uso corriente, pero secreto, durante muchos siglos en ciertas Ordenes hiperbóreas occidentales. En nuestra novela de divulgación "La Extraña Aventura..." hemos mencionado algunas, comenzando por la orden negra SS, la Thulegesellschaft, la Orden Einherjar fundada por John Dee en 1586, etc., y hasta hicimos la descripción de una ceremonia protagonizada por un grupo de viryas despiertos, quienes se transmutaban en Siddhas Berserkir para celebrar un extraño ritual. Ese ritual se efectuaba sobre la base de una técnica secreta de la Sabiduría Hiperbórea conocida como VÍA DE LA OPOSICIÓN ESTRATÉGICA, la cual empleaba un CERCO ESTRATÉGICO o ARQUEMONA. ¿Que es un arquémona? Respuesta: un cerco, real o imaginario, producido por el sujeto cultural como símbolo sagrado Y SOBRE EL CUAL EL YO DESPIERTO HA PROYECTADO EL POLO INFINITO; el arquémona OPERATIVO es, así, UN CERCO INFINITO, es decir, UN CERCO AL QUE ES IMPOSI­BLE SITIAR COMPLETAMENTE, CUBRIENDO TODO SU PERÍMETRO.

No nos extendamos más, por ahora, sobre la técnica arquemónica, a la que sólo podre­mos comprender si previamente hemos respondido a estas preguntas: ¿para que necesita el virya despierto aplicar tal técnica arquemónica, es decir, qué efecto práctico, qué beneficio le reporta a su propósito de liberación espiritual? Como veremos enseguida, esta pregunta sólo adquiere sentido si se admite que el virya despierto es un guerrero, un héroe que debe luchar sin tregua para abrirse paso en terreno enemigo, es decir, en el mundo del Demiurgo, donde se encuentra prisionero. La otra pregunta es ¿cómo se efectúa, al menos en teoría, la técnica ar­quemónica, y, lo que es más importante, de qué medios se vale el virya despierto para desarro­llar su dominio? es decir ¿cómo descubre el principio del cerco, quién lo inicia, quién se lo revela?

Dar respuesta a las últimas preguntas es lo que nos va a llevar "en busca del principio del cerco", una búsqueda durante la cual veremos revelado, en forma alegórica, el Misterio de la Canción de A-mort de los Siddhas, vale decir, la verdadera fuente iniciadora en el principio del cerco, pero una iniciación que se da directamente en la sangre pura, sin intermediarios de ninguna especie, por vinculación carismática.

Como dijimos, emplearemos aquí conceptos de la Orden Einherjar, antigua precursora de la Thulegesellschaft y la SS.

D - Necesidad de hacer un alto en la lucha.

Situemos el problema dentro de sus justos límites, haciendo un resumen.

Ya hemos hablado de los VIRYAS, hombres semidivinos que poseen en su sangre la herencia de los Divinos Hiperbóreos llamada, para simplificar, "Minne". Dijimos también que los VIRYAS podían estar "perdidos" o "despiertos" y definimos el "virya perdido" como aquél que ha "extraviado el origen" merced a una "confusión de sangre". La confusión sanguínea provoca un estado psicológico de gran extravío al que se denomina técnicamente "confusión estratégica". Consecuentemente la "purificación sanguínea" que facilita la Sabiduría Hiperbó­rea, por siete vías secretas, produce una "reorientación estratégica" en el virya perdido posibilitándole emprender (o re-emprender) el regreso al origen y el abandono del mundo in­fernal de la materia. El "virya perdido, ya lo hemos dicho, se halla en un abyecto estado de en­cadenamiento material que lo obliga a sujetarse a las leyes del Karma, a reencarnar periódica­mente y vivir, o re-vivir, una eterna y miserable comedia signada por la ilusión siniestra del do­lor, del miedo y de la muerte. En el "Gran Engaño" de la vida el virya perdido puede ocupar cualquier puesto e inclusive "colaborar" con el "Plan" "evolutivo" y "progresista" de Jehová-Satanás, o con su "sistema de control social" llamado, también para simplificar, "Sinarquía". En tal deplorable cuadro, que presenta el virya perdido, aunque tiene como causa metafísica la confusión de sangre, la debilitación del linaje hiperbóreo, su raíz más concreta se encuentra, sin embargo, en la identificación del Yo perdido con el sujeto consciente. Según se explicó, tal confusión es efecto de la clave genética cuyo objetivo es, justamente, que el virya perdido se comporte y evolucione como un pasú.

Mas, puede ocurrir que el virya perdido DESPIERTE y comprenda que debe procurar la liberación del Espíritu cautivo, marchar hacia el centro selbst, aunque deba luchar para ello.

POR ESO el "virya despierto" merece nuestro mayor respeto. El es quien se ha puesto en "alerta" al comprobar su "desorientación" y, con firme decisión, intrepidez y valor guerrero, ha comenzado a buscar el origen para, recién, emprender su regreso. Esta decisión, desde lue­go, no será respetada por el enemigo quien tratará por todos los infinitos medios a su alcance de confundir al osado desafiante, buscando impedir que descubra el MODO DE REGRESAR, induciéndolo, por la ilusión y el engaño, a quebrar su "alerta". Es por eso que el virya despier­to sólo podrá tener éxito si actúa EN EL MARCO DE UNA ESTRATEGIA HIPERBÓREA. Para ello deberá asumir completamente su condición de guerrero, buscar en el recuerdo conte­nido EN la sangre las potencias primordiales del espíritu inmortal, la fuerza del Vril, y, en un estallido gnóstico, recuperar la HOSTILIDAD ESENCIAL hacia el mundo material del De­miurgo, experimentar el FUROR BERSERKR. Entonces, ya dueño de una voluntad inque­brantable, inspirado en la Sabiduría Hiperbórea de la cual es portador por la herencia de los Siddhas Ancestrales, desplegará su ESTRATEGIA PROPIA concebida para OPONERSE a la ESTRATEGIA ENEMIGA y vencer. A partir de allí sólo realizará MOVIMIENTOS ES­TRATÉGICOS, ACCIONES TÁCTICAS, dirigidas a NO PERDER DE VISTA EL ORIGEN mientras se ejecutan los PASOS DEL RETORNO. Y, en medio del fragor del combate, o lo que es peor, en la espera del mismo, cuando las fuerzas enemigas enmascaradas en las formas ilusorias de éste y de los otros mundos dejan traslucir su amenaza diabólica, el virya despierto busca fríamente HACERSE DE UN TIEMPO, por mínimo que sea, para MOVERSE EN DI­RECCIÓN AL ORIGEN. El derecho a disponer de ese TIEMPO PROPIO, quizá tan fugaz como el más pequeño instante, debe ser ganado en una lucha feroz contra las legiones demo­níacas del Demiurgo, contra el hechizo poético que ejerce el mundo sensible (con sus mil con­cupiscencias posibles) que llamamos Gran Engaño, en fin, contra la Voluntad del Uno. Parece tarea imposible. La Sabiduría Hiperbórea, y aún la Tradición Gnóstica, afirman que sí es po­sible. Pero, entonces, ¿cómo hacerlo?

Sobre la respuesta a esa pregunta tratan las siete vías secretas de la Sabiduría Hiperbó­rea. Aquí, tal como lo anunciamos, vamos a responder con el lenguaje simbólico de la Einherjar, cuyos miembros dominaban la vía de la oposición estratégica y la técnica arquemó­nica.

Comencemos por aclarar el significado etimológico de la palabra arquémona y el senti­do filosófico que denota en la Sabiduría Hiperbórea. Arquémona, ante todo, es una palabra compuesta por dos vocablos griegos αρχη = PRINCIPIO y υονας = UNIDAD. La inicia­ción por la técnica arquemónica permite arribar a un PRINCIPIO ÚNICO de la psique, es de­cir, a la individuación egoica del selbst, desde donde es factible experimentar la posibilidad pura del Espíritu o Vril: tal es el sentido hiperbóreo del arquémona.